Reggio’s Weblog

Carta de ajuste, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 12 febrero, 2009

ANÁLISIS

En 30 días nos vamos a cargar lo que hemos edificado en 30 años”, escribía recientemente Raúl del Pozo, maestro de escuela en el barrio de la Salut de Badalona, bohemio en París, asiduo del Café Gijón, agudo cronista parlamentario y ahora autor de la mejor columna de la prensa castiza.

Nada se hunde, Raúl. El pollo es vistoso, pero todo -excepto los empleos- sigue en su sitio, El ambiente madrileño es de natural exagerado. Exagerado y pendenciero. España, en sí misma, es una gran comedia, con hábiles e ingeniosos enredos que buscan camuflaje en el drama. España tiene una manera muy suya de gestionar el cinismo (dicho más llanamente: en España hay mucho morro). Así como los italianos juegan a cambiarlo todo para que nada cambie, el español se asoma periódicamente al abismo cuando necesita proceder a algún tipo de ajuste. Político, económico, o simple ajuste de cuentas. Por consiguiente, menos lobos. Nada se hunde. Ni el Partido Popular, ni el fenomenal artefacto madrileño.

Madrid, el Gran Madrid, está en fase de ajuste. El brutal cambio de coyuntura económica está haciendo saltar por los aires una cierta manera de conducir el tinglado. La entropía se ha apoderado de un sistema de poder propulsado por la arrogancia, el nervio y la ambición. En los últimos veinte años, en Madrid quien no pillaba pasaba por tonto. Ese Madrid audaz ha generado una esfera invisible: la esfera de la impunidad. Durante mucho tiempo, todo ha sido posible.

No pasa nada. Esa mentalidad ha penetrado también en la izquierda y en la justicia justiciera. Sólo desde el imperio del “no pasa nada”, se entiende que el ministro de Justicia y Baltasar Garzón coincidiesen alegremente el pasado fin de semana en una cacería, mientras en las mazmorras de la calle Canillas de Madrid (sede de la Comisaría General de Información) un reo engominado estaba en un tris de cantar la Traviata y hundir en la miseria al partido de la oposición. Pim-pampum, unas risas y unos vinos, allá en los olivares de Jaén. Qué horterada. No pasa nada, debieron pensar los dos monteros. No pasa nada, jeje.

De manera que a Mariano Rajoy se le presentó ayer la gran oportunidad de su vida. Captó el momento e hizo tres o cuatro cosas inteligentes: se lanzó como un jabalí contra el ministro de Justicia sabiendo que su escopeta nacional se ha quedado muda (¡ay, Sazatornil!); le montó un pollo a Garzón de padre y muy señor mío (la operación Gürtel no tardará en quedar atrapada en el pantano de los recursos y los contrarecursos); puso proa al PSOE (justificando de pasada el bloqueo del Tribunal Constitucional) ; y lo más importante: obligó a todos sus adversarios y competidores en el PP a colocarse detrás del capitán. Aguirre, ayer, como una seda.

Dar por muerto a Rajoy es una de las temeridades que hoy pueden cometerse en España.

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