Reggio’s Weblog

Añoranza del ‘¡No a la guerra!’, de David Gistau en El Mundo

Posted in Cultura, Política by reggio on 3 febrero, 2009

AL ABORDAJE

Suspense, emociones, conflicto y personajes. Para el zapeador de televisión, ayer era más fácil encontrar cumplidas estas promesas del cine en el partido del Sporting que en la gala de los Goya. Los actores buscaron pasiones vindicativas con las que ejercitarse, tales como la tabarra de la piratería, que no vale un «¡No a la guerra!»: contra un negrito que vende dvd’s en el Metro no puede la conciencia ponerse igual de estupenda que contra Bush. Pero lo cierto es que la relación clientelar con el poder les tiene interrumpida la segregación de bilis y así, tan vacías de contenido político y de abajofirmancia, las reuniones de actores se convierten en una cuchipanda onanista que debería empezar con la inmortal frase de Torrente: «¿Nos hacemos unas pajitas?». Para futuras ediciones, que la gala la presente Aznar, y los actores subirán al atril como saliendo de toriles en vez de amansados por el ingenio menestral de esa Carmen Machi que parece pensada para cantar coplas al tender la ropa y que ya cursó su petición de ingreso al club leyendo el manifiesto por Palestina en la última salida urbana. Y ahí la tienen, incluida en el reparto de la secta que anula con ferocidad a cualquier creador que no se avenga al sometimiento ideológico. Hecha toda una intelectuala y una presentadora fetén a pesar de las carencias y del intento fallido de implantarle una prótesis de lo que los cronistas llaman glamour con cara de decir yogur.

La expectación política es algo que los propios actores crearon cuando se atribuyeron la misión de castigadores morales. Pero como sólo reaccionan contra el PP, y el gobierno de los suyos es intocable, decidieron fingir que no existen los casi cuatro millones de lunes al Sol aunque fuera a costa de pasar por frívolos endogámicos que, sin que proteste la conciencia, pasean modelitos de Dior aun con lo que cae fuera de su minifundio subvencionado, mantenido entre otras cosas por esos pizzos sicilianos a las televisiones y a los contribuyentes que Vasile llamó ayer «impuesto revolucionario». Y lo peor es que el compromiso selectivo ni siquiera obtiene siempre las recompensas que esperaba. Que se lo pregunten al enojadísimo José Luis Cuerda: tanto mover la ceja, tanto llamar «turba de imbéciles» a los votantes del PP, tanto esforzarse por diseñar, con Los girasoles ciegos, la perfecta película de Régimen a la que no le falta un solo tópico maniqueo ni un matiz revisionista, para al final sólo cazar la calderilla de un triste Goya sobre quince posibles. Buen vasallo si tuviera buen señor, pensará de sí mismo este Cuerda de ceja mal pagada.

© Mundinteractivos, S.A.

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