Reggio’s Weblog

Fin de época, desaparece una generación, de Jordi Borja en El País de Cataluña

Posted in Historia, Memoria, Política by reggio on 16 febrero, 2009

Paul Nizan no tuvo una juventud feliz: teníamos 20 años y no dejaré a nadie decir que fueron los mejores años de nuestra vida, escribió el autor de Chiens de garde y Aden Arabia, dos libros escritos en la década de 1930 y muy actuales. El segundo incluye, además, una estremecedora introducción de Sartre. Los que teníamos 20 o 25 años a finales de la década de 1960 fuimos afortunados. La historia avanzaba cuando nosotros iniciábamos nuestra carrera de adultos, progresábamos a la vez, podíamos sentirnos protagonistas, la épica no se reducía al Barça. Ahora cuando se cumplieron ya 40 años del mítico 68 y van a cumplirse 30 de las primeras elecciones municipales es inevitable asumir que es el fin de una época y de una generación. De una generación privilegiada, la que vivió intensamente entre los años sesenta y el final de siglo el largo proceso de resistencia ascendente y pudo luego contribuir a crear, con todas las limitaciones que quieran, las bases de una democracia que no quisimos que fuera únicamente formal.

Toni Farrés acaba de morir. Elegido alcalde de Sabadell en las primeras elecciones municipales (1979), reelegido continuamente con más del 50% de los votos, hasta que decidió que 20 años es más que nada y se retiró discretamente en 1999. Había nacido en 1945, lo conocí en 1968 cuando yo regresaba discretamente de una obligada (pero feliz) estadía de algunos años en París. Somos la generación del 68. Él, ex estudiante de Derecho, se había ido a trabajar a Unidad Hermética. Fue destacado sindicalista de CC OO, luego terminó la carrera, hizo de abogado laboral, más tarde fue un alcalde emblemático no sólo del PSUC, también de toda una generación de alcaldes y concejales que pasaron de la militancia clandestina al Gobierno de unas ciudades en crisis. Nunca cambió de barricada, estuvo siempre al lado de los trabajadores, pero entendió que mal servicio les daría si sólo se ocupaba de hacer programas sociales, que se hicieron y muchos en unos años en los que se perdieron varios centenares de miles de puestos de trabajo sólo en la provincia de Barcelona. Toni recuerdo que me dijo poco después de ocupar la alcaldía y discutíamos sobre cómo plantear la cuestión metropolitana: quiero cambiar la ciudad, atraer actividades, arreglar los barrios. No estoy en contra de Barcelona, pero me temo que si nos acercamos demasiado seremos siempre una periferia. Si tenemos que ser como Barcelona quiero que seamos como el Eixample, no como Nou Barris (NB ahora se ha convertido en una estupenda parte de la ciudad, pero en la década de 1960 era donde la ciudad pierde su nombre).

Toni Farrés fue un gran alcalde que heredó una ciudad en crisis, tanto económica, hundimiento del textil local, como urbana, más del 50% de la población vivía en barrios degradados o marginales. Él con un equipo liderado por el histórico PSUC la cambió. Poco después del inicio de su alcaldía, un diputado convergente originario de Sabadell me decía: qué mala suerte, con la grave situación de la ciudad ha sido elegido un alcalde comunista, nos acabará de hundir. No lo creo, contesté, Farrés será muy bueno para la ciudad y ya veremos si en otras ciudades vosotros lo hacéis mejor. Es suficiente visitar el Eix Macià, una obra ambiciosa que se inventó un alcalde con ideas radicales pero sin prejuicios, con prioridades sociales a favor de la mayoría, pero que pensaba para toda la ciudad, en su economía, urbanismo e imagen. Al inicio del proyecto me dijo: ahora estoy seguro de que irá adelante y rápido, hemos conseguido convencer al Banc de Sabadell y a El Corte Inglés de que se instalen en los dos extremos del Eix.

Nos veíamos sólo de vez en cuando, hace unos meses compartimos unos días en Buenos Aires, él me comentó que quería pasar una parte de la semana en Torredembarra y poder escribir un libro sobre los alcaldes, los de ahora y de mañana. Antes de Navidad acordamos vernos en enero cuando él suponía que se habría recuperado bastante. No ha sido posible. Nos queda una tristeza melancólica, por la pérdida de una persona querida. Pero también, me parece, porque nos hace más conscientes de que desaparece también toda una generación, como me decía el viernes, en el ayuntamiento, muy cerca del cuerpo presente de Toni, la amiga Dolors Calvet, la que por unas decenas de votos no pudo sucederle en la alcaldía. El cambio de siglo coincide con el fin de una época.

En los próximos meses celebraremos los 30 años de los primeros ayuntamientos democráticos, tras las elecciones del 3 de abril de 1979. Un mes después de las elecciones generales las municipales depararon un resultado que significaba un viraje a la izquierda. Los socialistas catalanes fueron los más votados y en segundo lugar lo fue el PSUC. En la gran mayoría de los municipios grandes y medianos se constituyeron gobiernos de izquierda, en algunos casos con participación de Convergencia. Los nuevos alcaldes y regidores tuvieron que aceptar el desafío de hacer funcionar una maquinaria deteriorada, con muy escasos recursos y a la vez responder con eficacia a las demandas sociales acumuladas a las que se añadieron las que generaba la crisis económica que desindustrializó una parte importante de la economía del país. Los equipos de gobierno del 79, con la colaboración de equipos de profesionales-militantes y el diálogo con las entidades ciudadanas y vecinales, cumplieron una obra inmensa, que consolidó la democracia y evitó que se produjeran reacciones sociales violentas que la hubieran, quizá, hecho naufragar. Estos equipos se habían forjado en la lucha antifranquista y entonces estuvieron a la altura de las circunstancias. En la crisis actual los nuevos equipos, que no tienen culpa alguna de haber vivido tiempos más fáciles, tendrán que enfrentarse a nuevas situaciones que exigirán, como ocurrió entonces, fuerza, coraje, imaginación y sensibilidad. Les deseamos sinceramente suerte.

Jordi Borja es profesor de la UOC.

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Dónde poner el foco de atención, de Joaquín Estefanía en El País

Posted in Economía, Laboral by reggio on 16 febrero, 2009

Las últimas cifras sobre la economía europea aumentan la preocupación: la situación de la Unión Europea (UE) es peor que la de EE UU, epicentro de la crisis financiera. En el último trimestre de 2008, la actividad económica de los Veintisiete retrocedió un 1,5%, frente al 1% de la americana. Especialmente inquietantes son los datos de Alemania, la locomotora europea, que decreció un 2,1%. Y a pesar de lo que se cree, el comportamiento de la economía española (-1%), siendo lastimoso, es el menos malo de las cinco grandes naciones de la zona.

En la intervención que Zapatero realizó la semana pasada en la Asociación de Periodistas Europeos para presentar los objetivos de la presidencia española de la Unión Europea, en el primer semestre de 2010, subrayó el esfuerzo coordinado de la UE para lanzar un estímulo de unos 200.000 millones de euros (el 1,5% del PIB comunitario) con el fin de detener los peores efectos de la crisis. El presidente de la Comisión Europea, Durão Barroso, ha evaluado el conjunto del esfuerzo fiscal comunitario en 600.000 millones de euros en dos años (plan de estímulo, más aplicación de los estabilizadores automáticos, más la recapitalización de bancos en dificultades), lo que supone el 4,5% del PIB de la zona.

La recesión se concreta en el aumento del desempleo. Hay una discusión latente sobre las razones de que el paro haya aumentado mucho más en España (la tasa más alta de la OCDE) que en otros países con similares problemas: en qué grado se debe a que aquí sigue aumentando la población activa o si hay que echar la culpa a la rigidez laboral (que en parte desmiente el proceso de destrucción de puestos de trabajo: las empresas ajustan con rapidez sus plantillas a las nuevas necesidades de producción).

Es en este contexto en el que hay que enmarcar la polémica surgida por las palabras del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO). El debate, en esencia, contiene cuatro cuestiones sucesivas. Primero, por qué el gobernador guarda un silencio sepulcral sobre la situación financiera y no contribuye a la discusión sobre si el crédito está llegando a las empresas y los ciudadanos particulares. ¿Es o no excesiva su cautela? Segundo, por qué abordó la reforma laboral, que no parece corresponderle entre los objetivos de su cargo; seguramente piensa que el desempleo sí forma parte de su negocio, ya que un millón de nuevos parados es potencialmente un millón de nuevos morosos, lo que puede debilitar la solvencia de las entidades financieras.

Tercero, qué dijo concretamente. De la lectura de su discurso no se desprende que pidiese de modo directo un abaratamiento de despido (“creo que es un error plantear el debate exclusivamente en el abaratamiento del despido y pienso que sólo podremos avanzar si se centra en encontrar las fórmulas que nos permitan aumentar la productividad, reducir las cifras de desempleo y mejorar los salarios de los trabajadores”), sino el estudio de experiencias como la danesa (4,1% de tasa de paro) o la austriaca (3,8%). En Dinamarca han optado por mejorar de modo sustancial el pago periódico (la prestación pública) a cambio de suprimir la indemnización privada por desempleo. En Austria, las empresas constituyen un fondo individual para cada uno de los trabajadores, que se pone a su disposición en caso de perder el empleo en esa empresa como forma de complementar la prestación por desempleo que recibe el Estado; cuando el trabajador encuentra empleo en otra empresa se lleva la parte no consumida del fondo, que vuelve a ser engrosada con las aportaciones de la nueva empresa. Al final de su vida laboral, el fondo disponible constituye una fuente adicional de recursos para la jubilación. Se puede estar tajantemente en desacuerdo con el gobernador, pero sobre lo que dijo, no sobre un cliché de ello.

Cuarta y última cuestión: ¿es el momento de abordar una reforma laboral cuando el problema central ha sido otro? ¿Tiene sentido desviar el foco de atención hacia la flexiseguridad (flexibilidad para las empresas y seguridad para el trabajador) en una coyuntura en la que lo que se discute es quiénes son los responsables del crash financiero, los salarios de los altos ejecutivos y la ausencia de eficacia de los organismos reguladores en los abusos? ¿Es oportuno o es sospechoso?

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Es la hora de la responsabilidad, de Fernando de Rosa Torner en El Mundo

Posted in Justicia by reggio on 16 febrero, 2009

TRIBUNA: JUSTICIA

El autor sostiene que el derecho a la huelga de los jueces carece en el momento actual de sustento normativo. Propugna un gran pacto para abordar las profundas reformas que necesita el sistema judicial español

Todos estamos de acuerdo en la necesidad de modernizar la Administración de Justicia, dotándola de unas estructuras y medios del siglo XXI, superando la situación actual. Sin embargo, para convertir esta necesidad en una realidad, es necesario trabajar de forma conjunta para obtener resultados, concretando objetivos y contando con los medios materiales y humanos que resulten precisos.

Es la hora de la Justicia, no del conflicto y de la controversia a los que solamente cabe acudir en casos extremos. Sin entrar a valorar las distintas posturas sobre el derecho de huelga por parte de jueces y magistrados, hay que tener en cuenta, como afirma el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en el acuerdo institucional del día 9 de febrero, que el ejercicio de ese posible derecho carece en el momento actual de soporte normativo, por lo que el citado Consejo desestimó la procedencia de establecer servicios mínimos. En todo caso, habría que reclamar al Parlamento una regulación de esta cuestión, teniendo en cuenta las peculiaridades propias de la función jurisdiccional.

El sistema judicial no es un fin en sí mismo, sino que constituye un medio para conseguir el cumplimiento de una función esencial del Estado: la protección de los derechos mediante la resolución de los conflictos entre particulares, y entre éstos y los poderes públicos. La prestación de dicha función, como cualquier otra estatal, debe realizarse en beneficio del ciudadano, que en definitiva es el protagonista real de la Administración de Justicia y, por tanto, el destinatario último de la modernización. De esta manera, no podemos perder de vista que la ciudadanía no puede en ningún caso resultar perjudicada por este proceso de modernización ni por los conflictos que se están originando en su seno.

El CGPJ está llamado a servir de puente entre la sociedad y la Administración de Justicia, contribuyendo a trasladar las demandas sociales sobre calidad y eficacia al funcionamiento de los juzgados y tribunales, favoreciendo y acercando la justicia al ciudadano, y para ello, nada mejor que comenzar por modificar el lenguaje judicial, haciéndolo más comprensible y entendible.

Es la hora de la responsabilidad, de profundizar en el diálogo con todas las instituciones y entidades que disponen de las competencias para hacer posible la modernización judicial que todos deseamos.Hay que recordar que el órgano de gobierno de los jueces, el CGPJ, no tiene facultades presupuestarias sobre los medios materiales y el personal al servicio de la Administración de Justicia.

La mejora de la justicia incumbe a todos, por lo que en el proceso de modernización se deben involucrar no solamente a los jueces, sino también al resto de personas que de una u otra forma operan en el sistema judicial: fiscales, secretarios judiciales, funcionarios al servicio de la Administración de Justicia y, como no puede ser de otra manera, también hay que hacer partícipes de este proyecto a los colegios profesionales de abogados, procuradores y graduados sociales que, con su experiencia, pueden ayudar a conseguir que la modernización de la justicia sea un hecho.

La confianza es el fundamento básico sobre el que siempre se levantan los grandes proyectos, y la modernización de la Justicia es uno de ellos. Durante los últimos meses, el CGPJ se ha esforzado en favorecer ese clima de confianza, elaborando una hoja de ruta para la modernización, que contiene medidas concretas y un calendario determinado, cuyos objetivos han sido en su mayor parte asumidos por las Asociaciones Judiciales en sus reclamaciones.

Destaca la necesidad de establecer un nuevo mapa judicial, adaptado a las características demográficas actuales, incrementando el número de jueces españoles hasta llegar a la media europea. Asimismo resulta imprescindible incorporar plenamente las nuevas tecnologías a la Administración de Justicia, consiguiendo que los órganos judiciales accedan rápidamente a toda la información necesaria para desarrollar su labor con eficacia, logrando que los distintos sistemas informáticos judiciales puedan comunicarse entre sí, y garantizando el derecho de los ciudadanos a relacionarse con la Administración de Justicia a través de medios electrónicos.

También hay que perfeccionar las herramientas estadísticas y otros instrumentos necesarios para el seguimiento de la actividad judicial, mejorando la relación de los ciudadanos con la oficina judicial de conformidad con el contenido de la Carta de Derechos de los ciudadanos ante la Justicia y del Plan de Transparencia Judicial. Tampoco hay que olvidar la relevancia de las modificaciones legislativas necesarias, sobre todo las relativas a la disminución de la litigiosidad y al estatuto del juez; afrontando también la adopción de medidas sobre la organización territorial del Estado.

Los grandes retos inherentes a la modernización de la justicia solamente pueden ser afrontados mediante el consenso, a través de un gran pacto con la sociedad que recoja el compromiso con la Justicia de las distintas fuerzas políticas.

Ahora, todos los que formamos parte del sistema judicial debemos asumir la responsabilidad de trabajar conjuntamente para lograr una Justicia de calidad, capaz de resolver eficazmente los conflictos con los que se enfrentan diariamente los ciudadanos, porque ellos son los verdaderos protagonistas de la Justicia.

Fernando de Rosa Torner, es vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial.

© Mundinteractivos, S.A.

La vida en un mitin, de Santiago González en El Mundo

Posted in Política by reggio on 16 febrero, 2009

A CONTRAPELO

Ir de campaña electoral es como gobernar en Disneylandia. Todo es fantástico; el público va a aplaudir, no a hacer preguntas retorcidas como en Tengo una pregunta para usted y las únicas cuestiones son las que se hace retóricamente el orador.

Zapatero es un fanático del mitin. En la asombrosa biografía autorizada que le escribió Suso de Toro, explica por qué le gusta más dar un mitin que hablar en el Congreso: «En el mitin lo importante no son los discursos, sino los aplausos. En los mítines lo importante no eres tú, es la gente. [ ] Es que en el Parlamento la gente está obligada a ir. Cuando estás con los tuyos uno tiende a hacer menos teatro, en el Parlamento estás en un foro, estás en un combate, porque es así el Parlamento moderno, y allí la acción prefabricada, limitativa, es mucho mayor».

Hombre, tampoco estaría mal el Parlamento si sólo tuvieran reservado asiento los propensos al aplauso. No quiere esto decir que al presidente se le de mal la tribuna del Congreso, pero el mitin tiene sus ventajas. Para empezar, todos son de los tuyos y, si se cuela alguno de los otros, el servicio de orden se encargará de ponerlo en su sitio, que es la calle.

Zapatero aprovecha ese palenque para anunciar a la peña sus planes de gobierno. Empieza el primer domingo de septiembre en el de Rodiezmo y ya es el no parar. El mitin es la puesta al día del Sermón de la Montaña, con la promesa de sus panes y sus peces.

A Rajoy le permitió coger el puchero por el asa que no quema, que son las correrías de Garzón y Bermejo por los montes, aunque la música pop y el baile programados en la guía de campaña parecen algo contraindicados con su vía crucis madrileño. Zapatero defendió en Riazor la candidatura de Touriño, el Austero, para gobernar los próximos cuatro años ese piso piloto del código de buen gobierno que es la Xunta de Galicia, al tiempo que lucía sus habilidades para la antífrasis, un suponer: no me voy a meter con Rajoy, que bastante tiene con lo suyo, y, de la misma, dedicarle toda su intervención, ante el indisimulado alborozo de la parroquia.

También le reprochó que, mientras siga con sus líos, el PP no va a poder arrimar el hombro, y en esto sí que tiene razón. Si el Gobierno sigue en la vida contemplativa, alguien debería hacer o decir algo para hacer frente a la crisis, aunque sea la oposición y aunque no tenga el control del presupuesto ni la fuerza parlamentaria para legislar.

Ellos van a los mítines donde los suyos les aplauden incluso los desparrames demagógicos, las promesas imposibles y los ejercicios de transformismo, tan propios de campaña: Patxi se calza la boina y exalta la transversalidad (cuando el Gobierno más transversal de todos, el de los polos opuestos, sería PSE-PP), Ibarretxe enterrando el sintagma derecho a decidir y Basagoiti prometiendo la creación de 100.000 puestos de trabajo.

Nos vamos a pasar así las próximas dos semanas; o sea, que disfrutemos el espectáculo, porque cuando despertemos el día 2 la crisis, esa dinosauria de Monterroso, todavía seguirá ahí.

© Mundinteractivos, S.A.

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Corrupción, lecciones olvidadas, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Justicia, Política by reggio on 16 febrero, 2009

El descubrimiento de una trama de corrupción relacionada con personajes pertenecientes o cercanos a la esfera institucional del PP nos enseña hasta qué punto el olvido de la historia más reciente se puede llevar por delante el crédito que resta del sistema democrático. Si el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, el político es la única criatura capaz de dejarse atrapar por los vicios y errores que denuncia airadamente en el contrario. ¿Cuál fue el talón de Aquiles de los últimos gobiernos del PSOE? En 1994, de eso hace sólo quince años, los casos de corrupción explotaron como una pandemia en la agenda política y el sistema se sometió a una prueba de fuego que, como todos ustedes saben, se cerró, en 1996, con la llegada de un reformulado centroderecha al poder y la caída de Felipe González.

¿Quién se acuerda hoy de Juan Guerra, hermano del que fue vicepresidente y protomártir de un mal entendido método de atención directa a los descamisados? ¿Quién se acuerda hoy de Luis Roldán, que dirigió la Guardia Civil y encarnó la versión posmoderna del pícaro hispánico con grandes ambiciones? ¿Quién se acuerda hoy del desaparecido Mariano Rubio, gobernador del Banco de España, que dimitió por el llamado caso Ibercorp? La arqueología de la corrupción daría para muchos artículos, en los cuales no deberían faltar otras referencias, como el caso Casinos, que apareció en los entornos de Convergència, el caso de los fondos de la Conselleria de Treball, en los entornos de Unió, y el caso Filesa, que supuso la condena y la cárcel para dirigentes destacados del PSC. Algún universitario inquieto debería escribir una tesis doctoral sobre corrupción política y olvido en las Españas.

Luchar contra la corrupción es un imperativo para la salvaguarda de las instituciones y el bien común y, a la vez, forma parte de la competencia electoral entre partidos aunque -ahí va la paradoja-ninguna opción política queda a salvo de este virus. Lo noblemente cívico y lo más sectario caminan de la mano, quiérase o no. Además, cada nuevo escándalo confirma el prejuicio según el cual “todo apesta” o, como decimos en catalán, “no hi ha un pam de net“. Aznar, de acuerdo con el manual, utilizó, en su momento, los casos de corrupción en el campo adversario para propagar su alternativa. A pesar del caso Naseiro y otros pantanos, el aznarismo que atacaba la fortaleza pegó cada día en la herida abierta de la corrupción socialista, poniendo a velocidad máxima el ventilador de la porquería, para romper así el pedestal de la credibilidad de González, y de igual manera procedió con el asunto de los GAL y la guerra sucia contra ETA. Ello le dio resultado, aunque no hay que olvidar que el PSOE abandonó la Moncloa con una “dulce derrota”.

La fábula es bella y atroz. Aznar, el campeón en la denuncia de la corrupción nacida en el lado oscuro de un felipismo que se presumía intocable y omnipotente, se ve hoy más cerca de comprender el drama de su rival de otrora. Lo que la operación Gürtel investiga tuvo lugar, sobre todo, durante la etapa del Aznar gobernante. Y el círculo más cercano del ex presidente, como prueban las imágenes de la boda de su hija, no fue precisamente ajeno a este lío. Estoy seguro de que, si Aznar acaba hablando, dirá algo muy parecido a lo que González dijo sobre los Roldanes de turno: el príncipe no puede estar en el detalle de todo y, al final, siempre hay quien cruza la raya.

La historia no sólo se repite, a veces incluso se clona. Ya no lo hace en formato de tragedia ni comedia, sólo como parodia. El lugar que antes ocupó el PSOE ahora lo ocupa el PP, con la diferencia -no menor- que los populares están hoy en la oposición y que, en lugar de perder el poder, corren el riesgo de caer en barrena. Todo lo demás es muy parecido. Por ejemplo, lo de la cacería en la que andaban el juez Garzón y el ministro Fernández Bermejo suscita las mismas dudas que tuvimos, hace quince años, sobre la separación real entre el poder ejecutivo y el judicial, extremo que nos remite a aquello de “Montesquieu ha muerto“, frase que Alfonso Guerra dejó estampada hace tiempo. Salvando la profesionalidad y ética de muchos excelentes servidores de la justicia, ciertos episodios, como la pelea partidista por el control del Tribunal Constitucional, agrandan la desconfianza del ciudadano.

Visto lo ocurrido hoy con el PP, que en Madrid acumula tanta influencia y poder, está claro que la concentración de muchas palancas en un solo partido debilita la vigilancia necesaria entre instituciones. De la omnipotencia a la impunidad hay pocos pasos. El mucho mando en pocas manos genera, siempre, un campo de atracción de corruptores y corruptos. Tomemos buena nota de ello, también los catalanes.

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¿Restauración o mutación?, de Michel Wieviorka en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 16 febrero, 2009

La crisis está aquí y casi todos los analistas económicos coinciden: empeorará en los próximos meses -paro, cierre de empresas, ralentización de los negocios-. De repente, el relato habitual para explicar los procesos que agitan al mundo contemporáneo parece validado: el punto de partida es la crisis financiera, localizada en Estados Unidos, y ligada sobre todo al sector inmobiliario, que se ha extendido a todo el planeta para convertirse en una crisis económica y social. De golpe, también, las medidas tomadas por los estados para salir de la crisis se orientan prioritariamente a restaurar la salud del sistema financiero y bancario, pues estaba en el origen de nuestras desgracias. En la mayoría de los planes puestos en marcha se trata de recuperar la confianza en el seno del sistema financiero y bancario, de aportar liquidez al mercado del crédito, de engrasar las ruedas de modo que la economía remonte. Las políticas se vuelven keynesianas y se apuesta por poner en marcha formas de control y de regulación del mercado, o sea, el regreso del Estado.

En conjunto, estas medidas no introducen ninguna ruptura de fondo. Intentan volver a poner en marcha un sistema que ha entrado en disfuncionamiento; proponen remediar los efectos devastadores de la crisis volviendo a dar vida y salud a modos de funcionamiento prácticamente inalterados y simplemente un poco más controlados, ¿no se habla cada vez más de nacionalización de algunos bancos? Desde esta perspectiva la crisis es una purga y las respuestas, una restauración.

Pero introduzcamos una perspectiva histórica. La crisis inmobiliaria, entonces, deja de ser un punto de partida para convertirse sólo en un momento, ciertamente paroxístico, en los procesos inscritos en una mayor duración. De hecho, todo empezó a moverse a mediados de los años setenta. Recordemos simplemente algunos puntos decisivos.

En esa época, el liberalismo, precursor del neoliberalismo, comenzó a hacer su camino político y no ya sólo ideológico, por ejemplo en el Chile de Pinochet, abriéndose a los Chicago Boys, y los modelos de desarrollo de los treinta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial empezaron a dar signos evidentes de agotamiento. También en esa época se empezó a hablar de la crisis del Estado-providencia mientras en la industria los sistemas de organización del trabajo basados en el taylorismo cedían terreno en beneficio de formas inéditas de dirección, importadas por ejemplo a Occidente desde Japón. En muchas empresas gran parte de los trabajadores no cualificados pasaron a ser superfluos y los problemas de exclusión social y de precariedad devinieron básicos, al tiempo que el paro y el incremento de las desigualdades caracterizaban cada vez más las sociedades.

Paralelamente, nuevos valores venían a desafiar a los más clásicos: aparecía el ecologismo político, se despertaban las identidades culturales específicas y pedían ser reconocidas en el espacio público, el movimiento obrero languidecía y aparecían nuevos movimientos sociales y culturales. Los sociólogos han hablado de cambio de tipo de sociedad y, a falta de vocabulario apropiado, el prefijo post se convirtió en el gran comodín: postindustrial, posmoderno, poscolonial, posnacional, etcétera.

Las transformaciones internas en las sociedades no deben hacer olvidar las considerables modificaciones del orden mundial que se produjeron tras el declive de la Unión Soviética, comenzado con Brezhnev y acabando en los años ochenta con el fin de la guerra fría. Desde entonces el espacio de la globalización se abrió, engullendo a China, y actualmente hablamos de los países emergentes, los BRIC (Brasil, Rusia, India, China).

Seguramente deberíamos de ser más precisos. Pero si aceptamos este paso en perspectiva histórica, entonces la actual crisis reviste otro significado. Viene a decirnos que el mundo se ha transformado, que nuevas configuraciones, nuevas relaciones de fuerza han aparecido, que hay que pensar en términos de multipolaridad y no solamente de conflicto Este-Oeste o de supremacía absoluta de EE. UU. Significa que la estructura de nuestras sociedades cambia, que por ejemplo aparecen nuevas clases medias (en los BRIC) y otras están en caída, o imposibilitadas de constituirse (en Occidente, con las víctimas estadounidenses de las subprime).

La crisis así entendida traduce ciertamente la deriva financiera y bancaria, pero también acentúa los reajustes y cambios importantes que sólo se comprenden remontándonos en el tiempo. Y para afrontarla no basta contentarse con planes de relanzamiento o de salvamento, porque esos planes no nos proyectan a una lógica de cambio o de mutación, no inventan un futuro nuevo, no tienen prácticamente en cuenta ni la densidad histórica de los problemas ni los nuevos valores propuestos para afrontarlos, son como mucho profecías y utopías ecologistas que, por ejemplo, dibujaba en su tiempo Ivan Illich.

Ilustremos este punto. Hay que ayudar al sector inmobiliario a relanzarse, pero ¿quién inscribe esa ayuda en una reflexión renovada sobre la ciudad, el urbanismo, teniendo en cuenta el medio ambiente, el coste de la energía, y asociándolo a una política de investigación sobre los materiales o el calentamiento global? También hay que salvar a la industria automovilística, pero esa salvación poco tiene que ver con una reflexión general sobre el modo en que nos desplazamos, sobre la polución, el coste de la energía.

¿Ceguera? No sólo. Tras los planes de urgencia está la cuestión de los puestos de trabajo que salvar, del poder adquisitivo que mantener. Surge un dilema: ¿hay que solucionar lo más urgente, simplemente restaurando un sistema caducado, en muchos aspectos agotado, en cualquier caso en declive, o bien hay que preparar el futuro e inventar nuevos modos de vivir juntos pero con el riesgo de sacrificar las condiciones de existencia de partes enteras de la población? Es contraproducente restaurar a un alto precio el sistema antiguo, pero es muy costoso protegerse ante un nuevo sistema. ¿Es posible combinar los dos registros, salvar el empleo y la economía actuales, lanzándose por ejemplo a la industria verde? El único responsable político que hasta ahora se ha expresado claramente a favor de esta visión es Barack Obama: hay que desear que la campaña para las elecciones europeas sea la ocasión para que el Viejo Continente vaya también por este camino.

MICHEL WIEVIORKA, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.

Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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El discurso del optimista, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 16 febrero, 2009

Conversación de jueves tarde. Como interlocutor, un gestor con amplia trayectoria profesional a sus espaldas, embarcado ahora en un proyecto de personas que ha sido de los más exitosos de los últimos 18 meses. Rentabilidad cercana al 11% en 2008 y próxima al 2% en lo que llevamos de 2009 con una volatilidad por debajo del 5%. Le llamo para hacer de head hunter de un amigo y dejamos el verdadero motivo de mi acercamiento para los postres. No por culpa mía. A la introductoria pregunta cortés de, “¿cómo lo ves?”, responde de forma automática con un “de modo mucho más optimista que el mercado”, lo cual me deja estupefacto, excepción ante el abatimiento general. Y, a partir de ahí y sin solución de continuidad, un chorreón de argumentos para justificar tal atrevimiento  que no me resisto a compartir con todos ustedes. Él siempre ha sido muy celoso de su intimidad. No seré yo quien se la arrebate.

Por supuesto habrá muchos matices que se me hayan escapado, servidor escribe de oídas pues iba con el manos libres del coche, pero creo que la originalidad de parte de sus razones, la consistencia de otras y su track record reciente hacen que sus puntos de vista hayan de ser tomados en consideración. Y más cuando dentro de su misma casa vive otro gestor que es el apocalipsis en persona (“lo importante es que cada uno gestione bien su visión del mercado”). No esperen literalidad, por tanto, si bien evitaré desvirtuar el mensaje original. Ya saben que mi visión, recogida a mediados de enero, era de primer trimestre muy complicado, hasta el final de la publicación de los resultados del 2008, que ya están llegando a su fin, momento en el que se iniciaría una recuperación que se puede alargar hasta mitad de mayo como consecuencia de la confianza de los inversores en la utilidad de los planes públicos de estímulo económico. A partir de ahí, nuevo shock de realismo que condenaría a las bolsas a un comportamiento similar al del año pasado: caídas hasta octubre y brusca recuperación de cierre de ejercicio para situarse en pérdidas inferiores al 10%. Desde esa contraposición de visiones, aquí va lo hablado.

“La primera y principal razón para mi optimismo es que todas las crisis que nacen como consecuencia de un exceso de oferta, en este caso inmobiliaria, provocan un estancamiento de la inversión en el segmento afectado, flujo de caja  que se destina a usos mucho más productivos para la economía. Tenemos casas para los próximos 15 a 20 años, lo que implica que  la vivienda va a dejar de ser considerada  una inversión. Esto, que para algunos es un drama, tiene connotaciones muy positivas. La deflación en precio de los inmuebles va a permitir que el dinero se destine a otras utilidades. Tenemos la experiencia del boom/bust del petróleo que permitió llevar a cabo unas inversiones en infraestructuras que han aguantado décadas; ocurrió lo mismo con Internet en el 2000 cuyo resultado fue una red de fibra óptica que no ha habido que incrementar más que residualmente y que, por el contrario, ha ayudado al fomento de las comunicaciones y de la productividad; pasa lo mismo con los molinillos… No debemos tener miedo a que lo irracional vuelva a la racionalidad.

Es verdad que en este caso hay un factor adicional de preocupación que es el crédito pero otra vez tenemos que distinguir lo normal de lo anormal. Si necesitamos un aumento del crédito al 20% anual para financiar el crecimiento económico, apaga y vámonos. Aquí hay que hacer dos matizaciones. La primera es que no es comparable el nivel actual de endeudamiento del sistema con el de los años 30 donde la mayoría de la deuda era empresarial a corto plazo. Ahora los titulares del apalancamiento son las propias entidades financieras y los particulares, estos últimos con un endeudamiento fundamentalmente inmobiliario que, en teoría, se puede alargar tanto como la vida útil del inmueble, digamos 100 años. Por lo que respecta a las entidades financieras, y entramos en la segunda consideración, salvo en las 48 horas que siguieron a la quiebra de Lehman, no han dejado de cumplir su papel de instrumentos que permiten llevar a cabo las transacciones económicas del sistema pero adecuándose a la nueva realidad de oferta y demanda, que existe y que es algo que no se quiere asumir. No se puede pretender pensar que aquí no ha pasado nada.

Lo que más me preocupa del proceso actual es el pánico a corto plazo que está afectando a las distintas autoridades económicas, monetarias y financieras, campo de cultivo ideal para la estulticia administrativa. Cuando oigo hablar del New Deal se me ponen los pelos como escarpias. El papel de FD Roosevelt fue nefasto en la resolución de la Gran Depresión, contribuyendo únicamente a su prolongación en el tiempo. Por poco políticamente correcto que sea decirlo, el que sacó a Estados Unidos del hoyo fue Hitler, esto es, la Segunda Guerra Mundial. Veo que hay demasiada inclinación a repetir las recetas que entonces se mostraron inadecuadas. Falta perspectiva. De ahí que pese a mi optimismo, mantenga un tamaño excesivamente prudente en mis apuestas que, en cualquier caso, se ven limitadas igualmente por los elevados niveles de volatilidad que hacen que cualquier decisión errónea se magnifique y te pueda hacer un roto en la cartera.

Otro motivo para estar en el lado comprador del mercado es que estamos viendo un cierto proceso de estabilización en el deterioro en el comportamiento de los distintos activos financieros. Las divisas quieren situarse en rango, especialmente en relación con el dólar, las materias primas mantienen los deprimidos niveles actuales mientras que los diferenciales de crédito, pese a las malas noticias empresariales, no rompen los máximos. Y es que no hay que olvidar que la deuda corporativa, a nivel agregado, se encuentra en mínimos plurianuales y que las compañías han aprovechado el cierre de 2008 para sacar toda su porquería del balance, al ver que los mercados no hacían distingos entre unas firmas y otras. El resultado es un alto grado de apalancamiento operativo lo que se traduce en que bajos crecimientos de las ventas tienen un impacto enorme sobre el conjunto de  la cuenta de resultados.

Con todo esto, ¿cuál es mi asignación de activos o asset allocation? Creo que los bonos del tesoro van a ser dinero muerto durante mucho tiempo. No es normal que los plazos largos de la curva de tipos, especialmente el 10 y el 30 años de los Estados Unidos, se hayan situado por debajo de donde se encontraban hace 80 años cuando había contracciones  en el crecimiento  y en el nivel de precios agregado de la economía norteamericana cercanas al doble dígito. No hay valor. La alternativa son las emisiones societarias, un mercado que en enero ha recuperado la normalidad al coste que el inversor a día de hoy demanda y que ofrece oportunidades especialmente atractivas en compañías de carácter estratégico que, por su propia naturaleza, nunca van a caer, porque no se lo van a permitir. Por lo que respecta a las acciones soy optimista a corto y medio plazo. Si creemos que lo peor en términos de resultados puede haber pasado -lo que no significa que no pueda haber sorpresas negativas en el futuro pero sí que las comparativas anuales empezarán a ser mejores conforme nos vayamos acercando al final de ejercicio-, la valoración de muchas firmas sería irrisoria. El problema es que hasta que no superemos los niveles de septiembre de 2008, que es cerca de un 50% de subida desde donde ahora nos encontramos, no veremos que se produzca una recuperación de la confianza de unos inversores que seguirán contemplando los valores en términos de bear market rally. La paulatina reducción de la volatilidad que llevará aparejada un despegue de ese tipo, nos permitirá ir subiendo nuestra exposición. Hasta entonces, la prudencia no es ni siquiera una actitud propia sino, desgraciadamente, impuesta por el propio mercado”.

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La ignorada causa de la crisis, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Política by reggio on 16 febrero, 2009

Público

La gran polarización en la distribución de la renta, con disminución del porcentaje que las rentas del trabajo representan del total de la renta nacional (a costa del incremento de las rentas del capital, y muy en particular el capital financiero–la banca) ha sido la causa –como lo fue también de la Gran Depresión de principios de siglo XX- de las crisis económica y financiera actuales. La escasez de capacidad adquisitiva de las clases populares ha creado un problema grave de insuficiente demanda, responsable del escaso crecimiento económico. Y los exuberantes beneficios de la banca han derivado primordialmente de inversiones especulativas, creándose el complejo -capital financiero-inmobiliarias-construcción- responsable de los elevados precios de la vivienda, incrementándose todavía más el gran endeudamiento de las clases populares.

Una de las causas más importantes de la crisis económica y financiera actual que apenas ha salido en los medios de información ha sido la polarización en la distribución de las rentas que ha ocurrido desde los años ochenta en la mayoría de los países de la OECD a partir de la revolución neoliberal iniciada por el Presidente Reagan en EE.UU. y por la Sra. Thatcher en Gran Bretaña. Durante el periodo 1980-2005 hemos visto en estos países la desregulación de los mercados laborales y financieros, el aumento de la regresividad fiscal (con políticas fiscales claramente favorables al mundo empresarial y a las rentas superiores), la privatización de los servicios públicos, y el desarrollo de políticas monetarias que han favorecido al capital financiero (los bancos) a costa del mundo productivo, dando prioridad al control de la inflación sobre el estímulo económico. Tales políticas han sido promovidas a nivel mundial por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial, y a nivel europeo por la Comisión Europea (cuyos Comisarios de Economía y Asuntos Monetarios han sido los guardianes de tal ortodoxia liberal inscrita en el Pacto de Estabilidad que ha dificultado el incremento del gasto público), y por el Banco Central Europeo (cuyas políticas de control de la inflación se han realizado a costa del crecimiento económico y de la creación de empleo). Como resultado de tales políticas ha habido en la mayoría de países de la UE un aumento del desempleo (mayor en el periodo 1980-2005 que en el periodo anterior 1950-1980 cuando las políticas existentes eran de corte keynesiano) y un descenso muy marcado de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional, descenso especialmente notable en los países de la eurozona, que fueron los que siguieron con mayor celo tales políticas. En el promedio de los países de la eurozona, las rentas del trabajo pasaron de representar el 70% de la renta nacional en 1992, a un 62% en el año 2005. En España, tal descenso fue incluso mayor. Las rentas del trabajo pasaron de representar el 72% al 61% de la renta nacional durante el mismo periodo. Este descenso de tales rentas (medidas por la masa salarial) es la mayor responsable de la caída de la demanda (causa mayor de la crisis económica).

Ahora bien, ¿por qué ocurre la crisis ahora y no antes? Para responder a esta pregunta tenemos que entender la otra cara de la polarización de rentas. La disminución de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional se ha hecho a costa de un crecimiento muy acentuado de las rentas del capital, y muy en especial del capital financiero. Este era, por cierto, el objetivo de las políticas neoliberales. Este crecimiento de las rentas superiores significó, sin embargo, un aumento del ahorro más que del consumo. Los ricos, al tener tanto dinero, necesitan menos para consumir y ahorran, poniendo el ahorro en bancos. De ahí que el aumento del dinero a los ricos no estimula el consumo (que es lo que se necesita) sino el ahorro y la inversión. Ahora bien, ¿dónde invierten los ricos y los bancos? (España es uno de los países con mayor número de millonarios que existen, pero que no declaran su renta). Lo hacen donde pueden sacar más beneficios. Durante estos años invirtieron no tanto en la economía productiva (donde el descenso de la demanda estaba mermando los beneficios), sino en actividades especulativas como las inmobiliarias, donde los beneficios alcanzaron dimensiones exuberantes. El complejo “capital financiero – especulación inmobiliaria – industria de la construcción”, fue durante estos años el motor del desarrollo económico tanto en EE.UU. como en España (y en Gran Bretaña), facilitado en España, cuando no estimulado por las políticas fiscales del Estado, tanto central como local que favorecieron la propiedad. Los precios de la vivienda subieron astronómicamente y las clases populares tuvieron que endeudarse hasta la médula. Recuerden que durante varios años, las empresas constructoras y la banca españolas iban a comerse el mundo. Pero se pasaron de rosca: construyeron en exceso y la burbuja estalló. Ahora el complejo “bancario-inmobiliario-construcción” tiene en sus manos nada menos que 1.6 millones de viviendas que no se venden, siendo la demanda real de sólo 220.000 unidades. Y el problema es incluso mayor pues los bancos saben que el precio de las viviendas que tienen es un 30% superior al que tal demanda determinaría. De ahí la enorme resistencia a dar créditos, pues la banca está encima de un volcán que está explotando no sólo  como consecuencia del incremento de la morosidad sino también por el descenso del precio de sus activos.

Hubiera sido mejor que la banca (y las cajas) hubieran invertido más en áreas de clara necesidad social (en lugar de construir siete  veces más viviendas de las que el país necesita). Y que el Estado hubiera estado dirigido por mentalidades menos liberales y más keynesianas, estimulando otra política crediticia, menos favorable a la especulación y más favorable a la producción de bienes y consumos necesarios.

¿Cuál es la solución? La derecha propone reducir los impuestos como manera de estimular la economía, lo cual se ha demostrado una y otra vez, que tiene un impacto estimulante menor, pues las clases populares, enormemente endeudadas, utilizan los fondos extras para pagar sus deudas. Más eficaz es conseguir el aumento de las rentas del trabajo (que se consumen casi en su totalidad) y el descenso de las rentas del capital, a través de políticas redistributivas; y aumentar inmediatamente la demanda a través del gasto público excesivamente bajo en España (una de las causas de su baja productividad), creando empleo en obras públicas y en servicios públicos como sanidad, escuelas de infancia, servicios domiciliarios y  otros servicios que están claramente subfinanciados.

A qué llaman unidad, de Antonio Álvarez-Solís en Gara

Posted in Política by reggio on 16 febrero, 2009

El concepto de unidad en el contexto político es objeto de detenido análisis por parte del autor en este artículo. Su lugar central en el ordenamiento jurídico español le lleva a hablar de una Constitución «dictada por un pueblo dominante para evitar la libertad máxima, que es la de ser o no español». En un segundo estadio del mismo análisis constata que la negación de los derechos nacionales conduce a «un foco de rebeldía […] que puede alcanzar la característica de lucha armada», para la que sólo contempla una solución: el arbitraje.

Es inevitable que pudran la política, disgreguen la sociedad y, por tanto, la destruyan como ente orgánico quienes denominan libertad a la sola capacidad para realizar sus maniobras y entienden por Derecho únicamente lo que ampara sus violencias frente a los disidentes. Esos «quienes» acostumbran a violar la libertad y el Derecho en nombre de la unidad que, según ellos, ha de conducir a los pueblos a una existencia mágica, sin ninguna clase de enfrentamientos, salvo aquellos irrelevantes y vicarios con que justifican su escurrida democracia. Son los falsos profetas que, anclados en su inmovilidad y egoísmos, claman contra la renovación de la vida e impiden el cultivo abierto y fructífero de las ideas, en muchas ocasiones en nombre de la paz. Detienen la vida hasta transformarla en un existir deshuesado e inane, en un juego virtual de posibilidades que realmente resultan vacuas. Recuerdan con su retórica al cardenal Richelieu cuando en su majestuoso despacho de amo de Francia reprobaba las manifestaciones de los súbditos hambrientos con la famosa advertencia: «¿Pero no estamos bien así?».

¿A qué llaman unidad los que tejen las constituciones inalterables, promueven las leyes prevaricadoras y deciden la Policía del espíritu como si repartiesen el pan de la paz? Contemplando su gobernación de las cosas uno se pregunta si debemos hablar de unidad refiriéndonos al marco en que todos puedan decidir sus posturas múltiples o hemos de aceptar como unidad aquella situación en que el pueblo queda inmovilizado en las instituciones y es castrado para la creación histórica. ¿Unidad para la creación de vida numerosa o unidad para la protección de los intereses unilaterales con una vida única y dada?

Lo cierto es que la unidad no se expresa en el contenido único de lo que se propone, sino en la habilitación de un mismo marco donde todo puede proponerse. La unidad es un concepto formal referido al marco que facilita todas las posibilidades. Estamos unidos para convenir en paz o para disentir en paz; para atarnos voluntariamente o para separarnos sin que se criminalice a quienes desean separarse. Podemos estar unidos a fin de lograr una desunión materialmente razonable. La unidad es una pura página en blanco sobre la que todos pueden escribir sus ideas. La unidad es el continente y no el contenido. No se consuma en la reducción a uno del contenido ideológico sino que garantiza la posibilidad del contenido como múltiple. Somos unitarios para salvaguardar la diversidad bajo la propuesta de que queremos para que tú quieras: estamos unidos en la voluntad de ser diversos. Por eso agravian a tantos ciudadanos textos como el del artículo segundo de la Constitución de 1978, en el que se afirma con absoluta rotundidad: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». En este artículo la unidad ya no constituye un marco formal capaz de libertades para la diversidad, sino que determina el contenido único respecto a la españolidad de los habitantes del Estado español. Es la Constitución dictada por un pueblo dominante para evitar la libertad máxima, que es la de ser o no español. Estamos, pues, ante un artículo de contenido políticamente excluyente, ya que ampara una situación de unitarismo indisoluble y a la vez paradojal por contradictorio, pues no resulta lícito hablar de nacionalidades sin dar a las mismas toda la dimensión que constituye su perfil implícito, que es la de otra soberanía posible si así lo quieren esos pueblos a los que subyacentemente se les reconoce un origen no español. La contradicción parece patente y, sobre todo, agraviante, ya que sus redactores la originan al distinguir con una conciencia penumbral entre nacionalidades y regiones. ¿Qué constituye la nacionalidad sino un derivado administrativo de nación, que es el sustantivo que debe tenerse en cuenta?

La consecuencia más grave de este unitarismo es que afecta a la raíz misma del ser nacional y, por tanto, deriva en la supresión de la personalidad fundamental de los ciudadanos que rechazan su españolidad. La unidad deja de ser, inevitablemente, un concepto formal que facilita la presencia de todas las posturas para tornarse en imperio de una decisión ideológica. Una serie de ciudadanos regresan de su condición de ciudadanos, según pretende la Constitución, para readquirir la de súbditos, como lo fueron en tiempos de la sangrienta dictadura. Evidentemente, desde esta óptica la unidad se niega a sí misma como plataforma de presencias múltiples para convertirse en arma unidireccional con contenido políticamente operativo y opresor.

Lo anterior abre a su vez una segunda meditación. Se trata ahora de aclarar si la incapacitación de todo un pueblo para decidir sobre sí mismo, mediante la coartada constitucional de la unidad, no produce una ciudadanía de segundo orden o de rasgo colonial. Si esta ciudadanía se ve negada en su esencia nacional, lo históricamente previsible es que ese pueblo se constituya en un foco de rebeldía y enfrentamientos graves, que pueden alcanzar la característica de lucha armada. El error más grave que puede cometerse después es calificar de terroristas a quienes hacen frente a la dominación y fabricar acusaciones derivadas por el elemental mecanismo de la inducción. Con ello se menosprecia a todo un pueblo y se arruina la posibilidad formal de la unidad como plataforma de encuentro para alcanzar la simple pretensión de la paz y la buena relación entre comunidades étnica, histórica o políticamente distintas. Llegados a este punto de violencia, la relación se convierte en imposible y sólo cabe una solución de arbitraje.

También conduce a una tercera reflexión este estado de violencia suscitada por la dominación de quien maneja la sartén constitucional. El estado dominador descalifica a sus propias instituciones con el uso torpe e inmoral que hace de las mismas. Y no sólo las descalifica ante la ciudadanía dominada y crecientemente agraviada por esa opresión cada vez más áspera, sino ante muchos de sus propios ciudadanos que realizan un análisis severo de la situación. Cualquier ciudadano del estado dominador medianamente avisado teme que esas instituciones desmanteladas de moral pública acaben por afectarle a él en cualquier momento y ante cualquier situación. Unas instituciones que son manejadas por el simple motor de un poder temeroso de operar merced a una soberanía razonable son proclives siempre a oprimir a sus propios ciudadanos. El poder corrompido resbala inevitablemente por una pendiente fascista que se acentúa cada vez más. La violencia institucional no sólo se ceba en los oponentes claros a sus pretensiones, sino que acaba por vivir merced a la creación de un enemigo interior que la justifique, muchas veces hallado en el seno de la ciudadanía afecta, que acaba también corrompida. Como escribe Wright Mills en «La élite del poder»: «Puede haber hombres corrompidos en instituciones sanas, pero cuando las instituciones se están corrompiendo muchos de los hombres que viven y trabajan en ellas se corrompen necesariamente». En esta situación estamos. Euskadi se enfrenta a un Estado radicalmente corrompido y a dirigentes que se han corrompido en ese Estado y han corrompido los conceptos éticos y políticos que deberían determinar una recta gobernación. Pero tratan de taparlo todo con conceptos morales debidamente falseados; uno de ellos es el concepto de la unidad como tapadera de la injusticia.

Antonio Álvarez-Solís, periodista.

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Potestad arbitrista, de Antonio García-Trevijano en El Diario español de la República Constitucional

Posted in Política by reggio on 16 febrero, 2009

El lenguaje diferencia el significado de los vocablos poder y potestad en las relaciones humanas. El primero expresa cualquier relación de dominio, transitorio o permanente, de una o varias personas sobre otra u otras. El segundo indica la facultad de decidir o de obrar dentro de una determinada jurisdicción. El diccionario yerra al definir poder y potestad como si fueran sinónimos. Es poder lo que establece el dominio, es potestad lo que lo mantiene. Puede existir poder sin potestad, pero no potestad sin poder. Se cree que existen tres poderes estatales, pese a que las funciones ejecutivas, legislativas y judiciales dejaron de ser poderes al hacerse potestades jurisdiccionales en el Estado de partidos. Tipo de poder político creado en el siglo XV, con la diferencia de que Cosme de Médicis, dueño del Estado, estaba fuera de él, mientras que ahora quienes designan las potestades ejecutiva, legislativa y judicial son los partidos estatales. Debemos distinguir, por eso, entre el poder constituyente, exclusivo de los partidos, y las tres potestades que instituye separadamente por la diversidad de sus funciones. No hay soporte distinto en las potestades de gobernar, legislar y juzgar, pues las tres se subordinan al partido dominante en cada juego electoral de la oligarquía de partidos. La no separación en origen de esas potestades muestra la inexistencia de poderes sustantivos -extraídos de la sociedad- en el Estado de Partidos.

Sin conocer la diferencia entre potestades y poderes no se comprende por qué este tipo de Estado ha durado tanto y entra ahora en crisis. La causa no puede ser la habitual corrupción e incompetencia de los partidos estatales, como tampoco la depresión económica de una sociedad civil que carece de autonomía política. Se han experimentado crisis de gobierno y del sistema electoral, pero no crisis de este Estado. Aparece ésta, con el reparto de recursos no fundado en redistribución de la renta, cuando la arbitrariedad del poder partidista se traslada a la potestad ejecutiva del Gobierno. El poder puede ser arbitrario sin destruirse. Pero la potestad se aniquila con la introducción del arbitrismo en las autoridades estatales. La arbitrariedad en la distribución de recursos ha originado la huelga de la potestad judicial. El arbitrismo de la ayuda financiera del Estado a las entidades causantes de una crisis económica que pauperiza a la sociedad, abre vías inéditas a una jornada de protesta nacional que, en nombre de la Libertad política, erradique el arbitrismo estatal mediante la conversión de las potestades de partido en poderes separados de un Estado constitucional.

florilegio

“La potestad de discriminar alienta lo que se debe recriminar o incriminar.”

Es mejor la economía de “cuatro patas”, de Paul Kennedy en Clarín

Posted in Economía, Internacional by reggio on 16 febrero, 2009

Todos los países padecen la crisis global, pero sufren menos los que sostienen su desarrollo en varias actividades a la vez.

“Cuatro patas, sí, dos patas, no”. La cita proviene de la gran sátira política de George Orwell Rebelión en la granja. Es el slogan inventado por los cerdos para movilizar a los otros animales y hacerlos rebelar contra sus dueños humanos.Tener cuatro soportes garantiza que las cosas sean mucho más estables, equilibradas, seguras: es difícil derribar algo que se apoya en cuatro patas, ya se trate de una mesa o de un caballo de tiro. Los bichos de dos patas son mucho menos robustos y confiables. (Obviamente, una vez que los cerdos consiguen el control absoluto y aprenden a caminar sobre sus patas traseras, invierten el slogan, como haría todo buen leninista. Pero eso es otra historia).

De todos modos, podemos extraer una lección de este relato si observamos la vapuleada economía mundial actual, donde no hay países que escapen al colapso crediticio financiero internacional y la caída dramática de la demanda de bienes y servicios, pero algunos están mejor que otros.

Si algunos sectores económicos se han visto más afectados que otros, es mucho mejor que el bienestar nacional se sustente en distintas fuentes de ingreso antes que en dos solamente, o incluso una. Es un planteo que me hice recientemente, mientras ordenaba algunos datos estadísticos más viejos y recordé cómo, hace unos 20 o 30 años, había surgido mi interés por lo que asegura una economía saludable al encontrar una tabla del Banco Mundial con el PBI nacional per capita, donde figuraba que Suiza y Kuwait, ambos primeros en la lista, tenían casi exactamente el mismo ingreso por habitante. El alto ingreso per capita de Kuwait derivaba por supuesto en su totalidad de una sola fuente: el petróleo. En cambio, las fuentes de la gran riqueza de Suiza provenían de, como mínimo, cuatro flujos de ganancias: su fortaleza en servicios bancarios, de seguros y de inversión; su diversidad en manufacturas de alta calidad (o sea, valor agregado alto), especialmente productos de ingeniería y farmacéuticos; su ingreso del turismo; y su sector agrícola de ingreso elevado y fuertemente protegido. Cuatro patas fuertes.

Ahora bien, hay otros 175, o más, países en el mundo que habrían estado felices de tener las rentas petroleras de Kuwait en las cuatro últimas décadas; pero lo cierto es que esa dependencia abrumadora de un solo producto valioso trae aparejados dos grandes riesgos. El primero es que una fuente abundante de nueva riqueza tiene una manera insidiosa de desviar, o debilitar, otras fuentes de ingreso nacional.
Empiezan a aparecer artículos de fabricación extranjera -autos, aparatos electrónicos, hoteles, aeropuertos-, pero el petróleo paga todo. No hay impuestos a la nafta y los precios en el surtidor son artificialmente bajos. Salvo que la gobernabilidad nacional sea fuerte y responsable, reina la corrupción y se distorsiona la economía; basta con mirar a Nigeria y Venezuela en la actualidad.

El segundo riesgo es el de una caída súbita del precio negociado a nivel mundial de nuestro precioso commodity. No me refiero solamente al caso de la caída de los precios del petróleo este último año sino también al valor de casi todas las materias primas -bauxita, cobre, madera, caucho, etcétera.Muchos países en desarrollo, con muchas más expectativas en razón de los precios de los commodities, están ahora retrocediendo. Podría llegar a complacernos que países tan incómodos como Rusia, Venezuela o Irán se vean afectados por el colapso de los precios petroleros, pero difícilmente podemos sentirnos encantados frente a las profundas crisis de los flujos de efectivo que afectan a numerosos países del Tercer Mundo; ¡ojo con lo que deseamos al rogar por una baja en los productos a base de materias primas!

Los países cuyas economías se apoyan en cuatro o más patas, y que son intrínsecamente más estables, también deberían estar más atentos al canto de “rebelión en la granja”, aunque por una razón ligeramente distinta. Suiza, la economía equilibrada modelo mencionada anteriormente, sufre también en este momento por haber permitido que su “pata” bancos/inversiones -específicamente las acciones de inversión masiva de unos pocos bancos líderes- tuviera una significación desproporcionada, con efectos desagradables para la reputación del país como bastión de finanzas sólidas y respetables.

Más aleccionador todavía es el cambio dramático de la suerte de la República de Irlanda en los dos últimos años. El “Tigre Celta” gozó de numerosas ventajas en las últimas décadas: pertenecer a la UE y al euro, una base desarrollada de la cadena de montaje/fabricación, una industria de servicios floreciente, una agricultura sólida y un elevado turismo. Pero despilfarró gran parte de sus ganancias debido a una proclividad desproporcionada a la actividad bancaria de inversiones imprudentes y una expansión grotesca de hipotecas inmobiliarias insostenibles. En otras palabras, una pata de la “mesa” económica de Irlanda creció con tanta rapidez y a tanta altura que en realidad terminó doblando la mesa; en este momento, la porcelana está cayéndose por los bordes externos y estrellándose con un penoso estruendo.

Lo que ha estado ocurriendo en las turbulencias financieras épicas actuales debería retrotraernos a algunas verdades sobre la vida y el dinero: no ponga todos los huevos en la misma canasta; cubra sus apuestas; trate, si usted es líder político, de comprender toda la variedad de puntos fuertes y débiles de su país; y, en lo posible, evite la maldición de Midas del efectivo rápido.

La manera en que un país, sus líderes y su gente respondan a los desafíos de hoy dependerá de cada uno, de su percepción y su determinación de tomar decisiones difíciles. Les convendría recordar a los cerdos de Orwell: para una economía nacional, tener cuatro (o más) pilares de base conforma un andamiaje mejor que apoyarse en dos patas, o peor aún, en una sola.

Paul Kennedy. HISTORIADOR, UNIVERSIDAD DE YALE.

Copyright Clarín y Tribune Media Services, 2009. Traducción de Cristina Sardoy.

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La trampa afgana de Obama, de Amy Goodman en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 16 febrero, 2009

El presidente Barack Obama brindó su primera conferencia de prensa en horario central el pasado lunes por la noche. Cuando le preguntaron sobre Afganistán, respondió: “Éste será un gran desafío”. También le preguntaron si cambiaría la política del Pentágono que prohíbe filmar y fotografiar los ataúdes envueltos en la bandera de Estados Unidos de soldados muertos en Irak y Afganistán. Dijo que la estaba revisando. El periodista que formuló la pregunta señaló que fue Joe Biden quien hace varios años acusó al gobierno de Bush de eliminar las imágenes para evitar la conmoción pública por las muertes de miembros del servicio militar estadunidense. Ahora el Vicepresidente Biden prevé que un aumento de soldados estadunidenses en Afganistán implicará más bajas estadunidenses: “Odio decirlo, pero sí, creo que así será. Habrá un aumento”.

Mientras tanto, Associated Press citó recientemente un informe confidencial redactado por los jefes del Estado Mayor Conjunto en el que recomiendan un cambio de estrategia en Afganistán: pasar de la construcción de la democracia a atacar los supuestos bastiones del talibán y de Al Qaeda en la frontera entre Afganistán y Pakistán.

Y la campaña, claramente, comenzó. Días después de haber asumido la presidencia, las primeras acciones militares (conocidas) de Obama fueron dos ataques con misiles dentro de una provincia fronteriza de Pakistán, donde murieron 22 personas, entre ellas mujeres y niños.

Cherif Bassiouni pasó años yendo y volviendo de Afganistán. Es profesor de derecho en la Universidad DePaul y ex relator especial de derechos humanos de Naciones Unidas en Afganistán. En 2005, fue obligado a abandonar su cargo en Naciones Unidas ante la presión del gobierno de Bush, días después de que publicó un informe en que acusaba a las fuerzas armadas de Estados Unidos y a contratistas privados de cometer violaciones a los derechos humanos. Le pregunté a Bassiouni sobre el enfoque de Obama en Afganistán. Dijo: “No hay posibilidad de una solución militar en Afganistán. La solución es el desarrollo económico, pero no veo que eso vaya a suceder… En este momento la población no gana nada al apoyar a Estados Unidos y a la OTAN. Tiene todo para ganar al apoyar al talibán”.

El duro informe que Bassiouni entregó a la ONU en 2005 acusaba a las fuerzas armadas estadunidenses y a contratistas militares privados de “entrar a hogares por la fuerza; de arrestar y detener a ciudadanos nacionales y extranjeros sin autoridad legal ni revisión judicial, a veces durante largos periodos de tiempo; de obligarlos a desnudarse, encapucharlos y privarlos de sus sentidos, del sueño o del alimento; de obligarlos a estar en cuclillas o de pie durante largos periodos de tiempo en posiciones incómodas; de abuso sexual, golpes, tortura y de usar la fuerza hasta provocar la muerte”.

También le pregunté sobre el aumento de soldados al ex presidente Jimmy Carter, quien respondió: “Yo discreparía con Obama en cuanto al aumento de soldados, ya que esto provocaría bombardeos más intensos de pueblos y centros urbanos afganos y una gran dependencia de las fuerzas armadas. Me gustaría que nos acercáramos más, que nos adaptáramos y negociáramos con todas las facciones en Afganistán”.

Carter debe saber. El ayudó a crear lo que su asesor de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, denominó “la trampa afgana”, tendida a los soviéticos. Esto se logró al apoyar a los mujaidines islámicos a fines de la década de los años 70 para que actuaran en contra de los soviéticos en Afganistán, creando así lo que luego evolucionó en el talibán. Brzezinski le dijo al periódico francés Le Nouvel Observateur en 1998: “¿Qué es más importante para la historia del mundo, el talibán o la caída del imperio soviético? ¿Algunos musulmanes incitados a la acción, o la liberación de Europa central y el fin de la guerra fría?” Más de 14 mil soldados soviéticos murieron y el número de afganos muertos superó el millón. Osama Bin Laden se inició con la ayuda de la operación afgana financiada por la CIA.

Bassiouni sugiere que una solución militar está condenada al fracaso y advierte que el talibán “se dio cuenta de que no podía derrotar a las fuerzas estadunidenses, entonces se metió bajo tierra. Pusieron las Kalashnikovs bajo sus colchones y esperaron. Hace un año reaparecieron. Pueden hacer lo mismo. Pueden regresar a las montañas, poner las Kalashnikovs bajo el colchón, esperar cinco años. Han hecho esto desde 1800 con todos los invasores extranjeros”.

Como me dijo Carter: “Ofrecer una mano de amistad o proponer acuerdos, no sólo a los líderes militares sino también a los radicales del talibán que están dispuestos a negociar, sería el mejor abordaje, en lugar de recurrir exclusivamente a la fuerza militar”.

¿No aprendimos nada de Irak? “En cuanto a la guerra de Irak, se acabó el tiempo para las promesas y garantías, para esperar y ser pacientes. Se han perdido demasiadas vidas y demasiados millones se gastaron como para que confiemos en el presidente para otra política que ya fue probada y fracasó”. Esas fueron las palabras del senador Barack Obama en enero de 2007. Cuando los jefes del Estado Mayor Conjunto aparentemente apuntan a más combate y menos negociación en Afganistán, debemos recordarle a Obama sus propias palabras.

Amy Goodman es presentadora de Democracy Now!, un noticiero internacional diario de una hora de duración que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés, y en 200 emisoras en español. En 2008 fue distinguida con el Right Livelihood Award, también conocido como Premio Nobel Alternativo, otorgado en el Parlamento Sueco en diciembre.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2009 Amy Goodman.

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org.

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