Reggio’s Weblog

Cinco aforismos sobre la crisis, de Mario Trinidad en El País

Posted in Economía by reggio on 18 febrero, 2009

Durante meses hemos oído decir que la actual crisis -primero, financiera pero luego extendida al conjunto de la economía- era una crisis de confianza. Y aunque la acumulación de malas noticias ha ido desvirtuando ese tipo de análisis, todavía hay quien se agarra a él con todas sus fuerzas, como tuvimos ocasión de comprobar no hace mucho en la intervención del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el programa de la primera cadena de la televisión pública Tengo una pregunta para usted. Por ello, no está de más insistir en que la realidad es mucho más complicada. Reparemos si no en la cadena causal que presentamos a continuación en forma de aforismos:

La crisis financiera, que es la que ha provocado la tan mentada pérdida de confianza de los actores económicos, no se habría producido sin el estallido de la denominada burbuja inmobiliaria.

– No habría existido una burbuja inmobiliaria si la concesión de crédito por parte de los bancos y otras instituciones financieras no hubiera sido tan alegre (con el beneplácito de las autoridades monetarias).

– El crédito no hubiera sido tan fácil si los tipos de interés no hubieran estado tan bajos.

– Los tipos de interés no habrían caído tanto sin el exceso de liquidez (Emilio Botín) o el exceso de ahorro (Martin Wolf) que hemos conocido en la última década.

– No se habría producido ese exceso de ahorro si el aumento de las desigualdades no hubiera dejado tanto dinero en manos de quienes, por tener ya mucho, no pueden gastárselo. Y si las aventuras bélicas de los EE UU de Bush no hubieran propiciado a partir de 2003 un aumento explosivo del precio del petróleo que ha engordado las arcas de los jeques árabes -y de los clubes de fútbol ingleses- a costa de ponernos en apuros a todos los demás.

¿Resulta convincente el razonamiento que hemos tratado de resumir en esos cinco aforismos?

Pues falta lo más importante. Porque si se escarba un poco en ese fenómeno del aumento de las desigualdades al que acabamos de aludir y que ha sido objeto de un reciente informe de la OCDE (octubre 2008), nos encontramos con un acontecimiento trascendental que se ha producido en las dos últimas décadas como consecuencia de la incorporación de China, India y del antiguo Bloque Soviético a la economía mundial. El economista Richard Freeman (The Great Doubling: The Challenge of the New Global Labor Market. Agosto de 2006) se ha referido a ese acontecimiento como la alteración del equilibrio entre el capital y el trabajo; unos términos que la mayoría de nuestros economistas hace tiempo que no emplean. Manejando datos de las Penn World Tables (estadísticas sobre la economía mundial que recoge la Universidad de Pensilvania), Freeman calcula que la fuerza de trabajo a nivel mundial pasó de 1.080 millones poco antes de 1990 a 2.930 en los primeros años de este siglo (las estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo arrojan cifras parecidas). Naturalmente que antes de 1990 los trabajadores chinos, indios o de la Europa del Este eran económicamente activos, pero las circunstancias políticas (o institucionales, como les gusta decir a los economistas) les mantenían al margen del mercado mundial.

¿Cómo ha influido la incorporación a la economía mundial de esos trabajadores en el aumento de las desigualdades? Dado el nivel de desarrollo del que partían China e India y el atraso tecnológico de los países del bloque soviético respecto a los occidentales, la incorporación de los trabajadores de esos países a la nueva economía mundial se ha traducido en un fuerte empeoramiento de la posición negociadora de los trabajadores del mundo desarrollado, obligados a competir con los bajos salarios (y las estructuras políticas autoritarias) de esas zonas del mundo; lo que explica el incremento de las desigualdades en los países avanzados.

En cuanto a las tres áreas geográficas a las que nos venimos refiriendo, las desigualdades sociales, según todos los indicadores disponibles, también crecieron sustancialmente entre 1980 y 2000. Un hecho que a veces queda disfrazado porque, simultáneamente, el mismo proceso de integración en la economía mundial contribuyó a que millones de ciudadanos chinos e indios salieran de la economía de subsistencia o de la extrema pobreza.

La utilidad de estas reflexiones es que nos permiten vincular la crisis financiera, no con factores morales tales como la codicia de los banqueros o cosas parecidas, sino con las transformaciones estructurales que se están produciendo en la economía mundial. Aunque este nexo no hará probablemente más felices a nuestros responsables políticos, que se enfrentan, no a un problema (cómo salir de una recesión momentánea provocada por el estallido de las burbujas inmobiliaria y financiera), sino a dos o más (qué hacer con la creciente desigualdad, cómo afrontar la competencia de los países con bajos salarios, etc.). Y a dos escenarios, uno local y otro planetario. Con la consiguiente complejidad política y técnica de las medidas a adoptar.

En cualquier caso, es obvio que la crisis actual se resiste a cualquier simplificación y que, por ello, las recetas moralistas, las continuas llamadas a la confianza y al esfuerzo suenan en muchos oídos a música celestial, en el peor de los sentidos que esta expresión tiene en nuestro irreverente idioma.

Mario Trinidad, ex diputado socialista, es escritor.

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La cabeza voraz de la solitaria, de Javier Pradera en El País

Posted in Política by reggio on 18 febrero, 2009

Hasta que no sea desenredada por los tribunales la enmarañada madeja de los espionajes dentro del PP y de los negocios ilegales del caso Correa realizados a su sombra (o en su beneficio), los protagonistas de esos sórdidos manejos político-financieros tendrán la garantía constitucional de la presunción de inocencia que ampara a los imputados en procesos penales. Fortificados tras esa barrera institucional, Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy se han apresurado a negar que el PP esté relacionado ontológicamente con esas fechorías. Sin embargo, los predecentes de ese tipo de escándalos en la España democrática han solido vincular de manera inextricable la corrupción individualizada de los bribones con la corrupción institucional de los partidos. No es fácil distinguir entre el cohecho pagado a una formación política y el soborno cobrado por un cargo público o funcionario en su propio beneficio, ni tampoco saber si el comisionista del frac que dice hablar en nombre de un partido se embolsa en realidad la coima recibida.

La información sobre los gastos y los ingresos de los partidos es discretamente administrada por sus dirigentes. No se trata sólo de la historia secreta de la financiación forzosamente irregular de las formaciones políticas (de nueva creación, como UCD y AP, o emergidos de la clandestinidad, como el PCE, el PSOE o el PNV) durante los turbulentos años de la transición a la democracia, tras cuatro décadas de partido único. Consagrados por el artículo 6 de la Constitución como el instrumento fundamental de la participación política y de la formación de la voluntad popular, el Estado pone hoy a su disposición considerables recursos presupuestarios a fin de que desempeñen ese papel. En 2008, el conjunto de los partidos con representación parlamentaria recibió un total de 78 millones de euros para sus gastos de funcionamiento ordinario. Las subvenciones asignadas a los gastos electorales del 9-M ascendieron a 45 millones de euros (20 para el PP y 19,5 para el PSOE). Hay también una jugosa pedrea de dinero público destinado a los grupos parlamentarios (de las Cortes y las comunidades autónomas) y municipales y a las fundaciones. Los partidos pueden recibir donaciones individuales hasta 100.000 euros.

A juzgar por síntomas detectables también ahora en el caso Correa, esas cantidades nada despreciables resultan insuficientes. La necesidad de ingresos parece irse multiplicando a medida que el techo de gastos continúa elevándose, al igual que la línea del horizonte se aleja del viajero. Los sobresueldos, los gastos de representación, los automóviles, la infraestructura administrativa, los viajes y las escoltas de los dirigentes se suman a los locales de las sedes con su correspondiente burocracia, las campañas electorales de altísimo coste y la contratación remunerada de empresas de servicios para realizar las tareas propias del trabajo voluntario gratuito de los militantes tales como la organización de los mítines o la distribución de la propaganda.

La voraz cabeza de la solitaria instalada en las tesorerías partidistas exige todavía más dinero, sólo conseguible ya mediante la financiación irregular, un eufemismo utilizado para no emplear el término delictiva. La ganzúa es la utilización de las Administraciones públicas -central, autonómica o local- bajo control de un partido, a fin de conceder licencias, subvenciones, recalificaciones urbanísticas o adjudicaciones de obras públicas y de servicios contra el pago de comisiones o de cantidades a tanto alzado por las empresas o las personas beneficiadas. (Dicho sea de paso, el estallido de la burbuja de la construcción no sólo ha agravado la recesión económica sino que puede mermar los ingresos ilegales de los partidos procedentes de los ayuntamientos).

El PP se ensañó con las acusaciones dirigidas contra el PSOE -de forma justificada (el caso Filesa) o no- por episodios de financiación ilegal; además le endilgó la exclusiva de esas prácticas irregulares, pese a ser comunes a casi todos los partidos (baste recordar el caso Naseiro o el caso Cañellas de los populares). Los medios de comunicación alineados con Aznar elevaron entonces a los altares a las mismas personas -produce vergüenza ajena releer los viscosos halagos del director del diario El Mundo al juez Garzón- a las que hoy injurian groseramente.

Aunque el PP trate todavía de rehuir el bulto saboteando la comisión de investigación del Parlamento madrileño, o hinchando como un buñuelo la coincidencia de Garzón en una montería con el ministro Bermejo a fin de apartarle de la instrucción del caso Correa (una causa de recusación tan inexistente como ridícula), antes o después deberá afrontar sus responsabilidades como partido en este pestilente asunto.

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Catalunya acumula nuevos agravios, de Jordi Barbeta en La Vanguardia

Posted in Derechos, Libertades, Política by reggio on 18 febrero, 2009

LA CUESTION NACIONAL CATALANA

El Estatut, la financiación, las políticas centralizadoras… Una sensación de agravio sistemático se está apoderando por enésima vez de la política catalana y la indignación que genera lleva camino de provocar diversos conflictos en paralelo: entre el Govern de Catalunya y el Gobierno de España, entre el PSC y el PSOE, entre los aliados del propio tripartito y, por supuesto, va a exacerbar la pugna entre el Govern y la oposición en el Parlament. Y todo porque, de repente, parece como si las amenazas al autogobierno se multiplicasen de la misma manera que se oscurece el firmamento antes de que la tormenta descargue su aparato eléctrico.

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut se ha convertido en una auténtica espada de Damocles, y el repetido aplazamiento de la financiación autonómica está afectando a la dignidad de las instituciones y de las fuerzas políticas catalanas. A ello hay que añadir una política del Gobierno Zapatero que, por una parte, ralentiza hasta la exasperación el desarrollo del Estatut y, por otra refuerza los poderes decisorios de la Administración central, El ejemplo más inmediato consiste en restringir a las ONG de ámbito estatal el pago de subvenciones procedentes de la recaudación del IRPF. Más allá de la filosofía que inspira, esta iniciativa dejará sin subvención a la mitad de las ONG catalanas. De ahí que el propio tripartito, urgido por ERC e ICV, pero también esta vez por el PSC, haya anunciado la presentación de un conflicto de competencias ante el Tribunal Constitucional.

Que la situación es grave lo pone de manifiesto el hecho de que coinciden prácticamente en la misma observación el presidente de la Generalitat, José Montilla, el líder de la oposición, Artur Mas, y el líder de Esquerra Republicana, Joan Puigcercós, aunque en público cada cual modula su discurso de acuerdo con sus intereses. Sin ir más lejos, ayer en el Consell Executiu, y sobre todo el lunes en la reunión de la ejecutiva del PSC, Montilla expresó con mayor gravedad que de costumbre su estupor ante “la actitud del Gobierno y de los ministerios”. El president y primer secretario del partido no hizo más que asumir el clamor contra la actitud del Gobierno que hicieron sentir varios dirigentes. Pero si normalmente son los representantes del sector catalanista del partido los que protestan más amargamente, el lunes fue el propio líder parlamentario en Madrid, Daniel Fernández, quien comentó “lo difícil que se nos están poniendo las cosas a los 25 diputados del PSC”.

Fernández y la ex consellera Carme Figueras y la secretaria del Govern, Laia Bonet, hicieron especial referencia a la reciente orden del Ministerio de Educación, Política Social y Deportes de restringir las subvenciones procedentes del IRPF a las ONG de ámbito estatal. (Véase sección Tendencias.) Políticamente es un asunto relevante porque se trata de un compromiso electoral específico del PSC que no figura en el programa del PSOE. En esta ocasión es el PSC el que exige lealtad. Ya se produjo en el Congreso la votación de una moción sobre este asunto que el PSOE no tuvo más remedio que apoyar para evitar que el PSC rompiera la disciplina del grupo parlamentario. Sin embargo, el Gobierno se niega a aplicar el mandato del Congreso. Si vuelve a plantearse una votación, los diputados del PSC, con la ministra Chacón al frente, no tendrían otra opción que defender su programa electoral diferenciado.

La crisis económica, la crisis del PP y las elecciones vascas y gallegas están relegando la agenda política catalana, pero la efervescencia va creciendo en todos los frentes. El Govern tuvo que salir al paso de la pretensión del Tribunal Constitucional de suprimir la referencia a los “símbolos nacionales” que figura en el Estatut de Catalunya, tal como informó ayer La Vanguardia.El conseller de Governació, Jordi Ausàs, ejerciendo de portavoz del Ejecutivo, declaró: “No hay ninguna ley que pueda eliminar lo que son nuestros símbolos nacionales ni el concepto nacional de Catalunya”.

El Govern tuvo que reiterar también su rechazo de la propuesta de financiación autonómica planteada por el Gobierno español. Los consellers de Esquerratenían órdenes de romper el silencio que impuso la semana pasada el president Montilla. Hablaron pero constataron que todo está como estaba. El asunto de la financiación es la peor amenaza al tripartito, El líder republicano, Joan Puigcercós, teme una nueva rebelión de los militantes independentistas si el Govern no presenta un acuerdo inequívocamente satisfactorio y los sectores críticos ya han advertido que forzarán un referéndum. La dirección de ERC intenta apaciguar los ánimos exigiendo al PSC una revisión del pacto tripartito y un giro nacionalista.

Los partidos miembros de la coalición gubernamental acusaron al Gobierno español de “insensibilidad” e incluso de “actuar como trileros” en el asunto de la financiación autonómica, que ha quedado definitivamente postergada hasta después de las elecciones vascas y gallegas. Pero desde CiU, los reproches iban dirigidos al Govern: Oriol Pujol declaró: “Con Catalunya ya se atreve todo el mundo y eso ocurre porque quien tiene que defender el país no lo está haciendo”.

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El anclaje constitucional, de Julia López López en La Vanguardia

Posted in Justicia, Laboral by reggio on 18 febrero, 2009

DEBATE: Jueces y huelga

Dentro del debate que ha provocado la convocatoria de huelga hecha por los jueces son, en mi opinión, tres niveles los que habría que diferenciar para evitar que un debate desordenado y acalorado acabe acallando la voz constitucional. Se trataría básicamente de contestar a tres preguntas. La primera de ellas, si los jueces son titulares, junto con el resto de los trabajadores, de un derecho de huelga; la segunda, si ese derecho – en el caso de contestar afirmativamente la primera cuestión-es ilimitado; y la tercera afectaría a la efectividad de la huelga en el contexto en el que se produce. Las respuestas forman un conjunto interactivo que es imprescindible tener presente.

Respecto a la primera cuestión, la respuesta, en mi opinión, no ofrece ninguna duda desde el punto de vista constitucional. El derecho de huelga de los jueces les deriva del artículo 28.2 del texto constitucional, que reconoce un derecho de huelga a los trabajadores, término este donde, desde luego, hay que incluir a los jueces. La estructura del artículo 28 CE permite diferenciar dos derechos fundamentales, el de libertad sindical (artículo 28.1 CE) y el de huelga. Por el fuerte anclaje constitucional del derecho de huelga de los jueces como trabajadores, no es posible irradiar, de la prohibición del derecho de libertad sindical que este grupo tiene, la prohibición también del derecho de huelga. Se trata de una huelga sobre condiciones de trabajo; así, las referentes al salario o a la conciliación de la vida familiar y laboral son ejemplos claros en esta línea. Como contexto, datos de mi trabajo me permiten afirmar que de 1991 al 2007 el Tribunal Supremo ha pasado, en promedio anual, a dictar sentencias sobre salario base del 7,25 al 93,83 (véase Un lado oculto de la flexibilidad salarial: el incremento de la judicialización,Bomarzo, 2008).

Sentadas estas bases constitucionales, nos encontramos delante de servicios de inaplazable necesidad y, por tanto, dentro de la razonabilidad y proporcionalidad, la fijación de unos servicios mínimos se impone. El éxito o no de la convocatoria dará y quitará razones, pero no en términos de titularidad, sino de oportunidad. Ya se ha conseguido un objetivo: que se conozca la dimensión del conflicto y que se movilice al empleador en la resolución. A mí me ha ayudado para entender mirar El grito,de Edvard Munch, no sé si les servirá a otros.

JULIA LÓPEZ LÓPEZ, catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la UPF.

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Lecciones de la economía japonesa, de Robert J. Samuelson en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 18 febrero, 2009

TRIBUNA: ECONOMIA

El autor analiza el resultado de los planes de estímulo económico en Japón, después del aprobado por EEUU

Defendemos nuestros argumentos mediante analogías. El presidente de EEUU, Barack Obama, afirma que la historia de Japón ilustra la necesidad de su paquete de estímulo económico. Muy al contrario -afirman muchos dirigentes republicanos-, Japón es un claro ejemplo de que los planes de estímulo no funcionan. Hasta cierto punto, todos están en lo cierto. Pero los posibles paralelismos entre la experiencia de Japón y la de EEUU plantean la duda de si también los estadounidenses nos podríamos enfrentar a una década perdida.

¿Qué le pasó a Japón durante los años 90? No sufrió, como afirman algunos conservadores, una «depresión», ni una «gran recesión», en palabras de otros. Experimentó una prosperidad languideciente y sin altibajos. Su economía se expandió durante cada uno de los años de aquella década, a excepción de 1998 y 1999, si bien es cierto que la tasa de crecimiento anual medio era de un ridículo 1,5%. El desempleo ascendió hasta el 5% en 2001 -en 1990 era del 2,1%-. No es buena señal, pero en absoluto una catástrofe.La japonesa siguió siendo una sociedad enormemente saneada.

Su situación llamó la atención sobre todo porque desconcertó a la opinión pública en general. Desde 1956 hasta 1973, el país había registrado un crecimiento del 9% anual; durante los años 80 siguió creciendo a un ritmo del 4%. Se daba por sentado de forma generalizada que superaría a EEUU como la economía más avanzada y más rica del planeta. No lo hizo. Lo que es peor, su semiestancamiento cuestionó la noción de que las economías modernas recurrían al Gobierno para asegurar un crecimiento satisfactorio.

Se redactaron informes, se celebraron conferencias y se resolvió el veredicto: los japoneses habían metido la pata. Después de que la burbuja económica de finales de los años 80 reventara, el Banco de Japón puso el crédito a disposición con demasiada lentitud. Lastrados por la deuda tóxica, los bancos dejaron de prestar y el Gobierno no saneó las entidades bancarias con la suficiente velocidad. Los paquetes de estímulo gubernamentales fueron demasiado limitados y llegaron demasiado tarde. Como es natural, la economía languideció. Todo plausible, pero incorrecto.

El análisis estándar tranquiliza, porque da a entender que con mejores decisiones Japón podría haber evitado su prolongado cambio de tercio económico. La realidad parece ser que la marcha atrás económica de Japón refleja valores políticos y sociales profundamente sustentados. Lo mismo se podría decir de EEUU.

Japón tiene lo que Richard Katz, editor del Oriental Economist, denomina «una economía dual». Por una parte, las industrias exportadoras (coches, acero, componentes electrónicos) son considerablemente eficientes, aunque se enfrentan a una intensa competencia mundial.Por otra parte, muchas industrias nacionales (alimentos procesados, construcción, venta al por menor) son ineficaces y están protegidas de la competencia regional mediante regulaciones o aranceles.Esto ha beneficiado a la mayoría de los japoneses. Las exportaciones ingresaron la divisa exterior necesaria para adquirir las importaciones de comida y combustibles. Mientras tanto, las industrias nacionales protegidas proporcionaron la estabilidad social y la seguridad laboral que la mayoría de los japoneses preferían a la híper-ompetencia.Mientras las exportaciones prosperaron, ellas y la inversión empresarial que las sustentaba constituyeron el motor del crecimiento económico japonés.

El problema es que este sistema se averió a mediados de los 80.El yen en rápido ascenso encareció las exportaciones japonesas en los mercados mundiales. Aparecieron nuevos competidores -Corea del Sur, Taiwán…-. Japón perdió su motor de crecimiento, y aún no ha descubierto otro. Ese es el principal problema económico del país.

El Gobierno metió baza. Durante los años 80, el Banco de Japón intentó compensar el efecto del yen más caro abaratando el crédito.Pero el tiro salió por la culata, redundando en la economía de burbuja. Desde 1985 hasta 1990, el precio del suelo en Tokio se elevó un 134% y la Bolsa prosperó sustancialmente. Desde el colapso de la burbuja, se han puesto en marcha 13 planes de estímulo gubernamentales. Incluso a estas alturas, la economía es comercialmente dependiente; en diciembre, las exportaciones se desplomaron un 35% con respecto a los niveles del año anterior, empujando a Japón a una acusada recesión.

Lo sucedido en Tokio no sentencia el estímulo de Obama al fracaso por inútil. En ocasiones, el Gobierno debe intervenir para atajar la caída de una economía en caída libre. Los paquetes de Japón probablemente reforzaron de manera temporal una economía flaqueante.En este sentido, Obama está en lo cierto. Desafortunadamente, su estímulo es más endeble de lo difundido porque, en gran medida, el impacto se sentirá después de 2009.

No obstante, la palabra clave es «temporalmente». Hannity acierta al decir que los planes de estímulo en serie nipones se volvieron autodestructivos. La deuda asumida es insostenible. En algún momento, la economía tiene que generar un crecimiento fuerte por su cuenta. La de Japón no lo ha hecho. ¿Lo hará la estadounidense?

Desde los años 80, el crecimiento económico de EEUU ha dependido de un acusado incremento del consumo financiado a través de un mayor endeudamiento y del crecimiento de los precios de los activos (acciones, casas). Igual que los años 80 marcaron el final del crecimiento japonés liderado por las exportaciones, el presente bache estadounidense apunta el final del crecimiento optimista empujado por el consumo. Pero su herencia es un sector sobrecargado de casas y mano de obra, desde los concesionarios de coches a los centros comerciales. La pregunta es si nuestro sistema es o no lo bastante adaptativo para crear nuevas fuentes de crecimiento que ocupen el vacío dejado por un consumidor en retirada.

Robert J. Samuelson es analista económico y columnista de The Washington Post.

© Mundinteractivos, S.A.

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Los jueces, esos privilegiados, de José Carlos Orga en El Mundo

Posted in Justicia, Laboral by reggio on 18 febrero, 2009

LOS PROBLEMAS DE LA JUSTICIA: En primera persona

Aquélla fue la primera vez que Epi no salió a recibirme. Cuando entré en casa abrió los ojos, me miró ofendido y siguió durmiendo.Entonces era prácticamente un cachorro, 12 meses tendría, pero llevaba 23 horas esperándome y eso es demasiado para cualquiera, por muy Labrador adorable que seas.

Era el 1 de enero de 2001 y yo era el juez de guardia de Cervera (Lérida). Le había hecho el favor a mi compañera de Tremp (también Lérida, pero no muy cerca de Cervera) de sustituirla en Nochevieja y aquello se había desbordado. Tras brindar con la familia para recibir el nuevo año, sonó el teléfono de guardia y no dejó de hacerlo hasta casi el día siguiente. Trescientos kilómetros de lado a lado, tres levantamientos de cadáver, un habeas corpus y una agresión sexual a una mujer que al día siguiente volvía a su Alemania natal, por lo que había que recibirle declaración con intérprete y de urgencia. Todo ello me había dejado exhausto, pero ávido de contarle todo a mi mujer. Ella me esperaba despierta, ya sola puesto que su familia había vuelto a Zaragoza y, tan embarazada como atenta, me escuchó todo lo que quise contarle.Cuando acabé, me dijo: «¿Y cuánto te pagan por hacer la guardia de Tremp?». «Nada», le dije. «¿ Y por la tuya?». «Pues ya lo sabes, 2.000 pesetas por día, 14.000 por toda la semana». «Ya, bueno, lo importante es que has tratado bien a esa mujer». «Claro, eso es lo importante. Si yo no voy, tendría que haber contado lo de la violación varias veces, al médico, a la policía, al juez, y mañana se iba a Alemania. Así, con una vez vale, ya está hecho y ella más tranquila, dentro de lo que cabe. Y el violador, en la cárcel».

«Eso es lo importante», dijimos.

Han pasado ocho años. Epi sigue creyendo que cada vez que salgo de casa me lo voy a llevar. Eso ya no es tan importante para mí; tengo cuatro hijos pequeños y hay prioridades. Pero cuando los niños se duermen y Epi ya ha salido por la tarde, a veces vuelvo al despacho a las nueve de la noche y lo último que veo antes de cerrar la puerta de casa son sus ojos, esa mirada del Labrador, y cada vez me cuesta más irme.

Hace poco me volvió a pasar. Era miércoles y el día anterior había acabado la guardia. Ahora soy magistrado, que es como juez pero más viejo. Y estoy en Logroño. Pero si en Cervera hacía guardia una semana cada dos, ahora la hago cada tres. Y si hace ocho años me pagaban 14.000 pesetas limpias, ahora cobro 200 euros por toda la semana; tampoco he mejorado tanto. La guardia del juez, ya saben, 24 horas diarias disponible durante siete días, tomando constantemente decisiones críticas sobre la vida, la libertad, el patrimonio y la protección de las personas, hasta acabar agotado.

Aquella guardia había sido de las peores. Hasta 30 juicios rápidos, detenidos mañana y tarde, muchos días sin parar más que una hora para comer, todo el fin de semana resolviendo órdenes de protección por violencia contra la mujer; 250 atestados, denuncias o partes médicos para resolver al día, pues entre ellos puede haber noticia de menores o ancianos maltratados, o mujeres en peligro. En fin, mucho trabajo y todo puede ser crítico y urgente. Culminé la guardia con lo que se llama su octavo día, el martes, con 28 juicios de faltas celebrados sin pausa y a velocidad de vértigo, que conllevaron 28 sentencias pendientes -no suspendimos ni uno- para que yo las dictara. Voy a tres sentencias por hora, y como ya el miércoles tenía declaraciones de alguno de los más de 5.000 asuntos que cada año entran en mi juzgado, las tengo que redactar por la noche, sacrificada labor a la que me dirigía ese miércoles por la noche a mi despacho.

Por la calle me crucé con María, la juez del 3, que ahora estaba ella de guardia y todavía no había comido. Iba corriendo a casa para ver a su hija antes de que se acostara, por lo que nos despedimos más que rápido. No creo que llegara porque vive un poquito más lejos del juzgado que yo.

Cuando regresé del juzgado, los niños y mi mujer ya dormían.Puse la tele y había un programa donde explicaban lo vagos que éramos los jueces.

Me puse los walkman. Por aquel entonces estaba redescubriendo las delicias del Pequeño de Bunbury, pero estaba enfadado y necesitaba algo más fuerte. Tuve que volver a Héroes: «Este es mi sitio y ésta es mi espina » atronaban cuando le dije a Epi: «Vamos a la calle», y se le alegraron los ojos.

«Esto también es lo importante», pensé.

José Carlos Orga
. Magistrado

© Mundinteractivos, S.A.

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Culto a Franco en Oviedo, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 18 febrero, 2009

El ojo del tigre

Las reivindicaciones de quienes rechazan, desde la oposición en la Consistorial, el histórico protagonismo cesarista del general(ísimo) Francisco Franco, se estrellan siempre contra las tesis jacobinas de los que idealizan su memoria. Esta polémica se ha convertido en una rutina institucionalizada en el Ayuntamiento de Oviedo. Es un debate inútil, como se puede comprobar atendiendo a los resultados obtenidos hasta ahora: todo sigue igual que estaba hace setenta y dos años. Son dos las razones principales para entender el porqué de esta larga historia: una, sentimental; otra, semántica.

La primera, comenzó en Oviedo hace un poco más de noventa años. En agosto de 1917, un lujoso automóvil (Schneider de 18 hp.; matrícula 409) salía de Oviedo en dirección a Laviana conducido por un chófer a quien su señor le había encargado la misión de recoger en aquella localidad minera a un comandante que, por orden del Gobierno, se había encargado de restablecer el orden y la disciplina social en Asturias, rotos como consecuencia de una dura huelga planteada por los ferroviarios de la época. Aquel fue el inicio de la fama de duro pacificador alcanzada por el general superlativo; una fama que revalidaría durante la represión cruenta contra la clase obrera en 1934. Una clase social que no tiene, en este momento, herederos…

Franco fue recibido en Oviedo por la flor y la nata de la aristocracia y la burguesía asturianas, con grandes muestras de admiración y afecto. Contaba el dueño del Schneider, que lo trajo a la capital, que era un comandante tan joven, que más parecía un oficial recién salido de la Academia. Aquel fue el instante en el que se inició un exagerado culto -muy propio de la época- a un militar que acabaría protagonizando un insólito argumento mitológico de tal envergadura, que aún persisten sus ecos en la memoria de esta (culta) ciudad. La clase social dominante se apresuró a capitanear -nunca mejor dicho- aquella admiración por el joven soldado al que, por su audacia, le miman Reyes, le halagan políticos y le elogian prelados y le festejan grandes y le quiere el pueblo y liba a raudales el néctar de la popularidad. Dichosa época.

Seis años después de aquel primer encuentro -el 20 de mayo de 1923- el todo Oviedo le organizó un homenaje, que se celebró en la Diputación Provincial, con motivo de haberle concedido Alfonso XIII la llave de gentilhombre de cámara por sus grandes méritos, conseguidos en la guerra de Marruecos. Días después, en junio de aquel mismo año, fue ascendido a teniente coronel.

Un anónimo redactor de este periódico le dedicó un extenso reportaje hagiográfico en el que, por primera vez, se le adjudicaba el épico título de Caudillo. Por aquellos días de tan eufórico culto, prácticamente latréutico, un cura párroco de San Cucao de Llanera, que se consideraba capellán oficioso de la casa de los Polo Martínez Valdés (La Piniella), se dedicaba a predicar los méritos de aquel héroe castrense, a quien consideraba como el continuador de las hazañas de los Reyes Caudillos de la Monarquía asturiana, al tiempo que aseguraba que en su persona confluían las virtudes cristianas y guerreras de don Pelayo y del Cid.

No sería una barbaridad asegurar que, con tales antecedentes, el franquismo fue creado en Oviedo por una burguesía seducida por la liturgia militar, cuyo único problema consistía en que sus hijos -soldados de cuota- fueron movilizados para ir a la guerra contra los moros… El franquismo nunca fue una ideología propiamente dicha, sino un exagerado culto a una persona cuyo mérito no era su inteligencia sino su autoridad cuartelera.

La segunda de las razones es la semántica. Conviene darse cuenta de que, al cabo de treinta años de democracia -sin adjetivos determinantes-, aquí no hemos conseguido plantear los debates ideológicos y políticos utilizando otro lenguaje que no sea el creado por la dictadura que representó ese simbólico déspota español del siglo XX. La actual oposición a los jacobinos del PP, en el Ayuntamiento de Oviedo, necesita convencerse de que sus adversarios solo son capaces de entender las antiguas palabras con las que los juglares de la dictadura alababan las excelencias de aquel régimen que, además, era de origen divino. La derecha (ultraconservadora) ovetense no entiende el idioma de la democracia. Ni pone interés en aprenderlo. Por eso, los debates que tienen como eje principal el recuerdo de aquel mitológico personaje que encarnó el espíritu españolista, consagrado al servicio de Dios y de la Patria, son batallas perdidas, en el salón de plenos, por los partidarios del diálogo democrático frente a la tenaz oposición de los defensores del arcaico monólogo imperial.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Fondo Banif… ¿Inmobiliario o Capital Riesgo?, de S. McCoy en el Confidencial

Posted in Economía by reggio on 18 febrero, 2009

Cualquier decisión de inversión tiene que sostenerse sobre cinco parámetros fundamentales: la rentabilidad que quiero obtener, el riesgo que estoy dispuesto a  asumir para alcanzarla, liquidez y/o necesidad de rentas, plazo y fiscalidad. La suma de estos cinco factores son los que determinan la idoneidad o no de un activo para un determinado perfil de adquirente. Aún realizando de modo consciente este proceso, cosa infrecuente, la posibilidad de desviaciones sobre lo previsto es enorme. Y más ahora. Si algo ha quedado demostrado en los últimos meses es que salvo la tributación de las plusvalías, de existir, y el vencimiento, si es que éste se encuentra prefijado de antemano, todos los demás elementos de juicio, que partían de series históricas complementadas, en el mejor de los casos, con tests de fuerza, han perdido gran parte de su valor. No sólo retornos pasados no aseguran rendimientos futuros, sino que lo mismo ocurre con la volatilidad o incertidumbre o con la presumible capacidad de liquidación de los bienes comprados.

Les casco todo este rollo al hilo del escándalo que se ha montado con el fondo Banif Inmobiliario con todo el lío en relación con los reembolsos, las tasaciones y similares. Pues bien, atendiendo a los cinco puntos enunciados en el párrafo anterior, partícipes y comercializadores se habían creído el cuento de que se trataba de un producto adecuado para clientes de carácter conservador. Rentas estables, revalorizaciones seculares de los activos, poca rotación de cartera, mercado profundo, estabilidad de los flujos inversores, etcétera, etcétera, etcétera. Sin embargo, cuando uno se para a pensar en la propia naturaleza del fondo inmobiliario, tarda poco en darse cuenta de que, en realidad, el cesto donde los inversores estaban poniendo parte de sus huevos se encontraba exactamente en el otro extremo de la escala de riesgo, compartiendo espacio con, por ejemplo, un capital riesgo con el que guarda extraordinarias semejanzas. ¿Una aberración intelectual? Seguro, seguro.

Cojamos un fondo de capital riesgo de esos que la banca privada ha comercializado generosamente entre sus clientes en la parte alta del ciclo de valoración de empresas. Sobre la base de un compromiso dinerario de terceros, el gestor se dedica a comprar participaciones significativas en sociedades, cotizadas o no. Su rentabilidad se deriva de los dividendos que percibe mientras es titular de las mismas y/o de las plusvalías que obtendrá con su venta. Estas, a su vez, o bien son el resultado de aplicar un mayor múltiplo al EBITDA de la compra o de multiplicar el mismo múltiplo de la adquisición a un EBITDA mejorado, siendo el EBITDA, para entendernos, el beneficio operativo ajustado y obviando, que es mucho obviar, los procesos intermedios de ingeniería financiera. Por el camino, el fondo ha de ajustar el valor de sus participadas anualmente de acuerdo con la valoración pública del mercado o la suministrada por un tercero “independiente”. Por último no hay de partida garantía alguna de que en el futuro haya compradores para los bienes que forman la cartera dependiendo que tal materialización se produzca de factores que, en todo caso, escapan al gestor.

Pues bien, sustituyan empresas por inmuebles y EBITDA por inverso de la rentabilidad (que a su vez depende de las rentas, la ocupación y la morosidad) y verán como el resultado no es tan diferente. Obviamente algunos de ustedes podrán argumentar que el perfil de riesgo es mucho menor en el fondo inmobiliario debido, entre otras cosas a la calidad de los inmuebles que integran la cartera, la ausencia de financiación ajena, la mayor estabilidad de las rentas a percibir frente a los EBITDAs que no dejan de ser fruto de la, en la mayoría de las ocasiones, evolución cíclica del negocio y la existencia de una liquidez, limitada pero real por su vocación, de partida, a la perpetuidad. Bien, les compro el argumento. Frente a esto el capital riesgo ofrece una mayor transparencia toda vez que sólo reclama dinero al inversor para operaciones concretas (a través de los llamados capital calls) e individualiza significativamente el rendimiento de las operaciones (entre otras cosas porque de ello depende la salvaje retribución de sus gestores). Y, desde luego, en él no se puede producir una situación de colapso sobrevenido porque todos los partícipes quieran salir por la puerta a la vez lo que obliga a una liquidación precipitada de unos inmuebles para los que, oh sorpresa, no hay mercado a los precios consolidados en el balance.

Al final lo que importa no es el riesgo percibido, que es una variable ex ante, sino el finalmente materializado que sólo se puede conocer cuando se deshace la inversión. Es verdad que éste puede venir condicionado por circunstancias tan excepcionales como las que estamos actualmente viviendo. Es innegable. Pero a los efectos del inversor ése no es un argumento válido. Importa el resultado y si éste se ha desviado sustancialmente no ya de sus expectativas sino de su horizonte máximo de pérdida, le van a importar bien poco las series históricas, las condicionantes exógenos, las colas de la distribución y las excusas de terceros. Había un riesgo real muy superior al percibido y le ha costado dinero. Tal vez por eso, en el mundo anglosajón, que para bien o mal son los padres de gran parte de las finanzas modernas, este tipo de vehículos inmobiliarios son siempre cerrados. Curiosamente, como lo son los fondos de capital riesgo. Y es que, a fin de cuentas, del capital riesgo al capital en riesgo sólo media una proposición. La que se olvidaron de poner los que creyeron en las bondades de un producto que, dudosa diligencia del Santander aparte, muestra ahora su peor cara.

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Encarecimiento del despido, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Economía, Laboral by reggio on 18 febrero, 2009

Más temible que la propia crisis económica es contemplar cómo hay quien en nuestro país se enroca en las posiciones que han conducido a ella. Este es el caso del actual gobernador del Banco de España, hasta hace poco secretario de Estado de Hacienda y en los diez primeros años del felipismo secretario de Estado de Economía y Comercio.

Hay que reconocer que Fernández Ordóñez ha cambiado poco o nada sus planteamientos en los últimos veinticinco años. Ello tiene su cara y su cruz. Su cara, es un hombre de convicciones; nadie le podrá acusar de ser un converso al neoliberalismo económico. Su cruz, la actual crisis económica está demostrando lo errado que estaba, y continuar anclado en los dogmas de antaño linda con la demencia, a menos que sea por intereses como los que animan a la CEOE, lo que sinceramente no creo que sea el caso de Fernández Ordóñez.

El gobernador del Banco de España comienza aseverando que las indemnizaciones por despido van de los 20 a los 45 días por año trabajado. No es cierto. Los que tal afirman olvidan que una tercera parte de los contratos (los temporales) carecen de indemnización. Tampoco gozan de ella los despedidos por causas disciplinarias, aquellos que un tribunal juzga justificados bien por un rendimiento deficiente del trabajador bien por cualquier otra falta.

Veinte días de salario por año prestado de servicio tienen como indemnización los trabajadores despedidos por las llamadas causas objetivas, graves dificultades de la empresa, ya sean de tipo tecnológico o económico. Por último, nos encontramos con aquellos llamados improcedentes, los que en puridad no deberían existir, puesto que no responden a razones ni objetivas ni subjetivas, excepto el capricho o la voluntad del empleador. En teoría, la indemnización es la equivalente al salario de 45 días por año de antigüedad; digo que en teoría porque, a partir de aprobar lo que malamente se denominó plan de fomento del empleo indefinido, los contratos firmados a su amparo tienen sólo derecho a una indemnización de 33 días por año. Pues bien, es esta modalidad de despido, la caprichosa, la que se pretende abaratar proponiendo una indemnización de 20 días por año, igualando todas las extinciones de la relación laboral, tanto las justificadas como las que no lo son.

El secretario general de la UGT afirma que lo que se intenta con esta propuesta es aprobar el despido libre, pero lo cierto es que éste, excepto para los delegados sindicales, existe ya en España desde hace muchos años. Nada impide que un empresario despida al trabajador que quiera. Lo que se pretende es que el despido, además de ser libre, sea gratuito.

Fernández Ordóñez se fija en un hecho innegable, la velocidad enorme con que el desempleo comenzó a crecer en España nada más comenzar la crisis, y que ha situado a nuestro país a la cabeza de Europa. De esa anomalía concluye que nuestro mercado de trabajo está enfermo y que necesita cura, por la vía de desregularlo aún más y de abaratar el despido, y para ilustrar su argumento nos ofrece el ejemplo de dos países en los que, según dice, la indemnización por despido es muy reducida y la tasa de paro también. No entiendo cómo un hombre aparentemente inteligente como Fernández Ordóñez puede incurrir en tales simplificaciones. De la coincidencia en el tiempo o en un sujeto de dos fenómenos, de ninguna manera se puede concluir que uno es la causa del otro y menos cuál es la causa y cuál el efecto. Seguir tal procedimiento nos podría conducir a las inferencias más descabelladas. En esto se distingue una mentalidad mágica de otra científica.

Una de las aberraciones del neoliberalismo económico es creer que los mercados están cerrados en sí mismos y que la causa de los problemas que, por ejemplo, puede tener el mercado de trabajo se encuentra en el propio mercado de trabajo y no en otras áreas de la economía, en el sector productivo o incluso en el mercado financiero. Las comparaciones internacionales deben realizarse con mucho tiento, puesto que son numerosas las variables que intervienen. La causa de las reducidas tasas de paro de Austria y Suiza hay que buscarla tal vez muy lejos del propio mercado laboral, en otras áreas económicas; y la baja indemnización por despido, lejos de ser la causa, es quizás la consecuencia. Cuando la tasa de paro es tan baja y el trabajador despedido encuentra inmediatamente empleo no se precisa que la indemnización sea cuantiosa.

Pero no hay por qué negar que nuestro mercado laboral tiene graves defectos, aunque precisamente en la dirección contraria a la que apunta el gobernador del Banco de España. Es el exceso de flexibilidad y de desregulación el que permite que la crisis se traslade inmediatamente al mercado de trabajo, y que el ajuste recaiga de forma fulminante sobre los trabajadores. Con toda seguridad, si el despido fuese más caro, en especial en lo que hace referencia a los contratos temporales, la tasa de desempleo sería inferior. Pensar lo contrario no sólo va contra las leyes económicas, sino contra el sentido común.

Fernández Ordóñez afirma que “deberíamos estar todos de acuerdo en que la mejor protección contra el desempleo no es la que se preocupa del subsidio del parado, sino la que consigue que la mayoría no pierda el trabajo”. Pues no, señor gobernador, no estamos de acuerdo. Volvemos a emplear el argumento tan profusamente utilizado en otros tiempos de la caña y el pez. “Mejor que dar un pez es enseñar a pescar”. El problema es que no siempre es posible enseñar a pescar, al menos con la rapidez que necesita el que está muriéndose de hambre.

Pero es que, además, en estos momentos la medida más eficaz para que la mayoría no pierda el puesto de trabajo es preocuparse por la prestación de desempleo. Fernández Ordóñez debería apartar por un momento la vista de la oferta económica para fijarla en el lado de la demanda, actitud que reviste especial importancia en esta crisis que es de demanda. Debería olvidar por un instante la microeconomía para adentrarse en la macroeconomía y comprender que lo que aparentemente es bueno para una empresa considerada en solitario termina siendo fatal si se generaliza para todas ellas y para la economía en su conjunto. Lo que ahora precisan las empresas es demanda y es en la reducción del consumo donde se encuentra el talón de Aquiles. En la actualidad, el dinero público mejor empleado es el que se destina a los parados, cuya propensión a consumir estará próxima a la unidad.

Incrementar la prestación por desempleo y permitir que los parados continúen consumiendo no es sólo una exigencia del Estado social, sino el mejor instrumento para impedir que otros trabajadores sean arrojados al paro.

www.telefonica.net/web2/martin-seco

La depresión del hombre de Davos, de Joseph E. Stiglitz en Project Syndicate

Posted in Economía by reggio on 18 febrero, 2009

Durante 15 años he asistido al Foro Económico Mundial de Davos. Generalmente, los líderes que se reúnen ahí comparten su optimismo sobre cómo la globalización, la tecnología y los mercados están transformando al mundo para bien. Incluso durante la recesión de 2001, quienes asistieron a Davos pensaban que la desaceleración no duraría mucho.

Pero esta vez, a medida que los líderes empresariales intercambiaban sus experiencias, casi podía sentirse como se iban oscureciendo los nubarrones. Uno de los oradores captó el ambiente cuando dijo que habíamos pasado del “auge y crisis” al “auge y Armagedón”. El consenso que está surgiendo es que el pronóstico de estancamiento global –el crecimiento más lento de la posguerra– para 2009 que el FMI hizo cuando se convocó la reunión era optimista. El único comentario positivo vino de alguien que dijo que los pronósticos de Davos casi siempre son erróneos, por lo que quizá esta vez serán demasiado pesimistas.

Igualmente impactante fue la pérdida de fe en los mercados. En una muy concurrida sesión de intercambio de ideas en la que se preguntó a los participantes cuál era la principal falla que había causado la crisis, la respuesta fue casi unánime: la creencia de que los mercados se corrigen a sí mismos.

El llamado modelo de los “mercados eficientes”, que sostiene que los precios reflejan de forma completa y eficiente toda la información disponible, también recibió duras críticas, al igual que la fijación de objetivos de inflación; la concentración excesiva en la inflación había desviado la atención de la cuestión más fundamental de la estabilidad financiera. La creencia de los banqueros centrales de que controlar la inflación era necesario y casi suficiente para el crecimiento y la prosperidad nunca se había basado en una teoría económica sólida; ahora, la crisis creó más escepticismo.

Si bien nadie de las administraciones de Bush o de Obama trató de defender el capitalismo irresponsable al estilo estadounidense, los líderes europeos hablaron en favor de su “economía de mercado social”, su forma de capitalismo más suave con protecciones sociales, como modelo para el futuro. Además, sus estabilizadores automáticos, mediante los cuales el gasto automáticamente aumentó cuando crecieron los problemas económicos, ofrecían la promesa de moderar la desaceleración.

La mayoría de los líderes financieros estadounidenses aparentemente sintieron demasiada vergüenza para presentarse. Tal vez su ausencia hizo más fácil para quienes sí acudieron dar rienda suelta a su ira. Los pocos líderes sindicales que trabajan intensamente cada año en Davos para que la comunidad empresarial tenga una mejor comprensión de las preocupaciones de los trabajadores estaban particularmente molestos por la falta de arrepentimiento de los líderes financieros. Su llamado a que se devolvieran los bonos obtenidos en el pasado fue recibido con aplausos.

En efecto, algunos financieros estadounidenses recibieron críticas particularmente duras por adoptar aparentemente la postura de que ellos también eran víctimas. La realidad es que ellos fueron los culpables, no las víctimas y fue particularmente insultante que siguieran amenazando a los jefes de gobierno con un colapso económico si no se les daban los gigantescos rescates que exigían.

Peor aún, gran parte del dinero que está llegando a los bancos para que se recapitalicen a fin de que puedan reanudar los créditos está saliendo en forma de bonos y dividendos. El hecho de que en todo el mundo las empresas no estén recibiendo los créditos que necesitan agravó las quejas que se expresaron en Davos.

La crisis plantea preguntas fundamentales sobre la globalización, que supuestamente debía ayudar a distribuir el riesgo. En cambio, permitió que las fallas de Estados Unidos se propagaran por todo el mundo como una enfermedad contagiosa. De cualquier forma, la preocupación en Davos era que habría un alejamiento incluso de nuestra defectuosa globalización y que los países pobres serían los más afectados.

Pero las condiciones siempre han sido desiguales. ¿Cómo podrían los países en desarrollo competir con los subsidios y las garantías de Estados Unidos? Por lo tanto, ¿cómo podría cualquier país en desarrollo defender ante sus ciudadanos la idea de abrirse más a los bancos estadounidenses altamente subsidiados? Al menos por el momento, la liberalización del mercado financiero parece estar muerta.

Las desigualdades son evidentes. Incluso si los países pobres estuvieran dispuestos a garantizar los depósitos, las garantías tendrían menos peso que las estadounidenses. Esto explica en parte el curioso flujo de fondos de los países en desarrollo hacia los Estados Unidos—donde se originaron los problemas del mundo. Además, los países en desarrollo carecen de los recursos para poner en práctica las políticas de estímulos masivos de los países avanzados.

Para empeorar las cosas, el FMI aún obliga a la mayoría de los países que acuden a esa institución en busca de ayuda a aumentar las tasas de interés y disminuir el gasto, lo que agrava la desaceleración. Además, los bancos de los países avanzados parecen estar dejando de prestar en los países en desarrollo, incluso a través de sus sucursales y filiales. Así pues, las perspectivas para la mayor parte de los países en desarrollo –incluidos los que habían hecho todo “bien”—son desalentadoras.

Como si todo esto no fuera suficiente, mientras se inauguraba la reunión de Davos la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una ley que exige que se utilice acero estadounidense en los proyectos de estímulo, a pesar de los llamados del G-20 a evitar el proteccionismo en respuesta a la crisis.

A esta letanía de preocupaciones podemos añadir el temor de que los prestatarios, recelosos de los enormes déficit de Estados Unidos, y los tenedores de reservas en dólares, inquietos ante la posibilidad de que ese país se vea tentado a recurrir a la inflación para resolver su problema de deuda, respondan agotando la oferta de ahorros globales. En Davos, quienes confiaban en que Estados Unidos no haría eso intencionalmente mostraron preocupación de que pudiera suceder de manera no intencional. Había poca confianza en que la mano no demasiado hábil de la Reserva Federal –con su reputación manchada por las enormes fallas de política monetaria en años recientes—pudiera manejar la gigantesca acumulación de deuda y liquidez.

El Presidente Barack Obama parece estar ofreciendo un impulso que el liderazgo de Estados Unidos necesita después de los años oscuros de George W. Bush; pero la atmósfera en Davos indica que el optimismo y la confianza pueden no durar mucho. Estados Unidos encabezó al mundo en la globalización. Ahora que el capitalismo al estilo estadounidense y los mercados financieros de ese país están desprestigiados, ¿llevará Estados Unidos al mundo a una nueva era de proteccionismo, como lo hizo durante la Gran Depresión?

Joseph E. Stiglitz, profesor de economía en la Universidad de Columbia y ganador del  Premio Nobel de economía  en 2001, es autor,  junto con Linda Blimes del libro La guerra de los tres billones: El costo verdadero del conflicto en Irak.

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Parabién regio, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Justicia, Política by reggio on 18 febrero, 2009

Contra la opinión de toda la prensa de papel, este Diario ha venido defendiendo el derecho de jueces y magistrados, conforme al artículo 395 de la LOPJ, a realizar reuniones públicas sin carácter judicial, con la finalidad de cumplimentar al Rey, ante la vejación por el poder de lo que se administra en Su nombre. El periódico “El País” llegó a calificar de “tretas” las reuniones de los jueces para preparar la jornada del 18-F. Y éstos, acostumbrados a juzgar alegaciones opuestas, no tienen imaginación para encontrar la base jurídica de su derecho a una jornada de censura al Gobierno, en forma de paro colectivo o de huelga. Saben que no tienen prohibida la huelga y que ni siquiera es falta leve ausentarse un día de su sede. Pero, sin ser buenos abogados, no percibieron las facultades que les otorga ese precepto 395 para reunirse entre ellos, a fin de preparar un gran acto colectivo de cumplimentación o parabién al Rey, si consideran, como todos los justiciables, que la Justicia administrada en Su nombre, está siendo denigrada y humillada por los poderes del Estado. Para quienes toman en serio la Constitución, y nadie más obligado a ello que los Tribunales, el menoscabo y desprecio de lo que se administra en nombre del Rey redundan en menoscabo y desprecio del Rey.

Defender la dignidad de lo que se administra en nombre del Rey equivale a defender la dignidad del propio Rey. Especialmente, cuando los demás bienes o servicios que se administran en Su nombre, como los de índole patrimonial o de representación, están dotados de los medios más modernos y sofisticados, sin preocupaciones presupuestarias por su coste. En las antiguas monarquías el prestigio y la dignidad del Rey se medían por la grandiosidad de sus embajadas y la calidad de su moneda. Suprimida la leva, ningún servicio Real puede equipararse en importancia social al que desempeña la Justicia administrada en nombre del Rey. Y ninguno ha sido tan menospreciado y envilecido como el de esta Justicia regia. Los partidos estatales, los gobiernos y parlamentos de la Transición, sin excepción, han preterido las necesidades materiales de la función judicial, del mismo modo que en las grandes mansiones y palacios se posterga el bienestar del servicio doméstico. Las togas y puñetas de los Magistrados, como las libreas de los lacayos de la nobleza, tapan con ostentación exterior las miserables condiciones de su trabajo íntimo.

El humor y la ironía no están en este alegato, sino en el art. 395. A los jueces y magistrados les está prohibido dirigir a los poderes, autoridades y funcionarios públicos felicitaciones o censuras, “a no ser aquellas que tengan por objeto cumplimentar al Rey”. Y la palabra “aquellas” incluye la censura a los poderes cuando ésta implica por necesidad lógica un parabién regio. Paro judicial, pues, para cumplimentar al Rey.

Contaminando la vida social de Euskal Herria, en el Editorial en Gara

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 18 febrero, 2009

Ese era, según la Fiscalía de la Audiencia Nacional, el efecto que tendría la presencia de la izquierda abertzale en los comicios del 1 de marzo: «contaminar la vida social» vasca. Atendiendo a ese argumento, que muestra la visión antropológica y sociológica que sostienen las autoridades y los tribunales españoles respecto a la realidad vasca, pero que no aporta la más mínima base jurídica a un proceso de ilegalización de partidos y proyectos políticos como el que está en marcha en el Estado español, el juez Baltasar Garzón decidió anoche suspender oficialmente las actividades de la plataforma electoral Demokrazia 3 Milioi (D3M) y el partido político Askatasuna. Asimismo, ordenó que la Consejería de Interior de Lakua y la Jefatura Superior de Policía de Iruñea supervisen el cumplimiento del veto establecido. También aquí dejan claro que su visión sobre la realidad vasca supera a menudo los límites que ellos mismos establecen.

En una primera y somera lectura del auto llama la atención, además de la utilización de una lógica que se adapta siempre al objetivo confeso o a la conclusión buscada de antemano, las referencias a la jurisprudencia que en este terreno han establecido los tribunales europeos. Por un lado, no parece que compararse con Turquía -una reconocida potencia mundial en la salvaguarda de los derechos políticos, civiles y, en general, humanos- sea la mejor estrategia para evitar las críticas de los organismos internacionales. Por otro, se utiliza esa jurisprudencia a la inversa, utilizando la excepción para convertirla en norma. No cabe duda que los últimos informes internacionales no han surtido el efecto buscado por sus autores, pero han obligado a equilibrios retóricos por parte de los tribunales españoles que darán qué hablar en esas otras instancias.

Con autos como éste la judicatura española no sólo contamina gravemente la vida social, sino que pretende desfigurar la realidad y los parámetros reales del conflicto vasco. Es de prever que antes, durante y después de las elecciones esa realidad y esos parámetros se impondrán.

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