Reggio’s Weblog

Ordóñez contra todos, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 13 febrero, 2009

La flor y nada del oficialismo se ha esmerado en las últimas horas en desdecir a ese “verso suelto” en el que se ha convertido el pobre gobernador del Banco de España, socialista sin tacha pero víctima por unos momentos de alucinaciones peligrosas. Fernández Ordóñez ha protagonizado, quizás sin quererlo, la polémica de la semana al proponer una rebaja de los costes del despido, propuesta que lógicamente no forma parte del cuerpo de doctrina del pensamiento económico dominante en las esferas del partido gobernante ni siquiera del Gobierno en ejercicio.

Era previsible la respuesta del titular de Trabajo e Inmigración, Corbacho, que le ha salido al encuentro a primeras horas del día con argumentos un poco pintorescos, como el de que aquí quien no ha hecho bien los deberes son los bancos, que se dedicaron a financiar los despropósitos del modelo de crecimiento equivocado por el que ha deambulado el país en la deriva inmobiliaria de estos últimos años. El reproche tiene de pintoresco la contradicción en la que se mueven quienes echan ahora la culpa a los bancos de no dar créditos al tiempo que les achacan haber financiado en demasía al sector de la construcción en los años del boom. ¿En qué quedamos?

Menos previsible era la intervención del mismísimo presidente del Gobierno, quien en un nuevo alarde de confusionismo terminológico (la economía sigue siendo su asignatura pendiente) ha acusado a Ordóñez nada menos que de socavar las bases del Estado de Bienestar, como si los costes del despido fueran parte integrante y sustancial del Estado de Bienestar. Por esa vía extensiva, el Estado de Bienestar acabará integrando bajo su manto protector hasta las entradas para el teatro. El Estado de Bienestar tiene normalmente tres papeles esenciales, el de las pensiones, el de la sanidad y el de la educación, tres cometidos que los Estados modernos se afanan en cubrir en el mejor grado posible sin dejar todo el terreno en manos del sector público y dejando un amplio margen de maniobra para que la iniciativa privada contribuya también a darle más eficiencia a estas tres obligaciones ineludibles. Lo demás debe considerarse parte de la economía competitiva, incluyendo desde luego los niveles salariales y la libertad de empresas y trabajadores para pactar de común acuerdo lo que mejor convenga a sus intereses. Difícilmente se puede admitir que la regulación actual de la indemnización por despido forme parte esencial del bienestar de los trabajadores por la sencilla razón de que los grados de protección que existen en España son muy superiores a los que están vigentes en otros países vecinos, de economía liberal y capitalista, países que tienen empresas con las que tienen que competir las nuestras, las domiciliadas en España.

Más sensato, el comisario europeo de Economía, el socialista español Joaquín Almunia, ha salido también al paso para recordar dos cuestiones relevantes. La primera, que el mercado laboral español es manifiestamente mejorable en su regulación, lo que dicho desde una instancia comunitaria, que evoca mayores conocimientos de ámbito supranacional, debe ser un diagnóstico bastante certero. Almunia ha dicho también, como buen experto en política y en economía, que cualquier mejora o cambio del marco actual debe ser objeto de reflexión, debate y consenso.

El debate activado por Ordóñez se produce coincidiendo con la publicación de las cifras que dan estado oficial a la recesión de la economía española, la primera en 15 años. Ya estamos en el túnel y es momento de preguntarse, en consecuencia, por la salida. Hay quienes vaticinan que la crisis económica española será profunda y sobre todo más larga que la de nuestros vecinos, precisamente por la sospecha que tenemos casi todos de que España es el país con menor grado de flexibilidad (incluida la laboral, aunque desde luego no es la única) para luchar contra la crisis económica. En España las etapas de salida de las crisis económicas han sido habitualmente largas y demasiado prolongadas. Los problemas tienen una gran tendencia a pudrirse por esa obsesión de amarrar derechos y privilegios, que luego acaban siendo auténticos obstáculos insalvables.

Pero en las épocas pasadas habíamos contado con la gran ventaja de poder aplicar soluciones por libre, básicamente políticas monetarias expansivas y devaluaciones de la divisa, fórmulas con las que restaurábamos en periodos cortos de tiempo los desastres de nuestro inmovilismo. Se comprende ahora el nerviosismo del Gobernador del Banco de España, sin capacidad para fijar los tipos de interés y, sobre todo, sin que el Gobierno puede devaluar la divisa en un 20% que es posiblemente lo que necesita la economía española, entre otras cosas. Hay otra solución a la tremenda: salir del euro, pero no parece ni recomendable ni posible. ¿Alguien tiene alguna idea mejor para salir de este embrollo?

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