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A los españoles se nos está acabando la paciencia, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 5 febrero, 2009

Como a Miguel Sebastián, a quien se le está acabando la paciencia con los bancos porque no aumentan los créditos (si aumentasen entraríamos en el Guinness, porque no debe haber muchos casos de países en recesión en donde los créditos de los bancos aumenten), hay algunos otros sectores de la economía y la sociedad española a los que también se le está acabando la paciencia, pero posiblemente por razones más justificadas y más con el Gobierno que con los bancos porque al fin y a la postre los gobernantes son los que tienen que dar la cara y resolver los problemas de los ciudadanos.

La lista de motivos para este estado de ánimo que trata de inculcarnos Sebastián podría ser enorme porque al fin y al cabo los españoles aún no hemos recibido una explicación plausible de cuáles son los motivos de la crisis económica y de por qué el Gobierno ha estado negándola durante tantos meses para, al fin, asegurar que todo es culpa de los bancos.

Por ejemplo, uno de los motivos de impaciencia es la imprevisión del Gobierno a la hora de gestionar el cambio del modelo económico de los últimos años. Sebastián fue el primero en anunciarlo desde la propia Presidencia del Gobierno, cuando era moneda corriente decir que el modelo económico español del ladrillo estaba finiquitado y que debía ser cambiado por otro en el que la innovación y la tecnología tomaran el relevo. Corría el año 2004 y desde entonces nunca más se supo.

El nuevo modelo económico que anunciaba Sebastián desde Moncloa, luego desde Industria, se ha quedado en los papeles, las inversiones (las públicas se entiende, que son las que maneja el Gobierno) han brillado por su ausencia y por ninguna parte parece atisbarse algún procedimiento que ponga en marcha ese nuevo cambio medio cultural, medio económico, que nos debería dar margen suficiente para que la economía encontrase nuevos motores de crecimiento en sustitución del ladrillo. Es más, los incentivos -sobre todo de naturaleza fiscal- de que disponía el sector privado para invertir en innovación han sido parcialmente suprimidos, error manifiesto en un país como el nuestro que vivía una dorada etapa de superávit fiscal que podría haber sido utilizado de forma masiva a favor de este honorable objetivo. Ahora, con un déficit pavoroso que tardaremos en pagar más de una generación, dedicar recursos a este cambio de modelo se antoja bastante más difícil. No ya porque el dinero escasee, sino porque el Gobierno está claramente tocado, desconcertado, sin ideas sobre lo que tiene que hacer, desgastado por tantas cosas como se le han venido encima y alas que no ha encontrado respuesta más que instrumentando medidas de escaso fuste y desde luego de corto recorrido.

A los españoles se nos está acabando también la paciencia al observar cómo está aumentando el paro en España cada mes al ritmo con que lo hace en Francia o en Inglaterra o en Alemania casi cada año. Y la impaciencia de los españoles tiene directa relación con la escasa capacidad de los gobernantes para instrumentar medidas económicas creíbles y de largo plazo que sean capaces de frenar esta hemorragia que ya no forma parte del derrumbamiento del sector de la construcción y el inmobiliario sino que está corroyendo a amplios sectores de la actividad terciaria y también ya a una importante parcela de la industria, terreno este último en el que se juega verdaderamente la competitividad exterior del país.

A muchos empresarios españoles, a los que el Gobierno dice defender, se les está acabando también la paciencia -en algunos casos, con la desagradable consecuencia de ir a la suspensión de pagos- porque las Administraciones Públicas (el Estado y sobre todo las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos) porque pasan los meses y siguen sin cobrar lo que les deben por las obras públicas realizadas. ¿No sería mejor utilizar al menos una parte de esos 8.000 millones que se van a dilapidar en los próximos meses en llenar España de polideportivos y espacios de ocio en pagar las deudas de los agobiados contratistas? Se evitaría sigue alimentando la máquina infernal del paro, aunque quizás sean remedios menos lucidos ya que no acarrean inauguraciones y ceremoniales que sirven a algunos políticos para satisfacer su ego.

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