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La moneda única y nuestra crisis, de Eugenio M. Recio en Dinero en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 15 febrero, 2009

Hace unos días, la representante de la cadena alemana de televisión ARD solicitó hacerme una entrevista para hablar del euro y la crisis de nuestra economía. Me sorprendió el interés por este tema porque hasta ahora apenas había comprobado que en nuestro país, fuera de algún caso raro, se planteara esta cuestión pero la entrevistadora me dijo que hablando con la gente de la calle había encontrado que, con bastante frecuencia, se culpaba al euro de nuestra grave situación económica, aunque el argumento que se repetía era la subida de precios que supuso el cambio de la peseta al euro.

Más preocupante podría ser la declaración que hizo en el Foro Económico Mundial de Davos, a finales de enero, el director del Centre for European Reform, el británico Charles Grant, al afirmar que, si la recesión se prolonga, España, junto a Italia, Grecia y Portugal, podría verse forzada a abandonar el euro. Interesa, pues, que tengamos las ideas claras sobre el papel que ha podido tener el euro en el origen de la crisis que sufrimos y en las posibilidades para salir de ella.

Es verdad que el euro nos priva del instrumento monetario al que se recurría en las crisis anteriores. En la última crisis, en los años 1992 y 1995, se devaluó la peseta cuatro veces, siendo presidente del Gobierno Felipe González y ministro de Economía Pedro Solbes, que todavía no había adquirido la experiencia de ser comisario de Economía en la Unión Europea (UE). Probablemente, si siguiéramos con autonomía monetaria, en la crisis actual, el sr. Solbes se habría sentido presionado más de una vez a recurrir al mismo instrumento para facilitar nuestras exportaciones, buscando una solución a corto plazo sin atender a las consecuencias que tendría para la fase de recuperación de nuestra economía la inflación que provocaría, como ocurrió en el pasado, y el encarecimiento de las importaciones tan vitales por nuestra dependencia energética.

Coincidimos con la mayor parte de nuestros expertos en reconocer que el euro no sólo no ha agravado nuestra crisis económica sino que nos debería permitir afrontarla y superarla con más éxito. Cuando el presidente del Gobierno insistía en que la economía española estaba en mejores condiciones para afrontar la crisis que otras economías, se tendría que referir a dos magnitudes claves: el superávit del presupuesto y el volumen de nuestra deuda pública y a la situación de nuestro sistema bancario, circunstancias que, sin lugar a dudas, son consecuencia de la disciplina monetaria que nos impuso el euro.

Para quien conozca la historia monetaria de nuestro país desde tiempos del franquismo, por no alargar el horizonte histórico, reconocerá que nuestro ingreso en el sistema monetario del euro en 1998 supuso una feliz ruptura con una política monetaria incontrolada, comparable a la que existía en Francia e Italia por hablar sólo de los países más próximos. Merecen el mayor reconocimiento los políticos que disciplinaron nuestra economía monetaria para conseguir que cumpliéramos los requisitos necesarios para ingresar en la zona euro desde el principio, lo cual parecía imposible por mucha ingeniería que se aplicase. Después, tuvimos la suerte de que dos economistas españoles, los señores Solbes y Almunia fueran elegidos para ocupar el cargo de comisarios económicos de la Comisión Europea y que tuvieran la suficiente flexibilidad para asimilar la nueva cultura monetaria que rige la política del Banco Central Europeo y que ha dado lugar al Pacto de Estabilidad y Crecimiento, haciendo operativos algunos de los principios económicos básicos del Tratado de la Unión Europea (o Tratado de Maastricht) y que ha reforzado la disciplina del Banco de España a través de sus últimos gobernadores.

Para entender el papel del euro en la grave crisis que sufre nuestro país, con las peculiaridades que le distinguen, para bien o para mal, de otros países de la eurozona, hay que tener en cuenta que la crisis nuestra tiene un doble componente: el agotamiento del ciclo inmobiliario, que es un problema de nuestra economía real independiente de la crisis financiera mundial, y las consecuencias de esta crisis financiera que, ciertamente, han agravado la evolución de nuestro ciclo coyuntural, pero que tienen causas externas a nuestra economía.

En la crisis inmobiliaria, el euro ha podido influir negativamente en cuanto los bajos niveles del tipo de interés establecidos por el BCE, antes de la crisis, estimularon el endeudamiento de nuestros conciudadanos y favorecieron un boom que tenía que explotar y del que nos previnieron repetidamente los organismos internacionales.

Por lo que se refiere a la crisis global hay que recordar que en una fase inicial, en la que subieron por maniobras especulativas, los precios del petróleo y las materias primas, disponer del euro que se revalorizó respecto al dólar, facilitaba nuestras importaciones. En cuanto a la crisis financiera propiamente dicha, disponer de una moneda reconocida internacionalmente, sólida y estable, ofrece sin duda mayor capacidad de maniobra que si tuviéramos una moneda nacional inestable y proclive a devaluaciones.

Pienso, sin embargo, que lo que es más de apreciar en nuestra integración en la eurozona es ese cambio de cultura monetaria, por fortuna diferente de la de Estados Unidos, que nos ha impuesto la moneda común y que, con frecuencia, parece ser olvidada por nuestros responsables políticos en sus generosas decisiones de gasto público. Magnanimidad que ha tenido que aceptar incluso el mismo sr. Solbes, que hace meses anunció el agotamiento de nuestros recursos financieros. Pero por pertenecer a la zona euro ya han empezado a sonar las alarmas, que no oiríamos con un sistema monetario autónomo, y que nos recuerdan que en situaciones de crisis el déficit presupuestario no debería superar el 3% del PIB.

Eugenio M. Recio. Profesor de Economía de Esade (URL). Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales en la UB. Titulado en Sociología en la Universidad de Colonia.

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