Reggio’s Weblog

Los jueces, esos privilegiados, de José Carlos Orga en El Mundo

Posted in Justicia, Laboral by reggio on 18 febrero, 2009

LOS PROBLEMAS DE LA JUSTICIA: En primera persona

Aquélla fue la primera vez que Epi no salió a recibirme. Cuando entré en casa abrió los ojos, me miró ofendido y siguió durmiendo.Entonces era prácticamente un cachorro, 12 meses tendría, pero llevaba 23 horas esperándome y eso es demasiado para cualquiera, por muy Labrador adorable que seas.

Era el 1 de enero de 2001 y yo era el juez de guardia de Cervera (Lérida). Le había hecho el favor a mi compañera de Tremp (también Lérida, pero no muy cerca de Cervera) de sustituirla en Nochevieja y aquello se había desbordado. Tras brindar con la familia para recibir el nuevo año, sonó el teléfono de guardia y no dejó de hacerlo hasta casi el día siguiente. Trescientos kilómetros de lado a lado, tres levantamientos de cadáver, un habeas corpus y una agresión sexual a una mujer que al día siguiente volvía a su Alemania natal, por lo que había que recibirle declaración con intérprete y de urgencia. Todo ello me había dejado exhausto, pero ávido de contarle todo a mi mujer. Ella me esperaba despierta, ya sola puesto que su familia había vuelto a Zaragoza y, tan embarazada como atenta, me escuchó todo lo que quise contarle.Cuando acabé, me dijo: «¿Y cuánto te pagan por hacer la guardia de Tremp?». «Nada», le dije. «¿ Y por la tuya?». «Pues ya lo sabes, 2.000 pesetas por día, 14.000 por toda la semana». «Ya, bueno, lo importante es que has tratado bien a esa mujer». «Claro, eso es lo importante. Si yo no voy, tendría que haber contado lo de la violación varias veces, al médico, a la policía, al juez, y mañana se iba a Alemania. Así, con una vez vale, ya está hecho y ella más tranquila, dentro de lo que cabe. Y el violador, en la cárcel».

«Eso es lo importante», dijimos.

Han pasado ocho años. Epi sigue creyendo que cada vez que salgo de casa me lo voy a llevar. Eso ya no es tan importante para mí; tengo cuatro hijos pequeños y hay prioridades. Pero cuando los niños se duermen y Epi ya ha salido por la tarde, a veces vuelvo al despacho a las nueve de la noche y lo último que veo antes de cerrar la puerta de casa son sus ojos, esa mirada del Labrador, y cada vez me cuesta más irme.

Hace poco me volvió a pasar. Era miércoles y el día anterior había acabado la guardia. Ahora soy magistrado, que es como juez pero más viejo. Y estoy en Logroño. Pero si en Cervera hacía guardia una semana cada dos, ahora la hago cada tres. Y si hace ocho años me pagaban 14.000 pesetas limpias, ahora cobro 200 euros por toda la semana; tampoco he mejorado tanto. La guardia del juez, ya saben, 24 horas diarias disponible durante siete días, tomando constantemente decisiones críticas sobre la vida, la libertad, el patrimonio y la protección de las personas, hasta acabar agotado.

Aquella guardia había sido de las peores. Hasta 30 juicios rápidos, detenidos mañana y tarde, muchos días sin parar más que una hora para comer, todo el fin de semana resolviendo órdenes de protección por violencia contra la mujer; 250 atestados, denuncias o partes médicos para resolver al día, pues entre ellos puede haber noticia de menores o ancianos maltratados, o mujeres en peligro. En fin, mucho trabajo y todo puede ser crítico y urgente. Culminé la guardia con lo que se llama su octavo día, el martes, con 28 juicios de faltas celebrados sin pausa y a velocidad de vértigo, que conllevaron 28 sentencias pendientes -no suspendimos ni uno- para que yo las dictara. Voy a tres sentencias por hora, y como ya el miércoles tenía declaraciones de alguno de los más de 5.000 asuntos que cada año entran en mi juzgado, las tengo que redactar por la noche, sacrificada labor a la que me dirigía ese miércoles por la noche a mi despacho.

Por la calle me crucé con María, la juez del 3, que ahora estaba ella de guardia y todavía no había comido. Iba corriendo a casa para ver a su hija antes de que se acostara, por lo que nos despedimos más que rápido. No creo que llegara porque vive un poquito más lejos del juzgado que yo.

Cuando regresé del juzgado, los niños y mi mujer ya dormían.Puse la tele y había un programa donde explicaban lo vagos que éramos los jueces.

Me puse los walkman. Por aquel entonces estaba redescubriendo las delicias del Pequeño de Bunbury, pero estaba enfadado y necesitaba algo más fuerte. Tuve que volver a Héroes: «Este es mi sitio y ésta es mi espina » atronaban cuando le dije a Epi: «Vamos a la calle», y se le alegraron los ojos.

«Esto también es lo importante», pensé.

José Carlos Orga
. Magistrado

© Mundinteractivos, S.A.

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Una respuesta

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  1. Jane Marie said, on 15 diciembre, 2011 at 1:22 pm

    Hoy, buscando páginas de Cervera de Lérida, he encontrado este escrito del que fuera Juez en mi pueblo natal. Me ha gustado mucho el hecho de que José Carlos Orga, haya querido compartir sus sentimientos sencillos y humanos.
    Yo vivo ahora con mi familia en Londres y actualmente estoy en contacto con el Juzgado de Cervera pues dependo de ellos para poder ir sacando los Certificados de Nacimiento, Defunción y Matrimonio de mis antepasados. A veces me decepciono pues parece todo muy lento en los Juzgados de España. Mis hijos y yo dependemos de esa información para poder construir nuestras raices, ya que antes nadie nos informo de ello.
    Al estar en otro país y no poder ir por nosotros mismos a los Juzgados para buscar nuestra historia familiar, ello se hace mucho más penoso.

    Deseo que José Carlos, su esposa, hijos y Epi, sigan siendo muy felices, pues eso es lo importante y lo único que nos puede reconciliar con los abatares de la vida cotidiana.

    FELICES NAVIDADES A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD.

    Un abrazo desde Londres.

    Jane Marie.


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