Reggio’s Weblog

El progreso del libertino, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 8 febrero, 2009

CARTA DEL DIRECTOR

No acabo de entender cómo, habiendo transcurrido ya casi un mes desde el estreno en el Real de The Rake’s Progress de Stravinski y contando el periodismo español con un elenco tan brillante de colegas aficionados a la ópera, ninguno haya hecho hasta ahora el pertinente paralelismo entre la saga/fuga de su protagonista y la de Zapatero.

Aunque la función se presentaba titulada como La carrera del libertino, a mí me viene más al caso la traducción literal, pues progreso es lo que seguimos viendo en su itinerario -que no en el nuestro-, a juzgar por las últimas encuestas de popularidad e intención de voto. Por otra parte, el hecho de que Sonsoles Espinosa sepa muy bien hasta qué punto la ópera es espacio natural para el simbolismo y la metáfora -no digamos nada si el libreto lo escribe un gran poeta como W. H. Auden- simplifica el trámite de aclarar que no son inclinaciones licenciosas lo que veo en la personalidad y conducta de su marido.

Pero la súbita ascensión del vaquero Tom Rakewell -un chico que se negaba a subir peldaño a peldaño, pues quería ser o César o nada- a raíz de un episodio tan inesperado como una supuesta herencia, remitida desde el más allá a través de un mensajero significativamente llamado Shadow, supone ya un elemento de semejanza con lo que ocurrió en el PSOE en el 2000 y en España en el 2004.

El pacto con el diablo -pues no otra cosa resulta ser el tal Sombra- evoca luego la negociación política con ETA, y la escena del burdel de Mother Goose, con aires de gaita escocesa al fondo, nos remite a los dispendiosos encamamientos con los nacionalistas vascos, gallegos y catalanes. ¿Y qué decir del episodio en que el luciferino ayudante presenta la máquina que convierte las piedras en pan, habilitando un doble fondo en el interior de un viejo aparato de televisión? No llegaré al extremo de mi vehemente amigo Paolo Vasile de identificar el formato de Tengo una pregunta para usted con la «demagogia» en estado puro, pero tampoco me resulta difícil imaginar a un cándido Zapatero proclamando a la salida del plató, como el personaje de esta ópera, que «he ideado un artilugio portentoso», por lo que «la penuria queda abolida con mi ingeniosidad», convirtiendo así «la Tierra en un edén de buena voluntad». ¿Quién da más con un simple pareado?

Todas éstas son, sin embargo, equiparaciones un tanto artificiosas comparadas con el momento culminante en que Shadow ofrece a Tom la infalible fórmula del éxito: «La atolondrada multitud se ve empujada por el imprevisible ‘tengo que’ de sus placeres. Y los pocos que son sensatos están atados por el inflexible ‘debería’ de su obligación. Son dos servidumbres entre las que no hay nada que elegir. ¿Te gustaría ser feliz? Aprende entonces a actuar libremente. ¿Te gustaría actuar libremente? Aprende entonces a ignorar a esos gemelos tiranos del apetito y la conciencia».

No estoy diciendo que Zapatero carezca en términos absolutos tanto de pasiones como de principios, pero sí que posee una inusual capacidad de mantener a raya a las unas y a los otros. O sea, a «esos gemelos tiranos». No es un mármol sonriente del género de quienes ni sienten ni padecen, pero ejerce un especial dominio sobre sus emociones y practica una utilísima gimnasia moral consistente en amoldar siempre las convicciones al contorno de las conveniencias.A lo primero le ayuda la afabilidad natural de su bien publicitado talante y, a lo segundo, una apañada base intelectual que abarca espacios fronterizos e incluso híbridos entre el liberalismo y el socialismo.

Nadie podrá denunciar modales despóticos en su forma de ejercer el poder, pero ni siquiera González o Aznar en los tiempos de sus mayorías absolutas controlaron sus partidos de manera tan omnímoda como lo hace él o dieron la sensación de gobernar de forma tan desenvuelta. Zapatero oscila al compás del péndulo del pragmatismo no tanto en una escala ideológica como en un perpetuo viaje de ida y vuelta entre la transgresión y la contención.Hay en él una permanente inclinación a los gestos provocadores, pero tan pronto como cae en la tentación está ya empezando a salir de ella. ¡Qué maestro en el arte de recoger velas! ZetaPé aprieta pero no ahoga, debió decirle la vicepresidenta De la Vega al cardenal Bertone.

Todo esto se corresponde en gran medida con el perfil del cínico astuto que triunfa en la política flotando como el corcho. «Sus opiniones dependían generalmente de la situación en la que se encontraba y sus verdades no eran sino los puntos de vista de su fortuna», escribió Lamartine de Tayllerand. Para un superviviente nato como el antiguo obispo de Autun los distintos escenarios políticos no eran sino «expedientes del destino» que le permitían reafirmarse en su condición de «servidor feliz de los acontecimientos».

Según el romántico autor de la Historia de los Girondinos, para desempeñar ese papel «se necesita que el hombre separe las dos cosas que constituyen la dignidad del carácter y la santidad de la inteligencia, que son la fidelidad a los compromisos contraídos y la sinceridad de sus convicciones o, lo que es lo mismo, la mejor parte del corazón y del alma». Autonomía ante las emociones, desdén frente a las devociones. Ni que Auden lo hubiera tomado como fuente de inspiración de su libertino

Sin embargo, Lamartine advierte algo decisivo: «Estos hombres son aduladores y no auxiliadores de la Providencia». Tayllerand pudo servir a los regímenes más diversos -absolutismo, revolución, directorio, consulado, imperio, restauración- o, mejor dicho, servirse de ellos, pero nunca tuvo ni siquiera la pretensión de liderar ninguno. Lo suyo era mantenerse en el poder, no ejercer su fuerza transformadora. Permanecer en la cima, no desgastarse en ningún empeño.

Hay gobernantes que son y otros que tan sólo están. La diferencia se nota poco en tiempos de bonanza y mucho cuando pintan bastos y, como ahora, los problemas excepcionales requieren de respuestas excepcionales. ¿Por qué Zapatero no sale de su rutina de las manipulaciones pequeñas ni siquiera cuando el escenario se hunde bajo sus pies? Es verdad que ha conseguido llevarnos una vez más del ronzal en el trayecto que va del engaño al desengaño con el asunto de las ayudas a los banqueros -hace tres meses el dinero público iba a redundar en un incremento del crédito a familias y empresas, ahora se nos hace ver que eso es imposible-, pero aunque tal vez ese viaje haya servido para salvar una situación límite, así no se resuelven los males de nuestro sistema financiero.

El desastre económico en marcha sólo será atajado con medidas contundentes y reformas estructurales. En lugar de poner indiscriminadamente a disposición de bancos y cajas hasta el 25% del PIB, urge detectar cuáles son las entidades con agujeros negros, destituir a sus gestores y sanearlas a través del Fondo de Garantía de Depósitos para desembocar en un proceso de absorciones y fusiones. En lugar de quedarse de brazos cruzados mientras el vendaval arrasa el bosque del empleo, urge tomar decisiones impopulares de recorte del gasto público atajando el despilfarro -estos días nacen tres nuevos canales de televisión pública en otras tantas autonomías-, congelar los sueldos y plantillas de los funcionarios e impulsar nuevas modalidades de contratación, nuevas reglas sobre pensiones y jubilación y relanzar la economía rebajando la presión fiscal.

Estas recetas funcionaron hace 12 años y volverían a funcionar ahora. Sólo se requiere para ello voluntad y capacidad política. La escaramuza entre la impaciencia de Sebastián y la paciencia de Solbes hacia los banqueros no es sino la punta del iceberg del desasosiego que destacadas personalidades socialistas sienten, dentro y fuera del Gobierno, ante la estéril pachorra del vicepresidente y el inmovilismo flemático del presidente. Y toman nota, claro, de lo que está sucediendo con el ministro de Economía alemán, convertido en poco más que un pasmarote: ayer hizo ademán de dimitir alegando que a los 65 -tiene un año menos que Solbes- ya no está para estos trotes.

Cuando se requeriría el diseño ambicioso de unos nuevos Pactos de la Moncloa que engendraran todo lo antedicho, seguimos inmersos en una mortecina dinámica de parcheo y huida deficitaria hacia delante. Pronto habremos vuelto a las andadas y podrá decirse, como en Inglaterra, que cada niño que nazca tendrá los ojos de la madre, la boca del padre y «la deuda de Gordon Brown», o sea, de Zapatero.

La piedra de toque de la rectificación es el reajuste ministerial. ¿No se da cuenta el presidente de que al empecinarse en que este Gobierno, diseñado en circunstancias económicas muy distintas, es el adecuado para hacer frente a una crisis súbita y descomunal, viene a dar pábulo a dos interpretaciones tan terribles para él como que ya sabía la que se nos venía encima pero lo ocultó con fines electorales y que si esto es lo que hay es porque su proyecto no da ni dará nunca más de sí?

Tan nefasto como perder los nervios ante las adversidades es aguantar estoicamente a que escampe, aferrándose ahora a la idea de que si de Estados Unidos vinieron las hipotecas basura, de Estados Unidos vendrá también la recuperación del crecimiento.Los grandes males requieren grandes remedios y la asimetría de la destrucción de empleo en España indica que si no ponemos nuestra casa en orden, quedaremos relegados durante mucho tiempo al pelotón de los torpes.

Volvemos, pues, a la cuestión de la capacidad política. ¿Está Zapatero a la altura de ese desafío? En el estimulante ensayo escrito para el programa del Real con el título de El tedio del canalla, el catedrático de filosofía Antonio Valdecantos analiza el desastroso final de Tom Rakewell no desde el punto de vista de la ética sino desde el de la eficiencia, pues habla «del sinvergüenza que fracasa en sus empeños por impericia, por vacilación, por incuria y por falta de disciplina».

Nada de esto le pasó a Tayllerand, pero es que «convertirse en un sinvergüenza no está ni muchísimo menos al alcance de cualquier persona de moral relajada o de pocos escrúpulos, porque la conducta del canalla es el resultado de un control de la propia vida obsesivamente exigente y puritanamente rigorista».

Valdecantos culmina así su argumentación: «Cuando el canalla es un experto más, la impericia o negligencia canallesca ya no es motivo de perdón, sino un vicio prosaico que, desde luego, no da lugar a técnica ninguna. Fracasar en la transgresión es entonces un deshonor merecido, tan culpable como cualquier otro fracaso. El sinvergüenza que transgrede poco y mal, que vacila en la ejecución de la empresa y que al final del empeño obtiene una cuenta de resultados magra o ridícula es un perfecto don nadie y no merecerá ser incluido en ninguna relación de virtuosos».

O sea, que el problema no es que Zapatero sea un malvado o carezca de escrúpulos -visto de cerca como ser humano superaría holgadamente el contraste con la mayoría de sus antecesores y homólogos- sino que su probado dominio sobre pasiones y razones basta para rilar sobre la mar en calma pero no se traduce en las suficientes dosis de inteligencia práctica como para domesticar una tempestad.

Su situación se parece cada día más a la descrita por el pintor William Hogarth en una de las estampas que inspiraron a Stravinski para componer The Rake’s Progress. En ella se ve al libertino en un garito de juego, culpando al destino por sus pérdidas, mientras la mayoría de los clientes siguen a lo suyo y sólo unos pocos empiezan a darse cuenta de que la habitación arde ya por varios de sus costados. Fuera, la multitud, entona la protesta con que el coro inicia la Escena Primera del Tercer Acto de la ópera: «¡Ruina! ¡Desastre! ¡Vergüenza!».

pedroj.ramirez@elmundo.es

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Gracias a la banca, de Jordi Sevilla en Mercados en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 8 febrero, 2009

LUCES LARGAS

En pleno debate sobre los multimillonarios sueldos que cobran los directivos de la banca, un halo de oscurantismo permanece sobre la realidad de las cajas de ahorros. Aunque haya quien los considere escandalosos, al menos la opinión pública puede conocer con todo detalle lo que ganan los máximos ejecutivos de todos los grandes bancos del país. Pero, ¿alguien sabe cuánto gana el presidente de una caja?

Desde el episodio de la madrastra de Adolfo Suárez, no recuerdo una situación parecida, que en nada nos favorece. Y aunque todas las partes tengan razones a su favor, con esta confrontación, todas la pierden.

Por dejar clara mi posición desde el principio: el Gobierno no es un club de debates, ni puede permitirse el lujo de hacer esgrima verbal con la banca cuando dispone del BOE, ni puede amenazar con que se le acaba la paciencia ante situaciones que, en buena medida, ha contribuido a crear cuando éramos el asombro de propios y la envidia de extraños. De otra parte, los portavoces de las entidades financieras tienen que reconducir el tono innecesariamente altanero y agresivo de sus declaraciones recientes, para convencernos de que también ellos están haciendo lo posible para que salgamos todos de la crisis y no sólo ellos de la suya. Especialmente las cajas de ahorros, que deben esforzarse más en demostrar que son otra cosa distinta de los bancos precisamente buscando complicidades sociales en situaciones como ésta.

No tengo ningún interés en cargar las tintas contra la banca.Esa fiebre se me pasó con la juventud. Me parecieron acertados los paquetes de ayuda a nuestro sistema financiero, de manera especial la elevación de la cobertura pública a los depósitos que puso fin a incipientes movimientos de retirada masiva de los mismos en algunas entidades. Pero ya avisé aquí de los problemas que podría generar la insensibilidad de quienes parecen vivir encerrados en torres de marfil y, todavía, pretenden actuar como si la crisis de las subprime y las nacionalizaciones de bancos por insolventes, no por ideología, no hubieran tenido lugar en varios países de la OCDE. Siento que nos toman por tontos cuando algunos portavoces de la banca se justifican diciendo que cuando el crédito crece lo mismo que el PIB nominal, no se puede hablar de restricción de crédito, sino de algo normal. Entonces, en estos años cuando el crédito crecía cuatro más que el valor nominal de nuestra economía, ¿qué era eso? ¿cómo toleró la banca esa situación de anormalidad continuada? ¿quién les forzaba entonces a dar tanto crédito?

Defender que en España, a diferencia del resto del mundo, ha sido el sector real quien ha puesto en riesgo al sistema financiero y no al revés es, por decirlo suave, contar la mitad de la verdad.Sobre todo, porque lo dicen los mismos que, con sus créditos sin límite y valoraciones exageradas, han cebado, en compañía de otros, la bomba de nuestra burbuja inmobiliaria hasta alcanzar los niveles disparatados que alcanzó, y ahora impiden su ajuste a la baja en precios para no incrementar la toxicidad de una parte importante de sus activos, los inmobiliarios. Sin la colaboración activa y complaciente de nuestro sistema financiero (y de otros poderes) ¿podríamos habernos endeudado como lo hemos hecho? ¿hubiera alcanzado la burbuja inmobiliaria la altura que cogió?

Yo no sé si la economía es un estado de ánimo, pero el sistema financiero es una cuestión de confianza. Confianza en que el dinero que depositas estará ahí cuando lo necesites, confianza en que las inversiones que te aconsejan no sean ruinosas y confianza en que si les presentas una operación sensata y viable, tendrás el crédito necesario para hacerla posible. Esa confianza no es ciega. De hecho, se refuerza mediante la supervisión, inspección y sanción que realiza sobre el sector financiero una entidad independiente como el Banco de España. Y esa confianza se pone en cuestión cuando los encargados de gestionarla cometen errores excesivos, abusos cuantiosos y faltan a sus responsabilidades con el conjunto de la sociedad y no sólo con sus accionistas.

Usted y yo no podemos montar un banco como podemos abrir una librería. Hace falta un conjunto de requisitos y autorizaciones especiales porque se entiende que la actividad financiera es un servicio público, diferente. Todo ello ha forjado, a lo largo de los siglos, un perfil de banquero austero, discreto, poco dado a las aventuras empresariales y al protagonismo personal, con gran poder sobre la economía real y cierta capacidad de influencia sobre los gobiernos. Un banquero al que le parecería obsceno escuchar lo que hemos escuchado esta semana por parte de algunos portavoces de la banca española y que evitaría sacar pecho publicitando grandes beneficios en medio de una de las mayores crisis económicas de los últimos cincuenta años, que está dejando sin trabajo a muchos de sus clientes, depositantes y empleados. La reputación de un banco no puede cotizar sólo en la bolsa. Sobre todo hoy, cuando en la retina de la gente siguen presentes las imágenes de Madoff, del anterior presidente de Lehman o la comparecencia ante la Comisión del Senado americano de esos banqueros avariciosos, con nuevos aviones privados y grandes indemnizaciones, mientras el Gobierno inyectaba solvencia a las entidades que habían arruinado con su desastrosa gestión.

En situaciones excepcionales como ésta, todos debemos unir fuerzas para buscar soluciones y no culpables. El Gobierno debería precipitar una catarsis colectiva que diera pie a una gran convocatoria nacional, a la que no puede faltar la banca, para consensuar medidas que ayuden a salir del pozo. Porque mientras discutimos sobre galgos y podencos, el contador del paro sigue aumentando.Y esa es la mayor preocupación del presidente, como nos dijo y como sin duda veremos esta semana en su comparecencia parlamentaria donde todos esperamos cordura, liderazgo y confianza en base a una salida concertada de la situación.

jordi.sevilla@diputado.congreso.es

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Deuda pública sobre privada, de Luis de Guindos en Mercados en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 8 febrero, 2009

APUNTES ECONOMICOS

La iniciativa más reciente ha sido la del Gobierno alemán de Angela Merkel, que hasta no hace mucho mostraba su escepticismo sobre la necesidad de un macroplán de estímulo fiscal. En concreto, ha aprobado un nuevo programa de expansión presupuestaria de 50.000 millones de euros, lo cual deja incluso pequeños a los planes de estímulo anunciados por otros gobiernos europeos que tradicionalmente han sido mucho más pródigos en cuestiones fiscales que los alemanes.

Las razones para este cambio son de distinto tipo. Por un lado, la percepción de que la recesión se extiende con intensidad y rapidez. Por otro, la impresión de que la política monetaria es incapaz, en el entorno actual, de estimular la demanda agregada y que nos encontramos en una especie de trampa de la liquidez en la que las bajadas de tipos y las inyecciones monetarias de los bancos centrales no se transforman en nuevo crédito para empresas y familias.

Ante esta situación, la respuesta de política económica ha sido doble. Primero, conceder directamente crédito vía adquisición de bonos o papel comercial por parte del banco central, lo que supone expandir su balance. De este modo, los bancos centrales -en concreto la Reserva Federal y el Banco de Japón- se saltan el habitual canal de transmisión monetaria, los bancos, y generan crédito para el sector no financiero por sí mismos. En segundo lugar, los programas de estímulo fiscal dirigidos a compensar la caída de la demanda agregada -consumo, inversión y exportaciones- que se está dando prácticamente en todos los países. Estos programas discrecionales van mucho más allá de lo que es la expansión fiscal habitual, que tiene lugar vía los estabilizadores automáticos, es decir, caída de ingresos y aumentos de gasto ligados al ciclo.

Un inconveniente -aunque seguramente sea una ventaja para sus defensores- de la política fiscal es la dificultad de medir su impacto en la economía. Por varios motivos. Para empezar, los programas de expansión fiscal no se dan nunca en las mismas condiciones, y existen dudas de cuándo empezar a medir sus efectos; si en el momento de entrar en vigor o cuando se anuncian. Además, no podemos saber lo que hubiera ocurrido en su ausencia. Pero lo más relevante es que las expansiones fiscales, aumento de gasto y/o reducción de impuestos, hay que financiarlas con deuda o con inflación, que es lo que ocurre cuando los déficit se monetizan.

Sin embargo, vivimos un momento en que todas estas dudas sobre la política fiscal, que han sido ampliamente analizadas por economistas académicos en las últimas tres décadas, parecen no importar.Lo que importa ahora es que el estímulo fiscal sea lo suficientemente grande como para que no haya dudas ante la posibilidad de quedarnos cortos.

En ello influyen dos elementos. Primero, las incertidumbres sobre la capacidad y efectividad de la política monetaria, que de algún modo también se extienden al propio funcionamiento del libre mercado. En segundo lugar, uno de los mayores defensores de un programa de estímulo fiscal es el nuevo presidente de Estados Unidos, que acaba de anunciar un plan adicional de cerca de un billón de dólares. De alguna forma, Obama parece buscar un paralelismo histórico con el New Deal de Roosevelt y con la creencia de que dicho programa permitió sacar a Estados Unidos de la Gran Depresión en los años 30, de lo que existen bastantes dudas.

Y las cifras que nos llegan del otro lado del Atlántico son impresionantes.Antes del último plan de estímulo anunciado por Obama, la oficina presupuestaria del Congreso americano había proyectado para el ejercicio 2009, que acaba el 30 de septiembre, un déficit del 8,3% del PIB, que es el más elevado desde final de la Segunda Guerra Mundial, muy superior al récord del año 83 (el 6%).

A estas cifras hay que añadir el nuevo programa de estímulo anunciado con posterioridad, y que entre nuevo gasto y rebajas de impuestos supone algo más de 800.000 millones de dólares. Con estas cuantías, el déficit público americano podría superar fácilmente el 12%, y el peso del gasto público en la economía acercarse al 27,5% del PIB, excediendo ampliamente el máximo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que se dio en el ejercicio de 1985 con el 23,5%.

Con este precedente que proviene del nuevo referente al otro lado del Atlántico, no resulta extraño que la discusión se esté centrando en el tamaño más que en la calidad de los estímulos fiscales y si efectivamente sus componentes serán eficaces o no. Además, no se está prestando prácticamente atención al tsunami de deuda pública que los mismos van a generar para su financiación.En concreto, en el caso de EEUU se esperan emisiones en los próximos 12 meses de cerca de dos billones de dólares, el 14% del PIB americano, y los gobiernos europeos, sólo en el primer trimestre, deben emitir 350.000 millones.

Con este tipo de planteamientos puede que estemos olvidando cuál es el origen real de la crisis y cómo se debe salir de la misma.Esta crisis se ha producido por un exceso de endeudamiento, y su corolario ha sido una sobrevaloración de una serie de activos que se adquirieron gracias a una disponibilidad prácticamente sin límites de dicha deuda.

La salida de la crisis pasa necesariamente por una reducción de dicho nivel de deuda en los agentes y por una caída importante del precio de los activos, ya sean inmobiliarios, de renta variable o materias primas. Ello va a suponer que la tasa de ahorro de las familias y las empresas debe aumentar, lo que llevará a una caída del consumo y de la inversión en equipo y construcción, que en última instancia limitará abruptamente el crecimiento y elevará el desempleo.

La política fiscal puede intentar minimizar los costes sociales (que serán importantes) del ajuste, pero lo que no puede hacer es evitar dicho ajuste. Lo peor que nos podría ocurrir es que a un problema de deuda privada acabemos añadiendo otro de deuda pública. Ello simplemente alargaría la duración del ajuste y, al final, lo acabaría haciendo más doloroso.

luisdeguindos@hotmail.com

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El Papa, Obama y Madoff, de Moisés Naim en El País

Posted in Medios, Política by reggio on 8 febrero, 2009

¿Qué tienen en común el Papa Benedicto XVI, Barack Obama y Bernard Madoff, el estadounidense acusado de estafar a miles de inversores? Pues que los tres han tenido recientemente tropiezos que ilustran una interesante paradoja de estos tiempos: en una era en la cual hay más información que nunca, organizaciones muy sofisticadas toman decisiones ignorando la información disponible. Pareciera que el Vaticano, la Casa Blanca y Wall Street no se han enterado de la existencia de Google. Pero como, obviamente, sí saben de Google y de otros potentes métodos para buscar información, entonces debemos concluir que algo más profundo que la ignorancia induce la ceguera que los lleva a tropezarse.

No hay duda, por ejemplo, de que sabiendo lo que sabe hoy, Benedicto XVI no hubiese revocado la excomunión del obispo británico Richard Williamson, que está convencido de que el Holocausto es una exageración. Según Williamson, no fueron seis millones los judíos asesinados por los nazis, sino que “no más de 300.000 judíos murieron en el Holocausto”. Además, y para que no haya confusión, el obispo ha aclarado que “ni uno solo de ellos [murió] en las cámaras de gas”. Como era de esperarse, la decisión de Benedicto XVI de acoger de nuevo en su iglesia a semejante historiador produjo una fuerte reacción mundial. Angela Merkel, por ejemplo, le exigió al Papa que “deje bien claro que no se puede negar” el Holocausto, y acusó al Vaticano de no haber “explicado satisfactoriamente” la decisión de revocar la excomunión del obispo Williamson. Inmediatamente, el Vaticano respondió que el Holocausto era “un hecho histórico probado”. Pero así como el Vaticano no tiene dudas sobre el Holocausto, tampoco ha debido tenerlas sobre el obispo Williamson, que no se caracteriza por esconder sus opiniones. El prelado repitió sus ya conocidos puntos de vista en la televisión danesa en noviembre. Esta entrevista salió al aire el 21 de enero -el día que se supo la decisión que el Vaticano oficializaría tres días después-. ¿Cómo pudo ocurrir que en todo el proceso previo que condujo a esta controvertida decisión, la eficiente maquinaria del Vaticano no hubiese tenido la información sobre Williamson y sus ideas?

A la Casa Blanca le pasó lo mismo. Barack Obama y su equipo han proclamado que desean que su Gobierno sea el más transparente de la historia y que no tolerarán conflictos de intereses. Quienes aspiran a un cargo en el Ejecutivo de Obama deben contestar a un exigente y detallado y cuestionario con más de 63 indiscretas preguntas (la número 54: “Suministre las direcciones de todos los sitios de Internet donde usted aparezca por razones profesionales o personales, incluyendo Facebook, MySpace y otros”. La número 63: “Suministre cualquier información sobre usted o su familia que pueda resultar embarazosa para usted o el presidente”). Obama, además, cuenta con un equipo muy respetado por su hábil uso de las tecnologías de la información. Sin embargo, ya llevan varios candidatos cuyos nombramientos para cargos al más alto nivel de gobierno han debido ser revocados después de ser anunciados por el presidente, con gran vergüenza para todos los involucrados. De nuevo: ¿Cómo es posible que esos candidatos hayan logrado pasar el proceso de selección, y que los investigadores de la Casa Blanca no hayan detectado los puntos oscuros antes de hacer públicos los nombramientos? ¿Y cómo es posible que los candidatos no hubiesen sabido que tenían en su pasado problemas fiscales o conflictos de interés que tarde o temprano saldrían a la luz?

La misma ceguera afectó a quienes invirtieron con Madoff. Es verdad que no les hubiese bastado con buscar en Google para enterarse de que los estaban estafando. Pero sí les hubiese sido útil prestar más atención a las varias denuncias que sobre Madoff ya se habían hecho. En teoría, el mercado financiero debería ser de los más transparentes. Se gastan millones en auditores, controles, evaluadoras de créditos, analistas de inversión y un largo etcétera. De nuevo, nada de esto sirvió. ¿Por qué?

Las repuestas a los puntos ciegos que explican la conducta del Vaticano, de la Casa Blanca y de quienes invirtieron con Madoff no tienen nada que ver con la información disponible. Estaba allí para quienes hubiesen querido verla. Esta ceguera es producto de una poderosa motivación humana: el interés. El Vaticano tenía gran interés en incluir en su seno al grupo de ultra-tradicionalistas al cual pertenecía Williamson. La Casa Blanca y los candidatos tenían gran interés en concretar los nombramientos. Y quienes promovían a Madoff ganaban mucho dinero persuadiendo a ávidos inversores de que con él estaban seguros. Lo único más cegador que el interés es el amor.

mnaim@elpais.es

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Rescates financieros para incompetentes, de Paul Krugman en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 8 febrero, 2009

Pregunta: ¿qué pasa si pierdes cantidades ingentes de dinero de otras personas? Respuesta: recibes un gran regalo del Gobierno federal (pero el presidente dice cosas muy duras sobre ti antes de soltar la pasta).

¿Estoy siendo injusto? Eso espero. Pero, ahora mismo, da la impresión de que eso es lo que está pasando.

Para dejar las cosas claras diré que no me estoy refiriendo al plan de la Administración de Barack Obama de estimular el empleo y la producción mediante un gran aumento del gasto federal durante algún tiempo, que es exactamente lo que hay que hacer. De lo que estoy hablando es de los planes de la Administración para rescatar el sistema bancario, planes que están tomando la forma de un ejercicio clásico de socialismo amargo: los contribuyentes pagan la factura si las cosas salen mal, pero los accionistas y los ejecutivos reciben los beneficios si las cosas salen bien.

Cuando leo los últimos comentarios sobre política financiera de algunos altos funcionarios de la Administración de Obama, me siento como si el tiempo se hubiera detenido, como si todavía estuviésemos en 2005, Alan Greenspan aún fuese el maestro y los banqueros todavía fuesen los héroes del capitalismo.

“Tenemos un sistema financiero controlado por accionistas privados y administrado por instituciones privadas, y nos gustaría hacer todo lo posible para preservarlo”, dice Timothy Geithner, el secretario del Tesoro, mientras se prepara para hacer que los contribuyentes carguen con el mochuelo de las inmensas pérdidas de ese sistema.

Mientras tanto, un artículo del Washington Post que cita fuentes gubernamentales afirma que Geithner y Lawrence Summers, el principal asesor económico del presidente Obama, “creen que los Gobiernos son malos gerentes bancarios” (a diferencia, se supone, de los genios del sector privado, que se las han arreglado para perder más de un billón de euros en unos cuantos años).

Y este prejuicio a favor del control privado, incluso cuando es el Gobierno quien está poniendo todo el dinero, parece estar pervirtiendo la respuesta de la Administración a la crisis financiera.

Ahora bien, hay que hacer algo para apuntalar el sistema financiero. El caos posterior a la quiebra de Lehman Brothers ha demostrado que permitir que las principales instituciones financieras se hundan puede ser muy perjudicial para la salud de la economía. Y hay varias instituciones importantes que están peligrosamente cerca del abismo.

De modo que los bancos necesitan más capital. En épocas normales, los bancos amplían su capital vendiendo acciones a inversores privados, quienes a cambio reciben una participación en la propiedad del banco. Por tanto, se podría pensar que si ahora los bancos no pueden o no quieren ampliar lo suficiente su capital mediante inversores privados, el Gobierno debería hacer lo que haría un inversor privado: aportar capital a cambio de una parte de la propiedad.

Pero hoy en día las acciones de los bancos valen tan poco -Citigroup y Bank of America tienen un valor de mercado combinado de sólo 40.560 millones de euros-, que la propiedad no sería parcial: inyectar el dinero de los contribuyentes necesario para que los bancos fuesen solventes los convertiría, a efectos prácticos, en empresas de propiedad pública.

Mi respuesta a esta perspectiva es: ¿y? Si los contribuyentes están corriendo con los gastos del rescate de los bancos, ¿por qué no deberían obtener la propiedad, al menos hasta que aparezcan compradores privados? Pero la Administración de Obama parece estar partiéndose la cabeza para evitar este desenlace.

Si las noticias son ciertas, el plan de rescate bancario constará de dos elementos principales: la compra por parte del Gobierno de algunos activos bancarios con problemas y garantías frente a pérdidas causadas por otros activos. Las garantías representarían un gran regalo para los accionistas de los bancos; las compras tal vez no, si el precio fuera justo, pero, según información del Financial Times, los precios probablemente estarían basados en modelos de tasación en lugar de en precios de mercado, lo que significa que el Gobierno les estaría haciendo un gran regalo también con esto. Y, a cambio de lo que probablemente sea una gigantesca subvención para los accionistas, los contribuyentes obtendrán… Bueno, nada.

¿Habrá al menos límites en la remuneración de los ejecutivos, a fin de evitar más timos como los que han enfurecido a la opinión pública? El presidente Obama ha criticado las bonificaciones de Wall Street en su último discurso semanal, pero según The Washington Post, “es probable que la Administración se abstenga de imponer restricciones más duras a las indemnizaciones de los ejecutivos de la mayoría de las empresas que reciban ayuda gubernamental” porque “los límites muy estrictos podrían disuadir a algunas de solicitar la ayuda”. Esto indica que las palabras duras de Obama son sólo para aparentar.

Mientras tanto, parece que la crisis apenas ha hecho mella en la cultura del exceso de Wall Street. “Digamos que soy un banquero y que he generado 23 millones de euros. Yo debería recibir parte de ese dinero”, comentaba un banquero a The New York Times. ¿Y si eres un banquero y has destruido 23.000 millones? ¡El Tío Sam acude al rescate!

Lo que aquí está en juego es algo más que la imparcialidad, aunque ésta también cuente. Salvar la economía va a ser muy caro: es probable que ese plan de estímulo económico de 800.00 millones de dólares sea sólo un anticipo, y que rescatar el sistema financiero, incluso si se hace bien, cueste cientos de miles de millones. No podemos permitirnos el lujo de despilfarrar el dinero regalándolo como si creciese en los árboles a los bancos y a sus ejecutivos sólo para mantener la ilusión de que son propiedad privada.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.

Traducción de News Clips.

© New York Times News Service, 2009.

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Sube el paro, pero ¿cuánto?, de Ángel Laborda en Negocios de El País

Posted in Economía, Laboral by reggio on 8 febrero, 2009

Desde final del verano, cada principio de mes, cuando el INEM publica los datos del paro registrado, la sociedad española sufre una conmoción. No es para menos. Desde agosto, el paro ha aumentado en 160.000 personas de media mensual. Hay que hacer, en todo caso, una matización importante: más de la cuarta parte de dicho aumento obedece a la desfavorable estacionalidad propia de estos meses, de forma que, corrigiendo este efecto, el aumento sería de unas 117.000 personas.

En enero se produjo el mayor aumento registrado hasta ahora, 198.838 parados, pero, sin embargo, una vez corregida la estacionalidad, la cifra fue la menos mala de los últimos cinco meses: 80.400. Esto es lo que pasa cuando no se transmiten bien o no se saben interpretar adecuadamente los datos estadísticos, que se confunde a los usuarios de la información acerca de cómo van realmente las cosas, lo que puede llevar a tomar decisiones equivocadas.

Ahora bien, si, además de no saber publicar e interpretar los datos, las propias estadísticas no son fiables, entonces la confusión es total. El dato más significativo de los publicados el pasado martes por el Ministerio de Trabajo, aunque el menos difundido, no fue el paro, sino la afiliación a la Seguridad Social, que disminuyó en enero en casi 350.000 afiliados en términos brutos y en 182.000 en términos desestacionalizados (gráfico superior izquierdo). Es un termómetro perfecto del mercado laboral, aunque no tan completo como la EPA. A partir de ella y de la EPA se puede llegar fácilmente a la conclusión de que la estadística del paro registrado es poco fiable, fundamentalmente porque está sometida a continuos cambios administrativos en la calificación como parados de los casi 4,5 millones de personas que están inscritos en las oficinas públicas como demandantes de empleo (no hay que confundir demandantes de empleo con parados, pues entre los primeros hay personas que ya están ocupadas y buscan otro empleo). Es fácil deducir que si el empleo, medido a través de los afiliados a la Seguridad Social, disminuyó en enero en 182.000 personas, el paro debería haber aumentado en esta cifra más la correspondiente a la población activa, que, según la EPA, estaba aumentando a un ritmo mensual desestacionalizado de 25.000 personas en el cuarto trimestre del pasado año. Es decir, un aumento tendencial del paro en enero de unas 207.000 personas (330.000 en términos brutos) sería más creíble que el publicado de 80.400 (198.838 en términos brutos).

Este problema del paro registrado no es exclusivo de este mes de enero. En el gráfico superior derecho se comparan las variaciones mensuales desde 2006 del paro y de los afiliados (corregidas de estacionalidad), y se puede observar que hasta febrero de 2008 había una coherencia entre ambas cifras: las variaciones del paro siempre eran superiores en valores absolutos a las de los afiliados en algo más de 40.000 personas (aumento de la población activa), pero esta diferencia poco a poco se ha ido acortando y en los últimos meses se ha hecho negativa, lo que sólo sería coherente si la población activa estuviera disminuyendo, algo que la EPA desmiente.

Otro test de coherencia puede verse en el gráfico superior derecho, que compara las variaciones del paro registrado y el estimado por la EPA, también desestacionalizadas. Durante 2006 y 2007, ambas eran similares, pero desde el primer trimestre de 2008 el registrado se ha ido quedando rezagado, de forma que si antes el número de parados registrados superaba todos los trimestres al de la EPA en unas 200.000 personas, en el cuarto trimestre de 2008 los términos se habían invertido y el primero era inferior al segundo en 229.000.

En conclusión, la estadística del INEM parece que está infraestimando el paro en unas 400.000 personas, de forma que en enero la cifra total desestacionalizada podría ser superior ya a 3,6 millones de personas. Al ritmo actual, podrían alcanzarse los 4 millones en el segundo trimestre (ésta es la previsión de FUNCAS). Los responsables de la estadística del paro registrado deberían explicar las razones de la incoherencia de la misma con la de afiliados y la EPA, y si se debe a cambios metodológicos o normativos, entonces que dejen de comparar los datos de un periodo con los de periodos anteriores, pues en este caso las cifras no son homogéneamente comparables.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

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Pitis, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 8 febrero, 2009

CUADERNO DE MADRID

Los hechos: el palco del Bernabeu sigue desmadejado; Caja Madrid prevé una tasa de morosidad del 7% y exhibe una guerra civil que nadie sabe cómo acabará; la Asamblea de Madrid, también conocida como El Corral de la Pacheca, discute sobre espionaje político con navajas de nácar y retórica de Arniches: “¡cacatúa!”, “¡mira cómo tiemblo!”; dossiers a tanto el kilo, muy a punto de entrar en circulación; el PSOE madrileño, vieja gloria de las Españas, de nuevo merodeando el pastizal; en el vestíbulo de la castiza Asamblea de Madrid hay un cuadro de Antonio López (Madrid desde Vallecas), un cuadro extraordinario, realista, bañado por una pálida luz blanca, minucioso al extremo, que explica muy bien la situación: los detalles de Madrid sólo los puede percibir el arte; por lo demás, Madrid es siempre confusión; tres diarios batallan cada mañana por la guía espiritual de las derechas centrales (cada portada, un Dos de Mayo); monseñor Rouco Varela, ayer Papa de España, hoy tutelado por el Vaticano; la Cope, como siempre, genial: puro Valle-Inclán; tres municipios del elegante distrito norte (Las Rozas, Boadilla del Monte, Majadahonda) bajo sospecha de chanchullo; empresarios de gomina y porte torero en comisaría por negocios no muy claros bajo la sombra del Partido Popular; instruye la causa el juez Garzón; el invierno más frío desde que Cela acabó de escribir La colmena; Carpanta en la Puerta del Sol; Esperanza Aguirre, desatada; Alberto Ruiz-Gallardón, a la espera; Mariano Rajoy, tranquilo (Buda en Finisterre); José María Aznar, inquieto; Rodrigo Rato, expectante; Francisco Camps, atento; todos pendientes del 1 de marzo; unos más pendientes de Galicia que del País Vasco; el PNV lleva las de ganar porque entendió pronto la crisis; miles de pisos sin vender en Seseña; Seseña, yendo hacia Toledo, homenaje estructuralista al batacazo español (próxima exposición en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona); Paco, el pocero, promotor de Seseña, se ha salvado de la suspensión depagos y explora negocios inmobiliarios en Guinea Ecuatorial; Francisco Hernando (el susodicho pocero) ha dejado en ridículo a algunos señoritos que se reían de él; más al sur de Toledo, el nuevo aeropuerto de Ciudad Real no acaba de despegar; los motores de la Caja de Castilla-La Mancha ronronean; serios problemas de engranaje en el Gran Madrid y aledaños; malhumor por el reflote barcelonés de Spanair; sí, cruje el Gran Madrid; Zapatero, miracolato, como dicen en Italia: el fenomenal embrollo del PP le salva, por ahora, de aparecer al borde del abismo; en Europa comienzan a dimitir ministros de Economía; el invierno es siberiano; Pedro Solbes, impertérrito; el ocurrente ministro Sebastián lanza bengalas contra la banca; el martes, Zapatero comparece en el Congreso para hablar de la crisis; al populismo de derechas le sobreviene siempre un populismo de izquierdas; este mes de enero, la izquierda ha alimentado dos furores en España: contra los judíos y contra los banqueros (debe de ser casualidad); en la Moncloa han recibido al cardenal Bertone con obsequio y piedad; ZP ha logrado instaurar la hegemonía de la imagen que a Aznar se le escapó de las manos; en la prensa de izquierdas pensaban que Bertone era socialdemócrata; Madrid, excepto en los cuadros de Antonio López, es confusión; Madrid, a veces, da la razón a Valle: “España es una deformación grotesca de la civilización europea”; la civilización europea no pasa el mejor de sus momentos. Y en Pitis, a la salida del metro, sigue sin haber nada. Nada.

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¿Qué hay en el plan del Gobierno (II), de Alfredo Pastor en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 8 febrero, 2009

Las medidas de política fiscal que contiene el plan del Gobierno no presentan sorpresas. Podrán parecer insuficientes a algunos, mal dirigidas a otros -en especial a aquellos que piensan que los recortes de impuestos son un medio más eficaz que los programas de gasto para estimular la economía-, pero van dirigidas a un objetivo bien concreto: suplir por un tiempo la caída de la demanda inducida por la crisis inmobiliaria.

Al tratar de evaluar las medidas dirigidas al sector financiero, por el contrario, se adentra uno en tierra incógnita, porque es difícil saber si unas medidas son acertadas cuando uno desconoce cuál es la situación que tratan de remediar. En el caso de nuestra banca, el público en general ignora cuál pueda ser su estado, porque la información publicada desafía los esfuerzos del analista para saber qué pasa; pero, además, uno no está del todo seguro que ni ella misma, ni nuestras autoridades lo sepan.

En el plan del gobierno, las ayudas a la banca se centran en la constitución de un fondo para la adquisición de activos dudosos de hasta 250.000 millones de euros entre 2008 y 2010: casi una cuarta parte del PIB de 2007. A primera vista, una barbaridad de dinero; pero cuando comparamos la cifra con las del sector bancario, nos damos cuenta que es relativamente modesta: equivale al 7,3% de los activos totales de la banca en junio de 2008, y a algo más del 10% de la financiación total concedida por la banca al sector privado. El único patrón de comparación para tratar de adivinar si esa cantidad bastará para limpiar los balances de la banca de esos activos dudosos es la cifra de activos clasificados como dudosos: en junio de 2008, esa cifra era de 38.000 millones de euros; como el fondo constituido tiene un volumen seis veces superior, podría uno concluir que puede soportar un enorme aumento de la morosidad de los créditos.

Esta sería una conclusión excesivamente ingenua: puede ser, a lo más, un buen deseo. En primer lugar, nuestra banca es, en buena parte, dependiente de la financiación externa y, por consiguiente, de la salud de la banca extranjera. Si bien parecemos haber salido de la atmósfera de pánico que rodeó la quiebra de Lehman, uno busca en vano buenas noticias sobre el sector: la fase de consolidación y ajuste iniciada en agosto de 2007 no ha terminado aún.

En segundo lugar, aunque haya que creer a nuestras autoridades cuando afirman que la implicación de la banca española en la compra de los llamados activos tóxicos es pequeña, también es cierto que basta con una pequeña cantidad para contaminar todo el balance de una entidad: no se los llama tóxicos por casualidad. En la raíz de la crisis de liquidez está la incertidumbre: en la situación actual, la menor sospecha parece conducir a la parálisis.

Si esto es así, ni este fondo ni otro mayor podrán remediar la situación. Por último, no hay que hacerse demasiadas ilusiones: el que el fondo pueda ir absorbiendo los aumentos de la morosidad no significa que el crédito siga creciendo como lo había hecho en el pasado: el volumen de crédito concedido por la banca al sector privado en España es casi cuatro veces el PIB; en la zona euro, dos veces y media. Todo induce a pensar que, en el futuro inmediato, el crédito aquí aumentará mucho menos que antes. No, no habrá para todos.

¿Qué decir del plan del Gobierno? Que se parece bastante a otros (lo que no deja de tener su mérito, porque fue el primero presentado a la Comisión); que es acertado en su arquitectura general; que las medidas fiscales pueden ser objeto de críticas de matiz; que por lo que se refiere a las medidas financieras hay que esperar que basten, pero que es posible que los acontecimientos las superen. Pero, sobre todo, hay que tener presente que el plan no es más que un instrumento que puede hacer una modesta aportación a la salida de la crisis. La Hacienda pública pone a disposición los recursos que tiene, y algunos que aún no tiene. No puede hacer mucho más. Las administraciones tienen ahora la responsabilidad de hacer que el dinero llegue a su destino sin demasiadas complicaciones, y que se gaste medianamente bien.

Y nuestros gobernantes tienen la gran responsabilidad de infundir confianza: sólo así se devolverán los ánimos a quienes mantienen la marcha de nuestra economía.

¿Qué cómo se hace? Pues parece que cuando a Clement Attlee le preguntaron cuál había sido la contribución de su predecesor, Churchill, a la victoria en la segunda guerra mundial, Attlee dijo: “Hablar”. Pues eso tendrían que hacer los nuestros: hablar menos, quizá, pero desde luego mejor.

Alfredo Pastor. Profesor del Iese. Doctor en Economía por el MIT, fue secretario de Estado de Economía con Pedro Solbes.

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Estafando, de Pedro Nueno en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 8 febrero, 2009

Hace un año escribía que cada mes la prensa traía un fraude importante y que yo coleccionaba estos artículos. Bien, me van a echar de casa porque el montón de papel sobre fraudes y dramas empresariales está ya ocupando demasiado sitio. Y la cosa no para. En diciembre era Madoff en Nueva York. El drama va de oeste a este, y se suicida Adolf Markle en Alemania tras pérdidas horribles. En enero la cosa se traslada a India, hacia el oeste otra vez, donde el señor Ramalinga Raju, de Satyam Computer Services, confiesa trampas más horribles todavía. Y sigue el fraude ordenadamente de oeste a este con el encarcelamiento en China del presidente de la sexta firma de inversión en bolsa, el señor Dong Zhengging, por utilización de información privilegiada (y este allí se la juega). A continuación quiebra Ssangyong en Corea. Yo ya estaba esperando una gorda en Japón o en Australia, pero el fraude gira bruscamente y vuelve a Europa: Lagbar estafa 450 millones de euros cotizando humo en la Bolsa de Londres, y los cerebros parece que vivían en Barcelona. Ahora estoy desconcertado. El fraude se ha desordenado.

Repasándome las fotos de los fraudulentos, a algunos no se les ve mala gente. Si yo tuviese mucho dinero, me hubiesen invitado a una fiesta selecta en Manhattan y un amigo me hubiese presentado a Madoff y Madoff me hubiese llamado con afecto Ped Ro, que es como me pronuncian mis amigos de Harvard, y me hubiese preguntado: “¿Where are you from, Ped Ro?” Y al decirle: “I am from Barcelona, Mr. Madoff”, él me hubiese dicho: “¡Oh Barseloona! is a fantastic city, call me Bernard”, seguro que hubiese buscado la manera de invertir con él. No tiene cara de mala persona. Además, hace ya 15 años, en uno de mis libros, Emprendiendo, llamé síndrome de Lindbergh a esa necesidad que tenemos todos los humanos de hacer negocios en Manhattan si tenemos un pequeño éxito económico en la vida. Con el indio Ramalinga hubiese sido distinto. De entrada, si me hubiese dicho: “Llámame Ramalinga”, no sé si lo habría hecho. No es lo mismo decir: “Mira, Bernard, te depositaría 10 millones de euros” que decir: “Mira, Ramalinga, te depositaría…”, y es que no acabaría la frase. Me sorprendería menos que se me volatilizaran con el Ramalinga que con el Bernard. Y mirándole a los ojos, no inspiran la misma bondad.

Y no será porque hoy no se hable de ética y de buen gobierno corporativo. Pero a veces somos un poco fantasmas, y hemos perdido valores. Hace unas semanas, trabajando por el mundo, el decano de una escuela de negocios importante me explicó que entrevistó a un gurú de la ética y el buen gobierno y le hizo una oferta muy buena para ficharle. El gurú le dijo que tenía que ser un 50 por ciento más, pero que él no fichaba sino que facturaría desde una empresa que tenía en un paraíso fiscal porque le molestaba pagar impuestos. El decano aún ríe. “No había visto tanta incoherencia en mi vida, y ya soy mayor”, me comentó. Bien, llevamos meses de frío y lluvias por todo el hemisferio norte y hay pocas conferencias sobre el calentamiento y la desertización del planeta. En fin vamos a trabajar en serio, con honradez, coherencia y sin ramalingar.

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Estado de Corrupción, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 8 febrero, 2009

CON LUPA

Como a perro flaco todo son pulgas, al Partido Popular le acaba de estallar su enésimo escándalo de corrupción a veinte días de dos elecciones autonómicas cuyo significado rebasa con mucho el estricto ámbito territorial en que se desarrollan. No es un escandalete más, de los muchos que jalonan la vida de una democracia maltrecha por la conducta de una minoría –aunque sí muy influyente y poderosa- de españoles entregados a la pasión por el dinero a cualquier precio. Por el número de los implicados, sus conexiones políticas y la extensión geográfica del caso, éste parece apuntar a la columna vertebral de uno de los dos grandes partidos nacionales, amenazando con poner de nuevo en evidencia lo que desde hace bastantes años es un secreto a voces: el Estado de Corrupción en que vivimos y en el vegeta nuestra democracia, situación tolerada por el pasotismo de casi todos y consentida, cuando no directamente aprovechada, por los usufructuarios del Sistema.

Alguien aseguraba ayer que “este escándalo puede llevarse por delante al Partido Popular”. El hombre que activa la bomba no es otro que el juez Baltasar Garzón, quién si no, el juez escándalo por excelencia, perfecto representante del estado de postración de nuestra Justicia, con amigos tan importantes en el propio PP como Alberto Ruiz-Gallardón, que fue quien ofició la reciente ceremonia civil de la boda de la hija del señor juez, con banquete posterior en el Soto de Viñuelas ante representantes del mundo del dinero tan significados como Isidro Fainé (la Caixa), Emilio Botín (Santander) o Isidoro Álvarez (El Corte Inglés). Garzón es ahora es gran asesor de Zapatero en asuntos judiciales y de hecho fue él quien le convenció para que aceptara el nombramiento de Carlos Dívar como presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ: “Este es el hombre que te conviene; es muy catolicón, sí, pero no te va a crear ningún problema”. Estado de Corrupción.

Conviene, sin embargo, separar el trigo de la paja e ir por partes. Las detenciones del viernes tienen lugar cuando apenas quedan tres semanas para las elecciones gallegas y vascas del 1 de marzo, de modo que la sospecha de la intencionalidad política del episodio es tan obvia que la militancia enragé del PP puede caer en la tentación de descartar la historia de un manotazo calificando lo ocurrido de maniobra orquestada para perjudicar electoralmente a la derecha. De nuevo la utilización de la Justicia con fines políticos partidistas. Es evidente que Rubalcaba y su Ministerio del Interior se han empleado a fondo. Llegados a este punto, conviene, sin embargo, proclamar a los cuatro vientos que, aun sospechando la existencia de espurios intereses en la razzia de nuestro juez campeador –de verdad esto es competencia de la Audiencia Nacional, Baltasar?-, cualquier persona libre de prejuicios ideológicos no puede conformarse con matar al mensajero con una perdigonada del clásico “y tú más”, sino que, por el contario, está obligada a preguntarse qué hay de verdad en lo denunciado, para, a continuación, exigir responsabilidades y reclamar las medidas legales necesarias para evitar que lo ocurrido vuelva a repetirse.

Por desgracia, llueve sobre mojado o, por decirlo con lenguaje más adecuado a la meteorología del momento, jarrea sobre territorio anegado por una corrupción galopante. Conviene transcribir fielmente el párrafo que ayer reproducía el diario “El País” con la firma de Francisco Mercado, receptor de las filtraciones del juez Garzón, parte de la grabación policial de una conversación entre un tal Francisco Correa y un cual Álvaro Pérez. Dice Correa: “Tengo un tema gordo en Valencia, con un PAI prácticamente cerrado, el tío pide 1.000 kilos de más. Compramos a 10.000 y vendemos a 20.000. Ganamos 12.000 kilos. Un empresario pone el 50% y yo otro 50%. De mi 50% yo reparto con Ramón Blanco, con Álvaro (Pérez), con Pablo y con el alcalde… Hay un tema medioambiental que lo desbloqueo yo“. Este párrafo resume mejor que mil discursos lo que han sido los últimos 20 años de Historia de España, y debería ser de enseñanza obligatoria en las escuelas e institutos de todo el país a partir de los ocho años.

En la otrora rutilante España del boom, una inmensa mayoría se ha tenido que conformar con las migajas del crecimiento económico, sacando adelante a su familia con 1.500 euros mensuales, mientras a su alrededor proliferaban los coches de lujo, los yates, las grandes mansiones que lucía una exigua minoría arracimada en torno a la gigantesca corrupción que, en imparable cascada, se precipitada hacia abajo desde la cúspide misma del Sistema, con el consentimiento cómplice de los dos grandes partidos usufructuarios de la tarta y los nacionalistas periféricos. Puede sonar demagógico, pero es la pura verdad. Ahora, a ese padre de Alcorcón que se ha apañado en los años del boom con 2.000 euros al mes, que ha sacado adelante a su familia gracias a las ofertas del “Carrefú”, le ponen en la calle porque no hay trabajo, la burbuja se pinchó, y el Estado tiene que dedicar los pocos recursos que tiene, vía impuestos de los contribuyentes, a salvar a los bancos de la quiebra.

La última oportunidad para Mariano Rajoy

Se quejaba el otro día uno de esos indefinibles personajes madrileños de ignota filiación laboral pero de almuerzo diario en Horcher: “Estoy aburrido, chico. Es que con la que está cayendo no merece la pena ni salir a la calle: ahora es imposible robar un duro a nadie…” Es probable que los infinitos Correas de esta España nuestra hayan perdido algunos duros en Madoff después de repartir los “12.000 kilos que ganamos”, pero es seguro que el grueso de sus fortunas está a buen recaudo. Francisco Correa, hombre antaño muy cercano a Paco Álvarez Cascos, ha sido el organizador de todos los eventos del PP en los últimos 20 años, aunque la sociedad correspondiente, Special Events, es apenas la tapadera de un negocio de mayor porte. Álvaro Pérez –¡qué foto la de ayer en El País: esos zapatos marrones, ese habano en la siniestra, esas gafas oscuras, ese bigote a lo kaiser Guillermo, esa gomina, cuando se está dirigiendo a la ceremonia de la boda entre Alejandro Agag y Anita Aznar en El Escorial- es íntimo del yernísimo, encargado de colocar hasta las mesas del banquete de la famosa boda.

Las metástasis de este escándalo llegan muy arriba y se propagan en muchas direcciones. Una oportunidad, quizá la última, para que Mariano Rajoy demuestre su capacidad de liderazgo y la voluntad de cambio al frente del PP. Afloran ahora a la superficie los groseros errores de la segunda legislatura Aznar. La guerra de Irak no cabalgaba por montañas lejana, no; estaba aquí mismo, en la lucha contra la corrupción galopante, en la regeneración democrática, en la continuidad de las reformas económicas de fondo que ya entonces reclamaba una economía recalentada como la española. La cobardía de Rajoy se tradujo después de marzo de 2004 en cuatro años lastimosamente perdidos, ya van cinco, en la tarea inaplazable de soltar lastre de tanto corrupto como se ha adherido a la epidermis del partido. Nada de eso hizo un hombre que, por toda explicación, justificó cuatro años después no haber movido ficha en que “no había podido disponer de su propio equipo”.

A estas alturas no valen discursos del tipo de que este episodio favorece al PSOE. La paradoja es cierta: en la crisis económica mas brutal que hemos conocido nunca, los escándalos estallan en la acera del PP, mientras el vecino socialista se troncha de risa viendo el drama tras las celosías, y Zapatero transita cual fantasma por el desierto de paro que es hoy España. No nos engañemos. La corrupción no es problema de un partido. Es un mal sistémico en España.

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600 mil despidos doblegaron la resistencia, de Tomás Lukin en Página 12

Posted in Economía, Laboral by reggio on 8 febrero, 2009

Durante la mañana de ayer se supo que el desempleo estadounidense había llegado a 7,6 por ciento, cifra no registrada desde 1992. El dato reforzó la presión sobre los senadores republicanos que a la noche aceptaron tratar el proyecto.

Se necesitaron 600 mil despidos en sólo un mes para que el Senado de Estados Unidos llegara a un principio de acuerdo sobre el plan de estímulo que impulsa el presidente Barack Obama. La versión del Senado rondaría los 800 mil millones de dólares, ya que los demócratas accedieron a realizar recortes por 100 mil millones. Pese a los avances, todavía falta que por lo menos dos republicanos den su voto positivo al proyecto. Pero aun cuando esto suceda, para que el gobierno de Obama pueda poner en marcha su plan de salvataje necesitará que los congresistas concilien las muy diferentes versiones del proyecto que salieron de las dos Cámaras. Por la mañana y tras conocerse que el desempleo había llegado hasta el 7,6 por ciento, la mayor tasa desde 1992, el primer mandatario había intensificado la presión sobre los senadores para que tomaran una decisión: “La situación no podría ser más grave. Es inexcusable e irresponsable estancarse y demorarse mientras millones de estadounidenses están perdiendo sus trabajos. Es hora de que el Congreso entre en acción”.

Aunque Obama insiste en que “la escala y el enfoque del plan están bien”, durante toda la semana una comisión bipartidista se dedicó a ver por dónde podían, y aceptaban, recortar gastos. Para los republicanos, el billonario plan presentado en el Senado estaba repleto de erogaciones sin sentido. Hasta ahora, los recortes aceptados por los demócratas alcanzarían los 100 mil millones de dólares en sectores como programas educativos, ayudas directas para los estados e inversiones en energías renovables. Para la aprobación, los demócratas necesitan 60 votos y tienen 58 bancas. Pero aún consiguiendo dos o más republicanos que estén a favor, varios analistas consideraron que el debate para conciliar las dos versiones tampoco será sencillo, ya que varios senadores demócratas no están muy dispuestos a aceptar recortes en los proyectos.

“No me vengan con los mismos argumentos e ideas gastadas que ayudaron a crear esta crisis”, sentenció Obama el jueves por la noche al referirse a las demandas republicanas de mayores recortes impositivos. Las presiones de Obama, que ya había presagiado una “catástrofe” si la votación continuaba demorándose, se repitieron ayer mientras presentaba los 15 miembros de su Consejo Asesor para la Recuperación Económica (ver aparte). “No vamos a mejorar con las mismas políticas que en los últimos ocho años duplicaron la deuda nacional y pusieron a la economía en caída libre”, apuntó el mandatario para diferenciarse de su antecesor. “No podemos adoptar la fórmula perdedora que dice que sólo los recortes impositivos solucionarán cada problema que tengamos, eso ignora nuestros críticos desafíos como la adicción al petróleo importado, el altísimo costo de los seguros de salud o las escuelas que se caen a pedazos”, advirtió.

El plan de estímulo apunta a crear entre tres y cuatro millones de empleos en los próximos dos años. Según los datos oficiales difundidos ayer, en los últimos tres meses se perdieron 1,8 millón de empleos y las proyecciones negativas continúan hasta 2010. “Estamos en el medio de un grave y violento colapso de la actividad que puede durar por meses”, apuntó el economista James Galbraith. Durante el primer mes del año se registró una destrucción de 598.000 puestos de trabajo, la mayor caída mensual desde diciembre de 1974, y la tasa de desocupación llegó hasta el 7,6 por ciento, cifra que no registraba desde 1992. Según estimaciones privadas, el desempleo podría superar el 10 por ciento en los próximos 12 meses.

Para muchos especialistas, el retraso en la aprobación del paquete profundizará la contracción financiera y reducirán su impacto al momento que se aplique. Además advierten que la efectividad será limitada. Los analistas esperan que la expansión de los recursos del seguro de desempleo, el plan sin los cambios de ayer suponía un incremento de 123 mil millones en el presupuesto, consiga aliviar el impacto de los despidos, pero aseguran que no logrará frenar los despidos. Las solicitudes para conseguir el seguro llegaron hasta las 626 mil en enero, el nivel más alto desde 1982, y la cantidad de personas que reciben el beneficio llegó hasta los 4,8 millones de casos. El plan de Obama también contempla recortes impositivos para las empresas que incorporen trabajadores, como las medidas anunciadas por el gobierno argentino, pero como las compañías esperan que la demanda local, y externa, continúe cayendo no se espera que este punto sea muy efectivo.

Con respecto a los casi 200 mil millones de dólares que serán destinados a la inversión en infraestructura y los incentivos para desarrollos en energías renovables, los analistas consideran que sólo están listos para ser ejecutados el 30 por ciento de los proyectos. Pese a la magnitud del rescate para los bancos que impulsó el ex presidente Bush y el (casi) billonario plan de estímulo de Obama, muchos economistas consideran que todavía será necesario trabajar en un plan que se centre en aliviar el peso de la deuda –principalmente hipotecaria pero también la carga de los préstamos estudiantiles y las tarjetas de crédito– sobre las familias norteamericanas como sucedió durante la recuperación de la Gran Depresión.

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Crónica de un suicidio anunciado, de Immanuel Wallerstein en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 8 febrero, 2009

El Estado de Israel proclamó su independencia a la medianoche del 15 de mayo de 1948. Naciones Unidas había votado establecer dos estados en lo que había sido la Palestina bajo el dominio británico. Se suponía que la ciudad de Jerusalén habría de ser una zona internacional bajo la jurisdicción de Naciones Unidas. La resolución de la ONU recibió mucho respaldo, específicamente el de Estados Unidos y la Unión Soviética. Todos los estados árabes votaron en contra.

En los 60 años de su existencia, el Estado de Israel ha dependido para su supervivencia y expansión de una estrategia general que combina tres elementos: militarismo macho, alianzas geopolíticas y relaciones públicas. El militarismo macho (lo que el actual primer ministro Ehud Olmert llama el “puño de hierro”) fue posible por el fervor nacionalista de los judíos israelíes, y eventualmente (aunque no al principio) por el muy fuerte respaldo de las comunidades judías de otras partes del mundo.

Geopolíticamente, Israel forjó primero una alianza con la Unión Soviética (que fue breve pero crucial), luego con Francia (que duró un poco más de tiempo y permitió a Israel convertirse en una potencia nuclear) y finalmente (y lo más importante) con Estados Unidos. Estos aliados, que también fueron patrocinadores, ofrecieron sobre todo un apoyo militar al proveerlo de armas. Pero también ofrecieron respaldo diplomático/político y, en el caso de Estados Unidos, un considerable apoyo económico.

Las relaciones públicas se dirigieron a obtener la simpatía de una amplia franja de la opinión pública, que en los primeros años tuvo como base el retrato de Israel como un David pionero contra el retrógrado Goliath, y que en los últimos 40 años ha tenido como base la culpa y la compasión por el masivo exterminio de los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial.

Todos estos elementos de la estrategia israelí funcionaron muy bien desde 1948 hasta los años 80. De hecho, se fueron haciendo más efectivos. Pero en algún momento de los 80, el uso de estas tres tácticas comenzó a ser contraproducente. Israel ha entrado ahora en una fase de declive precipitado de su estrategia. Puede ser muy tarde para que Israel persiga una estrategia alternativa, en cuyo caso habrá cometido suicidio geopolítico. Rastreemos cómo fue que interactuaron los tres elementos de su estrategia, primero durante su envión hacia arriba, luego durante el lento declive del poder de Israel.

Durante los primeros 25 años de su existencia, Israel se involucró en cuatro guerras con los estados árabes. La primera fue en 1948-1949, para establecer el Estado judío. La declaración israelí de un Estado independiente no coincidió con una declaración palestina de establecer un Estado. En cambio, un número de gobiernos árabes le declararon la guerra a Israel. Inicialmente Israel estuvo en dificultades militares. Sin embargo, los militares israelíes estaban mejor entrenados que los de los países árabes, con la excepción de Transjordania. Y, lo que es crucial, obtuvieron armas de Checoslovaquia, que actuó como agente de la Unión Soviética.

Para el momento de la tregua en 1949, la disciplina de las fuerzas israelíes combinada con armas checoslovacas permitió a los israelíes ganar un territorio considerable no incluido en las propuestas de partición de Naciones Unidas, incluido Jerusalén occidental. Las otras áreas se incorporaron a partir de los estados árabes circundantes. Un gran número de árabes palestinos se fueron o los forzaron a abandonar áreas bajo el control de los israelíes y se volvieron refugiados en los países árabes circundantes, donde sus descendientes viven hasta la fecha en gran medida. La tierra que era de ellos fue arrebatada por los judíos israelíes.

La Unión Soviética pronto abandonó a Israel. Esto probablemente se debió principalmente a que sus líderes muy pronto sintieron miedo del impacto que tendría la creación del Estado en las actitudes de los judíos soviéticos, que parecían demasiado entusiastas y que por tanto eran potencialmente subversivos desde el punto de vista de Stalin. A cambio, Israel dejó de lado cualquier simpatía hacia el campo socialista con la guerra fría, y dejó claro su ferviente deseo de ser considerado miembro pleno del mundo occidental, política y culturalmente.

En ese tiempo Francia se enfrentaba a los movimientos de liberación nacional en sus tres colonias norafricanas, y vio a Israel como un aliado útil. Esto fue especialmente cierto después de que los argelinos lanzaron su guerra de independencia en 1954. Francia empezó a ayudar a Israel a armarse. En particular, Francia, que desarrollaba sus propias armas nucleares (contra los deseos estadunidenses), ayudó a Israel a hacer lo mismo. En 1956, Israel se unió con Francia y Gran Bretaña en una guerra contra Egipto. Desafortunadamente para Israel, esta guerra se lanzó contra la oposición de Estados Unidos, y Estados Unidos forzó a las tres potencias a ponerle fin. Después de que Argelia se independizara en 1962, Francia perdió interés en la conexión israelí, que ahora interfería con sus intentos de renovar relaciones más cercanas con los estados norafricanos que ahora se habían vuelto independientes. Fue en este punto en que Estados Unidos e Israel voltearon uno hacia el otro para forjar vínculos cercanos. En 1967, estalló la guerra entre Egipto e Israel, y otros estados árabes se unieron a Egipto. En ésta, llamada la Guerra de los Seis días, por primera vez Estados Unidos le brindó armamento militar a Israel.

La victoria israelí de 1967 cambió la situación básica en muchos aspectos. Israel había ganado la guerra con facilidad, ocupando todas aquellas partes del Mandato Británico de Palestina que ya había ocupado antes, más la península del Sinaí, de Egipto, y las Alturas del Golán, de Siria. Jurídicamente, hubo ahora un Estado de Israel más los territorios ocupados por Israel. Israel comenzó su política de establecer asentamientos judíos en los territorios ocupados.

La victoria israelí transformó la actitud de los judíos en el mundo, que ahora se despojaron de cualquier reserva que tuvieran acerca de la creación del Estado de Israel. Se pusieron orgullosos de sus logros y comenzaron a emprender campañas políticas importantes en Estados Unidos y Europa occidental para asegurarle respaldo político a Israel. La imagen de un Israel pionero que ponía el énfasis en las virtudes de los kibbutz fue abandonada en favor de un énfasis en el Holocausto como la justificación básica para buscarle respaldo mundial a Israel.

En 1973, los estado árabes buscaron reajustar la situación en la llamada guerra del Yom Kippur. De nuevo, esta vez, Israel ganó la guerra con apoyo de Estados Unidos. La guerra de 1973 marcó el final del papel central de los estados árabes. Israel pudo seguir buscando el reconocimiento de los estados árabes, y eventualmente lo logró con Egipto y Jordania, pero era muy tarde para que esto fuera una forma de asegurarle la existencia a Israel.

A partir de este punto, emergió un serio movimiento político palestino árabe, la Organización de Liberación de Palestina (OLP), que ahora se convirtió en el oponente clave de Israel, el único con el que Israel necesitaba llegar a un trato. Por mucho tiempo, Israel se rehusó a tratar con la OLP y con su líder Yasser Arafat, y prefirió el puño de hierro. Y al principio, obtuvo logros militares.

Los límites de la política del puño de hierro se hicieron evidentes por vez primera durante la primera intifada, un levantamiento espontáneo de palestinos árabes dentro de los territorios ocupados, que comenzó en 1987 y duró seis años. Fueron dos los logros básicos de la intifada. Forzó a los israelíes y a Estados Unidos a hablar con la OLP, un largo proceso que condujo a los llamado Acuerdos de Oslo de 1993, que ayudaron a la creación de la Autoridad Palestina en parte de los territorios ocupados.

En el largo plazo los Acuerdos de Oslo fueron menos importantes geopolíticamente que el impacto de la intifada en la opinión pública mundial. Por vez primera, la imagen de David y Goliath comenzó a invertirse. Por vez primera, comenzó a existir un respaldo serio en el mundo occidental a la llamada solución de los dos estados. Por vez primera, comenzó a haber una crítica seria al puño de hierro de Israel y sus prácticas vis-a-vis los palestinos árabes. Si Israel hubiera sido serio acerca de la solución de dos estados basada en la llamada Línea Verde –la línea de división al final de la guerra de 1948-1949– probablemente habría logrado un asentamiento.

Sin embargo, Israel siempre estaba un paso atrás. Cuando pudo haber negociado con Nasser, no quiso. Cuando pudo haber negociado con Arafat, no quiso. Cuando Arafat murió y lo sucedió el ineficaz Mahmoud Abbas, el más militante movimiento Hamas ganó las elecciones parlamentarias de 2006. Israel se negó a hablar con Hamas.

Ahora, Israel ha invadido Gaza, buscando destruir a Hamas. Si lo logra, ¿qué organización vendrá después? Y, como es lo más probable, si no logra destruir a Hamas, ¿será posible ahora una solución con dos estados? Tanto los palestinos como la opinión pública se mueven hacia una solución con un estados, y esto, por supuesto, es el fin del proyecto sionista. La estrategia de tres elementos de Israel se está descomponiendo. El puño de hierro ya no funciona, como no funcionó para George W. Bush en Irak. ¿Se mantendrá firme el vínculo con Estados Unidos? Lo dudo. ¿Continuará la opinión pública mirando con simpatía a Israel? No lo parece. ¿Puede Israel ahora cambiar a una estrategia alternativa de negociar con los representantes militantes de los palestinos árabes, como parte constituyente de Medio Oriente y no como puesto de avanzada de Europa? Parece bastante tarde para eso, y muy posiblemente sea demasiado tarde. Por eso, la crónica de un suicidio anunciado.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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