Reggio’s Weblog

Nosotros, de Joan Subirats en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 12 febrero, 2009

Vivimos tiempos de introspección. Cuando la crisis aprieta, buscamos a los nuestros para encontrar cierta seguridad ante tanta incertidumbre. Algunos trabajadores británicos se movilizan para reivindicar que los primeros en contratar sean “británicos”, aunque no esté muy claro a estas alturas qué quiera decir eso. En Italia se asiste a la creciente deriva xenófoba de la coalición de derechas, con un protagonismo esencialista de los dirigentes de la Lega Lombarda, cuyos ministros en el Gobierno presionan a los médicos de la sanidad pública para que denuncien a los enfermos sin papeles. Las elecciones en Israel han catapultado las opciones más sionistas, como reacción de una parte de la opinión pública ante la aparente incomprensión que el mundo ha tenido con relación a la ofensiva en Gaza, fundamentada aparentemente en la autodefensa. Las últimas encuestas en España apuntan a un repunte de la preocupación por la presencia masiva de inmigrantes en nuestro país, en momentos de profundo pesimismo sobre el inmediato porvenir. Después de años de exaltadas defensas del cosmopolitismo y la globalización, parece producirse un repliegue defensivo en el que cada quien encuentra la calidez de los estereotipos con los que desde siempre hemos ido definiendo a los nuestros y a los otros, conceptos estos que vamos utilizando de manera utilitaria y cambiante, en la medida en que nos interesa o conviene.

El futuro de Europa depende, en buena parte, de la capacidad conjunta de encontrar rasgos suficientemente amplios e inclusivos para que las distintas mentalidades, intereses y tradiciones puedan encontrar acomodo, pero sin que ello diluya el nosotros europeo hasta tal punto que carezca de toda capacidad explicativa y de toda capacidad de construir un demos, un pueblo compartido. En un libro reciente, el profesor catalano-alemán Peter Kraus (A union of diversity. Language, identity and polity building in Europe, Cambrige University Press, 2008) trata de dilucidar estos aspectos centrándose en los temas de identidad y lengua. Kraus parte de la hipótesis de que la vía tecnocrática y utilitaria hasta ahora utilizada para ir avanzando ha dejado de ser viable tras las continuas ampliaciones y los propios límites que la actual situación económica genera en la capacidad de redistribuir riqueza y vender así Europa. Pero si la vía de los outputs está agotada, la alternativa implica ser capaces de construir un nosotros que exprese los lazos comunes y al mismo tiempo respete la intrínseca diversidad a la que nadie quiere renunciar. El eslogan europeo Unidos en la diversidad es mucho más fácil de proclamar que de ser convertido en práctica institucional. La historia de la construcción europea está plagada de desaguisados con relación al licor de kirsch, las salchichas alemanas o el champaña francés. Y tenemos el ejemplo más reciente de todo ello en la furibunda y comprensible reacción de los ciudadanos de Berga o la pléyade de grupos de diables en toda Cataluña, ante la pretensión de suprimir de un plumazo regulador una tradición que afecta a la identidad de muchas comunidades locales. ¿Quiénes son ellos (Bruselas) para meterse con la manera de ser nosotros (los catalanes)?

Si dejamos a un lado la pretensión de convertir la Unión Europea en algo superior a los estados-nación y simplemente la entendemos como un segundo orden constitucional, que cumple funciones y genera espacios políticos distintos a los tradicionales del orden de Westfalia, lo que deberíamos imaginar es cómo complementar sus importantes funciones regulatorias y financieras con algo más de sentido de pertenencia. Y en este sentido, la crisis muestra una vez más sus potencialidades como oportunidad. Hasta hoy lo que vemos es una carrera desenfrenada de cada país por ver cómo salva los propios muebles y de algunos dirigentes por sumar puntos de liderazgo personalista, mientras que la capacidad conjunta de respuesta europea como Unión está siendo muy débil. Tantos años de debate sobre cómo relacionar diversidad cultural y ciudadanía democrática no han conducido a grandes avances. El déficit democrático europeo es un déficit de demos. No hay sentido de pertenencia ni lazos de solidaridad interestatales. Mientras, la participación en las instituciones europeas desciende y nos seguimos refugiando en mitos estatales que sabemos insuficientes y obsoletos para enfrentarse a problemas de orden financiero global. Sabemos que cada vez más nuestros problemas coinciden con los problemas de muchos otros, pero seguimos aferrados a ese nosotros de geometría variable que vamos administrando según nos conviene. La propia ceguera de unos y otros, la incapacidad para aceptar la diversidad, reconocerla y elevarla a la necesaria institucionalización federal, nos encierra en alternativas con poco recorrido. Seguimos buscando un nosotros westfaliano ante una realidad que sabemos que necesita respuestas de otra escala y magnitud.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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Cómo lidera Obama, de Joseph S. Nye en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 12 febrero, 2009

Hace dos años, Barack Obama era un senador en su primer mandato que había manifestado interés en postularse para la presidencia. Mucha gente se mostraba escéptica ante la posibilidad de que un afroamericano con un nombre extraño y escasa experiencia pudiera ganar. Pero a medida que desarrolló su campaña, demostró que tenía los poderes necesarios -blando y duro- para gobernar.

El poder blando es la capacidad de atraer a los demás y sus cualidades esenciales son la visión, la inteligencia emocional y la capacidad de comunicar. Pero un líder necesita también cualidades del poder duro, como una capacidad organizativa y hasta maquiavélica. Igualmente importante es la inteligencia contextual que le permite variar la mezcla de estas habilidades en diferentes situaciones para producir las combinaciones exitosas que yo llamo “poder inteligente”.

Durante su campaña, Obama demostró estas habilidades en su tranquila respuesta a las crisis, su visión de futuro y su soberbia capacidad organizativa. En cuanto a su inteligencia contextual, se había forjado desde abajo, con sus experiencias personales en Indonesia y Kenia y su comprensión de la política norteamericana a partir de su trabajo como organizador comunitario en Chicago.

Obama siguió demostrando estas habilidades en su casi perfecta transición. Al elegir a su principal rival, Hillary Clinton, como secretaria de Estado, y superar el partidismo para retener a Robert Gates como secretario de Defensa, demostró su disposición a contar con subordinados fuertes. En su discurso de toma de posesión, apeló al poder inteligente -“tender una mano abierta a quienes aflojen sus puños”-, pero también mostró responsabilidad en un momento en que los norteamericanos afrontan serios problemas económicos.

Es más, Obama ha iniciado su mandato de manera activa. En sus primeras semanas, ha comenzado sus promesas diseñando un plan de estímulo económico masivo, ordenando el cierre de Guantánamo, concediéndole una entrevista a la cadena Al Arabiya y enviando un importante emisario a Oriente Próximo.

George W. Bush dijo que su papel como líder era ser el que decide. Pero incluso aunque Bush hubiera sido mejor a la hora de decidir, la gente quiere algo más de un líder. Queremos a alguien que nos diga quiénes somos. Juzgamos a los líderes no sólo por la efectividad de sus acciones, sino también por sus significados.

La mayoría de los líderes se alimentan de la identidad y la solidaridad de sus grupos. Pero algunos ven obligaciones morales más allá de su grupo inmediato. Cuando Obama se enfrentó a una crisis por las incendiarias observaciones raciales de su ex pastor, no se evadió del problema, sino que usó el episodio para pronunciar un discurso que sirvió para ampliar la capacidad de entendimiento entre los norteamericanos blancos y negros.

El 11-S fue una oportunidad para que Bush expresara una nueva visión de la política exterior. Pero no logró producir una visión sostenible sobre el liderazgo de EE UU en el mundo. Una visión exitosa es aquella que combina inspiración con viabilidad. Bush nunca entendió esa combinación.

Obama necesitará utilizar tanto su inteligencia emocional como contextual si ha de restablecer el liderazgo norteamericano. Hace una década, lo convencional era pensar en un mundo con una hegemonía norteamericana unipolar. Los neocons llegaron a la conclusión de que EE UU era tan poderoso que podía hacer lo que quería, y que los demás no tenían otra alternativa que seguirle.

Este nuevo unilateralismo se basaba en un entendimiento profundamente erróneo de la naturaleza del poder -la capacidad de movilizar a los otros para obtener los resultados que uno quiere- en la política mundial. EE UU puede ser la única superpotencia, pero preponderancia no es imperio; puede influir, pero no controlar a otras partes del mundo. Que ciertos recursos produzcan poder siempre depende del contexto.

Para entender el poder y sus contextos en el mundo hoy, sugerí la metáfora de un juego de ajedrez tridimensional. En el tablero superior del poder militar, EE UU es la única superpotencia. En el tablero intermedio de las relaciones económicas, el mundo ya es multipolar. EE UU no puede obtener los resultados que quiere en comercio, lucha contra los monopolios y otras áreas sin la cooperación de la Unión Europea, China, Japón y otros. En el tablero inferior de las relaciones transnacionales fuera del control de los gobiernos -pandemias, cambio climático, control del narcotráfico o terrorismo transnacional, por ejemplo-, el poder está distribuido de manera caótica. Nadie ejerce el control.

Éste es el mundo complejo en el que Obama asume el liderazgo. Hereda una crisis económica global, dos guerras en las que hay desplegadas tropas estadounidenses y aliadas, crisis en Oriente Próximo y el sur de Asia y la lucha contra el terrorismo. Tendrá que lidiar con este legado y al mismo tiempo trazar un nuevo horizonte. Tendrá que tomar decisiones difíciles y a la vez crear una mayor sensación de sentido, donde EE UU vuelva a exportar esperanza y no miedo. Ésa será la prueba de fuego de su liderazgo.

Joseph S. Nye es profesor en Harvard y autor de The Powers to Lead.

© Project Syndicate, 2009.

Traducción de Claudia Martínez.

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Carta de ajuste, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 12 febrero, 2009

ANÁLISIS

En 30 días nos vamos a cargar lo que hemos edificado en 30 años”, escribía recientemente Raúl del Pozo, maestro de escuela en el barrio de la Salut de Badalona, bohemio en París, asiduo del Café Gijón, agudo cronista parlamentario y ahora autor de la mejor columna de la prensa castiza.

Nada se hunde, Raúl. El pollo es vistoso, pero todo -excepto los empleos- sigue en su sitio, El ambiente madrileño es de natural exagerado. Exagerado y pendenciero. España, en sí misma, es una gran comedia, con hábiles e ingeniosos enredos que buscan camuflaje en el drama. España tiene una manera muy suya de gestionar el cinismo (dicho más llanamente: en España hay mucho morro). Así como los italianos juegan a cambiarlo todo para que nada cambie, el español se asoma periódicamente al abismo cuando necesita proceder a algún tipo de ajuste. Político, económico, o simple ajuste de cuentas. Por consiguiente, menos lobos. Nada se hunde. Ni el Partido Popular, ni el fenomenal artefacto madrileño.

Madrid, el Gran Madrid, está en fase de ajuste. El brutal cambio de coyuntura económica está haciendo saltar por los aires una cierta manera de conducir el tinglado. La entropía se ha apoderado de un sistema de poder propulsado por la arrogancia, el nervio y la ambición. En los últimos veinte años, en Madrid quien no pillaba pasaba por tonto. Ese Madrid audaz ha generado una esfera invisible: la esfera de la impunidad. Durante mucho tiempo, todo ha sido posible.

No pasa nada. Esa mentalidad ha penetrado también en la izquierda y en la justicia justiciera. Sólo desde el imperio del “no pasa nada”, se entiende que el ministro de Justicia y Baltasar Garzón coincidiesen alegremente el pasado fin de semana en una cacería, mientras en las mazmorras de la calle Canillas de Madrid (sede de la Comisaría General de Información) un reo engominado estaba en un tris de cantar la Traviata y hundir en la miseria al partido de la oposición. Pim-pampum, unas risas y unos vinos, allá en los olivares de Jaén. Qué horterada. No pasa nada, debieron pensar los dos monteros. No pasa nada, jeje.

De manera que a Mariano Rajoy se le presentó ayer la gran oportunidad de su vida. Captó el momento e hizo tres o cuatro cosas inteligentes: se lanzó como un jabalí contra el ministro de Justicia sabiendo que su escopeta nacional se ha quedado muda (¡ay, Sazatornil!); le montó un pollo a Garzón de padre y muy señor mío (la operación Gürtel no tardará en quedar atrapada en el pantano de los recursos y los contrarecursos); puso proa al PSOE (justificando de pasada el bloqueo del Tribunal Constitucional) ; y lo más importante: obligó a todos sus adversarios y competidores en el PP a colocarse detrás del capitán. Aguirre, ayer, como una seda.

Dar por muerto a Rajoy es una de las temeridades que hoy pueden cometerse en España.

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Los límites de la crítica, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos, Libertades, Política by reggio on 12 febrero, 2009

La semana pasada murió a edad demasiado temprana Julia García-Valdecasas, durante siete años delegada del Gobierno en Catalunya y después, por unos breves meses, ministra de Administraciones Públicas en el último gobierno de Aznar. Los periódicos, como es natural, se hicieron eco de la triste noticia y en artículos y necrológicas recordaron con viva simpatía a la fallecida, destacando sus muchas virtudes, tanto privadas como públicas. A su entierro acudió una gran multitud de personas en un justo homenaje, entre ellas relevantes políticos y personalidades de los medios de comunicación.

Un recién llegado a Barcelona que desconociera los entresijos de nuestra historia reciente pensaría que siempre ha existido un amplio consenso entre la clase política sobre la alta valoración de la fallecida en el desempeño de sus cargos públicos. Sin embargo, cualquiera que recuerde lo que sucedía en aquellos tiempos sabe que la realidad fue otra: Julia García-Valdecasas fue objeto de injustificados ataques, continuas burlas, bromas de muy mal gusto, todo ello en medio de un degradante pitorreo que aguantó con sobrio estoicismo. Quizás algunos responsables, por activa o por pasiva, de estas vergonzosas actitudes vejatorias asistieron a los funerales y dieron el pésame a la familia: ¿lo hicieron con la conciencia tranquila?

La crítica a los personajes públicos tiene sus límites, tanto jurídicos como éticos. No voy a entrar hoy en los límites jurídicos, que son bien conocidos, aunque, en ocasiones, son de complicada aplicación, especialmente los que se refieren al honor y a la intimidad de las personas. Pero aquí, con frecuencia, nos saltamos a la torera los límites éticos, los de la ética periodística y los de la ética política. Todo ello se hace, naturalmente, ante el silencio de los ciudadanos, en medio de una aparente complacencia general. La culpa, por tanto, es un poco de todos, de una clase política dominante muy activa, a quien le corresponde la principal responsabilidad, pero también de una ciudadanía demasiado pasiva.

Recuerden el recochineo que se montó, hace ya tiempo, con los chistes sobre el ministro Morán, tachándolo de tonto, cuando precisamente era hombre de más que sobrados conocimientos; o el absurdo empeño, sin fundamento alguno, de que Carod-Rovira se llamaba Pérez en lugar de Carod, cosa que de tanto repetirla llegó a calar en la opinión pública; o las constantes chanzas que hoy debe soportar Magdalena Álvarez,por los motivos más diversos excepto los únicos que deben contar en una crítica política, es decir, su actuación como ministra de Obras Públicas: nadie valora -en bien o en mal, da lo mismo- los miles de kilómetros de vías férreas y autovías o los nuevos y renovados puertos y aeropuertos que se han construido bajo su mandato. Por último, no deja de ser chocante que el programa más visto de TV3 sea Polònia, explícitamente caricaturesco, pero que para muchos es el vivo retrato de nuestra vida política, aunque, bien mirado, no pasa de ser un producto estético de tan ínfima estofa como pueden ser, en otro ámbito, el Aquí hay tomate u otras parecidas bazofias de la televisión rosa. En este punto es donde se falta a la ética, a la periodística y a la política. Se falta a la ética cuando a los políticos no se les critica por las actuaciones de las que son responsables sino por razones personales, verdaderas o falsas, en ocasiones nada infamantes, que nada tienen que ver con su actividad pública.

A Julia García-Valdecasas se la criticó sobre todo por dos motivos de esta índole.

Primero, porque hablaba un catalán notoriamente mejorable, dado que no era el idioma que habitualmente utilizaba, y quizás también porque el tono en el que hablaba castellano era el propio de muchos barceloneses que han vivido siempre entre Sant Gervasi y Pedralbes, las zonas de la Barcelona pija, para decirlo con toda claridad. Segundo, porque su padre, catedrático de la universidad, por cierto discípulo de Juan Negrín y maestro de Josep Laporte, fue el rector que a fines de los sesenta expulsó de la universidad por razones políticas a un buen número de estudiantes y profesores. Incluso algunos la descalificaban sin más porque un lejano pariente suyo tuvo un cierto protagonismo en la fundación de la Falange en 1933.

El primer motivo es obviamente irrisorio y respecto del segundo no tenía responsabilidad alguna. En ambos casos había un punto de partida inaceptable: no se pretendía criticar su acción de gobierno, sino deslegitimarla de entrada ante la opinión pública por anticatalana, franquista y hasta falangista.

No se criticaba a una persona pública, sino que se linchaba mediáticamente sin ningún miramiento a una persona privada por razones mal fundamentadas o en las que no tenía responsabilidad alguna. Incluso el claustro de mi universidad -por muy escaso margen de votos- llegó a declararla persona non grata por haber permitido la entrada de la policía en su recinto por motivos más que justificados. Recientemente, algunos profesores, quizás entre ellos algún miembro de aquel claustro que votó contra la delegada del Gobierno, han reclamado la presencia policial para que se pueda desarrollar con normalidad la vida académica.

La crítica política debe tener unos límites: sólo pueden criticarse, siempre con razones, aquellas actuaciones que tengan un interés público. Afortunadamente, aunque tarde, se le han reconocido a Julia García-Valdecasas sus méritos públicos y sus muchas virtudes privadas.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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Muflones, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 12 febrero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

Vuelve el esperpento con rifles brillantes para la hecatombe de venados y guarros. Se juntan en las migas, el ropón, el montado y el patrón de las cucarachas, y empieza la cacería. Todos van precedidos de ojeadores y rehaleros. Antes los reyes marcaban los confines de su reino dibujándolo con el vuelo del halcón desde su puño; ahora hay un cochifrito entre la Salve montera y La internacional.

La caza es una ocupación muy noble y muy útil para la salud.Según Don Quijote, la montería es un ejercicio más conveniente para los reyes que otro alguno porque ahí se aprenden estratagemas, astucias e insidias. Eso es justamente lo que sospechan en el PP de los dos escopeteros, Garzón y Bermejo. Como Sancho, Rajoy tiene la idea de que las cacerías son pasatiempos más para holgazanes que para gobernantes, y temen las insidias. Aunque buen cazador, buen mentidor, Bermejo contesta a Rajoy que no se puede disparar contra el Estado de Derecho porque se tengan problemas internos.Según el ministro, él va al campo a descansar, no a llevar problemas a los cotos donde estuvo Cosme de Médicis. El juez y el ministro no buscan conjuras sino muflones gongorinos, traídos de Córcega porque en España se los comieron cuando los osos se zampaban a los reyes. Los hombres de Estado se dedican a perseguir simples ovejos, a los que de no matarlos les crecerían cada año una señal en los cuernos, como a los propios súbditos del Rey, que también mata osos y lobos en Rumanía, y todo lo que vuela trepa o nada en las fincas de los ricos de la patria. Claro que ahora qué va a hacer un rey: no lo vamos a enviar a las Cruzadas.

A los populares no les gusta el olor a pólvora. Parecen jabalíes heridos, pataleando y chillando; se han tirado a los tobillos de los escopeteros. Dijo Rajoy, protegido por los barones y baronesas de Génova, sus faqueros, que la presencia de Garzón y Bermejo en la cacería es un acto obsceno que liquida la calidad de la democracia. «Nos detienen por la noche, con policías encapuchados».Hasta Fraga, que le pegó un tiro en el pandero a la hija de Franco, califica la cacería de sospechosa.

Parafraseando a Ortega, la derecha viene a decir que la araña caza moscas; el sphex, orugas y gorgojos, y los ministros y los jueces, a inocentes peperos. El PP sospecha que se empieza cazando chanchitos y muflones y se acaba cazando brujas. Pero que nadie se asuste: Mariano rompió con Moratinos en 2004 porque según él les calumniaba y en el 2006 rompió con el Gobierno porque se sentaba con Batasuna. No hubo nada. Mariano Rajoy no es un libertario, ni siquiera un punky gallego.

Que siga el tiroteo.

© Mundinteractivos, S.A.

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Por la culata, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 12 febrero, 2009

BARRA BRAVA EN EL CONGRESO

De pronto, las gaviotas comenzaron a disparar a las escopetas.Para encontrar la fuerza de un viento nuevo cuando están al pairo, hay hombres que necesitan el estímulo de un agravio. Mariano Rajoy, y con él todo el PP que le arropó, apretadas las mandíbulas, en la rueda de prensa posterior al Comité Ejecutivo, ha hecho el hallazgo de su agravio en la puerca estampa de los conspiradores escopeteros de Jaén: dos de los tres poderes hacen sangre juntos, y convierten uno de los principios éticos vertebrales en democracia -la independencia judicial- en poco menos que la estaca con la que los batidores levantan la pieza política para anillarla luego con esposas policiales y sospechas. Aún les queda, a Garzón y Bermejo, un rastro de la altanería que conceden la impunidad habitual y la protección del poder. Por eso Bermejo, el hortera del «hecho cinegético», se pone tan zumbón como para decir que a una cacería se va a triscar por la naturaleza, como un señorito contemplativo de los de la generación del 27, y «a disfrutar».Esto podemos aceptárselo a Bermejo si él admite la sospecha de que, igual que Garzón, no haya nada con lo que disfrute tanto como con la intriga política, mejorada por los trofeos de caza, metafóricos en la inminencia de las detenciones.

Grosera es la tradición, ahora renovada, de la cacería como atributo de poder al que sucumben incluso los moralistas de izquierda, equipados como aquel Sazatornil de Berlanga que a lo que iba a la naturaleza era a ingresar en la pomada. Escandalosos son los indicios de politización de la Justicia que revelan que Garzón, como cuando el proceso etarra y la orden de busca y captura a Franco, sigue pensando que el cumplimiento de la Ley ha de adaptarse a las «circunstancias» del cálculo político y, en su caso, a una insaciable ambición personal que arrambla con todo y le hace temible, peligroso: su cargo es su otra arma, la de los días laborables, y es harto más poderosa que la escopeta. Si Fernández de la Vega se refirió a los actuales avatares populares como «una película de espías», ¿en qué género cinematográfico habría que ubicar la trama en Jaén de esos dos Fouchés de huevo Kinder?

Algo no cambia: el PP deberá ocuparse, y lo hará como acusación particular, del boquete que le han abierto sus cargos municipales imputados por corrupción. Pero puede dejar de hacer el muflón, puede sacudirse los complejos y la resignación, incluso el sopor de un líder que sólo ayer apareció con la contundencia en defensa de sus siglas maltratadas que desde hace tiempo se le estaba esperando. Porque lo que ha hecho la cacería de Jaén es enviar la razón moral al otro lado del tajo que desgarra la vida política.Ha surgido el PP unido como no lo estaba desde la derrota electoral y harto de los empujones al exilio interior que no cesan desde que fue definido como «gótico» igual que si lo hubiera creado Bram Stoker. Lo que se va sabiendo del Comité habla de una efervescencia indignada, de un basta ya, de una Rita Barberá azuzando a los suyos para dar la cara y librar la pelea, y de un Rajoy que al fin pegó el grito de Tarzán para recusar a Garzón y bloquear a Bermejo, los escopeteros intrigantes que acaso pusieron los resortes del Estado al servicio de un partido. Si encima se mofan es porque están habituados a la impunidad.

© Mundinteractivos, S.A.

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El prerrománico como aviso, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Cultura, Memoria by reggio on 12 febrero, 2009

¿Acaso sería plausible pensar que situarse en el Naranco como atalaya para contemplar Oviedo vendría a ser –mutatis mutandis- algo que tiene innegable similitud con el famoso episodio de La Regenta en el que don Fermín de Pas, con la ayuda de su catalejo, avista esa Vetusta a la que considera dominio suyo? ¿No es el Naranco la ubicación ideal y preferida para todo aquel que quiera disfrutar de la observación de Oviedo a vista de pájaro?  ¿Por qué se dará, además, la circunstancia de que ambas cosas, el Prerrománico y la novela clariniana son, sobre todo, las pruebas palpables  más inequívocas de la Asturias que, muy de vez en cuando, tuvo la dicha de incurrir en universalismo? ¡Cuántas miradas confluyentes en Oviedo desde el Naranco! ¡Cuántas búsquedas de ese edificio, de esa calle, de ese rincón, tan omnipresentes en las biografías de quienes quisieron abarcarlos desde esa distancia mágica que el monte vetustense brinda! Y es el hecho que, entre todas las escandaleras a las que venimos asistiendo, un día salta la noticia del abandono tan preocupante que sufre San Miguel de Lillo, con una humedad que supone una amenaza más que inquietante para un monumento que es una de las principales joyas del patrimonio cultural de Asturias. No me corresponde entrar en cuestiones técnicas en torno a lo que procede hacer con urgencia. Pero, desde la indignación, no puedo dejar de preguntarme cómo es posible que hayamos alcanzado tal estado de desidia con respecto a nuestra riqueza artística. ¿No es ya, cuando menos atípico, que, al lado de otro monumento tan importante como San Julián de los Prados haya una autopista y que gran parte de su entorno lo abofetee estéticamente? ¿No es desquiciante que, tras discusiones bizantinas como aquellas trillizas calatraveñas, que, con el dispendio con que se actúa en muchos de los chiringuitos de poder del Gobierno autonómico, un día nos encontremos con el abandono de San Julián de los Prados, y otro, semanas después, con el estado en que se encuentra San Miguel de Lillo? ¿En qué se están gastando los sagrados dineros públicos? ¿En qué se están empleando las energías de los debates en nuestra tierra? Miren, es obvio, demasiado obvio, que aquí las responsabilidades no están igualmente repartidas. Pero, siendo esto así, no basta con el dedo acusador que señale a quienes están al cargo, oficialmente, de ello. Hay que ir mucho más allá, habría que haber ido. Antes de dar la voz de alarma, sería obligación de todos conocer el estado de la cuestión y denunciar antes de que la ruina apodere a nuestros monumentos, y, con ello, a nosotros, en tanto sociedad y pueblo. ¿Qué es lo que está ocurriendo en esta Asturias nuestra, que maltrata al medioambiente, que crea chiringuitos sin cesar, que la oposición política, en la mayor parte de los casos, ni está, ni se le espera, ni sabe, ni contesta? ¿Alguien en la Asturias oficial se ha tomado la molestia de pensar en el verdadero significado del monte Naranco y sus monumentos? ¿Hay algo más imprescindible que eso para ser conservado? Monumentos prerrománicos, testigos de un universalismo que nos consuela cuando vemos tanto localismo, cuando vemos tanto discurso de campanario. Monte Naranco, mucho más que una geografía, mucho más que esa atalaya a la que tantos y tantos nos hemos asomado en multitud de ocasiones. Mucho más que las vivencias acumuladas. La intrahistoria, en el sentido unamuniano, y la historia artística se dan la mano y se citan. Y, sin embargo, la Asturias oficial sólo se ocupa de ello cuando tienen que acudir como bomberos, cuando el aviso de peligro nos conmociona a todos. Hay algo mucho peor que perder el tiempo, y es perder, por inconsciencia y por incompetencia, aquello que con mejor estética da cuenta y atestigua eso a lo que seguimos llamando historia, tan nuestra y tan universal. Todo lo demás son bravuconadas de chigre, mezquindades y villanías, eso sí, hinchadas y aumentadas con un discurso megalómano que entre nosotros recibe el nombre de grandonismo. Retórica de campanario, y, mientras tanto,  el Prerrománico desasistido. ¡Cuán satisfechos han de sentirse algunos!

El fantasma de Martinsa Fadesa sobrevuela el mercado inmobiliario, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 12 febrero, 2009

Está tan implantada en la caracterología hispánica lo del vivo al bollo y el muerto al hoyo, el muerto al pozo y el vivo al gozo en su versión ilustrada, que gran parte de los analistas de este país hemos pasado por encima de la modificación de los resultados acumulados a 30 de septiembre de 2008 de Martinsa Fadesa. La compañía ha dejado de ser noticia hasta el punto de que ya en su momento causó poco ajetreo mediático la propuesta de la administración concursal de fijar un sueldo para el doblemente concursado Fernando Martín de 75.000 euros mensuales, en atención a los cargos que desempeña y a sus necesidades cotidianas, que tienen que ser, visto lo visto, bastante profusas. 900.000 euros al año, no están nada mal. Sin embargo, y más allá de lo escandaloso o no de una propuesta como ésa, lo cierto es que la compañía sigue dando información muy relevante en sus sucesivas comunicaciones a clientes, proveedores y mercado en general. Y este caso no ha sido una excepción.

Lo sabido es que la compañía ha llevado a cabo un ajuste de su activo contable de 2.245 millones de euros. Tal y como se desprende de los Estados Financieros Intermedios de la compañía a 30 de junio, a disposición de cualquier interesado en la web de la CNMV, el motivo no es una liquidación ordenada de sus propiedades contra amortización de deuda o pago a proveedores. Se debe, tal y como dice el punto 2.5 del documento, y esto tampoco es novedad, “a la situación que atraviesa el mercado inmobiliario en la actualidad y que ha llevado a expertos independientes y a la propia Martinsa Fadesa a utilizar hipótesis de trabajo mucho más conservadoras en cuanto a las edificabilidades futuras previsibles en cada ámbito, los precios de venta estimados de los diferentes tipos de activos y los plazos de desarrollo del proceso de gestión urbanístico, de construcción y comercialización de las promociones, lo que ha resultado en una valoración sensiblemente inferior a la obtenida en el año anterior, especialmente en lo que se refiere a los activos localizados en el mercado nacional”. El resultado, y saltamos así al apartado 11, es una variación negativa de existencias de 2.295 millones de euros o un 24% menos que el 31 de diciembre de 2007, seis meses antes.

Obviamente, las cifras vienen distorsionadas por un par de condicionantes de cierta significación. Primero, la valoración de parte de los inmuebles estaba inflada por la necesidad de actualización que provocó la integración en el balance a precios de mercado de los activos de Fadesa, realidad que magnifica igualmente las pérdidas operativas. Claro, que eso no es sino una prueba más del disparate que supuso desde su génesis esta operación. Segundo, como se ve en el último informe de tasación de CB Richard Ellis, referido a ese final de ejercicio 2007, y que aún está colgado en la web de la propia inmobiliaria, gran parte de su activo lo componían, como en otras muchas inmobiliarias a lo largo y ancho de la geografía nacional, suelos y obras en curso, dos de los activos que más están sufriendo en la coyuntura actual. Indudablemente, gran parte de la corrección de valor vendrá por ahí. Sin embargo, y aún con estas salvedades, el informe habla de oferta, demanda y precios, los tres parámetros fundamentales del negocio. Y, en cualquier caso, no se puede negar lo evidente: una corrección fulminante de las estimaciones en un momento en el que la verdadera dimensión de la crisis aún era una entelequia para muchos. Quedaba medio año por delante. ¿Cuál sería el resultado de ese proceso a cierre de 2008? Les garantizo que no arrojaría noticias positivas. Ni mucho menos.

Lo importante, en cualquier caso, y volvemos al inicio de esta pieza, no es el caso Martinsa en sí, sino las implicaciones que del mismo se derivan. Para aquellas compañías que han comprado suelo en los últimos años, extrapolar el necesario ajuste les llevaría a una situación patrimonial negativa y a su posterior liquidación. Aguantarán mientras puedan. En esas otras que disfrutan de valores contables muy inferiores a los de mercado, aun a los precios actuales, el problema viene, en muchos casos, por la financiación que han recibido y que ha tomado como referencia el teórico e inflado valor de ejecución de sus inmuebles. El activo vale ahora sustancialmente menos que la deuda. Sólo aquellas firmas que no hayan caído en la tentación del apalancamiento, podrían mantenerse a flote tras un recorte como el acaecido en la concursada. Y, ¿las entidades financieras? Bueno, ya se pueden imaginar. Nadie da en pago un inmueble cuando debe mucho menos que su valor. Intuitivamente cabe pensar en loan to values (valor de la deuda sobre el activo) altos tanto en suelo como en residencial y, por ende, en pérdidas automáticas a partir de un 20% de caída de valor. Si el baremo de caída era del 25% a junio de 2008, ay, ay, ay… el equity negativo empieza a acumularse. No sólo me cuesta el bien (seguros, mantenimiento, comunidad, IBI) y dejo de ingresar por el crédito, sino que además requiero de una subida mayor de la vivienda para empezar a recuperar mi “inversión”. Como ven el fantasma de Martinsa continúa sobrevolando el mercado. Y provocando sobresaltos. El sábado más y mejor.

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Una Justicia podrida, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Justicia, Política by reggio on 12 febrero, 2009

En la tarde del martes, en plena comparecencia en el Congreso del presidente Zapatero, alguien se acercó a la cabecera de la bancada popular que ocupa Mariano Rajoy para soplarle al oído la especie de que el ministro de Justicia, Fernández Bermejo, y el juez Garzón, habían compartido fin de semana de caza y francachela en una finca de Torres, pueblo natal del magistrado en Jaén, el líder del PP levanto la mano pidiendo prudencia: “Alto ahí y que nadie se mueva. Esto hay que comprobarlo bien, que estos son capaces de tendernos una trampa, incluso de colar un doble de Garzón en la montería para que nos metamos en un charco”.

Porque la noticia, destapada por la revista Epoca, era tan increíble que pocos la dieron crédito en un principio. No era posible que en plena razzia judicial contra una supuesta trama de corrupción relacionada con el Partido Popular, el juez encargado del caso, bajo secreto del sumario, se exhibiera cazando en público con el ministro de Justicia, poniendo de nuevo en obscena evidencia esa división de poderes en la que nadie cree en España, y haciendo añicos la apariencia de neutralidad que se le supone no solo al ministro del ramo, que va de suyo, sino desde luego al juez instructor del caso.

¿El Gobierno, ministro de Justicia mediante, planificando entre las jaras de la finca Cabeza Prieta cómo darle la puntilla a un partido de la oposición al que le crecen los enanos, brazo ejecutor mediante del famoso juez campeador? Es la conclusión más obvia, no necesariamente acertada, que una gran mayoría de españoles habrán extraído del episodio. Estamos en elecciones, y en la crisis económica más atroz que seguramente ha conocido la Historia de España, con millones de españoles en el paro y un Gobierno a la deriva, claramente superado por los acontecimientos.

En todo caso, un escándalo sin paliativos, un episodio típico de aquella Escopeta Nacional del franquismo en versión progre, con juez y ministro intercambiando confidencias como los plutócratas de la famosa película traficaban con influencias. “Es conducta típica de alguien que va sobrao”, asegura un conocido miembro de la judicatura, “típico de alguien que conoce tan bien este país, sabe tan débil el pulso de esta democracia enferma, que se pasa por el arco de sus caprichos a la opinión pública, a la clase política y a las instituciones. Este tío es un cáncer para la Justicia, que no dudaría cinco minutos como juez en un país como Gran Bretaña”.

“La montería solo pone de relieve la relación que juez y ministro mantienen de antiguo”, señala un miembro de la carrera fiscal, “y de ella se puede inferir que hay un trabajo conjunto previo en el caso que en estos momentos lleva el juez, pero eso no pasa de ser una suposición. Lo que nadie puede discutir es el deterioro tremendo que para la imagen de la Justicia supone este episodio”. Un antiguo compañero de Garzón, más cáustico, sostiene que “nada nuevo bajo el sol. A Baltasar esto de la Justicia le importa más bien poco. El tiene otros objetivos en la vida. A él le gustan otras cosas, generalmente gratis total”.

Para sorpresa de tirios y troyanos, el Partido Popular, tan malito él, hizo ayer piña ofreciendo una imagen de unidad como hace tiempo no se veía por aquestos Reynos. Respaldado por los pesos pesados del partido, Rajoy arremetió contra Garzón exigiéndole que abandone la investigación y anunciando que pedirá su recusación. ¿Algo así como lanzar piedras a la luna? “Lo normal en un juez normal sería que él se inhibiera motu proprio, entre otras cosas porque la competencia de la Audiencia Nacional es dudosa”, asegura una fuente cercana al CGPJ. “En Garzón, en cambio, lo normal es que reaccione echando más leña al fuego”.

Ruptura de todos los consensos en materia de Justicia

Más que la petición del levantamiento del secreto de sumario y la comparecencia en el Congreso del fiscal general del Estado para que explique “el trato desigual” que otorga a los distintos partido, la decisión que se antoja más grave de las adoptadas por el PP es la ruptura de la interlocución con el ministerio de Justicia: “Por sentido de la responsabilidad, el PP no seguirá en el pacto por la Justicia suscrito con el Gobierno mientras Fernández Bermejo sea ministro de Justicia”. Algo que supone la ruptura de todos los consensos y parece abocar al país a una crisis sistémica de proporciones desconocidas.

El ambiente en el CGPJ se cortaba ayer con cuchillo de palo. Los planes de modernización y reforma de la Justicia que había consensuado el nuevo Consejo han saltado por los aires tras la cacería del “hombre que veía amanecer”. Los vocales del PSOE, mayoría en el poder judicial, guardaban ayer un significativo silencio, mientras los del PP mostraban su cabreo a los cuatro vientos. Todo apunta a que las negociaciones que unos y otros mantenían para presentar una terna de candidatos a la presidencia de la Audiencia Nacional, cuyo plazo concluye el 3 de marzo, han también han quedado seriamente dañadas.

La presidencia de la Audiencia Nacional es precisamente el puesto al que aspira un Garzón amante de las emociones fuertes. Nadie con más méritos que él, piensa la soberbia del magistrado, para ocupar ese cargo como premio a los servicios prestados (ETA) y recompensa a su amistad con Zapatero, a quien asesora en asuntos de su especialidad. Lo que una mayoría de la sociedad española está pidiendo a gritos, en cambio, es que Baltasar Garzón sea expulsado de la carrera judicial de una vez por todas, como un inaplazable síntoma de regeneración de nuestra podrida Justicia y maltrecha Democracia. Tranquilos todos. Nadie se atreverá a tocarle un pelo. Sus amigos son muy poderosos y sus secretos muy temidos.

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Obama prisionero de los “halcones”, de Gareth Porter en Rebelión

Posted in Internacional, Política by reggio on 12 febrero, 2009

¿Quién controla la política iraquí de Washington?

Le Monde Diplomatique

De aquí al próximo verano boreal, Estados Unidos enviará entre veinte y treinta mil soldados a Afganistán para reforzar el contingente de tropas extranjeras, que asciende ya a setenta mil hombres. Esta escalada ha sido deseada tanto por Barack Obama –considera a Afganistán la verdadera amenaza estratégica– como por George W. Bush, quien paralelamente intenta “eludir” el acuerdo que acaba de firmar sobre la retirada total del ejército estadounidense de Irak. Pretende así hacer imposibles las promesas electorales del nuevo Presidente.Inmediatamente después de la impresionante victoria electoral de Barack Obama, en noviembre de 2008, surgió una pregunta decisiva: ¿mantendría el Presidente electo la promesa que formuló durante su campaña de hacer evacuar de Irak las tropas de combate en un plazo de dieciséis meses a contar desde su asunción? La suerte de este plan de retirada era esperada justamente como un indicador de la orientación general de su política exterior y del papel que podría desempeñar en las estrategias de seguridad nacional y exterior (1).

Este tema provocó el conflicto más duro entre el Presidente electo y un comando militar estadounidense cuya oposición a su política de retirada no es un secreto para nadie. Entonces, ¿Obama iba a defender su opción o ceder a las presiones? El desafío de esa pulseada era nada menos que una elección fundamental entre una retirada estratégica de Irak y el intento de prolongar la presencia militar estadounidense en ese país más allá de 2011.

Lejos de ser una simple concesión hecha a su base militante anti-bélica, el plan de Obama reflejaba un análisis estratégico personal, fruto de una madura reflexión. En un discurso pronunciado el 15 de julio de 2008 enunció con claridad su razonamiento en favor de una retirada rápida de Irak, cuando declaró: el compromiso militar estadounidense en Irak “nos aparta de las amenazas que debemos afrontar y de las numerosas ocasiones que podríamos aprovechar”. Precisó que la guerra de Irak “debilita nuestra seguridad, nuestra posición en el mundo, nuestro ejército, nuestra economía y agota los recursos que necesitamos para enfrentar los desafíos del siglo XXI”.

El 14 de julio de 2008 Obama escribió que su plan implicaría “ajustes estratégicos” y que consultaría “a los jefes militares in situ así como al gobierno iraquí para asegurarse de que (las) tropas sean reorganizadas con total seguridad” (2). Pero dos días más tarde, durante una conferencia de prensa, explicaba que esas medidas de prudencia no tendrían incidencia sobre el plazo de dieciséis meses para la retirada y se referían sólo al ritmo de partida de las tropas en ciertos meses, para garantizar su seguridad.

Obama hizo hincapié en el hecho de que no ajustaría su calendario para plegarse a las recomendaciones del comando estadounidense en Irak. Dijo que “el rol del Presidente es notificar a los generales cuál es su misión”. Y, según el periodista Joe Klein, cuando finalmente se entrevistó en Bagdad con el general David Petraeus –un poco más tarde, ese mismo mes de julio– fue para rechazar el argumento del ex comandante en jefe de las fuerzas militares en Irak en favor de una retirada “condicional” (3). Obama insistió en que tomaría su decisión en base a su propia evaluación de los costos generados por el mantenimiento de la presencia militar estadounidense.

Ese plan encerraba una ambigüedad. En efecto, Obama dejó entender que mantendría en Irak “una fuerza residual” en condiciones de realizar “misiones limitadas”, que abarcarían, según definió, no sólo la protección y formación de las fuerzas de seguridad iraquíes, sino también la persecución a los residuos de Al-Qaeda en Mesopotamia. No obstante, antes había declarado que la base de los soldados con la misión de perseguir a Al-Qaeda estaría en otro lugar de Medio Oriente.
Al igual que todo el mundo en Washington, Obama esperaba el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (Status of Forces Agreement, SOFA) referido a la presencia militar estadounidense en ese país a largo plazo, que entonces estaban negociando Estados Unidos e Irak (4). A mediados de agosto de 2008, la administración de George W. Bush repetía todavía que las fechas de retirada de las fuerzas combatientes serían sólo orientativas y por tanto sujetas a “condiciones”. Sin embargo, contra toda previsión, el primer ministro iraquí Nuri Al-Maliki obligó a Bush a aceptar la retirada completa no solamente de todas las tropas de combate, sino también de las tropas de no combatientes antes de fines de 2011. También exigió la retirada de los militares estadounidenses de las ciudades de aquí a junio de 2009 y su reagrupamiento en bases cuyo emplazamiento se sometería a un acuerdo con Bagdad.

“Interpretaciones” divergentesEn su versión final, el SOFA, que la administración Bush aceptó el 6 de noviembre, exige que Washington establezca un calendario detallado para una retirada total y crea incluso “los mecanismos y acuerdos” encaminados a “reducir el personal militar estadounidense en el período en cuestión” (5)… El acuerdo prohíbe a las tropas de Estados Unidos operar en el país sin la plena aprobación y coordinación iraquí, así como encarcelar a iraquíes sin orden de un tribunal local. Prohíbe de manera absoluta utilizar el territorio o el espacio aéreo de Irak “para lanzar ataques contra otros países”.

Cuando Obama fue elegido, su calendario de retirada en dieciséis meses acordaba plenamente con la carta de acuerdo estadounidense-iraquí. Pero el comando militar estadounidense estaba lejos de concordar con su plan –o con las condiciones que imponía el SOFA–. Rápidamente la burocracia militar y la del Pentágono demostraron que iban a maniobrar para eludir el acuerdo.

El 7 de noviembre, Time magazine citaba al nuevo comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, el general Raymond Odierno, quien afirmaba que la retirada debía hacerse “lentamente, de forma deliberada, de manera que no perdiéramos lo que habíamos ganado”. Time informaba que los “altos responsables militares estadounidenses” probablemente iban a aconsejar a Obama “rever su promesa de campaña de retirar todas las tropas de combate estadounidenses de Irak de aquí a mediados de 2010”.

Tres días más tarde, el 10 de noviembre, The Washington Post escribía que el almirante Michael Mullen, jefe de Estado Mayor Conjunto, se oponía al plan de retirada de Obama al que consideraba “peligroso” y apoyaba la opinión del ejército según la cual “las reducciones de efectivos deben depender de la situación sobre el terreno”. Citando a “expertos de Defensa”, The Washington Post opinaba que el conflicto entre Obama y estos jefes militares sería “inevitable” si el Presidente presionaba para que se efectuara la retirada de dos brigadas al mes, tal como lo había reafirmado en su propio sitio internet poco después de la elección.

Dirigiéndose a periodistas el 16 de noviembre, el almirante Mullen declaró públicamente su intención de aconsejar a Obama para que programara la retirada en función de los acontecimientos en la región. Este anuncio representaba un verdadero desafío lanzado al Presidente electo.

El mismo día de la firma del acuerdo, el 18 de noviembre, The Washington Post señalaba que los responsables del Pentágono habían confirmado que el calendario previsto en el acuerdo les dejaba el tiempo suficiente para evacuar de Irak todo el equipamiento y unos ciento cincuenta mil soldados con total seguridad, pero que también habían repetido: “Tal retirada sólo debería tener lugar si las condiciones lo justifican”. Estos altos responsables, que habían comprendido que el acuerdo rechazaba la opción condicional en favor de un calendario en firme, reafirmaban así que Estados Unidos no debía ser obligado por la fecha de vencimiento que figuraba en el acuerdo que acababan de firmar.

Resultó evidente de inmediato que la insistencia de los militares en privilegiar un enfoque condicional formaba parte de un plan más extenso de Washington y de los altos responsables militares para sustraerse de las principales disposiciones del SOFA. El 25 de noviembre, McClatchy newspapers (Washington) revelaba que la administración Bush había adoptado en secreto “interpretaciones” relativas a la prohibición de utilizar las bases iraquíes para lanzar ataques hacia otros países y la obligación de informar de antemano a Bagdad para cualquier operación militar del ejército estadounidense. Estas interpretaciones permitirían a Estados Unidos “eludir” estas dificultades legales. Se había previsto alegar la “legítima defensa” mencionada en el acuerdo para justificar todo golpe contra objetivos situados en Siria e Irán y ya no tener la obligación de informar a los responsables iraquíes de las operaciones planeadas en una región dada en un momento dado.

La administración Bush no comunicó estas “interpretaciones” al gobierno iraquí, que las hubiera rechazado de inmediato. De hecho, no se trataba de “interpretaciones” del acuerdo sino de propuestas destinadas a subvertirlo. La disposición que rige las operaciones militares estadounidenses no prevé la simple notificación sino que exige “la aprobación del gobierno iraquí” y una “verdadera coordinación con las autoridades iraquíes”. En cuanto a la prohibición de los “ataques contra otros países”, en el acuerdo es absoluta e incondicional.

Para subvertir el espíritu del SOFA se concibió una estratagema aún más temible. El 4 de diciembre The New York Times reveló que los “planificadores del Pentágono” proponían “rebautizar unidades”, de manera que las que actualmente se consideran tropas de combate pudiesen “considerarse en nueva misión” y “sus operaciones redefinidas como acciones de formación y apoyo a los iraquíes”. The New York Times sugirió, con la mayor seriedad del mundo, que el método así propuesto permitiría al “objetivo de Obama ser cumplido al menos en parte”. En realidad, era muy evidente todo el contrario: el artículo precisaba que el Pentágono proyectaba mantener en Irak no menos de setenta mil soldados estadounidenses “por un largo período, incluso hasta después de 2011”.

De la naturaleza del poderLo que tenían en común el plan para conservar indefinidamente unidades de combate en Irak so pretexto de “entrenamiento” y de “refuerzo”, la insistencia del almirante Mullen y de otros jefes militares sobre una “retirada bajo condiciones” y las justificaciones bosquejadas para ir más allá de las restricciones impuestas a las operaciones militares estadounidenses, era la intención del ejército de Estados Unidos y sus aliados políticos de eludir al mismo tiempo el plan de retirada de Obama y el acuerdo estadounidense-iraquí.

Así, Obama se enfrentó a una burocracia del Pentágono que exhibía su determinación de mantener en Irak un rumbo en total contradicción con su política y la voluntad claramente expresada del gobierno iraquí. La presión casi irresistible que se ejerció sobre Obama para que conservara en el Pentágono al secretario de Defensa Robert M. Gates debe comprenderse a la luz de ese abierto desafío a su liderazgo en una cuestión de política exterior de capital importancia. Esta presión empezó dentro de las veinticuatro horas que siguieron a su elección, cuando The New York Times se hizo eco de la noticia informando que el mantenimiento de Gates en el Pentágono “era pedido públicamente por periodistas y comentaristas, y con más calma por miembros del partido de Obama con influencia en el Congreso…”.

La justificación pública de esta demanda de reconducción sin precedentes fue la continuidad y estabilidad de la defensa en tiempos en que Estados Unidos estaba implicado en dos guerras. En realidad, según una fuente cercana al equipo de transición de Obama, el razonamiento era abiertamente político: como siempre, los demócratas estaban preocupados por su supuesta fragilidad en cuestiones de seguridad nacional, y para cubrirse preferían ver a Gates, un republicano, dirigir la política iraquí.

Es evidente la implicancia de la elección de Gates. Se lo conoce por haberse opuesto al plan de retirada de Obama y estar del lado del comando militar. Y es inconcebible que no esté plenamente comprometido con la puesta en práctica en el Pentágono de una política que busque hacer obsoleto el acuerdo estadounidense-iraquí y prolongar indefinidamente la presencia militar estadounidense en Irak. Dada la amplitud y multiplicidad de sus competencias y poderes, es probable que haya desempeñado un papel central en ese montaje.

Obama puede seguir haciendo declaraciones sobre la política iraquí, pero el nombramiento de Gates significa que el control de ese dossier ya pasó de la Casa Blanca al Pentágono. Aunque le disguste el accionar de Gates en Irak, Obama no puede amenazar con despedirlo. A la luz de hechos comprobados, puede esperarse que el Pentágono siga por todos los medios subvirtiendo no sólo el acuerdo sino también el régimen iraquí para intentar garantizar una presencia militar de larga duración.

El relato de la forma en que Obama perdió todo control efectivo sobre la política iraquí constituye una lección magistral acerca de la naturaleza del poder en lo que concierne a un expediente tan sensible para el Estado Mayor militar y sus aliados civiles. Se demostró la fragilidad del sistema democrático de defensa frente a la influencia dominante de los militares estadounidenses y sus aliados cuando se unen y deciden imponer su visión.

REFERENCIAS(1) Michel Klare, “El mundo y la (futura) Casa Blanca”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, octubre de 2008.

(2) Páginas de opinión de The New York Times, 14-7-08.

(3) Time magazine, Nueva York, 22-10-08.

(4) Alain Gresh, “¿Ganará la guerra Estados Unidos?”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, marzo de 2008.

(5) www.whitehouse.gov/infocus/iraq/SE_SOFA.pdf

Gareth Porter. PERIODISTA E HISTORIADOR, AUTOR, ENTRE OTROS, DE PERILS OF DOMINANCE: IMBALANCE OF POWER AND THE ROAD TO WAR IN VIETNAM, UNIVERSITY OF CALIFORNIA PRESS, BERKELEY, 2005.

http://www.eldiplo.com.pe/Obama-prisionero-de-los-halcones

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Tan endeudados como Argentina, de Niall Ferguson en Clarín

Posted in Economía, Internacional by reggio on 12 febrero, 2009

El mundo padece una crisis financiera inusitada y los gobiernos pretenden salir de ella con la falsa ilusión de que la deuda excesiva se resuelve creando más deuda. Parecen imitar los comportamientos de ciertos mercados emergentes.

Comenzó como una sorpresa de sub-prime, luego se convirtió en una crisis crediticia y es ahora una crisis financiera global. En el Foro Económico mundial de la semana pasada en Davos, hubo muchas acusaciones retrospectivas -Rusia y China culparon a Estados Unidos, todos culparon a los banqueros, los banqueros se culparon entre ellos- pero hubo pocas ideas con miras al futuro. Desde donde yo estaba sentado, la mayoría de los participantes estaban todavía atrancados en la Gran Depresión: profundamente ansiosos, pero fundamentalmente en un ánimo de negación de la índole y la magnitud del problema.

Había gente pronosticando el fin de la recesión para mediados de este año. Había gente afirmando que India y China serían los motores de la reactivación. Otros, más preocupados sobre la inflación y deflación. Pero, sobre todo, había gente confiando que Keynes nos salvaría. Casi ni escuché críticas al paquete de estímulo de USD 819 billones que pasa por el Congreso de Estados Unidos. La suposición general parecía ser que cualquier clase de desembolso gubernamental sería beneficioso, asumiendo que fuese financiado por un gran déficit.

Hay algo desesperante en cómo la gente de ambos lados del Atlántico se está aferrando a la Teoría general de John Maynard Keynes. La dura realidad que se está reprimiendo es que el mundo occidental está sufriendo una crisis de deuda excesiva. Muchos gobiernos, así como muchas corporaciones, están demasiado apalancados. Más importante aún, son las familias que están sufriendo bajo una carga de deuda sin precedentes. El promedio de deuda familiar ha alcanzado el 141 por ciento del ingreso disponible en Estados Unidos y el 177 por ciento en el Reino Unido. Peor aún están los bancos. Algunas de las firmas más conocidas en el mercado financiero de Estados Unidos y de Europa tienen sus balances cuarenta, sesenta o hasta cien veces más grandes que el tamaño de su capital. El apalancamiento promedio de bancos de inversión estadounidenses fue de 25 a 1 al término del 2008. El apalancamiento de bancos de inversión europeos fue más de 30 a 1. Los balances de bancos británicos igualan un descabellante 440 por ciento del Producto Bruto Interno.

La falsa ilusión de que una crisis de deuda excesiva se resuelve creando más deuda es el corazón de la Gran Represión. Sin embargo, eso es precisamente lo que la mayoría de los gobiernos está proponiendo. Estados Unidos podría llegar a terminar con un déficit mayor al 10% del PBI este año.

Pronto se verá clara y dolorosamente que adquirir nueva deuda no es la solución. Hay una mejor manera de proceder pero es en la dirección opuesta. El objetivo no sería acumular más deuda, sino reducirla. En crisis de deuda anteriores -las cuales, por lo general, afectaron deuda soberana de mercados emergentes- esto tendía a ocurrir en una de dos maneras. Por ejemplo, si Argentina tenía una deuda doméstica excesivamente grande en moneda argentina, podía licuarse con inflación. Si era una deuda externa, entonces el gobierno no pagaba a término y forzaba a los acreedores a aceptar una reprogramación de deuda y de pagos del capital.

Hoy, Argentina somos nosotros. Los antiguos bancos de inversiones y bancos universales alemanes son Argentina. Las familias norteamericanas son Argentina. Pero no nos será fácil licuar nuestras deudas con la inflación. Las presiones deflacionarias desatadas por la crisis financiera son demasiado fuertes (los precios al consumidor en los Estados Unidos han estado bajando durante los últimos tres meses consecutivos; el índice anualizado de descenso para el último cuatrimestre del 2008 fue de -12,7%).

La solución a la crisis de deuda no es más deuda, sino menos deuda. Dos cosas deben ocurrir. Primero, los bancos que están insolventes de facto necesitan reestructuración -palabra que es preferible a la pasada de moda “nacionalización”. Los accionistas tendrán que aceptar que han perdido su dinero. Ellos tendrían que haber vigilado más atentamente a quienes dirigían sus bancos. El gobierno tomará el control a cambio de una recapitalización sustancial después de que las pérdidas hayan sido declaradas por escrito. Los bonistas tendrán que aceptar un canje de deuda -por acciones o un 20% de quita-; sin duda, una desilusión, pero es nada comparado con las pérdidas sufridas cuando se hundió Lehmann Brothers.

Hay precedentes para medidas tan drásticas: la respuesta a la crisis bancaria sueca de los años 1990. El punto crítico es evitar la pesadilla de un sector financiero dominado por el gobierno. Lo último que Estados Unidos necesita es que todos sus bancos se manejen tan mal como la compañía ferroviaria Amtrak, o peor aún, que se manejen como el servicio interno de recaudación federal. Bancos estatales como soporte de vida para dinosaurios moribundos es un recurso diseñado para prevenir la extinción generalizada de bancos, no una victoria atrasada del socialismo norteamericano.

Todo esto no debería impedir la formación de nuevos bancos del sector privado. Después de todo, la historia financiera es un proceso de continua evolución. Cuando viejos bancos mueren, nuevos bancos toman rápidamente sus lugares. Por consiguiente, es vital que el control estatal no dé ventajas injustas a los viejos bancos. Entonces, la recapitalización debe ser un evento único, sin garantías permanentes ni subsidios gubernamentales. Y debería haber un período de tiempo definido para “re-estatizar” de, por ejemplo, diez años.

El segundo paso que necesitamos hacer es una conversión general de las hipotecas norteamericanas a bajas tasas de interés y a mayores plazos de vencimiento. Alrededor de 2,3 millones de familias norteamericanas son las que actualmente afrontan la extinción del derecho de redimir una hipoteca. Este número aumentará. Hasta 8 millones de familias serán llevadas a la quiebra, y esto conducirá a bajar aún más los precios de las casas. Pocos de aquellos afectados tienen alguna posibilidad real de refinanciar a tasas más accesibles. Por lo tanto, otra vez, lo que se necesita es la intervención estatal.

La idea de modificar las hipotecas horroriza a puristas legales como si fuera una violación a la santidad del contrato. Pero, hay veces en que el interés público requiere honrar la regla de la ley de incumplimiento de contrato. Durante el siglo XIX, los gobiernos cambiaban repetidamente los términos de bonos que emitían, a través de un proceso llamado “conversión”. Un bono con un cupón del 5% se cambiaba por otro con un cupón del 3%, y así se consideraba la baja en las tasas de los mercados y de los precios. Raramente se calificaban estos procedimientos como falta de pago a término. Hoy en día, necesitamos una manera sistemática de convertir las tasas variables de las hipotecas para que reflejen el ambiente financiero alterado.

Otra objeción a tal procedimiento es que recompensaría al imprudente. Pero el peligro moral importa solamente si el mal comportamiento tiene grandes probabilidades de repetirse. No preveo que alguien ofrezca o pida una hipoteca con tasa variable por muchos, muchos años. El tema es simplemente ser justos.

Una solución sería que los prestamistas y garantes hipotecarios controlados por el gobierno, Fannie Mae y Freddie Mac, ofrecieran a todos los prestatarios -incluyendo aquellos con tasas fijas- el mismo negocio. Tener permanentemente bajos pagos mensuales para una mayoría de familias norteamericanas haría más para estimular la confianza del consumidor que todas las provisiones del paquete de estímulo, incluyendo las reducciones en impuestos.

Desde el “New Deal”, los políticos norteamericanos han proclamado su fe en una “democracia que permite propiedad privada” y el “sueño americano de tener su propia casa”. Por años han estimulado la expansión del mercado de subprimes. Pero el resultado ha sido una pesadilla.

No hay duda de que aquellos que perdieron por tantos despropósitos no sufrirán en silencio. Pero los beneficios de una estabilización microeconómica tienen mayor peso que los costos de accionistas bancarios, bonistas bancarios y dueños de bonos garantizados por hipotecas.

Churchill dijo que los norteamericanos siempre harían lo correcto -después de haber agotado todas las otras alternativas. Pero si todavía estamos esperando que Keynes nos salve cuando vuelva Davos el año próximo, podría ya ser demasiado tarde.

Niall Ferguson. HISTORIADOR, UNIVERSIDAD DE HARVARD.

Copyright Clarín y Niall Ferguson, 2009.

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Cuentos de hadas sobre la crisis, de Alejandro Nadal en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 12 febrero, 2009

La interpretación más difundida sobre la crisis es que la codicia y la desregulación financiera generaron una burbuja especulativa. Cuando cayeron los precios de los bienes raíces, la burbuja reventó. En este proceso, los consumidores se tiraron tremenda borrachera de consumo y la codicia de los bancos estadunidenses llevó a otorgar hipotecas a personas que no eran sujetos de crédito. Los activos tóxicos contaminaron bancos, corporativos y fondos de inversión en todo el mundo. Eso congeló el crédito interbancario, colapsó la demanda y vino la recesión.

Este cuento tiene la ventaja de ser conciso y claro. Su defecto no es que sea falso, sino superficial. Se necesita un diagnóstico más serio sobre la naturaleza de la crisis. De lo contrario no hay garantía de que la medicina funcione y hasta puede estar contraindicada.

Por eso hay que hacer algunas preguntas más incisivas. ¿Por qué los mercados no corrigieron los desequilibrios? Respuesta: el mito de los mercados bien portados es la primera víctima de esta crisis. En el caso de los mercados de activos financieros, la formación de expectativas conduce de manera sistemática al desequilibrio. Pero, vaya, dirán que eso se arregla con una buena dosis de regulación financiera. Correcto, pero no es suficiente.

¿Cuál es el origen de toda burbuja especulativa? Respuesta: la expansión del sector financiero. Pero eso ya está vinculado con problemas de la economía real. Por ejemplo, la Reserva Federal y las agencias regulatorias del sistema bancario estadunidense permitieron la creación monetaria en exceso y adoptaron la desregulación como bandera porque los sectores reales de la economía del capitalismo estadunidense estaban en problemas.

Esa economía mostraba indicios de estancamiento desde los años 70: reducido crecimiento de la productividad, pérdida de poder adquisitivo de los salarios, caída en la inversión productiva, creciente capacidad instalada ociosa, así como un mayor desempleo abierto y disfrazado. En la década de los 80 también cayeron las tasas de innovación y difusión de “progreso” técnico en ramas clave de la producción (bienes de capital).

El mal desempeño de la economía incluye un marcado deterioro en las cuentas externas y unas finanzas públicas que sólo en apariencia eran sanas. Todo eso estuvo acompañado de una brutal concentración de riqueza y una desigualdad creciente.

El capital estadunidense saltó de una burbuja a otra. También intensificó la búsqueda de opciones para reducir el costo del trabajo. Por eso la subcontratación ciega y el desplazamiento de procesos de producción a entornos que permitían altísimas tasas de explotación. Pero ni las maquiladoras, ni el trabajo esclavo en Asia, frenaron las tendencias negativas.

Los episodios de burbujas financieras siempre están asociados con un entorno en el que la rentabilidad de la economía real comienza a estancarse o a decrecer. La especulación financiera es la salida del capital, aunque en ese deporte extremo los ingenuos pierden hasta la camisa.

La tendencia al sobrendeudamiento, o la propensión a la especulación, no se resuelven con inyecciones astronómicas de dólares a la economía. Desde esta perspectiva, el problema del paquete de rescate bancario de la administración de Bush no es que sea insuficiente, o siquiera que no impuso condicionamientos a los bancos. No, el problema es que es algo así como echar gasolina al fuego.

Hoy la prioridad en Estados Unidos está en la solución de los problemas de la economía real, no en los del sector financiero. Es crucial detener el deterioro salarial y eso pasa por reorganizar todo el modelo económico, redefiniendo la política monetaria y reorganizando la política fiscal para ejecutar un gasto público comprometido con prioridades sociales. Será necesario también abrir nuevos canales de participación pública en las estructuras de gobierno, inventar nuevas formas de control social de los recursos productivos y democratizar el proceso de trabajo.

Claro, eso es lo que el capital aborrece. Prefiere contar fábulas sobre la crisis. Los pueblos deben recibir la lucha que viene con reivindicaciones políticas bien definidas. Deben saber que si no se adopta un programa que enfrente los problemas de la economía real, la crisis va a empeorar. El capital va a resistir por todos los medios a su alcance. Bush lo sentenció: si no se aprueba el paquete de rescate, podría ser necesario invocar la ley marcial y declarar el estado de sitio. Para amenazas, ninguna más clara.

Un análisis similar se aplica, ceteris paribus, a la economía mexicana. Las tonteras de Slim, o las pronunciadas por Calderón-Ortiz-Carstens revelan que desde el poder sólo se busca engañar. Pero los cuentos de hadas son para niños. Y parafraseando a Marx, decimos que los pueblos no pueden regresar a ser niños, a menos que caigan en el infantilismo. Hay niños mal educados y otros, los obedientes, que se convirtieron en adultos prematuramente. Yo creo son preferibles las preguntas de los niños mal educados.

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