Reggio’s Weblog

Crisis (7): gasto inútil, de Xavier Sala i Martín en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 11 febrero, 2009

Si gastáramos un millón de dólares por cada día transcurrido desde que nació Jesucristo hasta hoy, no dilapidaríamos tanto dinero como el presidente Obama gastará con su reciente plan de estímulo económico. Y es que una especie de virus neokeynesiano que lleva a los dirigentes a la locura del dispendio ilimitado parece haber invadido el planeta Tierra. Es como si el único libro de economía jamás escrito fuera la Teoría general de Keynes, de 1936, que propone el aumento del gasto público para salir de la crisis.

Decía Keynes que “en el largo plazo, todos estamos muertos”… Y tenía razón: ¡Keynes está muerto! El problema para sus discípulos es que antes de morir (pero después de publicar la Teoría general)también escribió otras cosas como: “El aumento de la obra pública puede ser la medicina correcta cuando hay una deficiencia crónica en la demanda, pero no se puede organizar de manera suficientemente rápida como para ser el instrumento más útil para evitar los ciclos económicos” (Keynes, Collective writings, vol. XXVII, p. 122, 1942). Es decir, después de pensarlo, ni el propio Keynes creía en la utilidad del gasto público para sacar a la economía de una recesión. La razón es la que apuntábamos en estas páginas el 17/ XII/ 2008: para ser útil, el gasto público debe ser sometido a complicados procesos de decisión y adjudicación que requieren tiempo. Eso significa que, si se quiere que sea útil, no va a llegar a tiempo. Y si se quiere que saque a la economía de la crisis, va a ser inútil. (Nota: la cosa es todavía más grotesca en el caso español, dado que el Gobierno tiene la manía de no pagar sus deudas hasta ¡18 meses después de ejecutada la obra!).

“¡Pues que sea inútil!”, dirían los keynesianos, “al fin y al cabo ¡eso es lo que sacó al mundo de la gran depresión de los años 30!”. Bien…, la salida de la gran depresión está sujeta a un debate que no vamos a solucionar aquí. Pero hay otros episodios históricos que pondrían en duda la eficacia del gasto público. Uno de ellos es una crisis enormemente parecida a la actual: Japón 1990. Tras una gigantesca burbuja inmobiliaria, el sistema bancario japonés se colapsó, el préstamo desapareció y el país entró en una profunda crisis económica. ¿Cómo reaccionó el Gobierno japonés? Respuesta: se endeudó hasta el cuello y gastó lo que no estaba escrito: se hicieron obras públicas por valor de 4.7 billones de euros (la economía japonesa entonces era de unos 4 billones de euros anuales) y la deuda pública subió hasta 7 billones (un 180% del PIB). Se pavimentó el país entero unas cuantas veces, se construyeron puentes, museos, zoos, palacios de deportes e incluso pirámides de cristal.

¿Contribuyó todo este derroche a que Japón saliera del agujero? No lo sé. Lo que sí sé es que han pasado 18 años… y la economía japonesa todavía no ha salido del agujero. Algunos economistas dicen que sin el gasto público, la crisis japonesa hubiera sido mucho más profunda. Quizá sí…, aunque otros dicen que fue el aumento desmesurado del gasto el que hizo que cundiera el pánico entre los ciudadanos, cosa que los llevó a reducir el consumo y a agravar la situación. ¿Quién tiene razón? Seguramente nadie: yo más bien me inclino a pensar que todo ese dispendio no fue ni bueno ni malo, sino más bien… inútil.

Y es que hay un teorema que dice que un problema económico no se soluciona creando otro “que compense”, sino arreglando la raíz del problema. Si fuéramos médicos y viéramos que el corazón (raíz del problema) del paciente no tiene suficiente fuerza para bombear sangre por todo el cuerpo, no cortaríamos las piernas para que no necesitara tanto riego sanguíneo (creación de problema que compensa), sino que intentaríamos reparar el corazón. Lo mismo pasa en economía. El problema actual es que el sistema financiero ha generado deudas gigantescas para crear instrumentos financieros que ahora tienen un valor dudoso y eso impide que la economía real tenga acceso a crédito para invertir y comprar. Eso no se soluciona dejando que el Gobierno genere todavía más deuda y gaste el dinero haciendo ferrocarriles, museos o parques. Se arregla yendo al corazón del sistema financiero, extirpando lo que está podrido y haciendo que la banca recupere la confianza en las empresas y viceversa.

Con eso no quiero decir que no se necesiten ferrocarriles, museos o parques. Lo que digo es que contratar a los parados de la banca para que construyan ferrocarriles no va a arreglar el problema de fondo que es la falta global de crédito.

La pregunta clave es: ¿por qué se aprueban, pues, planes de aumento extravagante del gasto en casi todos los países del mundo? Mi respuesta es bien sencilla: la clase política ha aprovechado el miedo que la crisis ha metido en el cuerpo del contribuyente para hacer su particular carta a los Reyes. Fíjense en que Obama ha querido que su plan fuera aprobado deprisa y corriendo: “Si no se aprueba esta semana -dijo-, va a haber una catástrofe económica”. No hay programa en el mundo que no pueda esperar una semana, por más que el nuevo mesías, Barack Obama, diga lo contrario. Eso sí, las prisas han conseguido que se aprobaran cientos de programas sin el necesario escrutinio público y han convertido la crisis en el paraíso de los chupópteros del dinero ajeno. En estos momentos de pánico en los que ha cuajado la idea de que cualquier tipo de gasto inútil sirve para salir de la recesión, los políticos aprovechan y hacen lo que toda la vida han querido hacer: gasto inútil.

XAVIER SALA I MARTÍN, Columbia University y Fundació Umbele.

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Zapatero proclama que no hará nada que rompa con los sindicatos, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 11 febrero, 2009

LA CRÓNICA

Debate sobre las actuaciones contra la crisis

El presidente del Gobierno explicó ayer con toda claridad en el Congreso de los Diputados cuál es su carta de navegación a la espera de que se haga un poco de luz en la oscuridad. La derrota de la nave gubernamental (derrota: rumbo o dirección de las embarcaciones) es la siguiente: evitar el choque con los peligrosos escollos sindicales y sortear con la máxima pericia el Cabo de Hornos de la huelga general. (Decisión que Rodríguez Zapatero comunicó así a sus colaboradores, hace unos meses: “¡A mí no me hacen una huelga general!”). La de ayer fue la séptima comparecencia parlamentaria del presidente para abordar la crisis económica.

Al menos en dos ocasiones, Zapatero dio a entender que no adoptará ninguna decisión que pueda chocar frontalmente con los sindicatos. Dentro de la concertación social, todo. Fuera de la concertación, nada. “El Gobierno impulsará y se someterá a los acuerdos alcanzados en el ámbito del diálogo social, lo que excluye cualquier decisión unilateral del Ejecutivo en el ámbito de las relaciones laborales”.

Era una respuesta directa del presidente a la reciente reclamación de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) de proceder al abaratamiento del despido, reforma estructural que, según criterio de la patronal, favorecería la contratación laboral. Era también una respuesta al signo implícito de la propuesta de Convergència i Unió – reiterada ayer por Josep Antoni Duran Lleida-de proceder a unos nuevos pactos de la Moncloa (los acuerdos que en 1977 salvaron a España de la suspensión de pagos). Aquellos pactos exigieron notables sacrificios salariales a los trabajadores en el marco de la Transición. Un nuevo pacto de Estado exigiría también sacrificios, aunque los partidos prefieren hablar hoy de reformas estructurales.

Zapatero, con todo, ha captado el nervio de la propuesta de Duran y ayer lanzó una nueva consiga, que tiene visos de haber sido concienzudamente bruñida por el gabinete monclovita. El presidente emplazó a todos a la “cooperación nacional”,enunciado de timbre sudamericano que fue proclamado con garbo, pero sin mayor precisión sobre su contenido, alcance y articulación. Suena bien. La Moncloa tiene así perfectamente enmarcado el discurso para las próximas dos semanas (el 1 de marzo se celebran elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco): garantía de protección a los desempleados (“Nadie se vaa quedar en la cuneta”); garantía de que nada sustantivo del actual ordenamiento laboral y social va a ser tocado sin el acuerdo de los sindicatos; reafirmación de que la crisis es un paréntesis que va a ser superado (aunque ayer Zapatero reconoció, quizá por primera vez, que hay serias dificultades para ver luz en el túnel); confianza en los efectos paliativos de las medidas adoptadas por el Gobierno (llamamiento a la paciencia, por tanto); promesa de un recorte de 1.500 millones en el gasto ordinario de la Administración central del Estado, recorte que, en palabras del presidente, se destinará a financiar las prestaciones por desempleo.

Mariano Rajoy respondió a Zapatero con mucho brío, lo cual constituye un hecho relevante si tenemos en cuenta el cafarnaúm en el que se halla el Partido Popular, principalmente en la región de Madrid. El jefe de la oposición acusó a Zapatero de “engañar a la sociedad española” (por negar la existencia de la crisis cuando esta despuntaba); de cargar todas las culpas al exterior (Zapatero habló ayer de la “codicia”); de recurrir de manera sistemática a las técnicas propagandísticas. Muy irritado por unas alusiones de Zapatero a la guerra de Iraq, Rajoy proclamó con total claridad que no está para grandes pactos, ni para grandes retóricas. “Yo no le voy a servir de coartada”.

Duran Lleida insistió en la propuesta de gran pacto de Estado contra la crisis (sin mencionar la Moncloa), propuso potenciar el ICO (al que tachó de ineficaz), pidió rebajar cotizaciones de la Seguridad Social, habló sin tapujos de las reformas estructurales, defendió sin ambajes la potenciación de la energía nuclear en España, y se erigió en paladín de los pequeños y medianos empresarios reunidos ayer en asamblea en Barcelona. Factura catalana. Josu Erkoreka, del PNV, estuvo grácil en las comparaciones. Primero presentó a Zapatero como un boxeador noqueado y después lo imaginó como una tortuga panza arriba en la playa de la Concha.

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Luto por un presidente, de David Gistau en El Mundo

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 11 febrero, 2009

BARRA BRAVA

Poco antes de la llegada de Cristina Kirchner a la Carrera de San Jerónimo, Mariano Rajoy se entretuvo con un par de periodistas en los pasillos del Congreso. Traía el iPhone en la mano, y cierta expresión de susto. Acababa de saltarle un SMS con la noticia de la detención en Francia de los etarras: «Pero es que cada vez que me llega un mensaje con la palabra ‘detenidos’, corro a ver a quién nos han imputado ahora…». No es mala terapia, la del humor, para aliviar los infortunios de un PP tan tocado que ya hay quien se refiere al partido como la Zona Cero.

El patio del Congreso estaba erizado de banderas albicelestes para honrar a la visitante/telonera. Por todas partes era posible escuchar la parla porteña y descubrir los rostros bronceados del verano austral. Kirchner, con el rostro neumático y muy consciente de sí, hizo una entrada comparable a la bajada de escaleras de Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses. Luego abrumó con un largo discurso, lleno de fatuidad adolescente y del populismo de camping-gas que caracteriza su versión del peronismo, en el que propuso derribar con boleadoras el trote maligno de la globalización con su perfidia capitalista. Antes, José Bono le dedicó un emotivo discurso sobre la hermandad de los dos pueblos, pero en el que, desde Borges a los futbolistas argentinos, no se dejó un tópico sin decir. Bueno, sí: faltaron las menciones a Gardel y el dulce de leche. Cada jota de Bono sonaba como una carrera en la media de Kirchner.

Y por fin, muy superada la hora taurina, comenzó el debate económico.Una amiga me hizo notar la tristeza indumentaria de Zapatero, como si portara luto por sí mismo o se le hubiera antojado que el país no está para corbatas de color chillón. Si el calamar suelta tinta para ocultarse, él largó números, una trinchera estadística inexpugnable. Pero apenas aportó medidas concretas, más allá del recorte de los 1.500 millones de euros ya propuesto por el PP en una enmienda a los presupuestos. Y, sobre todo, por el grosero intento de ganarse la voluntad de los millones de parados. Por una parte, cautivándoles con una retórica sentimental que evocaba la comprensión de los porvenires cercenados. Y, por otra, anunciando el aumento de los subsidios por desempleo. Esto permitiría después a Rosa Díez señalar que de la promesa electoral del pleno empleo se ha pasado a la de la plena cobertura, lo cual es un modo de reconocer que no hay soluciones para interrumpir la fabricación de parados a siete mil por día.

Rajoy estuvo enérgico y motivado como lo está a menudo entre las paredes del Parlamento, el escenario donde más cómodo se siente. Su bancada le arropó con entusiasmo, como si todo ellos, orador y diputados, necesitaran darse una tarde de gloria con la que compensar el granizo que les cae. Afeó la ambigüedad respecto del crash que Zapatero frecuentó durante la campaña, su canto falaz al mejor de los mundos posibles, y ajustó cuentas por todas las veces en que pronunciar la palabra crisis fue propio de apocalípticos y antipatriotas.

A las llamadas a la unión proclamadas por Zapatero, Rajoy respondió negándole complicidad con el desastre, como si el presidente del Gobierno fuera un montañero a punto de caer que pidiera voluntarios para atarse a su cuerda. Lo cierto es que, de las intervenciones de los demás portavoces, algunos muy vinculados al PSOE hasta hace poco, quedó un retrato deprimente del Gobierno: noqueado, escondido como el avestruz, superado, abrasado por el incendio, desorientado, y con un ministro de Economía que enviaría mensajes SOS en una botella para que alguien le saque de ahí.

© Mundinteractivos, S.A.

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Pelotón circular, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 11 febrero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

El mundo en llamas, la catástrofe (Josu Erkoreka utilizó esas metáforas, peligrosas viniendo del País Vasco) estaba en el aire y el pleno de la crisis empezó con un Zapatero sonriente a pesar de estar rodeado de millones de parados y un Rajoy con cara de ansiedad ratificando con gestos que él y su partido viven mal momento. Luego se vino arriba porque es un buen parlamentario.Pero en el Estado Mayor del PP no creen que esta escena de un ZP eximido y un Rajoy acorralado sea fortuita. Piensan que hay detrás un diseño inteligente. Si detrás del intento de devastar al partido de la oposición hay un sujeto inteligente, también lo puede haber dentro del mismo partido.

El presidente del Gobierno regó la tarde con una cascada de millones y proclamó ante la Santa Gadea de la cámara que sea cual sea el número de parados que tengamos mantendrá la cobertura de desempleo y las conquistas de los trabajadores. Estuve al lado de los débiles, que son ya la mayoría, en el maravilloso discurso de la bondad.Rajoy habló bien, pero todo el mundo sabía que recibía los aplausos de algunos de los que lo están desollando. Informó de lo malo que será el legado de Zapatero en las enciclopedias; predicaba un agorero que ni siquiera sabe si va a tener un rodal entre los profetas. Anunció algo que puede arder en la calle: el déficit de la Seguridad Social. Acusó a ZP una vez más de mentiroso: «Lo malo de mentir es que luego hay que sostener la farsa. Todas sus medidas son erráticas, actúa sin método, lo están poniendo todo mucho peor».

¿Pero qué pasaba detrás de las cortinas de San Jerónimo? Todo el mundo hablaba de la redada de Boadilla. El mismísimo Aznar, que se la tiene jurada al juez Garzón desde que lo quiso empapelar en la guerra de Irak, está a punto de intervenir. Los dirigentes de Génova se quejan de que los fiscales son la rehala del Gobierno en la cacería. Tal vez por eso escuché una jaculatoria que no esperaba: que vuelva Aznar. «¿Para quedarse?», pregunté. «Para poner orden», respondió alguien que fue del círculo de Aznar.

La brillante oratoria de Rajoy es inútil cuando el PP es una noche de San Valetín, de regiones y familias. El destacado aznarista que hablaba conmigo empleó la expresión «fusilamiento circular», que se utilizó en la campaña americana para describir las luchas internas cuando en el Grand Old Party se tiroteaban entre sí apuntando al corro.

El presidente ayer habló de la conjunción de intenciones, dijo que se contará con todos, pero eso es imposible cuando el aparato verbal de dos partidos se emplea para demoler al adversario.Rajoy contestó: «¿Ayuda? No es verdad que pida ayuda, lo que pide es complicidad con una política que ya ha demostrado sus ruinosas consecuencias».

© Mundinteractivos, S.A.

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Eluana: derechos frente a despotismo, de Margarita Boladeras en El País

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política, Sanidad by reggio on 11 febrero, 2009

Berlusconi y la Iglesia se han aliado para violar tanto los deseos de una paciente y su familia como las decisiones de los tribunales italianos. Querían mantener indefinidamente un estado vegetativo irreversible

El día 9 de febrero, a las 20.10 horas, murió en la clínica La Quiete, de Udine, Eluana Englaro, la italiana de 38 años que estaba en estado vegetativo irreversible desde 1992, cuando sufrió un accidente de tráfico. Esta dramática situación ha llegado al extremo de la mayor injusticia y crueldad por la actuación de algunos médicos y fiscales, así como por un Gobierno que ha desafiado los derechos de los ciudadanos y las sentencias judiciales, para proclamarse protector de los dogmas de una Iglesia, hasta el punto de intentar legislar de forma inconstitucional. El pulso entre el Gobierno italiano y los jueces ha alcanzado niveles tan grotescos como dolorosos para la sociedad de aquel país.

Durante los últimos 11 años, el padre de Eluana venía reclamando el derecho de su hija a rechazar un tratamiento médico que no podía aportar ninguna mejora y que era fútil. En estas situaciones aparece el poder actual de la medicina y sus flaquezas: puede mantener la vida vegetativa de una persona durante años, algo impensable en otras épocas, pero es incapaz de restablecer la vida psíquica y personal, y algunos grupos confesionales se resisten a admitir que la obstinación terapéutica es mala praxis médica.

Ella no podía hablar, pero su familia sabía que no hubiera querido permanecer en esta situación. Como tutor, el padre podía reivindicar la voluntad de Eluana y tomar la decisión de interrumpir la hidratación y la alimentación artificial, pero las denuncias de médicos y fiscales lo impidieron. Once años de pleitos y debate público; todo lo contrario del respeto a la intimidad y a la autonomía personal.

Por fin, en 2007, los jueces determinaron que Beppino Englaro, como tutor, tenía el derecho de aceptar o rechazar los tratamientos propuestos, a pesar de que “actualmente hay una carencia legislativa que proporcione las indicaciones en casos de petición de suspensión de tratamientos médicos por parte de los tutores de personas en coma y sin esperanzas de mejoría” (Tribunal de Apelación de Milán). En 2008, la Audiencia de Milán falló a favor de la interrupción de la hidratación y la alimentación artificial.

Cuando parecía que se habían aclarado las cuestiones fundamentales del caso, es decir, que, por el principio ético y constitucional de respeto a su autonomía y a su dignidad, toda persona tiene el derecho de aceptar o rechazar los tratamientos médicos que se le proponen -por sí misma si es capaz y, si no lo es, a través de su representante legal-, la fiscalía de nuevo recurrió la sentencia porque consideraba que no se había comprobado con suficiente objetividad la irreversibilidad del estado vegetativo persistente. En noviembre de 2008, el Tribunal Supremo italiano zanjó esta cuestión, amparando la petición de la familia Englaro.

En lugar de permitir un desenlace discreto, respetando la intimidad y el dolor de estas personas, una vez más los políticos de la derecha manipuladora y despótica entraron a saco, instrumentalizando el caso y masacrando los sentimientos y las convicciones más personales de la familia Englaro y de todos los que piensan como ellos, en aras de la defensa de una forma de entender la vida que no tiene respaldo constitucional ni ético racional. Han llegado a prohibir las actuaciones autorizadas por los jueces en los centros sanitarios públicos y a amenazar a los posibles colaboradores. Muchos hemos contemplado estupefactos, indignados y tristes cómo se tergiversan los hechos y los argumentos para imponer el control del Gobierno sobre el dominio de la vida y de la muerte, en contra de los derechos ciudadanos.

El punto culminante de las medidas del Gobierno de Berlusconi ha sido su intento de promulgar una ley para prohibir la muerte de Eluana, y ello no ha creado más que confusión, crispación y temor. ¡Hasta el presidente de la República Italiana la ha calificado de inconstitucional! No podía ser de otra manera, pues la judicatura había aclarado suficientemente las cuestiones de principios fundamentales. Giorgio Napolitano ha declarado: “El monopolio de la solidaridad y la autoridad moral no es patrimonio de nadie. Tampoco el fin de la vida”.

Esta apuesta tan decidida del Gobierno italiano de Berlusconi indica la dureza que están dispuestos a emplear los que se oponen a la ética racional. Hace siglos que el poder político y el dogma religioso se apoyan para tener el dominio de la vida y la muerte de las personas. Dicen que defienden la vida humana, pero no respetan los derechos humanos ni la legislación europea sobre el derecho a la autonomía del paciente y el consentimiento informado.

El señor Englaro ha manifestado: “Espero que su historia sirva para que la gente entienda que la medicina debe pensar mil veces antes de crear situaciones que no existen en la naturaleza. Eso es de locos. La vida es vida, la muerte es muerte. Blanco o negro. Las personas vivas son capaces de entender y decidir por sí mismas. Yo he pedido por caridad que dejen morir a mi hija Eluana. La condena a vivir sin límites es peor que la condena a muerte. En la familia, los tres habíamos dejado clara nuestra posición. Lo hablamos muchas veces. Vida, muerte, libertad, dignidad. Somos tres purasangre de la libertad. No necesitamos escuchar letanías. Ni culturales, ni religiosas, ni políticas”.

Esta libertad que reclama la familia Englaro es lo que el actual Gobierno paternalista y demagógico de Italia no está dispuesto a tolerar. Quiere mantener la vida vegetativa irreversible pero no respeta la integridad de la vida física, psíquica y moral, ni la dignidad de cada persona de acuerdo con sus convicciones.

¿Cuántos años necesitará Italia para tener una legislación acorde con los derechos fundamentales de las personas en este ámbito, que impida las intromisiones partidistas y sectarias?

En España la situación es clara para los casos de interrupción del tratamiento médico. La Ley 41/2002, de 14 de noviembre, Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente, reconoce el derecho de los pacientes y de sus tutores a solicitar la interrupción de un tratamiento médico. Inmaculada Echevarría, de Granada, se acogió a esta norma; el dictamen que elaboró la Comisión Permanente del Consejo Consultivo de Andalucía reconoció que “el ordenamiento aplicable permite que cualquier paciente que padezca una enfermedad irreversible y mortal pueda tomar una decisión como la que ha adoptado doña I. E. […] Se trata de una petición amparada por el derecho a rehusar el tratamiento y su derecho a vivir dignamente”. El fin de Inmaculada, igual que el de Eluana, no debe calificarse de eutanasia, sino de suspensión de un tratamiento médico.

Con todo, nuestro país también ha sufrido la irresponsabilidad política en casos tan graves como el de Leganés, que ha tenido consecuencias negativas en la administración de la sedación terminal a los enfermos y en la seguridad de los profesionales que deben tratarlos.

Queda mucho trabajo que hacer para lograr claridad de ideas en todos los que tienen responsabilidades en estas cuestiones y en las personas en general. El debate público es importante y debería ayudarnos a superar la manipulación que algunos sectores pretenden. La preservación del verdadero sentido de la vida y de la dignidad humanas dependen de ello, así como la evitación de mucho sufrimiento innecesario.

Margarita Boladeras es catedrática de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Barcelona. Su último libro publicado es El derecho a no sufrir (Los Libros del Lince).

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Los inmigrantes, de Jordi Soler en El País de Cataluña

Posted in Derechos, Laboral by reggio on 11 febrero, 2009

El 43,4% de los catalanes piensa que la inmigración extranjera es perjudicial para Cataluña. El Centro de Estudios de Opinión (CEO) reveló este dato contundente en un sondeo sobre la percepción de las políticas públicas del Gobierno catalán, y también señaló que el 30% piensa que esta inmigración es favorable para la sociedad. Además, el 22% se sitúa en el punto medio y considera que no es ni beneficiosa ni perjudicial. En estos tiempos de crisis, económica y emocional, que corren, el 43,4% es una cifra alarmante porque si casi la mitad de los catalanes ve con malos ojos a los inmigrantes, no es difícil que, ahora que el trabajo escasea, dejemos entrar esa idea, que ya sacude a los ingleses, de que cuando el trabajo es poco hay que dárselo al que ha nacido aquí, y no al que ha venido de otro país. Este nacionalismo laboral, que por simplón suele tener mucho éxito, es una contradicción en el mundo globalizado donde un gran porcentaje de las empresas que hay en un país también han inmigrado de otros países. En Estados Unidos, donde la inmigración masiva es un tema añejo, se ha llegado a la conclusión de que el país se colapsaría si sus inmigrantes más denostados (mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, etcétera) regresaran a sus países. Ignoro si ese 43,4% habrá pensado en lo que pasaría aquí si, de un día para otro, desaparece esa población “perjudicial para Cataluña”; por otra parte, es verdad que el recelo contra el otro, contra el que es distinto y viene de otra parte, no suele llevar mucha reflexión previa porque, si la hubiera, se llegaría pronto a la conclusión de que un país sin extranjeros, donde haya exclusivamente nativos, sería un sitio claustrofóbico y, sobre todo, de otro tiempo, sería un país inviable en el mundo globalizado, desenchufado del pulso planetario y condenado al fracaso. También hay que pensar en que nadie emigra por gusto, a nadie le gusta el proyecto de dejar a su familia, su casa y su país para ir a buscarse muy lejos la vida; emigrar no es fácil, y menos si en el país al que llegas el 43,4% te considera un elemento “perjudicial”; además, como ha quedado demostrado durante décadas en Estados Unidos, a los inmigrantes no hay dios que los detenga, de poco sirven los controles y las vallas fronterizas, se trata de gente desesperada que trata de sobrevivir y esta fuerza, esa furia, es literalmente incontenible. La inmigración en Cataluña, en España y en Europa en general, no es un tema sobre el que pueda decidirse, se puede estar a favor o en contra, pero los inmigrantes ya están aquí, son parte indisociable del país, han llegado para quedarse y el fenómeno, guste o desagrade, es irreversible. Este asunto de los que emigran en el mundo globalizado me recuerda siempre, por contraste, al actor bosquimano N’xau, un hombre que se negaba sistemáticamente a emigrar de Tsumeke, la apacible aldea africana donde vivía. N’xau era el actor bosquimano que se encuentra una botella de Coca-Cola, en el desierto de Kalahari, que sirve de pie argumental para la película Los Dioses deben estar locos (Jaime Uys, 1980). El verdadero oficio de N’xau era el de pastor; antes y después de la película lo que hacía este hombre era cuidar un rebaño de chivas; es decir, que mientras su público ovacionaba sus gracejos en Nueva York, Hong Kong, Oslo o Barcelona, el actor pastor, envuelto en una polvareda salpicada de balidos y clan clans de campana, arreaba una docena de chivas en las afueras de Tsumeke. Unos años después de aquella película que lo lanzó al estrellato, un escuadrón de productores orientales, con lujo de jet, irrumpió en la apacible Tsumke para llevarse al actor pastor a Hong Kong, donde lo esperaban algunos filmes de acción que, supongo, tenían buenas dosis de karate y patadas voladoras. Después de estos filmes regresó a su antiguo oficio de cuidar chivas, a la apacible Tsumke, que, como parte de Namibia, se independizaría de Suráfrica en 1990. Éste es un dato que debe añadirse a la inconveniencia mediática que lo rodeó siempre: no solamente era un actor remoto, que no hablaba ninguna lengua occidental y que, consecuentemente, no daba entrevistas ni juego al mundillo del cine, sino que, además, su periodo de estrella había quedado cifrado antes de la independencia de Namibia, en el pasado histórico de un país de por sí poco conocido. Ignoro si N’xau era una celebridad en la apacible Tsumeke, donde probablemente no hay cine ni máquinas de DVD ni, me parece, luz eléctrica. La noticia de la muerte del actor pastor nos llegó, desde la apacible Tsumke, con 15 días de retraso, hace apenas un lustro. Se cree que al morir tenía 59 años y se sabe que el dinero que le dejó su trabajo en el cine era un montón de billetes que carecían de valor y significado en su aldea y que, un buen día, harto del espacio que ocupaban, dejó un montón de dólares fuera de su casa para que se los llevara el viento.

Jordi Soler es escritor.

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La utopia como necesidad, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 11 febrero, 2009

El ojo del tigre

Por segunda vez, a lo largo de su dilatada militancia partidista, José Ramón Herrero Merediz vuelve a la carga -esta vez en solitario- contra el burocratismo del aparato orgánico del partido que, hasta hace tan solo unos días, era su refugio ideológico: el PS(O)E, en Gijón. La primera, y la más sonada, tuvo lugar en Perlora a finales del mes de marzo del año 1978, con ocasión de celebrarse la III Conferencia Regional del PCE -en el que militaba desde 1958-, en donde se planteó un duro debate a propósito del programa Proyectos de propuestas políticas y de estatutos al IX Congreso del Partido Comunista de España, el primero que se celebraba desde 1932 en la legalidad española; año en el que tuvo lugar en este país el IV Congreso de los comunistas españoles.

Si en 1978, Merediz cargó contra los métodos orgánicos que utilizaban los dirigentes de su partido de entonces, originando el principio de lo que acabaría siendo el más grave descalabro político sufrido por el PCE en Asturias, que determinó su actual situación, ahora Herrero Merediz plantea de nuevo sus discrepancias por el recorte de las libertades democráticas que, según él, se produce en el seno de la agrupación socialdemócrata gijonesa. Hace treinta años, con sus discrepancias provocó la explosión de aquella histórica tercera conferencia de los comunistas, porque -como diría en aquellos momentos- “la línea del Partido (con mayúsculas) es democrática; no lo es, en cambio, ni su aparato político ni sus métodos…”

Le reprochaba al aparato del PCE el hecho de haberse enterado, leyendo los periódicos, de que se había decidido abandonar el marxismo-leninismo sin contar con la opinión de las bases. Este sonado suceso, ocurrido en Perlora, aún no ha sido analizado con la serenidad y el rigor políticos que el asunto merece; sobre todo, por las consecuencias tan negativas que tuvo para el PCE. Un partido imprescindible para la lucha antifranquista, pero molesto y no deseado después de coronar -y nunca mejor dicho- la Transición…

Herrero Merediz insiste de nuevo en la necesidad de democratizar la vida interna en los partidos -esta vez, en el PS(O)E- y carga, otra vez, contra el burocratismo que, por lo visto, se ha adueñado del citado partido. Si, cuando ocurrió lo de Perlora, Merediz era un joven y apasionado comunista, ahora, cuando está a punto de finalizar la séptima década de su edad, lo que sus dirigentes esperaban de él era que su histórica rebeldía hubiera varado apaciblemente en los bajíos de la tercera edad -qué eufemismo tan cínico…!-; con lo cual, este singular personaje de la izquierda asturiana habría entrado en la fase de un conformismo acomodaticio, alejado de cualquier tentación de rebeldía crítica y, sobre todo, de la contestación orgánica. Dicho de otra manera: Herrero Merediz se habría instalado cómodamente en el limbo ideológico.

Afortunadamente para él, y para la democracia, no ocurre así. Este veterano y curtido político, que se inició durante la lucha antifranquista en los largos y plomizos años de la dictadura, demuestra -al menos, lo intenta- que aún conserva intacta su lealtad a la utopía.

Desde que este país asumió -inducido por los grupos de oposición al franquismo nacionales y por los lobbies del capitalismo internacionales…- los principios de la democracia que le garantizan al ciudadano sus derechos a usufructar las libertades universales, se ha producido un curioso fenómeno de involución social y política: los intereses partidistas han devorado tales derechos para, seguidamente, sustituirlos por los intereses de las oligarquías que controlan orgánicamente a los partidos y, a través de estos, monopolizar el gobierno del sistema. La prometida democracia de las libertades ha desembocado en la inflexible partitocracia que domina a la actual sociedad española.

Cuando Herrero Merediz exige la democratización interna en su partido, está planteando una hermosa utopía política -e ideológica-; es decir, pide respeto para la democracia de las mayorías mientras rechaza el poder de las minorías caciquiles. A las cuales, solo les importa una democracia basada en el mandato imperativo y en la disciplina de voto. En resumen: imponen el modelo político de la dictadura de las oligarquías de los partidos. Pero no solo a quienes son sus militantes, sino que pretenden imponérsela al resto de la sociedad civil.

Este veterano político, comprometido desde hace más de medio siglo con los derechos democráticos, y con las luchas para conservarlos, tiene el valor de demostrar que, a pesar de los años, de los desengaños y de estar de vuelta de (casi) todo, merece la pena seguir combatiendo para que ese idealismo utópico sea una realidad, no solo rotunda y habitual, sino también absolutamente necesaria para seguir confiando en que la democracia pluralista es el quid de la civilización social y política.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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La usura pasa de los bancos al gobierno, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 11 febrero, 2009

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Seleccionado por Colbenson

Ayer la prensa española recogía dos artículos extraordinarios cuya lectura encarecidamente les recomiendo. El primero de ellos lo firma Valentí Puig en ABC, un articulista que he descubierto recientemente y que he de reconocer que me encanta. No sé si porque soy de fácil contentar, que todo puede ser. El titular era demasiado tentador como para no sumergirse en su lectura: Los jóvenes y la nueva frugalidad. Les adjunto el enlace. Habla de la excesiva protección de los jóvenes, de su tendencia consentida a prolongar su adolescencia, de su conciencia de derechos pero no de deberes y del choque que la crisis actual va a suponer sobre su concepción de la vida al descubrir, en muchos casos, la necesidad del esfuerzo (que él asocia de modo reduccionista con la movilidad laboral) y la frugalidad. No les digo más.

El otro, que va ser materia del Valor Añadido de hoy, lo firma el antiguo presidente de la SEPI, Ignacio Ruiz-Jarabo, en Cinco Días. Mal titulado, en mi opinión, Solbes y la usura, se hace eco de una más de las contradicciones en las que incurre el Gobierno actual que no duda en poner en el punto de mira a la banca comercial privada, a la vez que adopta medidas próximas a la usura cuando de cobrar intereses sobre los pagos aplazados a la Hacienda Pública se trata. Una opción que la crisis de liquidez por la que atraviesan numerosas firmas en nuestro país ha hecho cada vez más corriente. La pieza está muy bien escrita, con una adecuada estructura de presentación, nudo y desenlace, datos contrastables y conclusiones fáciles de comprender. Aunque les añado igualmente el link, no me resisto a cascárselo en su integridad. Ya saben que este blog es de todos ustedes, primero, y de todos los que tengan algo que aportar diferencial después. Ruiz-Jarabo cumple hoy con ambos requisitos. Les dejo con él.

“Una de las cuestiones que polariza el debate social en las últimas semanas es la conducta de las entidades bancarias. La prolongación de su brutal restricción a la concesión de créditos tras haber sido destinatarias de un importante volumen de recursos públicos mantiene viva la llama de la discusión.

El tiempo dará ocasión de comprobar si la paciencia del Gobierno y del Partido Socialista es agotable -según manifestó Miguel Sebastián- o si, por el contrario, es infinita -tal y como le contradijo José Blanco-. Entretanto, tiene interés analizar la propia conducta seguida por el Ministerio que dirige Pedro Solbes respecto a los contribuyentes que mantienen deudas aplazadas con la Agencia Tributaria.

Al respecto debe señalarse que, a la espera de los datos oficiales correspondientes a 2008, el número de aplazamientos de deuda concedidos anualmente por la citada entidad supera los 300.000, mientras que el importe que resulta aplazado cada año excede de 1.700 millones de euros. Ambas cifras determinan la importancia relativa de la cuestión aludida.

Recordemos que el coste financiero para el contribuyente de las deudas tributarias aplazadas -ingreso para la Agencia Tributaria y para el Estado- lo constituye el interés de demora. Éste es fijado anualmente en la ley de presupuestos de cada ejercicio y, una vez determinado, el tipo de interés establecido se aplica tanto a los aplazamientos concedidos en dicho año como a los que provienen de ejercicios anteriores. En definitiva, se trata de créditos a interés variable, con la peculiaridad de que éste es modificado unilateralmente por el acreedor.

Una situación como la descrita exige que en la utilización de su prerrogativa el acreedor mantenga una pauta de conducta estable y razonable. Y así ha venido sucediendo con el interés de demora que, año tras año, era fijado en la correspondiente ley presupuestaria con un cierto diferencial por encima de los tipos de mercado.

Veamos lo ocurrido en el pasado reciente. En 2006, el interés de demora fue el 5%, mientras que en dicho ejercicio la media anual del euríbor a 12 meses fue el 3,44%, por lo que el deudor de la Agencia Tributaria soportó un sobrecoste financiero de un 45%. En 2007, el interés de demora fue el 6,25%, lo que, dado que el promedio del euríbor fue del 4,45%, situó el diferencial entre uno y otro en el 40%. Finalmente, durante el pasado año, se aplicó a las deudas tributarias un 7% de interés, en tanto que la media del euríbor a un año fue el 4,8%, lo que determinó que el primero excediera al segundo en un 45%.

Como se puede observar, venía existiendo una notable estabilidad en el diferencial existente entre el interés de demora y los de mercado -45% en 2006, 40% en 2007, 45% en 2008-. De ese modo, el contribuyente que solicitaba aplazar su deuda tributaria con la Agencia Tributaria era consciente de la dimensión del sobrecoste que dicho aplazamiento le suponía.

Sin embargo, el escenario ha sido unilateral y radicalmente alterado por parte del acreedor. En efecto, pese a que durante el segundo semestre de 2008 se produjo un importante descenso de los tipos del mercado, el Ministerio de Hacienda mantuvo en la Ley de Presupuestos para 2009 un interés de demora del 7%. El resultado en lo que va de año no puede resultar más desequilibrado, dado que como el euríbor medio ha sido de un 2,6%, el diferencial de tipos a favor de la Agencia Tributaria está siendo de ¡un 167%!, cuadruplicando los respectivos diferenciales de los tres últimos ejercicios. Y evidentemente, este encarecimiento relativo de los créditos concedidos por la Agencia Tributaria, además de encarecer sobremanera los nuevos aplazamientos, ha sorprendido la buena fe de aquellos contribuyentes que aceptaron las condiciones de aplazamiento en años anteriores”.

Sin duda, la conducta del Ministerio de Hacienda incurre técnicamente en la usura, según la definición del término dada por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española -‘interés excesivo en un préstamo’-, a la vez que convierte a la Agencia Tributaria en usurera -quien ‘presta con interés excesivo’-.

Convengamos que la conducta analizada no puede ser valorada sino negativamente. En clave económica, porque no tiene sentido exprimir tan ferozmente a los ciudadanos que mantienen deudas con la Agencia Tributaria en época de crisis y de credit crunch. Desde un prisma moral o ético, porque resulta notoriamente reprobable el enriquecimiento injusto del Estado a costa de sus deudores. Y desde la perspectiva de la coherencia, porque no es defendible la presión del Gobierno sobre la banca -sea con paciencia finita o infinita-, si no se predica con el ejemplo de un trato razonable a sus propios deudores. Por todo ello, la urgente modificación legal del interés de demora es conveniente, necesaria y, por tanto, también exigible”.

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Responsabilidad de la banca, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 11 febrero, 2009

Una de las verdades que están quedando meridianamente claras en esta crisis es la importancia que la banca tiene en la marcha de la economía. Es una realidad que deberíamos conocer desde antiguo; sin embargo, parece que la teníamos bastante olvidada y, aferrados al tópico de la mayor eficacia de lo privado y a la desconfianza de la política, habíamos abandonado un sector estratégico y vital para el interés nacional a su propia dinámica.

El sector financiero no sólo se encuentra en el origen de la crisis, sino que se está revelando como uno de los mayores obstáculos a la hora de vislumbrar la salida. En estos momentos, en España -pero también en Europa- asistimos perplejos a una polémica que tendría el carácter de sainete, si no fuese porque entran en juego factores fundamentales para la sociedad. El Gobierno acusa a la banca de no dar créditos y las entidades financieras se defienden afirmando que no hay demanda, al menos solvente; afirman que en una economía en retroceso y ante las dificultades por las que están pasando las empresas sería una enorme irresponsabilidad incrementar la concesión de créditos. Pero lo cierto es que precisamente en estas circunstancias es cuando se precisa que la oferta de crédito sea mayor; de lo contrario, las dificultades de muchas de empresas aumentarán y se multiplicarán las quiebras.

Por otro lado, hay comportamientos de las entidades financieras que cuadran mal con esa imagen benéfica que pretenden ofrecernos. Hasta cierto punto, podría parecer lógico el endurecimiento de las condiciones referentes a la solvencia, corrigiendo así la alegre barra libre del pasado, pero lo que resulta difícil de justificar es el endurecimiento del precio. Y no me refiero, por supuesto, al tipo del euribor, que viene dado en parte por el BCE y en parte por los mercados financieros, me refiero al diferencial que aplican. ¿Por qué tiene que ser ahora mayor que en los años anteriores? La única explicación posible se encuentra en su afán de lucro y en su intento de compensar vía precio la reducción en el volumen de negocio. ¿Es lógico que mientras toda la sociedad está sufriendo de una u otra manera el impacto de la crisis y computa pérdidas, ellas continúen manteniendo fabulosos beneficios?

Un argumento que hábilmente han venido barajando estos días desde la AEB es que las dificultades presentes de las empresas y de las familias provienen de las deudas que han contraído en la década pasada: el endeudamiento no es de los bancos, sino de la economía nacional. Cierto, pero ¿las entidades financieras no han tenido nada que ver en esta situación? Porque si hay que buscar culpables, ellas serían las primeras después de los respectivos gobiernos. Ellas han sido en buena medida las propulsoras en los años anteriores de la burbuja inmobiliaria y de consumo. La enorme deuda exterior que ahora poseen es sólo la contrapartida de la alegría pasada en la concesión de créditos en el interior.

Dos son los factores que propiciaron la conducta irresponsable de la banca en la precedente etapa. Por una parte, trasladaron el riesgo a los clientes mediante el sistema de interés variable, originando en ellos un cierto espejismo acerca de los créditos que podían asumir. Por otra parte, el euro les ha permitido financiarse fácilmente en el exterior eludiendo el riesgo de tipo de cambio. En ningún momento pensaron que la situación creada era insostenible y que, por fuerza, las circunstancias tenían que acabar cambiando. ¿Son conscientes los bancos del peligro que hoy amenaza a la economía española? ¿Suponen que si las cosas empeoran no les va a afectar, o es que acaso creen que una vez más les va a salvar papá Estado? ¿Qué ocurriría con las entidades financieras si nos viésemos obligados a salirnos del euro y a devaluar la peseta a continuación?

En este asunto, al igual que en otras muchas facetas de la economía, se rompe el axioma mantenido por el liberalismo económico de que lo que es bueno para una empresa o entidad financiera lo es para el conjunto de la economía nacional. Para un banco concreto, su óptimo aparente desde el punto de vista de la rentabilidad puede consistir en adoptar una postura conservadora y reservona, pero, extrapolada a todas las entidades financieras, puede conducir al desastre de la economía y de la propia banca, al producir nuevas quiebras e impagados.

Tal vez a los bancos no se le puede pedir que dejen de ser bancos; está en su naturaleza, como en el cuento del alacrán, pero al Gobierno sí se le puede pedir que sea gobierno y adopte las medidas oportunas.

www.telefonica.net/web2/martin-seco

CGPJ metajurídico, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Justicia, Laboral by reggio on 11 febrero, 2009

No es consejo lo que manda, no es general lo que particulariza, no es poder lo que obedece, no es judicial lo que normativiza. El Consejo General del Poder Judicial, obedeciendo al Ministro de Justicia, y decretando que no hay particular derecho de huelga para jueces y magistrados, les manda que acudan a sus puestos de trabajo el día 18 próximo. La unanimidad de sus vocales traduce la unanimidad de los partidos estatales que los nombraron. La prohibición de la huelga, sin estar expresamente prohibida en la CE ni en la ley Orgánica, vulnera un principio general del mundo jurídico. La decisión de “no tener por anunciada la convocatoria de huelga”, vulnera el principio de la irretroactividad del mundo físico. La dicción de que no hay “cobertura legal para el ejercicio del derecho de huelga por parte de los jueces”, y de que “rechaza el ejercicio del derecho de huelga de los jueces en este país porque no hay base normativa para el desarrollo de este ejercicio”, al independizar el derecho respecto de la cobertura legal o base normativa de su ejercicio, vulnera el principio de no contradicción en el mundo lógico. La distinción entre ejercicio del derecho y desarrollo de este ejercicio vulnera el principio de identidad del ser en el mundo ontológico. Con esas cuatro vulneraciones, el CGPJ se yergue sobre normas naturales, humanas, divinas y gramaticales, para mantenerse agachado, a cuatro patas, bajo la anomia del gobierno de “este país”, que no osa llamar España.

Una veintena de vocales entiende la Ley, en materia de huelga de jueces, de modo opuesto a como la interpretan cuatro mil titulares de Juzgados y Tribunales, representados en veintiuna asambleas y en las asociaciones profesionales, pues la diferencia entre ellas no afecta al derecho de huelga, que todas reconocen, sino al día en que debe ejercitarse en concreto. Si el CGPJ creyera de verdad que él tiene la razón legal, contra cuatro mil juzgadores equivocados, que no saben verla ni encontrarla, lo congruente sería suspenderles del ejercicio de la carrera judicial, aunque siguieran con derecho a ella, tal como hace con el derecho de huelga, y sustituirlos en dicho ejercicio, aunque no en la carrera, con cuatro mil parados, cuya posibilidad no fue excluida por el Presidente del Gobierno en su famosa respuesta a la camionera, Sra. Alba. Y para colmo de tal simulacro de autoridad, la desobediencia a esta prohibición no es sancionable, o sea, no es prohibición. El art. 419.4 de la LOPJ considera falta leve la ausencia injustificada y continuada a la sede del órgano judicial por más de un día natural. El paro del 18-F ni siquiera sería falta leve.

florilegio

“Mejor tener a un dictador por amo que a cualquier autoridad subordinada.”

Irán, perseguido por su pasado, de Robert Fisk en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 11 febrero, 2009

Todas las revoluciones, supongo, tienen un símbolo. En El Jardín de los Cerezos de Chejov, es el sonido de las cadenas que se golpean, como el de un balde en una mina. En Francia fueron los “sans culottes”. Quizás en Irán fue el descubrimiento que un colega mío estadounidense hizo cuando se aventuró a la frontera iraní-soviética. Descubrió que uno de los viejos puestos de escuchas estadounidenses estaba todavía operando, con cansados iraníes revolucionarios aún mirando con desgano las brillantes escenas, rastreando aviones dentro del espacio soviético. ¿Por qué estaban todavía operando estas bases de Estados Unidos? El problema era simple: los iraníes no sabían cómo apagarlos.

Para mí las revoluciones tienen que tener trenes –recuerdo el gran tren de Strelnikov en Dr. Zhivago– y los enormes trenes postrevolucionarios de Irán, con 20 o 39 vagones y las ventanas destrozadas que salían de Teherán, llevándome en viajes por el país. Llegamos a la estación Qom para encontrar una multitud en camino a un juzgado revolucionario, donde un joven oficial del ejército del sha estaba luchando por su vida, acusado de matar a manifestantes anti sha. Todavía recuerdo su nombre –Rustoni– y a su hermano llorando, rogándome para que interviniera. ¿Qué podía hacer yo? La multitud le aullaba, la misma muchedumbre, supongo, que se burlaba de los aristócratas en París cuando se enfrentaban a la guillotina.

No había mucha misericordia en la revolución iraní: lo único que hacían los juzgados era sentenciar a muerte. Pero tampoco hubo mucha misericordia antes de la revolución, cuando la guardia imperial del sha, la Javidan, o “inmortales” masacraban a las multitudes. Recuerdo otra corte en Teherán, donde un hombre le gritaba a un torturador del conocido servicio de seguridad Savak: “Mataste a mi hija. Le quemaron todo el cuerpo hasta que quedó paralizada. La asaron”. Y el torturador miró al desolado hombre y dijo: “Tu hija se colgó a los siete meses de estar en la cárcel”.

Los asesinos tenían pocos secretos para nosotros –su amigable relación, por ejemplo, con los agentes británicos y su contraparte Savak–. Era fácil escuchar la maldad. En realidad, había una máscara que se podía comprar por unos pocos riyales, una versión grotesca del rostro del sha con cuernos. En el momento que me la puse, una multitud de iraníes comenzaron a gritarme. Así que me la saqué.

Es fácil olvidar que el show más largo en la ciudad no eran los juicios y su brutal resultado –los hombres condenados aparecían en las primeras páginas al día siguiente en sus momentos finales– sino la toma de la embajada de Estados Unidos por los “Estudiantes que seguían la Línea del Imán”. Lo destruyó a Jimmy Carter, todos sus 444 días, y es notable, al mirar hacia atrás, ver cómo Carter, el sabio viejo pacifista de Medio Oriente hoy, simplemente no comprendía lo que había sucedido en Irán. ¿Cómo pudo aceptar al sha en Estados Unidos el catalizador para el saqueo de la embajada? Fue Henry Kissinger, por supuesto, siempre la eminencia gris.

Los estudiantes se pasaron años pegando la destruida información diplomática de EE.UU. e incriminando a los funcionarios iraníes pasados y presentes por sus contactos con la CIA. Conducidos por una mujer, otros equipos trabajaron como tejedores de alfombras, volviendo a la vida todo el corrupto imperio del Rey de Reyes. Anduve por sus bibliotecas; volúmenes encuadernados de Voltaire, Verlaine, Flaubert, Plutarco, Goebbels, Shakespeare, Charles de Gaulle, Churchill y Coleridge. Mi Pueblo de Abba Eban estaba dedicado por el autor a “Su Majestad Imperial, el Sha de Shas”.

Lo grandioso le sentaba bien. Montó un lastimoso rodeo en Persépolis para honrar a sus antepasados –la dinastía Pahlevi fue introducida en realidad como un proyecto colonial británico– al que asistió la gran y la buena princesa Ana. Hasta encontré el baño del sha, con sus canillas de oro, lo que indignaba a los millones de pobres en una nación que el mismo ayatola Ruholá Jomeini describió como una “pocilga”.

Y sí, por supuesto, era a ese otro hombre al que mirábamos. Cuando hablaba, el ayatola solía mirar hacia una pequeña emanación de luz en el suelo, como si representara algo sagrado. No Robespierre, no Trotsky. Esto era un asunto serio, la primera revolución islámica de nuestro tiempo, en la que el líder se proclamaba a sí mismo líder supremo y árbitro de todas las preocupaciones de la revolución. Mientras él permanecía igual, la revolución que él creo continuó hasta convertirse en una extraña criatura, brutal e ingenua a la vez, provocativa y peligrosa. Cuando fue invadida por nuestro buen amigo Saddam Hussein, envió a cientos de miles de sus hombres jóvenes a la muerte.

Una marea carmesí desbordaba la fuente en el gran cementerio de Behesht Zahra –cerca de donde yace el mismo gran hombre– y adonde más tarde veríamos venir cadáveres de a cientos. Creo que la guerra de ocho años entre Irán e Irak fue la prueba final de la revolución. Irán no se cayó a pedazos, como esperaba Estados Unidos, sino que entró en una suerte de estancamiento, un tipo de infantilismo del que nunca despertó. Era un gobierno para y por los muertos. Irán se había convertido en una necrocracia.

Hubo muchos que vieron lo que sucedía. El ayatola Talghani, por ejemplo, era muy crítico de la autoteocracia de Jomeini, sosteniendo que hasta los socialistas habían tenido mártires en la revolución, que ellos también deberían ser adoptados por los hijos de la revolución. Pero no debía ser. Cuando Mahammad Jatami, un hombre civil genuinamente bueno, trató de cambiar el legado del ahora muerto Jomeini, fue derrotado porque no dejaba que sus partidarios murieran en las calles de Teherán. De manera que esta semana es su sucesor, Mahmud Ahmadinejad, con su amor por todas las cosas nucleares –o quizá no, ya lo veremos– el que representa a esta gran nación, un niño más que un titán aferrado al poder, hablando sin cesar en “conferencias” del Holocausto y hablando de trivialidades con niños.

La verdadera prueba para Irán, por supuesto, es cómo sale a flote de este fantasmal germen. No es que los sacerdotes sean tontos –ése fue el error que cometió Carter– sino que para dirigir una nación moderna y poderosa se necesita más que un título en jurisprudencia islámica. En relaciones exteriores es donde siempre fracasó la revolución iraní. Permanentemente subestimó –o sobreestimó– a sus enemigos, aunque la fortuna le ha sonreído. Los mulás iraníes odiaron tanto al “Talibán Negro” como al malvado Saddam y los estadounidenses vinieron y destruyeron a ambos enemigos.

¿Y la revolución ganó? Hasta un cierto punto. Pudo haber fracasado en los primeros tiempos, cuando las cortes de Jomeini le temían a un contragolpe, que era el porqué de todos esos escuadrones de fusilamiento. No habían olvidado cómo la CIA y el MI6 destruyeron al gobierno de Mohammed Mossadeg democráticamente elegido en un golpe en 1953. Operación Ajax, la llamaban los estadounidenses (los británicos eligieron la más prosaica Operación Bota), y yo conocí a los británicos que la montaron. Christophen Montague Woodhouse era un gentil erudito griego, y un luchador implacable de guerrillas bajo la ocupación alemana de Grecia. Más de 40 años después recuerda sus propios sentimientos de culpa. “A veces me han dicho que fui responsable de abrirle las puertas al ayatola –por Jomeini– y los otros”, dice. “Pero es bastante notable que un cuarto de siglo pasó entre la Operación Bota y la caída del sha. Al final, fue Jomeini quien salió en lo alto. Supongo que se podría haber aprovechado mejor el tiempo pasado.”

Robert Fisk. De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Ratzinger contra Roma, de Pedro Miguel en La Jornada

Posted in Política, Religión by reggio on 11 febrero, 2009

Si los de la conspiración judeo-masónica existieran, estarían felices de ver a un pontífice que se la pasa dándole de patadas a la Iglesia. En cosa de una semana, Joseph Ratzinger involucró al Vaticano con los neonazis que niegan la realidad histórica del exterminio de judíos durante el Tercer Reich e hizo ronda con el impresentable Silvio Berlusconi en el afán por mantener de manera indefinida la tortura contra Eluana Englaro, la mujer italiana que permaneció 17 años en estado de muerte cerebral y que desde ayer, por fortuna, ha logrado descansar en paz.

En el primer caso, Ratzinger levantó la excomunión que pesaba contra el obispo fundamentalista Richard Williamson y contra otros integrantes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, establecida por el fallecido Marcel Lefèbre para dar cauce a la rebeldía tradicionalista ante el Concilio Vaticano II. Días antes del perdón papal, Williamson había porfiado en sostener que las cámaras de gas no existieron y que el número de hebreos asesinados en los campos de concentración de Hitler fue de entre 200 y 300 mil, y no de entre cinco y medio y seis millones, como lo indican los hechos. “El Holocausto sí existió”, se asustó El Vaticano, pero ya era tarde. Muchos católicos se sintieron violentados por la reincorporación a su Iglesia de un hombre que participa en los intentos de minimizar uno de los peores crímenes de la historia. Para diversas organizaciones judías, el perdón concedido a Williamson fue una bofetada: el Consejo Central de los Judíos en Alemania anunció la suspensión de sus relaciones con El Vaticano. Y otros, ni judíos ni católicos, se preguntan de qué puede servirle a Roma la reinserción de individuos como los obispos lefebvrianos, enfermos de odio hacia la modernidad, la verdad, la ciencia y la diversidad. Por lo demás, y aunque no tuviese nada que ver, en el momento presente no pasa inadvertido para nadie que la excomunión de Williamson fue decidida por Karol Wojtyla, un hombre que fue víctima de los nazis, y que ahora es revertida por Joseph Ratzinger, quien nunca ha pedido perdón por haber sido nazi.

En paralelo con este traspié que huele a retorno histórico, el cardenal Javier Lozano Barragán, del consejo pontificio de asuntos de salud, involucró al Vaticano en la causa horrenda del encarnizamiento contra pacientes sin esperanza. Berlusconi había visto, en la perpetuación del martirio de Eluana, la posibilidad de ganarle atribuciones a la jefatura de Estado y se lanzó a fondo en el atropello: “Esa mujer podría tener un hijo”, exclamó el mafioso, cuando el padre de la mujer parecía haber ganado la interminable batalla judicial para procurarle a su hija una muerte digna. Berlusconi recibió el respaldo inopinado del Vaticano, que por boca de Lozano Barragán calificó de “abominable asesinato” la interrupción de la vida artificial de lo que quedaba de Eluana. Ratzinger, con su aprobación tácita a los dichos del religioso mexicano, confirmó que su papado está en favor de lo que Giuseppe Englaro describió como “tortura inaudita” y “violencia inhumana”.

Si en cosa de una semana el Vaticano de Ratzinger ofendió a los judíos y a los enfermos terminales, en episodios anteriores, este Papa ha agraviado a las mujeres, a los protestantes, a los musulmanes, a los homosexuales, a los indígenas americanos y a los habitantes de Gaza, es de suponer, toda vez que, en las horas en que éstos eran masacrados sin asomo de piedad por un ejército asesino, les deseó “que Dios los bendiga con su consuelo, la paciencia y la paz que proceden de Él”.

Carente del sex appeal de su antecesor e incapaz de concitar el entusiasmo de las masas, de espaldas al mundo moderno y concentrado en la preservación del misterio de María, Ratzinger ha llevado a la Iglesia católica a un estado de languidez sin precedentes. Sus subordinados del Vaticano harían bien en considerar la sugerencia del teólogo Hans Küng y convencerlo para que renuncie al cargo.

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