Reggio’s Weblog

El paro, la peor consecuencia, de Carlos Sentís en La Vanguardia

Posted in Economía, Laboral by reggio on 6 febrero, 2009

VIEJO ESPECTADOR

Se ha dicho que los economistas definen bien los hechos pasados, pero navegan casi sin brújula cuando se trata de predecir acontecimientos futuros. Ahora mismo, en la tan reciente conferencia o reunión anual de Davos, 1.600 congresistas, entre ellos profesores, políticos, banqueros, empresarios, etcétera, han dado opiniones que al ser muchas de ellas casi contradictorias, añaden confusión. En cambio, sí se ha podido constatar lo que ya algunos comentaristas habían señalado como origen de esta crisis epidémica que, como un tifus, ha contagiado país tras país, merced a la globalización.

Estados Unidos, durante muchos años, ha gastado más de lo que ha ingresado. Esta situación ha servido de caldo de cultivo para el gran desarreglo financiero. El déficit lo paliaba con los dólares que depositaban en los mismos Estados Unidos aquellos países que habían vendido sus productos a ese país. En el mercado de Nueva York para jugar en Wall Street quedaba una masa dineraria que aprovechaban circuitos bancarios estadounidenses, pero que en realidad en gran parte pertenecía a extranjeros, como por ejemplo a Japón y China. No era, pues, dinero norteamericano y, por consiguiente, sus propietarios podían retirarlo llegado el caso. Eso es lo que más o menos ha ocurrido. Bancos de inversión famosísimos han tenido que ser salvados de la quiebra por el Estado. Y también bancos comerciales que se añadieron a los inversores, como el New York City Bank. Además de los bancos comerciales se sumaron a la especulación de Wall Street firmas como la del estafador que montó una empresa piramidal. Es decir, la típica estafa de dar un alto interés no proporcionado por ninguna ganancia, sino extraído del dinero fresco de los nuevos entrantes.

A pesar de la experiencia del crac de 1929, se ha repetido una peor situación 80 años después. La memoria financiera es corta. La desregulación ha sido tan manifiesta que una ley del año 1933 (tiempos de Roosevelt) llamada Glass-Steagall Act fue abolida en 1999 por quien se jubiló casi de inmediato y fue nombrado consejero de un importante banco suizo.

Ahora que el Gobierno de Washington ha gastado muchísimos millones de dólares para evitar quiebras bancarias que hubieran profundizado aún más la crisis, se ha propuesto aplicar regulaciones que para algunos de los bancos en juego se acercan a una nacionalización. También los gobiernos de otros países europeos, como Francia o Bélgica, han acudido con muchos millones a sostener importantes bancos para evitar su caída.

Como es sabido, parecida situación no se ha vivido en nuestro país porque aquí sí existía y existe una regulación que da al Banco de España potestad auditora sobre los bancos y cajas de ahorros. Ya que no el sector bancario, ha sido el ramo de la construcción el punto vulnerable. La desconstrucción acaba de dejar en la calle un número de parados superior a cualquier otro registrado en Europa. Paro por un lado y casi un millón de pisos sin ocupar e incluso sin terminar. Hay que atender a los parados y a los pequeños empresarios que integran el tejido básico del problema.

Los representantes de la banca española en una primera conferencia con el presidente Zapatero y su vicepresidente merecieron beneplácito. Después, en otras reuniones, el Gobierno ha ejercido presiones para que se abra más el compás de los créditos. Pero eso puede ser contradictorio con la acción hasta ahora llevada a término por una banca sin la cual la crisis podría ser total. Créditos posibles, pero sin forzar y caer en unos inconvenientes de impagos que hasta ahora no se habían producido. Por otra parte las ganancias, que han sido criticadas, garantizan la existencia de los bancos, ya que si dieran cifras negativas, equivaldría a su hundimiento. Otra cosa pueden ser los sueldos que se atribuyen algunos directivos, que, esos sí, podrían ser susceptibles de rebajas.

Contra la crisis no cabe ponerse nerviosos, ni salir a la calle con protestas. La salvación no es dar pie a deslocalizaciones de industrias, sino a reanudar el ritmo que hasta ahora nos ha permitido vivir en el llamado Estado de bienestar, que existe en Europa pero no en Estados Unidos. Y menos en China, donde los trabajadores ganan poco y trabajan mucho. Al caer la compra de productos chinos, especialmente en Estados Unidos, se ha producido un parón en la gran emergente. En pocas semanas se han podido sumar 20 millones de parados en China. Muchos obreros que habían ido a las ciudades a trabajar han tenido que volver a los campos, donde no tienen nada. Confirmado que la crisis es global: no se salva nadie.

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