Reggio’s Weblog

Dios y ateísmo: un debate abierto, de Juan José Tamayo en El País

Posted in Política, Religión by reggio on 3 febrero, 2009

La jerarquía católica de España se ha sentido agredida por la campaña publicitaria de diferentes asociaciones de ateos y librepensadores en los autobuses, y ha expresado su condena de la misma con especial beligerancia, volviendo así a dar muestras de intolerancia para con los increyentes. La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha calificado de “blasfemia” la tímida insinuación de que “probablemente Dios no existe”. Su vicepresidente, monseñor Ricardo Blázquez, ha manifestado que la campaña encierra una clara intención anticristiana y anticatólica. Su presidente, el cardenal Rouco Varela, la considera “lamentable” porque, a su juicio, implica hablar mal de Dios, socava derechos fundamentales, hiere el sentimiento religioso de las personas creyentes que toman el autobús, pretende “arrancar la fe del corazón de los hombres (sic)” y constituye un abuso en el ejercicio de la libertad religiosa. Por ello ha osado pedir a las autoridades una tutela especial para los derechos y las convicciones de los creyentes.

Sorprende para empezar la desproporción entre el tono respetuoso de la campaña y las gravísimas acusaciones de los obispos españoles. Algunas organizaciones cristianas han pasado incluso de las palabras a los hechos. El Centro Cristiano de Reunión, comunidad evangélica de Fuenlabrada, y el colectivo E-cristians han replicado con una campaña similar en defensa de la existencia de Dios. Esta situación me sugiere estas reflexiones.

1. La campaña de los ateos es una respuesta a los fundamentalismos religiosos instalados con frecuencia en las cúpulas de las religiones, que se muestran agresivos con la increencia en sus distintas manifestaciones: ateísmo, agnosticismo e indiferencia religiosa. Los fundamentalistas llegan a afirmar que el hombre sin Dios es como un animal que pace y que Dios es el único fundamento de los derechos humanos. Reclaman el protagonismo de las religiones en la esfera pública, pretenden imponer la moral religiosa -en España, la cristiana- a toda la ciudadanía, no respetan la autonomía de las realidades temporales y ocupan los espacios públicos para deslegitimar la democracia. Condenan asimismo la teoría científica de la evolución y defienden como ciencia el mito de la creación y la teoría del diseño inteligente.

2. Creyentes y no creyentes están en su derecho a expresar libremente sus ideas. Se trata de un derecho humano fundamental e inalienable. La Constitución Española garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que el mantenimiento del orden público. Y, ciertamente, estas campañas en nada alteran el orden público. Son, más bien, un ejemplo del pluralismo ideológico y religioso, un ejercicio de la libertad de expresión, una muestra de respeto hacia todas las creencias e ideologías y un signo de madurez de los ciudadanos españoles.

3. Creo, sin embargo, que el problema de la existencia o inexistencia de Dios es demasiado serio como para dirimirlo a través de anuncios cruzados a favor o en contra en unos autobuses. Es necesario crear otros escenarios de reflexión y debate en torno al tema. En los años sesenta del siglo pasado prestigiosos intelectuales cristianos, ateos y agnósticos de la talla de Roger Garaudy, Karl Rahner, J. Baptist Metz, Gilbert Mury, Lombardo Radice, Giulio Girardi y Milan Machovec participaron en los diálogos cristiano-marxistas en torno a Dios, la trascendencia, el futuro de la religión y su significación en las sociedades modernas. González Ruiz, participante en aquellos diálogos, recordaba años después la petición de los intelectuales marxistas a los teólogos cristianos: “No maltraten el Misterio. Respétenlo porque es fuente de espiritualidad”. Cristianos y marxistas renunciaron a sus respectivos dogmatismos y pasaron, en feliz expresión del filósofo Garaudy, “del anatema al diálogo”, sin por ello renunciar a sus respectivas cosmovisiones. Fue una iniciativa fructífera que debería continuarse hoy en el nuevo escenario sociorreligioso.

4. Me preocupa el tono de confrontación entre creyentes y no creyentes que pueden tomar la campaña y la contracampaña, ya que corre el peligro de seguir la estrategia del choque de civilizaciones y religiones diseñada por el politólogo norteamericano recientemente fallecido Samuel Huntington. En cuyo caso, superadas ya las guerras de religiones, el siglo XXI se iniciaría bajo el signo del enfrentamiento entre personas religiosas y no religiosas. Las creencias e increencias religiosas volverían a ser motivo de división o de conflicto, cuando son, más bien, expresión del pluriverso ideológico, de la diversidad religiosa y de la riqueza de lo humano.

El nuevo siglo debe caminar por la senda del encuentro entre culturas, el diálogo entre religiones y entre creyentes y no creyentes, y la alianza contra la pobreza con un objetivo bien definido: la construcción de una sociedad más justa y fraterna, intercultural, interétnica e interreligiosa. En la tarea han de colaborar creyentes y no creyentes desde el reconocimiento del otro y el respeto a sus diferencias. Exista Dios o no, hay que disfrutar de la vida, pero luchando contra las injusticias, sin caer en el individualismo insolidario, sea éste ateo o creyente.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid.

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¿La socialdemocracia como fin de la historia?, de Domènec Ruiz Devesa en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 3 febrero, 2009

Hace casi 20 años Francis Fukuyama escribió, pocos meses antes de la caída del muro de Berlín, un ensayo sobre el fin de la historia en la revista estadounidense The National Interest, artículo que posteriormente se convertiría en libro. El argumento básico era el siguiente: con el proceso de reforma lanzado por Mijail Gorbachov en la Unión Soviética, conocido como perestroika, el gran rival del mundo atlántico desaparecía y, por tanto, cesaba la lucha ideológica con la victoria incondicional del capitalismo y la democracia liberal. Fukuyama, además, examinaba el potencial de otras ideologías como el fundamentalismo religioso o el nacionalismo, concluyendo que nunca podrían convertirse en auténticas alternativas a la democracia liberal capitalista, si bien no iban a desaparecer.

La idea de Fukuyama era sugerente y, desde luego, fue oportuna en aquel momento histórico. La propuesta también generó fuertes críticas, algunas infundadas por malinterpretar el mensaje original. La más típica es la que consideraba la tesis del fin de la historia como la ausencia de eventos históricos de importancia, algo que Fukuyama rechazó expresamente en su ensayo.

Otra crítica, algo más elaborada, proveniente del recientemente desaparecido Samuel Huntington, consideraba que la lucha ideológica secular pasaría a ser religiosa o étnica, con la famosa tesis del choque de civilizaciones. Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 confirmaron para muchos la validez de esta tesis. Con todo, y a pesar de que el fundamentalismo islámico supone una amenaza importante, Fukuyama ya dijo en su escrito de 1989 que esta ideología no es una opción atractiva, a diferencia del comunismo durante la guerra fría, más allá de los Estados de mayoría musulmana (o entre colectividades musulmanas en países no musulmanes), donde además sólo una minoría comparte sus postulados. En este sentido, esta ideología no es realmente una alternativa viable a la democracia liberal, ni se puede argumentar que es un estado superior en la evolución ideológica, de las ideas, más bien al contrario, supondría una regresión.

No obstante, la tesis original de Fukuyama sí que debe ser corregida al menos en un aspecto fundamental, si se quiere que mantenga un cierto poder explicativo de la realidad, sobre todo a la luz de los acontecimientos derivados de la crisis financiera mundial iniciada en julio de 2007 en Estados Unidos, y aun antes, por el fracaso de las políticas neoliberales en América Latina y África.

Fukuyama consideró que la victoria de la democracia liberal sobre el comunismo soviético resolvía los problemas socioeconómicos dentro de las sociedades occidentales y en los países en vías de desarrollo. Declaró, además, expresamente, que ya no había contradicción entre capital y trabajo, y obvió en todo caso las importantes diferencias entre el capitalismo estadounidense y el europeo continental, y las diferentes culturas políticas que subyacen a las decisiones de política económica a uno y otro lado del Atlántico.

Es cierto que la democracia liberal es el elemento común y definitorio de los países occidentales. Sin embargo, al obviar la importancia de las d emocracias sociales de Europa occidental, que completan el paradigma del Estado liberal, tal y como nos enseñaban Norberto Bobbio y Gregorio Peces-Barba, entre otros, se acaba poniendo al capitalismo a la americana como el paradigma de ese proclamado fin de la historia. Más aún, no se tiene en cuenta la tensión permanente entre Estado y mercado que existe en el seno de las democracias liberales, y las opciones políticas que la animan, y que debemos reconocer como neoliberalismo y socialdemocracia. Palabra esta última que está conociendo un renovado vigor a la luz del desconcierto generado por la crisis financiera.

En pocas palabras, podemos decir que la socialdemocracia es la ideología que, a diferencia del liberalismo clásico, persigue la igualdad real sobre la formal y que opera de acuerdo con el principio de la prevalencia de la política democrática sobre la economía, tal y como señala Sheri Berman. En el paradigma socialdemócrata, el sistema de mercado existe (a diferencia de lo que sucedía en la Unión Soviética), pero opera dentro de las reglas que fija el poder político, lo que incluye al Estado de bienestar, hasta hace unos años tan denostado por insostenible por los publicistas neoliberales.

En este sentido, cabe considerar al neoliberalismo, que inicia su auge como paradigma político cultural dominante en la década de los setenta, como una desviación temporal en esa evolución ideológica de impronta hegeliana que proponía Fukuyama, ya que pretende volver a un estado anterior de la humanidad, el del laissez-faire, donde la economía prevalece sobre la política, y donde no hay posibilidad de pacto entre el capital y el trabajo, ya que el primero debe prevalecer, sin ambages, sobre el segundo.

Esto no significa que el neoliberalismo no haya aportado nada bueno a la historia de las ideas, pues ciertamente las políticas keynesianas tradicionales necesitaban algunos ajustes y correcciones, en particular en lo relativo al uso excesivo de políticas monetarias procíclicas para alcanzar el pleno empleo, especialmente durante la década de los sesenta en los Estados Unidos y en el Reino Unido, donde por cierto, la tradición socialdemócrata ha sido históricamente más débil. Este error, en particular, generó una espiral inflacionaria, la quiebra de la política de rentas y del pacto entre el capital y el trabajo y, finalmente, el ascenso de la ideología neoliberal. Con todo, el neoliberalismo no se contentó con devolver cierta racionalidad a la política monetaria. Su agenda, como hemos visto, iba mucho más lejos. Animada por un individualismo descarnado buscó, y en parte logró, bajo los Gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, la privatización de sectores económicos estratégicos y de determinados servicios públicos. Pero, sobre todo, se desregularon los mercados de trabajo nacionales y los flujos financieros internacionales, con las consecuencias que hoy conocemos: mayores desigualdades, menor crecimiento económico y hasta colapso financiero. Peor aún, el paradigma neoliberal alcanzó en el discurso público lo que Antonio Gramsci denominaba “hegemonía cultural”, llevando a que incluso la izquierda adoptara el lenguaje del adversario. De este modo, el debate político de las últimas décadas se ha ceñido a determinados parámetros y términos fundamentales de la agenda neoliberal, dentro de los cuales conceptos como flexibilidad laboral, competitividad o reformas estructurales funcionaban como polos en torno a los que giraban las discusiones de las políticas públicas.

El reto para la socialdemocracia, en un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, consiste en alcanzar grados de integración y cooperación política entre los países que permitan la recuperación del equilibrio entre Estado y mercado. El momento histórico es propicio. Aunque el carácter asimétrico de la globalización, escorada hacia lo económico (y sobre todo hacia lo financiero, con la libertad de movimiento de capitales), no sugiere que la socialdemocracia sea el fin de la historia, resulta difícil afirmar que los últimos 30 años de neoliberalismo constituyen el ideal al que aspirará la mayoría de la humanidad.

La crisis financiera mundial quizás ponga de relieve lo que ya era, en realidad, evidente: el fracaso de la ideología neoliberal tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo, y la urgente necesidad de recuperar el paradigma socialdemócrata en el discurso público.

Domènec Ruiz Devesa, economista, ha sido consultor del Banco Mundial.

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¿Forzar a prestar?, de José García Montalvo en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 3 febrero, 2009

TRIBUNA

En las últimas semanas hay mucho ruido mediático sobre la actuación de los bancos respecto al crédito. La segunda reunión de Zapatero con los banqueros pretende continuar la presión sobre los bancos para que presten más. El Gobierno entiende que, a cambio de las garantías públicas a los depósitos, los avales, las subastas de los FAAF y demás actuaciones, el sector financiero debería reaccionar y multiplicar sus préstamos. Por otra parte, los bancos y cajas dicen que siguen prestando y que no están acumulando fondos. E, incluso, alguna entidad financiera ha comenzado una campaña publicitaria (a doble página en los diarios más importantes) para acallar las presiones. Pero ¿qué hay de cierto en estas dos posiciones contrapuestas?

Es evidente que la demanda de créditos ha disminuido significativamente, especialmente la de hipotecas. Comprar un piso con un 80% de crédito implica que una caída del precio del 10% produce una pérdida del 50% de la inversión inicial. Esto es suficiente para paralizar la demanda. Pero los bancos no pueden negar que también han cerrado el grifo y están acumulando efectivo. Después de descontar gran cantidad de papel (más de 600.000 millones), mantienen una parte importante en depósitos en el propio BCE (según los últimos datos, unos 205.000 millones de euros, aunque a mitad de enero eran 315.000 millones). Hay un hecho incluso más sintomático: las reservas en efectivo de la banca europea en el BCE eran de unos 750.000 millones de euros en septiembre del 2008. A finales de año había aumentado hasta superar los dos billones. ¿Es esta postura racional?

Es lo lógico ante una situación de recesión económica y los problemas de solvencia a los que se enfrentarán las entidades financieras este año. Se puede criticar, y se debe hacer con dureza, la ligereza con la que actuó la banca durante los años dorados de la orgía crediticia. Aquello era absurdo, un disparate. Un intento de traerse del futuro al presente todos los beneficios posibles, espoleados por un sistema de incentivos perversos.

Pero la pregunta clave es ¿se ha cerrado el grifo más de lo que significaría volver a la situación anterior a la burbuja crediticia de los últimos seis años? Si la respuesta a esta pregunta es negativa, entonces la presión del Gobierno para forzar a los bancos a prestar es irracional. Cuando se ha vivido durante mucho tiempo en un ambiente de crédito ilimitado, volver a estándares sensatos puede parecer un cerrojazo al crédito. Además, a diferencia del pasado, ahora los incentivos están alineados: el negocio de los bancos es prestar. Pero no tendría ningún sentido que, en plena crisis económica, los bancos prestaran dinero con la laxitud de los últimos años.

La actitud del Gobierno es bastante simplista: parece pensar que si aumentara el crédito la economía saldría automáticamente de la recesión como por arte de magia. ¿Y si esto no fuera así? ¿Y si la recesión fuera realmente profunda y duradera, como parece que va a ser? Entonces esta presión sólo provocaría un aumento significativo de la morosidad bancaria y agravaría los problemas de solvencia, lo que seguramente requeriría medidas de salvamento más radicales que las adoptadas hasta el momento, con un previsible coste para los contribuyentes. Es cierto: los bancos se equivocaron gravemente en su política de concesión de créditos del pasado. Pero forzarles a prestar más de lo que desearían no es una buena idea: un error difícilmente soluciona los problemas provocados por un error previo.

José García Montalvo. Catedrático de Economía, Universitat Pompeu Fabra.

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Sin empatía, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 3 febrero, 2009

Como hacía Jesulín de Ubrique rodeado de morlacos y ante un público únicamente de señoras, ayer Zapatero se encerró con los principales banqueros del reino. Toreo de salón. Este tipo de fotos y la tele emocional son la quintaesencia del personaje. Las enseñanzas de Barroso han cundido. El líder que repartió 400 euros por familia en plan peronista (negando la crisis que se avecinaba por simple cálculo electoral) se disfrazó ayer con el traje de hombre de la calle, para que fluya el crédito, tan necesario. El Superman de las familias españolas vive en la Moncloa y toma café de comercio justo. Al menos, el cinematográfico Juan Nadie, del genial Capra, tendía al pesimismo, lo cual le hacía humano y creíble. Pero Zapatero nunca tendría inclinaciones suicidas, él encarna el activismo vitaminado: antes equivocado que mentiroso, así lo proclamó en TVE, ante millones de almas. Aleluya.

Robert S. McNamara, el que fue secretario de Defensa con los presidentes Kennedy y Johnson, consideraba que la primera regla de la política y de la guerra es “tener empatía con el enemigo”. Así lo cuenta en el documental The fog of war, de Errol Morris. Zapatero, sin ir más lejos, no tiene empatía con el enemigo ni con el correligionario, y ahí está Montilla (y los socialistas navarros) para acreditarlo. Cuando algunos intentan comparar al jefe del Gobierno español con el presidente Obama este punto es clave. Además, como es evidente, hay otros cien aspectos que certifican que el de Hawái se parece al de León como un huevo a una castaña. Pero la empatía es capital para que los gestos y los discursos transmitan vigor y verdad. ¿Quién es el enemigo de Zapatero? No se equivoquen. El enemigo no es Rajoy, no es el PP. El único enemigo de Zapatero es Zapatero.

¿Empatía con uno mismo? Sería como si alguien adoptara los gestos del cómico que le imita, extremo que -según dicen- hacen algunos de nuestros políticos parodiados en el Polònia.Sería como tomar por ciertas las mentiras que uno ha contado y, a la postre, olvidar que son falsedades. Y por ahí va la cosa, que de esto Mc-Namara, Vietnam mediante, sabía un rato largo. ¿Se cree Zapatero sus propias fábulas? He hecho una encuesta cualitativa (entre socialistas con contactos en Madrid) y la mayoría sostiene que sí. No hay distancia de seguridad con el propio personaje y, por tanto, no hay autoempatía. Zapatero nunca ha visto desde fuera el gran guiñol que ejecuta cuando da énfasis, con sus brazos arriba y abajo, a sus divinas palabras. A Zapatero se le puede aplicar lo que se contaba de Bill Clinton en la época del caso Lewinsky: “Lincoln era incapaz de mentir; Nixon era incapaz de decir la verdad; y Clinton no puede distinguir entre verdad y mentira”.

El amigo McNamara tenía otra regla, creo que es la 11. ª y última, que reza lo siguiente: “No se puede cambiar la naturaleza humana”. Ayer, mientras Zapatero y los banqueros contentaban a sus respectivas parroquias, tal vez alguien se acordó de ello.

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Añoranza del ‘¡No a la guerra!’, de David Gistau en El Mundo

Posted in Cultura, Política by reggio on 3 febrero, 2009

AL ABORDAJE

Suspense, emociones, conflicto y personajes. Para el zapeador de televisión, ayer era más fácil encontrar cumplidas estas promesas del cine en el partido del Sporting que en la gala de los Goya. Los actores buscaron pasiones vindicativas con las que ejercitarse, tales como la tabarra de la piratería, que no vale un «¡No a la guerra!»: contra un negrito que vende dvd’s en el Metro no puede la conciencia ponerse igual de estupenda que contra Bush. Pero lo cierto es que la relación clientelar con el poder les tiene interrumpida la segregación de bilis y así, tan vacías de contenido político y de abajofirmancia, las reuniones de actores se convierten en una cuchipanda onanista que debería empezar con la inmortal frase de Torrente: «¿Nos hacemos unas pajitas?». Para futuras ediciones, que la gala la presente Aznar, y los actores subirán al atril como saliendo de toriles en vez de amansados por el ingenio menestral de esa Carmen Machi que parece pensada para cantar coplas al tender la ropa y que ya cursó su petición de ingreso al club leyendo el manifiesto por Palestina en la última salida urbana. Y ahí la tienen, incluida en el reparto de la secta que anula con ferocidad a cualquier creador que no se avenga al sometimiento ideológico. Hecha toda una intelectuala y una presentadora fetén a pesar de las carencias y del intento fallido de implantarle una prótesis de lo que los cronistas llaman glamour con cara de decir yogur.

La expectación política es algo que los propios actores crearon cuando se atribuyeron la misión de castigadores morales. Pero como sólo reaccionan contra el PP, y el gobierno de los suyos es intocable, decidieron fingir que no existen los casi cuatro millones de lunes al Sol aunque fuera a costa de pasar por frívolos endogámicos que, sin que proteste la conciencia, pasean modelitos de Dior aun con lo que cae fuera de su minifundio subvencionado, mantenido entre otras cosas por esos pizzos sicilianos a las televisiones y a los contribuyentes que Vasile llamó ayer «impuesto revolucionario». Y lo peor es que el compromiso selectivo ni siquiera obtiene siempre las recompensas que esperaba. Que se lo pregunten al enojadísimo José Luis Cuerda: tanto mover la ceja, tanto llamar «turba de imbéciles» a los votantes del PP, tanto esforzarse por diseñar, con Los girasoles ciegos, la perfecta película de Régimen a la que no le falta un solo tópico maniqueo ni un matiz revisionista, para al final sólo cazar la calderilla de un triste Goya sobre quince posibles. Buen vasallo si tuviera buen señor, pensará de sí mismo este Cuerda de ceja mal pagada.

© Mundinteractivos, S.A.

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Las niñeras, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 3 febrero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

Demos gracias a que la izquierda o esté mamando o difamada, porque si ahora alguien se subiera a un bidón y dijera que ha llegado a palacio la hambrienta y flaca loba de la avaricia, se cerraría una mano con un millón de dedos. Las voces serían truenos si alguien se diera cuenta de que los pequeños empresarios están colgándose de sus corbatas en las rejas de los bancos y los más ricos que Dios van a pegar otro tirón a los mileuristas después de llevarse la primera vez 30.000 millones. Arderían los zurbaranes, grecos y picassos que guardan, además de las escrituras de los pisos-hipoteca de emigrantes y tiesos, si hubiera poetas de izquierdas como antes, poetas que eran fábricas sin chimeneas.

Obama, Zapatero y la Merkel pueden invitar a un zumo de piña a Gordon Gekko y esos caballeros de la tenaza y el desahucio, que con dinero hicieron saetas de Cupido, pueden ir a palacio sin que haya manifestaciones. Han pasado más de 20 años desde la película de Oliver Stone Wall Street. Hollywood prepara la segunda parte: El dinero nunca duerme. Empezará cuando el broker sale de la cárcel. Pero éstos no han estado presos y siempre tienen el talegón repleto. La codicia ha sido fortalecida con el soborno. Podíamos preguntar como entonces: ¿acaso crees que vivimos en una democracia? Miren ustedes que tanto votan a las filas de consejeros detrás de los banqueros. ¿No descubren a ex diputados, ex ministros y ex líderes de la clase obrera? ¿Los límites? No había límites.

Era entonces la década de Mario Conde, que ahora se ha vuelto predicador como Nazareth Castillo. Armani aumentó las ventas después de vestir a los protagonistas de Wall Street. Los chicos y los paletas querían ser Gordon Gekko. Lo fueron hasta que la crisis llegó al frigorífico del tanatorio. Nunca como hoy puede llamarse a la Economía Ciencia Lúgrube.

Adivina quién merienda en Moncloa el mismo día de los 250.000 parados. Mientras los ricos se encierran con los cuernos de los ciervos que mataron, el Estado va a fundar un banco malo, banco basura, para que paguemos las quiebras de las cajas y las estafas pirámides. La economía, según Keynes, progresa si el dinero quema en los bolsillos. Para que durmamos nos cuentan la parábola de las niñeras. Las parejas de una cooperativa se convierten en niñeras para poder salir de noche y dejar los niños a las otras parejas; la forma de pago, un cupón. Funciona el sistema, pero se necesitan muchos cupones y en vez de gastarlos, ahorran por miedo a las emergencias. Entonces las salidas nocturnas se reducen, la cooperativa se convierte en un grupo triste, aburrido y arruinado.

Volvemos de la nada a la nada, tristes y aburridos como los grandes almacenes con rebajas del 70%, donde nadie compra una ramita de perejil.

© Mundinteractivos, S.A.

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Educación para la Ciudadanía: hablemos claro, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Educación by reggio on 3 febrero, 2009

¿Qué es la LOGSE? ¿Acaso un frenesí que tanto encandiló al PP, hasta el extremo de que durante sus ocho años de Gobierno apenas la modificó? ¿Qué es la LOGSE? ¿Tal vez, una ilusión encaminada a que la sociedad española siga siendo «mansurrona» y «lanar», como alguien escribió en 1930, en el que fue quizás el artículo de opinión más influyente de toda la historia del columnismo en nuestro país? Desde luego, pretender forjar ciudadanos dentro de un sistema educativo donde el esfuerzo está proscrito y donde los contenidos de filosofía son manifiestamente ampliables es poco menos que la cuadratura del círculo.

Que la principal apuesta en materia de enseñanza por parte de un Gobierno que se llama socialista sea una ñoñez como ésta resulta, en el más benévolo de los supuestos, paradójico. Y, de otro lado, que el campo de batalla dentro del ámbito de la enseñanza donde el PP pone más carne en el asador sea la referida materia se antoja, en el mejor de los casos para el partido del señor Rajoy, afrentoso y hasta insultante.

Si algo demuestra el llamado «informe Pisa», si hay una realidad que se constata cada vez más, es el deterioro de la enseñanza en este país que pasa, entre otras cosas, por un bajón en conocimientos más que inquietante. Y resulta que nadie quiere ver este panorama que se presenta ante las mismas narizotas de todo el mundo.

El parto de los montes es esta asignatura. ¿Cómo se puede esgrimir una discusión tan banal? Porque es el caso que, quitando o confirmando la referida materia, los datos del «informe Pisa» seguirán siendo igual de alarmantes.

¿Qué nos cabe concluir entonces? O bien los partidos mayoritarios sufren una inconsciencia tal que alcanza de lleno la estulticia, o bien se alberga en su discurso un cinismo hiperbólico, al estar por la labor de que la población sea lo más borreguil posible.

Y esto es lo primero que debe ponerse sobre la mesa a la hora de delimitar la discusión en torno a esta asignatura. A partir de aquí, hay otras consideraciones obligadas.

No es sostenible que se esgrima que son los padres los que deben decidir acerca de los contenidos ético-morales que se deben impartir en la enseñanza. Eso es cosa del Estado. ¿Podría, por ejemplo, llegarse a la situación de que se objetase en contra de que fueran impartidas las teorías de Darwin, puesto que en casa se apuesta por el creacionismo? ¿Se consideraría admisible que ciertas corrientes económicas o filosóficas no pudieran figurar en los programas de enseñanza, por considerar que colisionan con la moral de la familia de turno? ¿No estaría el Estado obligado, llegado el caso, a defender los derechos de los niños y adolescentes frente a teorías o preceptos que impidiesen, sin ir más lejos, tratamientos a través de transfusiones de sangre, y así sucesivamente?

Hay una distinción fundamental de la que nadie parece querer percatarse, fundamental y perogrullesca: una cosa son los conocimientos y otra muy distinta los mal llamados valores en el ámbito de la ética y de la moral. Los conocimientos deben ser impartidos y aprendidos, mientras que los valores serán asumidos, aceptados, o rechazados por cada cual en el ejercicio de su libertad. Los conocimientos son evaluables académicamente; lo valores, no. Es algo muy obvio, lo sé, pero parece que hay que decirlo.

Y, de otro lado, hay un aspecto que también se soslaya inexplicablemente. ¿Cómo debe ser «educada» la ciudadanía? Primero, que la educación ciudadana no sólo se forja en la escuela, sino también en el ámbito familiar y, en no pequeña parte, en los medios de comunicación. También es de Perogrullo tener que recordar que, en lo que a la Escuela se refiere, se forja ciudadanía a través del esfuerzo y de la disciplina, vocablo éste que, como tengo dicho, tiene que ver con «discípulo» y no con látigo. No se forja ciudadanía sobre la base de considerar que la ciencia infusa existe. Tampoco se sostiene formar ciudadanía sobre la creencia, puesta en práctica, de que se puede reventar el desarrollo de una clase sin que eso apenas tenga repercusión alguna, porque, de hecho supone aceptar que es lícito vulnerar el derecho de la persona que está al frente de la clase a desarrollar su trabajo, así como del resto de compañeros, que no la pueden recibir en condiciones dignas.

Y, por último, hay otra vertiente que debe ser mencionada. Si los programas de las llamadas materias humanísticas, sobre todo de Filosofía, fueran lo suficientemente ambiciosos, el alumnado podría tener un bagaje de conocimientos mínimo para hacerse una idea de qué es ciudadanía y qué es democracia. A esto, también se renuncia.

¿Entonces, no es esta polémica una pantomima y una falacia que hurta lo esencial acerca de los problemas que tiene hoy planteados la enseñanza?

¿Sí o no?

La liquidez ya no asusta: el miedo ahora es la solvencia por el aumento de la morosidad, de Eduardo Segovia en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 3 febrero, 2009

Quedó claro con las cuentas de La Caixa: la liquidez ya no quita el sueño de los directivos de la banca española. Entre otras cosas, porque han almacenado toda la que pueden en vez de dar crédito, como ayer recriminó Zapatero a los presidentes de los principales bancos y cajas. Pero eso no significa que duerman tranquilos: el vertiginoso aumento de la morosidad amenaza directamente la solvencia de las entidades, como evidenciaron ayer los resultados de Caja Madrid con una mora del 4,87% (y que Miguel Blesa cifra en el 7,3% este año) y una cobertura de sólo el 46,6%. El riesgo es que el Estado tenga que entrar en el capital de las entidades, algo que algunas empiezan a ver posible.

“La liquidez ya no es el principal problema: con barra libre en el BCE al 2% tras la última bajada de tipos y con las inyecciones de liquidez del fondo del Gobierno, tienen lo que necesitan”, afirman en una entidad de tamaño medio. El FAAF celebró el viernes su cuarta subasta, en la que adjudicó 6.002 millones de euros; con ello, van ya 19.339 de los 30.000 millones (ampliables a 50.000) con que está dotado este fondo. Es decir, las alternativas a un interbancario que sigue cerrado más allá de los plazos más cortos están funcionando.

Además, por fin se ha puesto en marcha el plan de avales estatales a las emisiones de deuda, pese al retraso provocado por las interminables trabas burocráticas: La Caixa ha sido la primera en emitir estos bonos, por importe de 2.000 millones, y ya han recibido autorización previa para ello Bankinter, CAM, Sabadell, Pastor, Bancaja, Cajamar, Caixa Cataluña y Caja Madrid, según datos de la CNMV.

En el otro lado, los vencimientos que afrontan bancos y cajas en 2009 no son excesivos, salvo algunas excepciones: la cifra total estimada se sitúa entre 75.000 y 80.000 millones, más otros 90.000 en pagarés a corto plazo. La cifra más fiable es la delos bancos, cuantificada por Bloomberg en 60.700 millones de euros, de los que la mitad corresponde a Santander. Estos vencimientos se pueden cubrir perfectamente con estos instrumentos y con las reservas de liquidez que atesoran las propias entidades. Una liquidez que ya no se gastan en dar crédito a manos llenas como hasta ahora, sea porque han cerrado el grifo, como asegura el Gobierno, sea porque no hay “demanda solvente” (lo de solvente es la clave) como sostiene el sector.

Ahora bien, tampoco es todo tan maravilloso: el retraso del plan de avales ha provocado que las entidades españolas lleguen las últimas a apelar al mercado internacional con deuda garantizada por su Estado, y además la bajada del rating de España encarece esta financiación. Pero los expertos consultados no creen que vayamos a ver problemas más allá de algún caso puntual.

La solvencia, en peligro pese a la provisión genérica

Así pues, la crisis ha dejado de ser de liquidez y ahora empieza a ser de solvencia, un camino que ya han recorrido los sistemas financieros de la mayoría de los países occidentales y que ha acabado con la entrada de los Estados en el capital de muchas entidades. Un final que ya no descartan algunos banqueros españoles, como Jaime Guardiola, director general del Sabadell, pese a que hasta ahora todos presumían de que España es diferente porque aquí no hay activos tóxicos (titulizaciones subprime) y porque el Banco de España ha sido mucho más estricto que las autoridades de otros países. Pero aquí tenemos los balances repletos de créditos con unos activos muy sobrevalorados como garantía, con lo que al final la situación es muy parecida, como ayer explicaba S.McCoy.

Para evitar nacionalizaciones, bancos y cajas están dotando provisiones extraordinarias a marchas forzadas y están buscando desesperadamente fórmulas para reforzar su capital antes de que se les vaya de las manos. En el primer caso, se trata de una estrategia negociada con el Banco de España para ir provisionando todos los activos que en el futuro van a entrar en mora (pérdidas esperadas), sobre todo crédito promotor, y evitar grandes amortizaciones de golpe que pueden poner a alguna entidad al borde de la quiebra.

En el segundo, se trata de reforzar los ratios de capital con el fin de hacer frente a las pérdidas inesperadas, que serán muchas tal como está el patio. Santander abrió el fuego con su macroampliación de capital y ahora vivimos una avalancha de colocación de productos híbridos -preferentes y deuda subordinada- que se consideran capital pese a ser títulos de deuda. Colocaciones que se están centrando en las redes de oficinas para poder pagar intereses muy inferiores a los que exigen los inversores institucionales.

El arma secreta con que cuentan nuestras entidades para hacer frente a la subida estratosférica de la morosidad es la famosa provisión genérica (que se dota automáticamente al conceder créditos en función del riesgo de los mismos). Esta provisión permite ir cubriendo las pérdidas sin necesidad de erosionar las cuentas de resultados y sin consumir capital. El problema es que eso tiene un límite, y la inmensa mayoría de las entidades españolas -de las grandes sólo se salvan Bankinter y Sabadell- han empezado a usar ya la genérica para este fin, con lo que el colchón cada vez es más pequeño. Y con un menor colchón, las pérdidas pueden empezar a comerse un core capital que en algunas entidades se acerca peligrosamente al umbral legal del 6% (Caja Madrid está en el 6,63%).

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La primera batalla de la Tercera Guerra Mundial, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 3 febrero, 2009

Entre la aglomeración de noticias negativas que pueblan la prensa estos días, encuentro una en el Financial Times que me parece de especial significación en el entorno actual. Como ya les he comentado alguna que otra vez, uno de los objetivos fundamentales del equipo económico de Obama es encontrar su particular Segunda Guerra Mundial. Un evento de dimensión mundial que reactive la demanda de productos norteamericanos alrededor del Planeta, tal y como ocurriera a finales de los años 30, principios de los 40, con un conflicto que trajo de su mano la salida casi definitiva de la Gran Depresión, más allá de los méritos de Franklin Delano Roosevelt o de las políticas fiscales keynesianas. Mis disculpas desde aquí a la ortodoxia. Servidor, humildemente, cree que ya han encontrado dicho “enemigo” potencialmente destructivo cuyo combate habría de unir las fuerzas de gran parte de los gobernantes de las economías tanto desarrolladas como en vías de desarrollo. Se trataría de la lucha contra el cambio climático o, por ponerlo en palabras más estremecedoras y motivantes, la pelea por la supervivencia de la Tierra.

Un reto que supondría un cambio esencial en nuestro modo de vida debido a que iría acompañado de una sustancial reducción de la dependencia de los combustibles fósiles, un aumento drástico en la utilización de fuentes de energía no contaminantes, una paulatina contracción hasta su desaparición de las emisiones de dióxido de carbono y una progresiva implantación de nuevos productos que participen de los tres requisitos anteriores. Para ello, una de las primeras medidas que adoptaron los distintos estados fue el establecer, de acuerdo con un calendario temporal y cuantitativo determinado, un techo a la capacidad de contaminación de una determinada zona geográfica, limitación que iba acompañada de un sistema de incentivos ligados a los llamados derechos de emisión y su negociación. De este modo, quien quisiera superar su límite podía comprar contaminación lo que, al menos en teoría, desincentivaría la producción generadora de la misma al encarecer sus costes mientras que, por el contrario, el que hiciera bien sus deberes, podía adornar sus cuentas con unos ingresos adicionales. Intelectualmente perfecto.

Sin embargo, y con eso llego a la pieza de Financial Times a la que hacía referencia al inicio de este post, esta primera iniciativa, que debía servir como acicate para estimular la lucha contra el deterioro atmosférico, se encuentra en estado terminal. Los precios de los derechos han caído al nivel más bajo de su corta historia, dos tercios por debajo del pico de 30 euros que alcanzaran el dos de julio de 2008 como consecuencia de factores tanto de oferta como de demanda. Empezando por esta última, el colapso en la producción industrial en las economías desarrolladas, que ha afectado drásticamente a la capacidad de utilización de muchas compañías, ha provocado que no haya realmente necesidad de comprar CO2. Con una consecuencia adicional de mayor trascendencia: la incertidumbre operativa y financiera ha paralizado numerosos planes de renovación de activos fabriles por otros menos contaminantes, algo a lo que contribuye, adicionalmente, el colapso en el precio de los carburantes. Por su parte, la necesidad de fondos de economías como la británica, con un importante peso nuclear en su mix de generación lo que le ayuda a disfrutar de excedentes anuales de importancia, y de empresas verdes afectadas por la actual coyuntura amenaza con saturar con su papel este mercado, colapsando aún más sus niveles de intercambio.

No es de extrañar, por tanto, que para algunos analistas, como éste de UBS que cita Bloomberg, podamos ver transacciones incluso gratuitas a lo largo del presente ejercicio, situación que podría variar en función de las distintas fases temporales que son objeto de negociación. Esto trae consigo dos conclusiones inmediatas. Una, supone un jarro de agua fría para la pretensión europea de incorporar más naciones a esta operativa con objeto de establecer un escenario de trading mundial, proyecto que se pretendía completar para 2020. Sin incentivo económico, seguro que no hay materialización. Dos, muerto temporalmente el mercado, sólo queda el recurso al apoyo de la administración pública, bien a través de la inversión directa o de las subvenciones. Esta es la vía elegida por el Gobierno de Obama en un movimiento que, por el contrario, y tal y como prueban las declaraciones de Wen Jiabao, primer ministro chino al propio Financial Times, de extraordinaria trascendencia y obligada lectura, no encuentran réplica inmediata ni en esta nación ni en la mayoría de los países europeos, que prefieren destinar a otros usos sus mayores o menores recursos financieros.

Al contrario de lo que ocurriera en la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos acudió al apoyo de los aliados en su propio e inmediato beneficio, ahora los potenciales compañeros de viaje no tienen tan claro el retorno inmediato de tal apuesta y se hacen los remolones. ¿Cortedad de miras? No me hagan hablar. Por supuesto. No hay interés electoral. Ni tampoco, probablemente, conciencia real del problema, si es que es tan fiero el león como lo pintan, que ya saben que hay división de opiniones sobre el particular. En cualquier caso, lo que sí parece evidente es que, de momento, la primera batalla del nuevo presidente norteamericano, va a ser en solitario. Queda por ver cómo evoluciona finalmente la guerra. Va a ser, como casi todas, larga e intensa. Seguro. Y el problema es que todos, de un modo u otro, seremos sus actores, aunque no queramos. Con una diferencia: a cada uno le toca elegir el rol que quiere jugar. Pidan la vez.

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Portazo en Davos, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 3 febrero, 2009

La irritación públicamente mostrada en la cumbre de Davos por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, es compartida por muchas personas que poco o nada tienen que ver con Turquía, ni con las divagaciones financieras y económicas que se discutieron en el Foro Económico Mundial reunido en la ciudad suiza, pero que sí han sentido un intenso rechazo por la brutal represión que el ejército israelí desencadenó contra los palestinos residentes en Gaza.

Erdogan abandonó la sala de conferencias y prometió no volver a pisar el foro en cuestión, a causa de su encontronazo personal con el presidente de Israel, Simon Peres. Aunque esta reacción pudo ser provocada por la actuación del moderador y la percepción de Erdogan de que no se le concedía para su intervención un tiempo proporcional al concedido a Peres, el fondo de la cuestión quedó de relieve en las palabras que ambos se cruzaron, en un debate en el que el presidente israelí se esforzó, con un tono aparentemente irritado, por alabar la reciente invasión de Gaza, mientras el primer ministro turco se empeñaba en recordar los sufrimientos del pueblo palestino.

“Peres, usted es más viejo que yo. Habla en un tono muy alto. Y ese tono de su voz tiene que ver con una conciencia culpable”, dijo Erdogan, ante el acaloramiento mostrado por Peres al defender la operación militar. Y añadió: “Cuando se trata de matar, ustedes saben muy bien cómo hacerlo”. Peres le respondió diciendo que Turquía habría reaccionado del mismo modo si hubieran estado cayendo cohetes sobre Estambul. Comparación, conviene matizar, algo exagerada, puesto que los cohetes palestinos no han caído sobre Tel-Aviv ni Jerusalén, únicas ciudades israelíes comparables, en cierto modo, con Estambul.

Una oleada de pseudopatriotismo recorrió Turquía y se manifestó en la acogida que Erdogan recibió a su regreso de la cumbre, lo que no va a beneficiar mucho a la sensatez política de su Gobierno, tan acorralado por los extremismos populares de signo diverso. Este incidente tiene especial interés porque Turquía es uno de los pocos países con población de mayoría musulmana que mantiene relaciones con Israel y ha actuado como intermediario con otros países conflictivos, como Siria y Líbano.

La cuestión, sin embargo, va más allá de un simple rifirrafe entre dirigentes políticos, porque afecta a conceptos esenciales. Obama ha afirmado recientemente: “Voy a ser claro: EEUU está comprometido con la seguridad de Israel. Y apoyaremos siempre el derecho de Israel a defenderse contra las amenazas legítimas”. Por supuesto, nada dijo sobre el derecho de los palestinos a defenderse de otras amenazas, continuas y demoledoras, como las que les hostigan y hacen muy penosa su vida cotidiana en Gaza, pero también en los demás territorios ocupados, con el apoyo de EEUU. Bloqueos, muros de aislamiento en Cisjordania, puestos de control en todas partes, humillaciones sistemáticas, agresiones sin límite, asesinatos selectivos, detenciones secretas e injustificadas… la lista es muy extensa. ¿Explicará Obama a los palestinos cómo conviene que se defiendan de esa agresión permanente que tantos años dura ya?

Para que un país se sienta legitimado para recurrir a la fuerza bruta en legítima defensa, como Israel ha hecho en Gaza, tendría que demostrar primero que todas las vías pacíficas son inaplicables. Aquí es donde sale a relucir la “mala conciencia” que Erdogan atribuía a Peres. Los intentos de alcanzar un acuerdo para la creación de dos Estados independientes han sido sistemáticamente torpedeados por Israel, aunque se ha acostumbrado a culpabilizar de ello a las autoridades palestinas, con el apoyo ilimitado de EEUU y el silencio culpable de una Unión Europea, siempre ineficaz y timorata.

Esto no significa atribuir exclusivamente al binomio Israel-EEUU el fracaso de las negociaciones que más se acercaron a la solución del conflicto, como la de Oslo en 1993 o la posterior de Camp David, ya que también del lado palestino se han cometido errores imperdonables. Pero los hechos observados desde entonces no engañan: la disgregación y el fraccionamiento paulatinos de los territorios ocupados, a causa del incremento de los asentamientos ilegales y la construcción del muro de aislamiento, muestran con claridad cuál de ambos bandos lleva la iniciativa obstructora de la paz.

Esta obstrucción alcanzó límites extremos cuando Hamas se alzó con el poder en Gaza, como resultado del ejercicio de esa democracia que EEUU e Israel dicen defender. A partir de ahí, la sangre se sigue derramando, los odios se intensifican y se extienden, y la paz se ve cada vez más lejana. Será preciso que el portazo de Davos resuene también en la Casa Blanca y Obama reflexione, advirtiendo que el camino hasta ahora seguido por EEUU sólo conduce al fracaso y a nuevas guerras. Washington no puede seguir atendiendo sólo al “derecho de Israel a defenderse” y cerrando los ojos a todo lo demás, porque de ese modo el conflicto será permanente y sus consecuencias, a la larga, las sufriremos todos.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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“Globalicemos la esperanza”, de Sandra Russo en Página 12

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 3 febrero, 2009

Lo que dejaron los intensos debates del Foro Social Mundial

El balance del octavo Foro Social Mundial que culminó ayer tiene algunas líneas claras y muchas señales de alerta. La crisis global, oportunidad inesperada para encauzar las luchas populares. La educación y la organización. El trabajo por delante.

Desde Belém do Pará

Otro mundo es posible y ese otro mundo ya asomó la cabeza por la vulva afiebrada de este planeta que puja que sobrevivir. En ese otro mundo neonato, incubado durante décadas en las entrañas de América latina, esto es, en la oscuridad de sus masas, en la organización de sus hijos más débiles, habrá que repeler las frases hechas aunque vengan del vocabulario de la izquierda. ¿Cómo separar lo importante de lo anecdótico? ¿Cómo evitar que las recetas, los manuales, las fórmulas empañen el camino que debe abrir cada pueblo? El balance de este octavo Foro Social Mundial (FSM) tiene algunas líneas claras y muchas señales de alerta que no son en absoluto menores. Las líneas claras, esbozadas de manera coincidente por los cinco presidentes de la región que participaron y por los participantes de miles de debates y paneles, rezan que el neoliberalismo fracasó, que dejó un mundo no sólo globalizado sino también terminal. Que la crisis global es una oportunidad inesperada y fabulosa para encauzar luchas que tienen historia, identidad, pueblo y principios detrás. Que la idea de Estados nacionales invisibles y políticamente serviles fue el felpudo en el que se limpió los zapatos el capital transnacional que ya se independizó de las respectivas burguesías. Que América latina no es un mero escenario exótico donde pueden desembarcar aún bienintencionadamente ideólogos del mundo central y poderosas organizaciones no gubernamentales para reemplazar con sus propuestas el diseño de una emancipación que debe estar a cargo de sus protagonistas reales. Y que para eso, hay dos palabras que deben ser mucho más que palabras repetidas, que deben ser el punto de partida para que esta vez América latina adquiera la forma que quieran darle los latinoamericanos: educación y organización.

Este octavo FSM fue acaso el más esperanzador de todos. “Globalicemos la esperanza”, se grita por ahí. La esperanza es en efecto lo que alentó a miles y miles de movimientos sociales y organizaciones comunitarias para seguir trabajando día a día y sin descanso durante una larga década de corriente en contra. Pero ahora la corriente está a favor, y el otro grito, “el pueblo unido jamás será vencido”, abre el primero de los interrogantes que deja este FSM: ni nuestros pueblos ni la izquierda en general se caracterizan por la unión o por su habilidad en encontrar consensos, sino por su inquietante fascinación por los matices. Ahí está el primero de los grandes desafíos que se abren: ser capaces de subordinar algunos criterios y objetivos en pos de los grandes consensos que permitan a la región ponerse en valor en el mundo merced a sus increíbles riquezas y recursos.

De los presidentes que participaron del FSM (nunca participó ninguno y esta vez fueron cinco), Evo Morales fue el que lo dijo mejor: “Si yo estoy en la presidencia de Bolivia, es gracias a ustedes, compañeros”. Lo dijo ante los movimientos sociales y no se dirigía a un movimiento particular, sino a las bases como motor y núcleo de sentido de su trabajo como presidente. El líder del MST, los Sin Tierra brasileños, Joao Pedro Stedile, opinó que sólo en Bolivia las masas ascendieron al poder, mientras en los restantes países de gobiernos progresistas la política toma otros rumbos y oscila entre satisfacer a las bases y tranquilizar a las burguesías. En este sentido, ese otro mundo posible se verá obligado a repensar la política y a sacudirse prácticas clientelistas que obstruyen la construcción de ciudadanía. Sólo hombres y mujeres convencidos de lo que defienden y en condiciones de actuar en consecuencia a sus ideas serán capaces de sostener a gobiernos que se animen a cambios estructurales. Las roscas superestructurales pertenecen al Viejo Mundo, en el que el poder no es fruto de la suma de voluntades sino de acuerdos que no siempre son confesables.

La reivindicación unánime del Estado como agente de control, supervisión, intervención y equidad también requiere pensar profundamente qué rol les cabe a las organizaciones no gubernamentales, surgidas en un tiempo en el que los Estados eran maquetas escenográficas y la sociedad civil no podía defenderse ni expresarse de otro modo. Muchas de ellas, generalmente europeas, han hecho un trabajo magnífico y han financiado programas que mejoraron la situación de millones de personas en todo el continente. Pero en este nuevo contexto es necesario revisar el papel que les cabe, ya que en este otro mundo posible los pueblos y sus gobiernos ya pueden entenderse sin intermediarios, y lo “no gubernamental”, que en otro tiempo implicaba autonomía de la manía neoliberal de una generación política, hoy requiere una nueva lectura.

El mercado quebró. Ya basta de obedecer a los que fracasaron. No salvemos a los bancos, salvemos a la gente. Lo económico y lo ambiental van de la mano. Soberanía latinoamericana sobre los recursos latinoamericanos. Una moneda común. Un cambio ético. Lo colectivo por sobre lo individual. Tolerancia cero al analfabetismo. Alerta roja ante los nuevos disfraces del capital transnacional, especialmente los vinculados con los monocultivos y las semillas transgénicas. Socialismo del siglo XXI. Políticas de Estado regionales. Cooperación en áreas estratégicas. Formación de cuadros políticos y sociales como reaseguro de un proyecto democrático y popular de largo alcance. Son sólo algunas de las certezas que deja este FSM. Los hitos en un camino plagado de obstáculos. El trabajo que tenemos por delante.

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¡Viva la Ilustración! Ni un paso atrás…(y dos hacia delante), de Salvador López Arnal en Rebelión

Posted in Educación, Política by reggio on 3 febrero, 2009

Reseña del libro de texto Educación ético-cívica. 4º ESO de Carlos Fernández Liria, Pedro Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero e ilustraciones por Miguel Brieva

Akal, Madrid 2008, 272 páginas

El Viejo Topo

Uno de los mejores chistes filosóficos que he visto y leído hasta la fecha aparece en la páginas 208 y 209 de Educación ético-cívica. 4º ESO. Un coche alargado, rojo-rosado, grande, usual en las películas americanas de los sesenta, ocupa prácticamente toda la viñeta. A poca distancia del morro delantero, una calavera; cerca de la rueda derecha trasera, un libro abierto tirado; en letras negras destacadas: “Y, POR ÚLTIMO: UN COCHE FILÓSOFO”. Dos bocadillos para completar: el primero, que apunta al portaequipajes, dice cartesianamente: “Consumo petróleo, ¡luego existo!”. El segundo, dirigido a la parte delantera del coche, tiene aspiraciones tan o más metafísicas: “Lo que a menudo me pregunto es: ¿existirán los seres humanos… o son sólo fruto de mi imaginación?”.

El autor es Miguel Brieva. ¿Les gustó? Prosigamos entonces.

Educación ético-cívica es un libro de filosofía para 4º curso de ESO con todas las características que solemos exigir -cuando nos ponemos imposibles, sólo cuando nos ponemos imposibles- a un manual para un último curso de la enseñanza secundaria obligatoria: un lenguaje adecuado para estudiantes de esas edades; una apropiada guía de lectura; conceptos destacados definidos de forma comprensible para los potenciales lectores y lectoras (así, el dedicado al liberalismo económico en la página 114); sucintas biografías cuando la situación lo exige de los autores citados y comentados; complementos y suplementos imprescindibles de teoría económica y jurídica; referencias históricas resumidas; cartas o fragmentos seleccionados con criterio (la de Günther Anders, en página 199, por ejemplo); citas destacadas que muevan y den pie a la reflexión individual o colectiva en clase; sugerencias de investigación asequibles para estas edades; breves notas resaltadas (los “¿sabías que…?” del manual); recomendaciones bibliográficas y cinematográficas bien pensadas y buscadas; desarrollos ampliados al final del capítulo o en los márgenes cuando es el caso; interesantes temas de reflexión (el ejercicio socrático que cierra el primer capítulo: “La aventura de la ciudadanía” y el magnífico, informativo y emocionante texto sobre “Cuando lo permite la democracia” que cierra la unidad XIV del bloque III, de lectura imprescindible para cualquier joven estudiante, son dos ejemplos destacados); debates filosóficos que estén al alcance y puedan estimular al estudiantado de estas edades; excelentes aforismos filosóficos (el recogido de Santiago Alba Rico es de cita obligada: “¿Cuánto hay que dejar de querer para seguir creyendo que podemos seguir queriendo lo que queramos?”); un glosario indexado; una bibliografía final que no apabulla y deja sin aliento y sin ganas de volver a no ser que sea bajo imposición o tortura psicológica, y, por si faltara algo, unas ilustraciones –“magníficas” es un adjetivo que se queda corto- de Miguel Brieva, consistentemente complementarias del texto ilustrado pero que, en sí mismas, representan otro excelente libro filosófico anexo (Vean, para abrir boca, la portada y contraportada del volumen y las dos penúltimas ilustraciones y la inolvidable guinda final que cierra el libro y pongan toda su alma en la atenta mirada y lectura de la ilustración dedicada a Claude R. Eatherly (pág. 47), en la inolvidable portada de “¡Mola!” de la página 67, en la viñeta dedicada al único ejecutivo aceptable: el ejecutivo dedicado a la pereza, o, en fin, en la que acompaña un fragmento, nada anodino por cierto, del Manifiesto Comunista (p. 172)).

Estamos, pues, ante un libro del que quizá puede pensarse que interesa ante todo a alumnos de secundaria, tal vez a madres, padres y tutores de esos alumnos y acaso a profesores de filosofía, ciencias sociales y asignaturas afines o no afines que imparten la asignatura en los centros de enseñanza de secundaria no siempre en condiciones razonables (y con una finalidad esencial: que el primer contacto del estudiantado con la filosofía no se convierte en un batacazo que les haga odiar lo que debería ser amado). Sin duda, es razonable extraer esa inferencia pero cabe añadir una consideración sustantiva: Educación ético-cívica interesará, formará e ilustrará también a ciudadanos, enseñantes o no, filósofos o no, que tengan simplemente aprecio o amor por el saber y que seguramente ya se sintieron subyugados por Educación para la ciudadanía. Democracia, capitalismo y Estado de Derecho, un libro editado por editorial Akal y que los autores han puesto a disposición ciudadana en las páginas del diario electrónico de rebelión (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73335).

He escrito “formar” y creo no exagerar. Un ejemplo personal. Yo he sido durante unos 20 años profesor de filosofía en bachillerato y COU y he impartido clases de Ética durante unos quince cursos. Tengo consciencia de haber cometido algunos disparates pero no creo haber estado totalmente desinformado de las temáticas que se desarrollan en Educación ético-cívica. Puedo asegurar sin exageración y con veracidad no impostada que mientras leía atentamente, y con entusiasmo creciente, el libro de Carlos Fernández Liria, Pedro Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero y Miguel Brieva, no sólo pensaba en la enorme batería de propuestas que en él se sugerían para el alumnado y el profesorado, no sólo reparaba en la calidad de la argumentación del texto central del ensayo y de los comentarios complementarios, no sólo admirada la ausencia de sectarismo en las aproximaciones filosóficas incorporadas (por ejemplo, la columna dedicada a Karl Popper en la página 84, o el desarrollo dedicado a la doctrina social de la Iglesia católica y a la teología de la liberación (páginas 176-186), no sólo me conmovía la forma en que los autores se acercaban a la época clásica y a la mitología griega, no sólo leía complacido sus reflexiones sobre la racionalidad humana, y sobre la racionalidad matemática en particular, no sólo eso decía, sino que no dejaba de aprender una y otra vez sobre temas, posiciones, autores y razonamientos político-morales. Las numerosas páginas dedicadas a Kant, en este ensayo tan críticamente kantiano, son ejemplo de exquisitez y sabiduría filosóficas; las “teorías éticas” presentadas en la unidad 20 incrementan o generan el gusto por el filosofar; la destacable explicación sobre una de las ideas centrales del ensayo –“Nadie debe ocupar el lugar de la ley”-, núcleo filosófico esencial del libro, es de cita necesaria; las unidades dedicadas a la igualdad entre hombres y mujeres de todo el sexto bloque (en especial, la unidad 24, “La desigualdad de hecho entre el hombre y la mujer”) enseñan más que mil campañas publicitarias bienintencionadas. Así, pues, Educación ético-cívica. 4º ESO no sólo puede enseñar al alumnado del último curso de enseñanza obligatoria sino que enseña también, y no es usual, al lector adulto que conoce o aspira a conocer los temas desarrollados por dedicación intelectual, profesional o simplemente por gusto.

Además de todo ello, Educación ético-cívica, como todo libro de filosofía que se precie, tiene una tesis destacada que jamás se presenta de forma doctrinaria y sin argumentación. Podemos enunciarla así: entre los numerosos proyectos que ha emprendido la Humanidad a lo largo de su historia, la aventura de la ciudadanía ha sido la más arriesgada y la más sorprendente, y esa aventura, desde luego inacabada, es incompatible con un sistema económico-social y civilizatorio que los autores no dudan en designar con su verdadero nombre, capitalismo, un sistema que coloca el beneficio económico y las relaciones mercantiles, y las mentiras adyacentes y sus falsarios administradores, en el puesto de mando de todo el conjunto de relaciones sociales, un modo de producción en el que, como recordaba Boaventura de Sousa Santos, el capital siempre tiene el Estado a su disposición y, en consonancia con los ciclos, “ora por la vía de la regulación, ora por la vía de la desregulación”. Por lo demás, los autores no renuncian a criticar de forma ajustada y comprensible para lectores no versados las deformaciones ilustradas, los varios estalinismos, las aventuras “izquierdistas” tristemente célebres “por el número de represaliados y muertos que produjeron”.

En síntesis: no hay duda concebible ni puede haber excusa. Educación ético-cívica es el manual que todo profesor de secundaria ha aspirado a escribir alguna vez o, si no ha sido posible, cuanto menos a poder usar en clase y en la preparación de la materia. Ahora tenemos la ocasión de aprovecharnos, sabiendo además que el libro está magníficamente escrito y huye, como se huye de la simplificación pueril, de esquemitas repetitivos e ininterrumpidos sin apenas texto central y de aquellos manuales de escritura tan plana que apenas recuerdan remotamente una lengua con historia, sintaxis, riqueza y tradición.

Si queremos introducirnos en temáticas de filosofía política, si deseamos recordar viejas lecturas, si aspiramos a ahondar en nuestros conocimientos, Educación ético-cívica. 4º ESO es un magnifico instrumento que permite, además, discusiones en clase, familiares también, en grupos ampliados en los Institutos, que nos pueden hacer más críticos, más informados, menos manipulables y con la piel erizada ante los continuos desmanes de eso que suele llamarse la “civilización” capitalista.

Todo eso, si no ando errado, es generar ciudadanía crítica, es decir, no servil.

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