Reggio’s Weblog

Trasfondo político de la guerra de los espías, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 2 febrero, 2009

A FONDO

Unos días antes de que estallara el escándalo de los espías, un ministro del área económica comentó en público: «Con la que nos está cayendo encima, menos mal que en la oposición tenemos a Rajoy».

Se acababan de conocer los datos de paro, Almunia ya había comunicado al Gobierno que la UE no se iba a limitar a empeorar las previsiones de Solbes para 2009, sino que iba a prolongar el escenario de recesión en España hasta 2010. Y, sin embargo, Zapatero respiraba tranquilo. Había decidido retrasar su comparecencia hasta el 10 de febrero en un gesto muy criticado por la oposición. ¿Por qué? ¿Acaso esperaba que los datos económicos mejorasen? No parece que esa fuera la causa.

Nuestro ministro, ajeno a lo que ya por esos días se estaba preparando entre bambalinas, concluyó: «Si con la crisis más grave que ha sufrido España, el PP está a tres puntos en las encuestas, cuando remontemos la situación, no sé hasta dónde vamos a aumentar nuestra ventaja».

Mientras el equipo de asesores de Rajoy repartía mandobles con los datos del paro y la mala gestión de Magdalena Alvarez en la nevada que paralizó la capital de España, una cruenta batalla se libraba por el control de Caja Madrid. Por increíble que parezca, los contendientes no eran el PP y el PSOE, sino Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre. El PSOE madrileño, de la mano de Tomás Gómez, había respaldado la aplicación de la nueva ley aprobada a finales de 2007 por la Asamblea de Madrid. El alcalde se había decantado por respaldar al presidente de la entidad, Miguel Blesa, y había logrado los apoyos de CCOO y de IU. La política hace extraños compañeros de cama. El ex presidente del Gobierno José María Aznar, que fue quien propuso a Blesa para el cargo hace 12 años, había movido los hilos para que su amigo siguiera en su puesto cuatro años más. Personalmente habló con diversos dirigentes del PP para que cesara el acoso a Blesa. Dicen que su argumento es que el presidente de la caja es uno de los pocos amigos que le quedan. Endeble razón para tanto empeño.

Y en esto estalló el escándalo. Mediáticamente, la operación es casi perfecta. Primero, El País publicó el 19 de enero que el consejero de Interior de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, había contratado al ex policía Marcos Peña para hacer trabajos de espionaje.

Al día siguiente, el mismo diario publicó que el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González, había sido espiado, insinuando que esas actividades pudieron realizarse desde la propia Comunidad, y reprodujo fotografías del mismo en un viaje a Colombia y unos billetes de avión a Johannesburgo, ambos llevados a cabo durante la pasada primavera.

Al día siguiente, 21 de enero, El País publicó en su portada que la Comunidad de Madrid espió al vicealcalde Manuel Cobo.Ese mismo día, Cobo dio credibilidad a los hechos y anunció acciones legales. También ese mismo día, el alcalde compareció en televisión en el programa 59” y reforzó la sospecha de que los seguimientos habían sido hechos por funcionarios de la Consejería de Interior de la Comunidad. El día 22, el citado diario publicó a cuatro columnas en su portada que la Comunidad también espió a su ex vicepresidente Alfredo Prada. El domingo 25, El País publicó que el ex tesorero del PP Alvaro Lapuerta le había dicho a Rajoy que se sintió espiado en el mes de mayo de 2008.

Como el mismo diario ha revelado en un editorial, la información sobre la contratación de Peña por Granados se descubrió cuando su periodista investigaba un dossier contra González.

¿Por qué se publicó entonces ese dato antes que el resto de las informaciones? Sencillamente, porque se pretendió hacer creer que toda la trama del espionaje partía del equipo a las órdenes del ex policía contratado por el responsable de Interior de la Comunidad.

En todo caso, eso no es lo importante. La pregunta es por qué una información diversa y con orígenes distintos, que se recabó hace un año, justo en los prolegómenos del Congreso del PP donde se suponía que Esperanza Aguirre iba a presentar una alternativa a Rajoy, se publica justo ahora.

Aunque al presidente del PP le pueda interesar el desgaste de la presidenta de la Comunidad, es evidente que ni él ni su equipo pueden estar detrás de la filtración. Hacerlo a unas semanas de las elecciones vascas y gallegas es un suicidio, como puede comprobarse por las últimas encuestas, que elevan la distancia del PSOE a casi ocho puntos.

Es verdad que al PSOE todo este escándalo le ha venido de perlas.De hecho, Rubalcaba ha seguido de cerca e incluso ha alentado algunas de las cosas que ha publicado El País. Pero, en todo caso, el Gobierno o el PSOE son beneficiarios indirectos de lo que está ocurriendo en el PP. Nada apunta a que personas ligadas al PSOE estén en el origen de los seguimientos, aunque sí hayan podido alimentar su filtración justo ahora.

El único beneficiario directo de todo este lío es el alcalde, que, además, ha aparecido como víctima de una sórdida operación.¿Significa esto que Ruiz-Gallardón esté detrás del espionaje a González? No. Además, no lo creo. Lo que apunta es a que puede estar detrás de la filtración. Eso es más que probable.

Y ahora, el papel de Rajoy. El presidente del PP, al abrir una información interna sobre el caso, ha puesto en cuestión implícitamente a la Comunidad de Madrid.

Pero, ¿le interesa realmente a Rajoy que Esperanza Aguirre sea la pagana de todo esto y que el triunfador sea Ruiz-Gallardón? Sencillamente, no. Porque Rajoy sabe que, en el horizonte, el alcalde es aún un enemigo más temible que la presidenta de la Comunidad. Sobre todo, después de comprobar su alianza (vía Caja Madrid) con el ex presidente Aznar. El dúo Gallardón-Aznar es más temido en Génova, en estos momentos, que cualquier otra cosa.

Decía con agudeza Pedro G. Cuartango que Cospedal tiene el mismo difícil papel que el espía Smiley, protagonista de la novela de Le Carré El topo. No le falta razón.

Cospedal conoce el percal y sabe que ir hasta el fondo puede suponer el estallido del partido. Por eso le ha ofrecido a Aguirre un pacto: que sea ella la encargada de cortar cabezas y, a cambio, el PP la respaldará con contundencia frente a los ataques del alcalde. Pero la presidenta de la Comunidad ha decidido defender a los suyos a muerte. Si se equivoca o no, lo sabremos muy pronto.

© Mundinteractivos, S.A.

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