Reggio’s Weblog

Estafando, de Pedro Nueno en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 8 febrero, 2009

Hace un año escribía que cada mes la prensa traía un fraude importante y que yo coleccionaba estos artículos. Bien, me van a echar de casa porque el montón de papel sobre fraudes y dramas empresariales está ya ocupando demasiado sitio. Y la cosa no para. En diciembre era Madoff en Nueva York. El drama va de oeste a este, y se suicida Adolf Markle en Alemania tras pérdidas horribles. En enero la cosa se traslada a India, hacia el oeste otra vez, donde el señor Ramalinga Raju, de Satyam Computer Services, confiesa trampas más horribles todavía. Y sigue el fraude ordenadamente de oeste a este con el encarcelamiento en China del presidente de la sexta firma de inversión en bolsa, el señor Dong Zhengging, por utilización de información privilegiada (y este allí se la juega). A continuación quiebra Ssangyong en Corea. Yo ya estaba esperando una gorda en Japón o en Australia, pero el fraude gira bruscamente y vuelve a Europa: Lagbar estafa 450 millones de euros cotizando humo en la Bolsa de Londres, y los cerebros parece que vivían en Barcelona. Ahora estoy desconcertado. El fraude se ha desordenado.

Repasándome las fotos de los fraudulentos, a algunos no se les ve mala gente. Si yo tuviese mucho dinero, me hubiesen invitado a una fiesta selecta en Manhattan y un amigo me hubiese presentado a Madoff y Madoff me hubiese llamado con afecto Ped Ro, que es como me pronuncian mis amigos de Harvard, y me hubiese preguntado: “¿Where are you from, Ped Ro?” Y al decirle: “I am from Barcelona, Mr. Madoff”, él me hubiese dicho: “¡Oh Barseloona! is a fantastic city, call me Bernard”, seguro que hubiese buscado la manera de invertir con él. No tiene cara de mala persona. Además, hace ya 15 años, en uno de mis libros, Emprendiendo, llamé síndrome de Lindbergh a esa necesidad que tenemos todos los humanos de hacer negocios en Manhattan si tenemos un pequeño éxito económico en la vida. Con el indio Ramalinga hubiese sido distinto. De entrada, si me hubiese dicho: “Llámame Ramalinga”, no sé si lo habría hecho. No es lo mismo decir: “Mira, Bernard, te depositaría 10 millones de euros” que decir: “Mira, Ramalinga, te depositaría…”, y es que no acabaría la frase. Me sorprendería menos que se me volatilizaran con el Ramalinga que con el Bernard. Y mirándole a los ojos, no inspiran la misma bondad.

Y no será porque hoy no se hable de ética y de buen gobierno corporativo. Pero a veces somos un poco fantasmas, y hemos perdido valores. Hace unas semanas, trabajando por el mundo, el decano de una escuela de negocios importante me explicó que entrevistó a un gurú de la ética y el buen gobierno y le hizo una oferta muy buena para ficharle. El gurú le dijo que tenía que ser un 50 por ciento más, pero que él no fichaba sino que facturaría desde una empresa que tenía en un paraíso fiscal porque le molestaba pagar impuestos. El decano aún ríe. “No había visto tanta incoherencia en mi vida, y ya soy mayor”, me comentó. Bien, llevamos meses de frío y lluvias por todo el hemisferio norte y hay pocas conferencias sobre el calentamiento y la desertización del planeta. En fin vamos a trabajar en serio, con honradez, coherencia y sin ramalingar.

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