Reggio’s Weblog

Entre Davos y Belem, de Josep Borrell en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2009

Como todos los años por estas fechas, se han celebrado al mismo tiempo los dos grandes foros sobre la globalización, el de Davos, que reúne a la éelite financiera y política mundial, y el de la contestación altermundialista, iniciado en Porto Alegre hace 8 años, y que esta vez se ha reunido en Belem.

La gran crisis económica-financiera, y pronto social, que sacude al mundo ha sido el común telón de fondo de ambos foros. La incomunicación entre ellos ha sido mayor que nunca y las respuestas operativas para hacer frente a la crisis que se han generado tanto desde las nieves suizas como desde la humedad amazónica han sido escasas.

Tanto en Davos como en Belem el ambiente ha sido muy distinto al de años anteriores. Lo de Davos me lo han contado y en Belem lo viví personalmente. El Foro Social Mundial ha sido más que nunca una experiencia de “caos creativo” en la que participaban 130.000 personas de todo el mundo pertenecientes a 5.800 asociaciones a través de 2.000 seminarios, encuentros y debates. Después de los latinoamericanos, los europeos éramos la mayor representación continental, con 491 organizaciones, entre ellas el Foro Progresista Global, al que representábamos un grupo de eurodiputados.

El gigantismo iba a la par con el colorido del ambiente, en plena Amazonia y con una presencia masiva de los pueblos indígenas que recordaba la relación entre el hombre y la naturaleza en un encuentro que ha dedicado a la crisis ecológica tanta o más atención que a las cuestiones financieras.

Por supuesto, nada parecido a la exquisitez selecta de Davos. En el barro y bajo la lluvia, con botas y paraguas, sorteábamos los problemas de traducción, organización y transportes dentro del gigantesco campus universitario que se extiende a lo largo de uno de los brazos del delta del Amazonas.

Pero Belem ha confirmado al Foro Social Mundial como un efervescente laboratorio de experiencias y propuestas. Ha sido la reunión con la mayor participación de la historia del Foro Social Mundial. Y la crisis le ha dado crédito al validar las críticas y profecías altermundialistas que hasta hace poco no producían sino desdeñosas sonrisas de superioridad y desprecio.

Desde Belem está clara la interacción de las diferentes crisis, alimentaría, energética, ambiental y financiera, que sacuden el planeta. Todas están ligadas y no es posible pretender resolverlas manteniendo un sistema que consume de forma insostenible los recursos naturales y con los paraísos fiscales como agujeros negros del sistema financiero que hacen inútiles sus escasas regulaciones. Otra cosa es la capacidad propositiva para definir y la fuerza política necesaria para aplicar un modelo diferente al que ha naufragado.

La presencia de Lula, que ha aprovechado para presentar a la que será su sucesora como candidata del Partido de los Trabajadores a la próxima elección presidencial, acompañado de otros cuatro jefes de Estados latinoamericanos de la región, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay, aportaba parte de esa fuerza política, condenando el neoliberalismo y la gestión del sistema financiero que se ha impulsado desde EEUU y que ha conducido a la actual catástrofe. Una catástrofe que va a generar un inmenso dolor humano en términos de desempleo, pobreza y conflictos sociales, sin que sus responsables se hayan ni siquiera excusado ni nadie les haya exigido que devuelvan sus paracaídas dorados.

Ciertamente, un mitin conjunto de estos cinco jefes de Estado de la izquierda latinoamericana es un acontecimiento bien diferente del de los educados debates de Davos. Aunque también allí los animal spirits, de los que hablaba ese Keynes que está ahora tan de moda, han evolucionado.

Davos y Belem son dos ejemplos bien diferentes de lo que puede dar de sí la psicología colectiva, con sus modas y con los comportamientos gregarios que induce. Esa evolución se manifiesta a través de la cambiante relación de fuerzas entre el mundo empresarial y el político que se exhibe en Davos como en una pasarela de desfiles de moda.

Esa relación de fuerzas se ha invertido completamente. Desde que en los 90 empezó la gran oleada de especulación y globalización financiera que ahora se acaba, los gobiernos se arrodillaban ante los empresarios y financieros multinacionales para obtener sus inversiones y los empleos que creaban. Y “los mercados”, impersonales y ademocráticas fuentes de poder, sermoneaban a los políticos dándoles lecciones sobre las reformas que tenían que aplicar para flexibilizar sus economías. Unos banqueros de inversiones indecentemente pagados exigían reducir los costes salariales con argumentos simplistas sobre los beneficios de la competencia global…

Muchos de esos predicadores de ayer han perdido su empleo, aunque sus indemnizaciones por despido, que ellos mismos se han fijado, no son precisamente las que predicaban para los demás. Y el denostado Estado se ha convertido en tabla de salvación ante la que pasan la gorra pidiendo recapitalizaciones, inversiones, subvenciones y regulaciones.

Un poco más y los gurús del ultraliberalismo de ayer se ponen a pedir barreras proteccionistas y abjuran del libre cambio y de la competencia… La crisis puede generar esa gran tentación que aflora en el horizonte, la de convertir las demandas de protección en políticas proteccionistas. Los ejemplos no faltan, desde las invitaciones a consumir nacional, en España y en EEUU, a las leyes que obligan a usar acero fabricado en casa en las inversiones públicas, al rechazo de los trabajadores inmigrados para defender el empleo propio.

Ciertamente, ante la crisis la demanda de protección aumenta y es lógico que así sea. Pero necesitamos una protección que se base en más solidaridad y no en una deriva hacia actitudes de cierre de fronteras y rechazos xenófobos del que el mundo tiene ya amargas experiencias.

josep.borrellfontelles@europarl.europa.eu

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