Reggio’s Weblog

Malestar, de Enrique Gil Calvo en El País

Posted in Política by reggio on 2 febrero, 2009

La indulgencia con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero que demuestra la sociedad española no debería despistarnos sobre el sordo malestar que bulle de forma latente y que amenaza con emerger a la superficie. Esa tolerancia pudo advertirse en la acogida que tuvo su aparición en el programa de TVE Tengo una pregunta para usted, y luego ha sido corroborada por los sondeos publicados este fin de semana, que no han registrado apenas ningún coste electoral. ¿Por qué no provoca más protestas la aceleración de la crisis económica, con su masiva destrucción de empleo? ¿Cómo logra evitar Zapatero el temible estallido de la conflictividad social?

Una explicación de esta anomalía es la incapacidad de la oposición para ejercer su papel. Nadie entiende las sectarias reivindicaciones nacionalistas en este trance de crisis colectiva, IU está desarticulada, y el PP se desangra encarnizado en sus luchas intestinas, mientras la incapacidad de Rajoy para ejercer su liderazgo lo reduce a la impotencia. Y en ausencia de oposición real, Zapatero se entrega a un frenético ejercicio de activismo sarkozysta, frecuentando las cumbres internacionales y aprobando un paquete tras otro de medidas económicas para presentarse ante las Cámaras como gran campeón de la lucha contra la crisis. Y es que, tras verse confirmado en el cargo por su indiscutible victoria electoral, Zapatero ha descubierto una confianza en sí mismo que antes no tenía, lo que le permite cabalgar sobre las olas de la cruzada anticrisis acogido al patrocinio del efecto Obama.

Pero todo este sarkozysmo de Zapatero no es más que un espejismo mediático que no podrá seguir encandilando a la audiencia por mucho tiempo. Es posible que le sirva para ganar las elecciones autonómicas del próximo 1 de marzo. Pero entretanto el desempleo habrá crecido en otro medio millón adicional, y las secuelas en términos de quiebras, embargos y desahucios no habrán hecho más que agravarse todavía más. Y a juzgar por los augurios del FMI, hasta dentro de dos años no creceremos lo suficiente para volver a crear empleo. De modo que, a medio plazo, el malestar social causado por la burbuja del desempleo expansivo ya no se podrá contener, y lo más probable es que empiece a aflorar en forma de protestas sociales, conflictos interculturales y convocatoria de huelgas generales o salvajes según el reciente ejemplo francés. ¿Qué es lo que hoy retiene su abierto estallido?

Cabe imaginar que una posible razón es la actual composición social del desempleo, que hasta ahora se concentra sobre todo en los cinco millones de inmigrantes atraídos por el boom español del ladrillo. Unos contingentes de inmigrados que, a causa de su exclusión social, no tienen capacidad organizativa ni recursos para movilizarse, por lo que difícilmente iniciarán protestas ni crearán conflictos. Pero en cuanto el desempleo se extienda a los trabajadores autóctonos, y sobre todo a las clases medias profesionales, entonces el malestar estallará y se traducirá en abiertos conflictos que podrían generalizarse. Y hay indicios de que ese malestar social de clase media ya está entre nosotros, por latente y sorda que de momento sea su manifestación.

La literatura especializada señala que la conflictividad estalla no tanto por las carencias básicas o las necesidades insatisfechas de las clases más desfavorecidas (privación absoluta) como por la frustración de las expectativas crecientes que abrigan las clases medias (privación relativa). Pues bien, esto es lo que ha pasado en el caso español: una sociedad de nuevos ricos, mal acostumbrada a expectativas desmedidas tras 15 años de crecimiento, que ve hoy cómo se le cierra el grifo de la abundancia especulativa. Y, en consecuencia, se siente frustrada en sus expectativas de enriquecimiento, creándose el mejor caldo de cultivo para que nazca, cunda y prolifere la figura emergente del español cabreado (trasunto del catalá emprenyat).

Y un símbolo capaz de catalizar este difuso malestar de clase media es la huelga salvaje de jueces convocada para el día 18. Lo de menos es el pretexto gremial buscado para justificar su tabla reivindicativa como trabajadores de un servicio público, pues en realidad la causa última de la protesta es el malestar de los jueces al sentirse desautorizados y desposeídos de sus prerrogativas. Un malestar análogo al que desmoraliza a los docentes, que también se sienten desautorizados como trabajadores del servicio público de la enseñanza. Y un malestar difuso pero creciente que también podrían empezar a sentir muy pronto por efecto contagio otros servidores públicos y profesionales de clase media, como médicos e ingenieros. O quizá periodistas.

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