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Biden presenta a Obama en Múnich, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 febrero, 2009

Había suscitado gran expectación en todo el mundo la ceremonia de presentación en sociedad de la nueva política internacional de EEUU bajo la dirección de Obama. Tuvo lugar en la Conferencia sobre Seguridad de Múnich, el sábado pasado, mediante un discurso del vicepresidente de EEUU, Joseph Biden.

Sin embargo, no aparecieron en éste muchos rasgos realmente renovadores. Se trató de una mera declaración de intenciones, cuyo grado de sinceridad sólo el futuro permitirá valorar, si éstas se llegan a materializar en decisiones y realidades concretas. Lo que se reveló en Múnich no fue el giro radical, que muchos esperaban, en la política seguida hasta ahora por EEUU respecto al resto del mundo.

Biden estuvo lejos de pedir excusas -lo que hubiera sido una buena introducción en términos de cortesía internacional- por los graves errores acumulados durante el mandato del anterior presidente y cuyos efectos han sufrido varios de los países presentes en la conferencia. Eso cabía esperar de quien allí hablaba en nombre de EEUU, como representante oficial del nuevo Gobierno. Por el contrario, el vicepresidente mostró, una vez más, que EEUU sigue siendo único y sin par en sus decisiones: “Actuaremos de acuerdo con otros siempre que podamos, y cuando actuemos independientemente será porque no hay otra solución”. Esta frase pudo haber salido de la boca de Bush. También cualquier halcón del anterior Gobierno, incluso el nefasto Rumsfeld en su época de mayor esplendor, pudo haber proferido esta otra: “EEUU hará más, ésta es la buena noticia. La mala es que pediremos más a nuestros asociados”. Muchos entendieron: más tropas a Afganistán.

Bien está afirmar, como hizo Biden, que las organizaciones internacionales (léase la ONU, tan despreciada por Bush) “nos ayudan a mejorar la seguridad colectiva, los intereses económicos y nuestros valores”. Y que, por tanto, EEUU “se comprometerá con ellas, escuchará y consultará”. Tres verbos muy poco utilizados por el anterior Gobierno. La intención, al menos, resulta loable.

Pero poco diálogo va a haber si se establecen ya ciertas líneas que parecen inamovibles. Según Biden, proseguirá el despliegue del escudo antimisiles en Europa; no se reconocerá la independencia de Abjasia y Osetia del Sur; el programa nuclear de Irán es “ilícito”; y la OTAN habrá de hacer frente al terrorismo y a la seguridad de las redes de internet, garantizar los suministros de energía y desplegar fuera de la zona para la que fue creada. No en vano sigue al frente del Pentágono quien lo dirigía antes de llegar Obama al poder.

Merece la pena resaltar estas palabras de Biden, muestra de una cierta ingenuidad: “No reconoceremos el derecho de ninguna nación a tener esferas de influencia”. Sorprende esta afirmación en boca de un destacado político del país que inventó la doctrina Monroe (“América para los americanos”) y que, de hecho, ha intentado seguirla aplicándola siempre que ha podido; lo mismo que otros países que buscan un lugar más favorable en el concierto internacional de las naciones. Se pueden negar las esferas de influencia, pero “haberlas, haylas”.

Si en verdad Obama pretendiera conducir la política exterior de EEUU por un nuevo rumbo, Biden no habría pronunciado estas palabras en Múnich: “Vamos a pedir a otros [países] que se responsabilicen de algunos de los que ahora están en Guantánamo, pues hemos decidido cerrarlo. Nuestra seguridad es compartida, así que también compartimos la responsabilidad de defenderla”.

Hubiera sido mucho más innovador un comunicado oficial de que Obama no sólo había tomado la decisión de cerrar el infame penal de Guantánamo, que ha pasado a los anales de la ignominia de EEUU, sino que también había decidido abandonar la base naval allí existente y devolver a Cuba, su legítimo poseedor histórico, esta última colonia en tierras iberoamericanas, renunciando a la concesión perpetua que el primer presidente de la Cuba independiente, tras la ocupación militar estadounidense, hubo de aceptar bajo la presión de su poderoso vecino septentrional.

Además, si se hubiera deseado mostrar en Múnich que una nueva mano sostenía las riendas de la Casa Blanca, EEUU no hubiera tenido que forzar a los países aliados para que acojan en su territorio a los prisioneros hoy encerrados en el presidio guantanamero. ¿Acaso el país más poderoso del planeta carece de recursos y habilidades suficientes para poner fin, por sí solo, a la insostenible situación que, también por sí solo, creó al abrir el llamado “Centro de detención de Guantánamo”? Si no sabe cómo salir sin ayuda de sus propios atolladeros, ¿cómo espera ayudar a los demás?

Bien está que desde Europa se coopere para que algunas iniciativas de Obama tengan éxito. Pero barrer y retirar los residuos de la catástrofe que los fracasados “neocons” de Bush han ido esparciendo por el mundo corresponde a EEUU, como principal responsable del caos que ha generado su actividad internacional en los últimos años. Ni Obama ni Biden deberían olvidarlo, para evitar caer en los mismos o en otros errores de similar calado y de iguales o peores consecuencias.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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