Reggio’s Weblog

Sin empatía, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 3 febrero, 2009

Como hacía Jesulín de Ubrique rodeado de morlacos y ante un público únicamente de señoras, ayer Zapatero se encerró con los principales banqueros del reino. Toreo de salón. Este tipo de fotos y la tele emocional son la quintaesencia del personaje. Las enseñanzas de Barroso han cundido. El líder que repartió 400 euros por familia en plan peronista (negando la crisis que se avecinaba por simple cálculo electoral) se disfrazó ayer con el traje de hombre de la calle, para que fluya el crédito, tan necesario. El Superman de las familias españolas vive en la Moncloa y toma café de comercio justo. Al menos, el cinematográfico Juan Nadie, del genial Capra, tendía al pesimismo, lo cual le hacía humano y creíble. Pero Zapatero nunca tendría inclinaciones suicidas, él encarna el activismo vitaminado: antes equivocado que mentiroso, así lo proclamó en TVE, ante millones de almas. Aleluya.

Robert S. McNamara, el que fue secretario de Defensa con los presidentes Kennedy y Johnson, consideraba que la primera regla de la política y de la guerra es “tener empatía con el enemigo”. Así lo cuenta en el documental The fog of war, de Errol Morris. Zapatero, sin ir más lejos, no tiene empatía con el enemigo ni con el correligionario, y ahí está Montilla (y los socialistas navarros) para acreditarlo. Cuando algunos intentan comparar al jefe del Gobierno español con el presidente Obama este punto es clave. Además, como es evidente, hay otros cien aspectos que certifican que el de Hawái se parece al de León como un huevo a una castaña. Pero la empatía es capital para que los gestos y los discursos transmitan vigor y verdad. ¿Quién es el enemigo de Zapatero? No se equivoquen. El enemigo no es Rajoy, no es el PP. El único enemigo de Zapatero es Zapatero.

¿Empatía con uno mismo? Sería como si alguien adoptara los gestos del cómico que le imita, extremo que -según dicen- hacen algunos de nuestros políticos parodiados en el Polònia.Sería como tomar por ciertas las mentiras que uno ha contado y, a la postre, olvidar que son falsedades. Y por ahí va la cosa, que de esto Mc-Namara, Vietnam mediante, sabía un rato largo. ¿Se cree Zapatero sus propias fábulas? He hecho una encuesta cualitativa (entre socialistas con contactos en Madrid) y la mayoría sostiene que sí. No hay distancia de seguridad con el propio personaje y, por tanto, no hay autoempatía. Zapatero nunca ha visto desde fuera el gran guiñol que ejecuta cuando da énfasis, con sus brazos arriba y abajo, a sus divinas palabras. A Zapatero se le puede aplicar lo que se contaba de Bill Clinton en la época del caso Lewinsky: “Lincoln era incapaz de mentir; Nixon era incapaz de decir la verdad; y Clinton no puede distinguir entre verdad y mentira”.

El amigo McNamara tenía otra regla, creo que es la 11. ª y última, que reza lo siguiente: “No se puede cambiar la naturaleza humana”. Ayer, mientras Zapatero y los banqueros contentaban a sus respectivas parroquias, tal vez alguien se acordó de ello.

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