Reggio’s Weblog

Cuando lo peor es no hacer nada, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 9 febrero, 2009

A FONDO

A perro flaco, todo se le vuelven pulgas. El PP vive momentos de zozobra justo cuando el Gobierno de Zapatero pasa por sus peores momentos, en plena recesión económica y con el paro batiendo récords.

A la guerra del espionaje desatada en Madrid se ha sumado la operación de Garzón sobre una trama de corrupción que tiene como centro a Francisco Correa. Para colmo, el candidato a la Presidencia de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ha tenido que destituir al cabeza de lista por Orense, Luis Carrera, por no haber declarado a Hacienda ingresos desde un paraíso fiscal.

¡Y todo a tres semanas de las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco!

Correa llevaba más de cinco años sin ser el organizador de los actos del PP, aunque uno de sus hombres de confianza, Alvaro Pérez (alias Alvarito o El bigotes), se ha hecho fuerte en la Comunidad Valenciana y su patrimonio ha crecido en paralelo con su influencia en la organización de los actos del PP y los de la Generalitat.

El apartamiento de Correa de las actividades de Génova, coincidiendo con la llegada de Rajoy, fue una medida más que acertada. Sobre todo, a la vista de sus actividades extracongresuales y sus métodos mafiosos.

Sin embargo, el PP pudo haber evitado que las andanzas de Correa por los pueblos cercanos a Madrid terminasen por convertirse en un problema para Génova.

En noviembre de 2006, un concejal de Boadilla fue llamado a la sede central del partido en Madrid. Alvaro Lapuerta, entonces tesorero del partido, le interrogó sobre el alcalde, Arturo González Panero. La cuestión era saber si el edil tenía propiedades en Miami. El concejal contestó que él había oído algo, pero que no tenía constancia de que su jefe político fuera un corrupto.

Lapuerta le informó de que Sebastián González (responsable de Organización del PP) estaba investigando ese asunto. González, en efecto, trató de averiguar si el alcalde de Boadilla tenía un patrimonio injustificado, pero no logró sacar nada en claro.«Me habían llegado rumores, hablé con varias personas, pero no llegué a descubrir nada. Me dio la impresión de que las habladurías podían proceder de una venganza, de una lucha de facciones, dado que era el momento de elaborar las listas para las elecciones municipales de 2007», confiesa el hombre de confianza de Acebes.

A pesar de que la confirmación de su candidatura se retrasó hasta el límite, finalmente repitió como candidato del PP.

Pero los rumores no cesaron. En la primavera de 2008 llegaron a oídos de Pío García-Escudero, y en el otoño fue el secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, el que trató de averiguar qué había detrás del súbito enriquecimiento de un hombre cuyos ingresos apenas superan los 80.000 euros al año, y cortó de raíz todas las relaciones del PP con Correa y sus socios.

Por esas fechas, un dossier sobre el alcalde de Boadilla fue puesto en circulación por una diputada a la Asamblea de Madrid próxima a Lapuerta. EL MUNDO publicó su parte más jugosa el pasado mes de octubre.

Para entonces, Manos Limpias ya había dado traslado del mismo a la Fiscalía Anticorrupción. La investigación, dadas sus ramificaciones, pasó a la Audiencia Nacional.

Según fuentes solventes, Garzón tenía previsto comenzar las detenciones en el mes de mayo, justo unas semanas antes de las elecciones europeas. Pero las detenciones se adelantaron porque la Policía tenía fundadas sospechas de que Correa tenía previsto abandonar España.

Conociendo a Garzón, resulta evidente que el juez ha actuado teniendo en cuenta la repercusión política de su redada. Así lo denunció ayer la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.

Probablemente las del 1 de marzo sean las elecciones más importantes para Mariano Rajoy, incluso más que las generales. Así opinan algunos dirigentes del partido, que afirman que un mal resultado (perder dos o más escaños en Galicia y otro tanto en el País Vasco) sería motivo suficiente para exigirle cuentas al hombre que el pasado mes de junio ganó con holgura el congreso de Valencia.Los malos resultados de las encuestas a primeros de año, en las que el PSOE aumentaba su distancia hasta tres puntos sobre el PP, no son un buen augurio. ¿Qué efecto electoral tendrán el caso del espionaje o la detención de Correa? Pronto lo sabremos.

El deadline para Rajoy, que algunos gerifaltes populares habían situado en las elecciones europeas, se ha adelantado ahora a las autonómicas, síntoma de una creciente desconfianza que parece afectar a sus otrora defensores más acérrimos.

El problema es que el grupo de dirigentes autonómicos que hicieron piña con Rajoy en el congreso de Valencia ven ahora que el deterioro del partido puede afectar sus expectativas de ganar en su propio terreno.

Ese distanciamiento ha sido evidente en el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, que fue el mayor defensor de la candidatura de Rajoy hace menos de un año.

El líder del PP está siendo víctima de su principal pecado: la falta de liderazgo. O, lo que es lo mismo, la repulsión por tomar decisiones que supongan sacrificios.

Rajoy ha sido incapaz de pacificar la situación de Madrid: el enfrentamiento entre Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre no sólo no ha amainado tras el congreso, sino que ha subido de tono a cuenta de la disputa por el control de Caja Madrid.

En lugar de poner orden, Rajoy ha apelado a la intervención del Banco de España. La institución presidida por Miguel Angel Fernández Ordóñez seguramente ha tomado nota y no es de descartar alguna medida drástica justificada no sólo por el descontrol interno, sino por una gestión que ha llevado a la caja (cuarta entidad financiera de España) a tener el doble de morosidad que la media de su sector.

Harto de los líos de Madrid, el influyente Javier Arenas ha llegado a proponer a Rajoy que pidiera las cabezas de los números dos de la Alcaldía y la Comunidad (Manuel Cobo e Ignacio González, respectivamente) como un golpe de autoridad.

Es probable que las indecisiones de Rajoy estén provocadas por su repulsa a provocar enfrentamientos internos, pero, al final, acaban por minar su autoridad dentro y fuera del partido.

Parece claro que el objetivo del caso Correa es identificar al PP con la corrupción. Sin embargo, Correa es un corruptor al margen de la dirección del PP. Si Rajoy quiere cortar por lo sano, debería tomar medidas y expulsar a los que se han enriquecido a costa del partido.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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