Reggio’s Weblog

Demasiadas miradas, de Ángel Gabilondo en La Vanguardia

Posted in Derechos, Libertades, Política, Sociedad by reggio on 2 febrero, 2009

No está mal velar por alguien, velar con él, cuidarse, acompañarse. Esta vigilancia tiene más que ver con la atención afectuosa. Hay en ello cierta vigilia. Nos custodiamos, nos defendemos, nos atendemos, porque nos respetamos. Pero cuando comprobamos el afán interesado y desmesurado por vigilarnos, no es difícil reconocer la mano de formas de dominio, de posesión, de control, que, en lugar de propiciar nuestra seguridad, ponen en riesgo lo más sagrado, no ya sólo de nuestra intimidad, sino de nuestra libertad. Un aliento seco se sitúa detrás y balbucea palabras que ni se oyen ni se dicen. Es algo que amenaza o que podría amenazar, la coacción de lo que tal vez no ocurra, pero se agazapa a pesar, quizá, de su inexistencia. Basta con sentir que podríamos estar vigilados, basta con saber que lo está alguien, que lo están otros. Es el mundo de la sospecha, del por si acaso, de las dudas, de las incertidumbres, que, en cualquier caso, tienen una clara consistencia e incidencia en la existencia. Cuando hay que espiar es que algo está ya roto o acabado antes de empezar a hacerlo.

Semejante vigilancia, aunque no nos alcance, ya nos toca.

Es la posibilidad de ser perseguido. No es preciso mirar detrás. Está ya en nosotros. Nos habita. Ni es una obsesión ni en principio hay razones especiales para considerar que precisamente nosotros habríamos de padecerla, pero lo consistente de las posibilidades es que, aunque no acabe ocurriendo lo que preconizan, ellas sí ocurren. Por eso es suficiente que otro, algún otro, sea vigilado o perseguido para que esa posibilidad ya nos pertenezca. Si uno es mirado, en cierto modo lo somos todos. Interiorizar ese control surte efectos más implacables que cualquier prohibición, imposición o silenciamiento. Un sordo temor convierte el aire en bruma de sospecha.

Es el gran panóptico, ojo háptico, que todo lo ve y que todo lo alcanza. Creemos ver la televisión y somos vistos por ella, hasta el punto de conformar nuestra mirada. Ni siquiera necesitamos encender el aparato, su visión ya nos habita desde lejos, hasta estar en nosotros mismos, hasta formar parte de lo que pensamos y sentimos. No es necesario que nos ordene, basta que exista. Está entre nosotros, con nosotros.

En eso estábamos y eso sabíamos. Pero, por lo visto, no es suficiente. Ahora se precisa más proximidad. Vuelve el fuego cruzado de las miradas, las miradas de guardia, las de reojo, las desviadas, las de soslayo. Quizá nunca se fueron, pero es que ahora retornan con voluntad de ser no ya una excepción, sino un procedimiento. “Mira que te miro, mira que te voy a mirar. Mira que te voy a alcanzar, mira que no sabes cuándo”. Las tareas de acecho que correspondían a la vieja muerte, siempre viva, son ahora cosa de quienes desean descuartizar cada acción, pesarla y sopesarla, fotografiarla, reinventarla, medirla, exponerla, ofrecerla, venderla. Y lo que resulta aún más curioso, para indagar, para buscar o para crear en la vida de los otros algo de lo que, por sus consecuencias, pudieran arrepentirse. El objetivo es el control y la dominación, a través del desánimo y del descrédito. La cuestión no es que los vigilados hayan de reconocerlo o de confesarlo, es que se les hurtará la verdad de sus propios hechos, a merced ya de otros circuitos. Tratar de encontrar mediante procesos paralelos en las peripecias de alguien lo que se denomina “alguna actuación irregular”, para comercializar con ella, para presionar, para cuestionar su reputación, para mostrar las debilidades de su alma, para desbancarle de ella, para arrinconarlo, para desalentar su acción. En definitiva, para mantenerlo a buen recaudo.

Sin embargo, tamaños ardides no parecen extrañarnos. Lo destacable es que ser atrapado vigilando a otro sería, además de la constatación de cierta incompetencia, un argumento que se volvería contra quien vigila. Vigilar a quien vigila para que vigile como es debido esconde el principio inconfesable de que todos nos controlamos unos a otros. No es el ámbito de la convivencia, de la búsqueda en común y, menos aún, de la amistad.

El espacio de los debates, de los argumentos, de las convicciones, de los valores, de las persuasiones se sustituye por la persecución y el acoso al otro, no ya por la exaltación de las cualidades propias sino por su desconsideración y derrota. Tras algunas indagaciones, quizá se acabe mostrando que ni era así, ni era tanto, ni era cierto, y todos se desdigan. Pero al desdibujarse el perseguidor se acrecentará la sombra y el perfil de las sospecha. Basta con que sepamos explícitamente que puede ocurrir, para que de hecho ya esté ocurriendo. Estamos avisados. Se vigila. Vivimos entre miradas. Aunque todo el espacio está bajo control, hay zonas singularmente acotadas. Por eso es decisivo subrayar que hay otros caminos, otros modos de ser, los de quienes nos cuidan, sin hacerlo contra nosotros. El oxígeno de la confianza, el aire del apoyo, el aliento del estímulo, el impulso de la entrega permiten orear y limpiar la mirada, ampliar los espacios y hacerlos habitables. No toda mirada es escrutadora. Algunas se extienden como mano amiga. Ya lo dice Gabriela Mistral, “hay besos que se dan con la mirada”.

ANGEL GABILONDO, rector de la Universidad Autónoma de Madrid.

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Responsabilidad y respeto, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 2 febrero, 2009

Hay dos principios que son incuestionables, axiomáticos: a) el nivel 0 de riesgo es imposible de alcanzar por muy desarrollada que sea una sociedad; b) todos los gobernantes democráticos tienen como uno de sus mandatos principales el garantizar la seguridad y la vida de los ciudadanos. Entre ambas afirmaciones se establece una dialéctica compleja que ilumina toda la casuística relacionada con las catástrofes y emergencias que se dan en entornos como el nuestro, marcados por un alto nivel de desarrollo y libertad. El excepcional temporal de viento que ha azotado recientemente diversos territorios de la Península ha puesto a prueba a las administraciones y a las empresas de servicios básicos. Y también ha examinado a los políticos que nos gobiernan.

Algunos han aprobado y otros han suspendido. El Gobierno de Euskadi, por ejemplo, supo prevenir con firmeza y comunicar con eficacia los peligros que se avecinaban. El Govern de Catalunya, en cambio, erró de manera evidente, aunque se haya autocalificado con buena nota. ¿Podemos hablar de todo esto sin que el conseller Saura y su partido se pongan histéricos y denuncien campañas de asedio por doquier? ¿Podemos criticar una gestión gubernamental, como se hace en cualquier país normal, sin que el debate acabe siendo sobre la bondad o maldad de la prensa en vez de sobre la incompetencia de algunos cargos? Que algunos personajes vayan encadenando actuaciones penosas no debe frenar (ni por cansancio ni por miedo a las amenazas) la labor de levantar acta de lo que no funciona. Así debe ser, gobiernen unos u otros. Por sectarismo, algunos prefieren defender siempre a los políticos que coinciden con su punto de vista, lo hagan bien o mal, extremo que también hemos visto ahora. Allá cada cual con su credibilidad.

Hay dos palabras que articulan, me parece, el debate imprescindible sobre las repercusiones políticas del vendaval en Catalunya: responsabilidad y respeto. Detengámonos en cada una de ellas.

¿Qué es la responsabilidad en política? Responder de las decisiones que se toman y también de aquellas que no se toman y deberían haberse tomado, y actuar, luego, en consecuencia. En casos de error manifiesto, en los países serios, la responsabilidad significa presentar la dimisión o destituir a alguien. Pero, si hablamos del tripartito catalán, ya sabemos que existe una cláusula no escrita del pacto entre PSC, ERC e ICV: el president no puede tocar a nadie. La arquitectura del actual Govern es tan precaria que la autoridad de Montilla sólo existe si no la ejerce hasta sus últimas consecuencias.

El Departament d´Interior no actuó con suficiente responsabilidad porque no hizo todo lo que podía hacer ni lo hizo a tiempo. Las pruebas concretas de ello ya se han divulgado. Desplazar la responsabilidad hacia los particulares o hacia los ayuntamientos, como ha hecho Joan Boada, secretario general de Interior, es impresentable. Además, para una fuerza que se reclama municipalista, este ardid resulta grotesco.

Todo puede entenderse mediante la metáfora de las banderas que se usan en las playas: cuando las autoridades izan la amarilla, reclaman precaución al bañista; si izan la roja, el baño queda prohibido y, por tanto, la responsabilidad de lo que ocurra será únicamente del que, desoyendo el aviso, se meta en el mar. Ante unos vientos nunca vistos por aquí, la Conselleria d´Interior se limitó a mostrar la bandera amarilla y cuando sacó la roja ya era demasiado tarde.

¿Qué es el respeto en política? Entre otras cosas, respeto es dar la cara ante los ciudadanos sin menospreciarlos con excusas peregrinas. Sobre todo cuando ha habido personas muertas y heridas. Alguien con cargo incluso tuvo la desfachatez de aludir al cambio climático para protegerse de las críticas. Asimismo, desde el PSC, movidos por el nerviosismo que les domina, han rebuscado en los gobiernos anteriores para escapar de la polémica, lo cual sólo viene a demostrar que la incompetencia está muy repartida por todas las siglas. Montilla copia lo peor de Pujol, como eso de autofelicitarse por la respuesta dada ante las emergencias. Vale perfectamente para hoy lo que escribí en estas páginas el 24 de diciembre del 2001, cuando CiU erró en la prevención y respuesta a las nevadas de aquel año: “Desde el Govern de la Generalitat ha sido escandalosamente escasa la autocrítica”. También anoté algo que iba para Artur Mas, entonces conseller en cap, y que hoy dirijo a Montilla, Saura y Carod-Rovira: “Para mandar de verdad, hay que exponerse valiente al fuego de las crisis”.

Antes y ahora, el respeto mínimo al ciudadano exige tener el coraje de asumir responsabilidades. Esos millones que Saura se ha gastado estudiando las causas de la desafección política se podrían ahorrar. Le bastaría con analizar con sinceridad varias de sus propias actuaciones.

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Malestar, de Enrique Gil Calvo en El País

Posted in Política by reggio on 2 febrero, 2009

La indulgencia con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero que demuestra la sociedad española no debería despistarnos sobre el sordo malestar que bulle de forma latente y que amenaza con emerger a la superficie. Esa tolerancia pudo advertirse en la acogida que tuvo su aparición en el programa de TVE Tengo una pregunta para usted, y luego ha sido corroborada por los sondeos publicados este fin de semana, que no han registrado apenas ningún coste electoral. ¿Por qué no provoca más protestas la aceleración de la crisis económica, con su masiva destrucción de empleo? ¿Cómo logra evitar Zapatero el temible estallido de la conflictividad social?

Una explicación de esta anomalía es la incapacidad de la oposición para ejercer su papel. Nadie entiende las sectarias reivindicaciones nacionalistas en este trance de crisis colectiva, IU está desarticulada, y el PP se desangra encarnizado en sus luchas intestinas, mientras la incapacidad de Rajoy para ejercer su liderazgo lo reduce a la impotencia. Y en ausencia de oposición real, Zapatero se entrega a un frenético ejercicio de activismo sarkozysta, frecuentando las cumbres internacionales y aprobando un paquete tras otro de medidas económicas para presentarse ante las Cámaras como gran campeón de la lucha contra la crisis. Y es que, tras verse confirmado en el cargo por su indiscutible victoria electoral, Zapatero ha descubierto una confianza en sí mismo que antes no tenía, lo que le permite cabalgar sobre las olas de la cruzada anticrisis acogido al patrocinio del efecto Obama.

Pero todo este sarkozysmo de Zapatero no es más que un espejismo mediático que no podrá seguir encandilando a la audiencia por mucho tiempo. Es posible que le sirva para ganar las elecciones autonómicas del próximo 1 de marzo. Pero entretanto el desempleo habrá crecido en otro medio millón adicional, y las secuelas en términos de quiebras, embargos y desahucios no habrán hecho más que agravarse todavía más. Y a juzgar por los augurios del FMI, hasta dentro de dos años no creceremos lo suficiente para volver a crear empleo. De modo que, a medio plazo, el malestar social causado por la burbuja del desempleo expansivo ya no se podrá contener, y lo más probable es que empiece a aflorar en forma de protestas sociales, conflictos interculturales y convocatoria de huelgas generales o salvajes según el reciente ejemplo francés. ¿Qué es lo que hoy retiene su abierto estallido?

Cabe imaginar que una posible razón es la actual composición social del desempleo, que hasta ahora se concentra sobre todo en los cinco millones de inmigrantes atraídos por el boom español del ladrillo. Unos contingentes de inmigrados que, a causa de su exclusión social, no tienen capacidad organizativa ni recursos para movilizarse, por lo que difícilmente iniciarán protestas ni crearán conflictos. Pero en cuanto el desempleo se extienda a los trabajadores autóctonos, y sobre todo a las clases medias profesionales, entonces el malestar estallará y se traducirá en abiertos conflictos que podrían generalizarse. Y hay indicios de que ese malestar social de clase media ya está entre nosotros, por latente y sorda que de momento sea su manifestación.

La literatura especializada señala que la conflictividad estalla no tanto por las carencias básicas o las necesidades insatisfechas de las clases más desfavorecidas (privación absoluta) como por la frustración de las expectativas crecientes que abrigan las clases medias (privación relativa). Pues bien, esto es lo que ha pasado en el caso español: una sociedad de nuevos ricos, mal acostumbrada a expectativas desmedidas tras 15 años de crecimiento, que ve hoy cómo se le cierra el grifo de la abundancia especulativa. Y, en consecuencia, se siente frustrada en sus expectativas de enriquecimiento, creándose el mejor caldo de cultivo para que nazca, cunda y prolifere la figura emergente del español cabreado (trasunto del catalá emprenyat).

Y un símbolo capaz de catalizar este difuso malestar de clase media es la huelga salvaje de jueces convocada para el día 18. Lo de menos es el pretexto gremial buscado para justificar su tabla reivindicativa como trabajadores de un servicio público, pues en realidad la causa última de la protesta es el malestar de los jueces al sentirse desautorizados y desposeídos de sus prerrogativas. Un malestar análogo al que desmoraliza a los docentes, que también se sienten desautorizados como trabajadores del servicio público de la enseñanza. Y un malestar difuso pero creciente que también podrían empezar a sentir muy pronto por efecto contagio otros servidores públicos y profesionales de clase media, como médicos e ingenieros. O quizá periodistas.

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‘Reformas de segunda generación’, de Joaquín Estefanía en El País

Posted in Economía by reggio on 2 febrero, 2009

Las tres primeras medidas ejecutivas de Obama, nada más jurar su cargo, fueron congelar el sueldo de los altos cargos, demandar una iniciativa para hacer más transparente la Ley de Libertad de Información, y revisar la actividad de los grupos de presión (lobbies). Detengámonos en esta última: el personal de la Administración estadounidense no podrá ejercer influencia sobre la Casa Blanca ni recibir regalos de los grupos de presión; a su vez, los miembros de estos últimos no podrán ocupar puestos en la Administración de Estados Unidos relacionados con áreas que ellos hayan representado durante los dos últimos actos.

Una de las ideas fuerza del nuevo presidente, por contraposición al abandono de la Administración neocon, es reforzar el papel de las instituciones. No sólo por su relación directa con el Estado de derecho, sino como herramientas centrales en la recuperación de la economía.

Como bien han analizado los profesores José Antonio Alonso y Carlos Garcimartín en su último libro (Acción colectiva y desarrollo. El papel de las instituciones, editorial Complutense e Instituto Complutense de Estudios Internacionales), las causas del progreso de un país no sólo están en la dotación y el uso de los factores productivos que posee -capital, trabajo y tecnología- (lo que denominan el hardware de la economía), sino en la relevancia de los marcos normativos y de sus instituciones (el software económico). En una sociedad en la que interactúan agentes independientes, las instituciones reducen la incertidumbre, aminoran los costes de transacción, facilitan la coordinación social; en definitiva, condicionan la habilidad que una sociedad tiene para poner en pleno uso sus factores productivos y someterlos a una más intensa dinámica de acumulación y mejora.

Mejorar el papel de las instituciones en el marco de referencia de nuestra época (la globalización) y en medio de una crisis que tiene el potencial de ser la peor o una de las más dañinas que se recuerdan. Por ejemplo, el de las numerosas formaciones G que, constituidas por cooptación y sin estructura orgánica, han sustituido a los organismos multilaterales (ONU, FMI, BM, OMC…) en la resolución de las crisis, en busca de una eficacia que sacrifica la mayor representatividad (no óptima) de los últimos. Por ejemplo, lo que el economista francés Jean-Paul Fitoussi ha denominado “instituciones ademocráticas” (bancos centrales, agencias de calificación de riesgos, reguladores y supervisores…), que constituyen otra de las prioridades de la Administración de Obama, que ya ha esbozado una reforma de la supervisión financiera, demandada también por otros líderes políticos en la reciente cumbre de Davos. Esas “instituciones ademocráticas” cada vez influyen más en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Se trata de las reformas de segunda generación, que eran una especie de segunda fase del Consenso de Washington y que nunca se aplicaron con la misma determinación que las primeras reformas (equilibrio macroeconómicos, privatizaciones…) con los resultados hoy bien conocidos por todos. Para que la crisis financiera y la recesión planetaria no devengan en crisis política y de seguridad, como ocurrió tras la Gran Depresión y con las dos guerras mundiales, se requiere de marcos normativos e institucionales que mejoren el funcionamiento de la economía global y la calidad de la democracia: si las decisiones de los poderes públicos son injustas o chocan contra las preferencias más sentidas, si los representantes elegidos aparecen envueltos en prácticas censurables, si determinadas preocupaciones económicas y sociales no encuentran el canal adecuado para expresarse o recibir una solución colectiva satisfactoria, etcétera.

Hubo un momento en que algunos creyeron que la política había muerto y que el mercado y el saber tecnocrático llevarían al progreso. Hoy sabemos que no es así: para que funcione el mercado necesita dotarse de la seguridad jurídica que le dan las instituciones y los organismos reguladores. Y la tecnología no responde al para qué ni para quién, sino sólo al cómo. Es por ello por lo que los políticos, economistas y demás científicos sociales han vuelto la mirada al Estado y a las instituciones como herramientas imprescindibles para sacar al planeta de sus dificultades actuales. Cómo lograr que el Estado se imponga a los poderes fácticos y a los grupos de presión, y más en general, cómo hacer que la aldea global sea gobernada democrática y eficientemente. El software de la política y la economía.

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La crisis y el crédito, de Braulio Medel Cámara en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 2 febrero, 2009

TRIBUNA: ECONOMIA

El autor es partidario de la intervención pública cuando la financiación que ofrece el mercado es insuficiente. Considera que la implicación y el apoyo del Estado es conveniente para mejorar la concesión de créditos.

En el actual panorama de crisis económica, española y mundial, por la que atravesamos, cobran un protagonismo especial, como no podía ser de otra forma, los análisis sobre la situación del sistema financiero y las medidas a impulsar vinculadas al mismo.No es el propósito de estas líneas centrarse en la consideración de la influencia determinante del funcionamiento de los bancos en el origen y desencadenamiento de la presente crisis internacional.Tampoco lo es el adentrarse en la prospección del diseño del nuevo orden financiero tal como debería quedar configurado, a medio plazo, una vez superada la etapa de recesión.

Su intención, por el contrario, es comentar el papel del sector financiero español, y la utilidad de las medidas arbitradas para el mismo, durante la actual fase de la depresión. Para valorar estas cuestiones es necesario partir de unos términos generales que nos sirvan como marco de referencia para nuestros juicios, aspecto éste que, en mi opinión, no queda siempre suficientemente claro en el debate. En efecto, creo que son dos los objetivos que se están reclamando al sistema financiero español, en coincidencia con los planteados en otros países, aunque con las peculiaridades propias de cada nación. Esos dos objetivos son: la estabilidad y solvencia del sistema y de las entidades que lo conforman; y una mayor concesión de financiación crediticia por parte del mismo.

Tres observaciones previas conviene formular sobre estos dos objetivos. Una, el primero de ellos constituye una exigencia permanente e inmanente al propio sistema financiero, sin la cual no puede funcionar. El segundo, en cambio, que el conjunto de entidades bancarias dé más o menos créditos de los que el libre funcionamiento del mercado determine, es algo relativamente inusual que sólo puede corresponder con momentos excepcionales como los presentes, y que en todo caso exige algún tipo de intervención pública.

En segundo lugar, se trata de dos ámbitos no sólo distintos conceptualmente, sino que tampoco tienen por qué ir unidos en la práctica. Esto es, con frecuencia se tiende a pensar que con conseguir un sistema financiero más estable y solvente (mediante mayores inyecciones de liquidez o capital, por ejemplo), de ahí ha de seguirse automáticamente un aumento del crédito global otorgado a la economía. Cierto es que lo primero es una condición necesaria para lo segundo, pero en modo alguno suficiente.

Tercero, de una forma más o menos explícita, esos dos objetivos se han presentado no de manera simultánea, sino secuencial, en el tiempo. Así, tras el verano del pasado año, la preocupación básica era la estabilidad y solvencia bancaria (dicho en términos más coloquiales, que el sistema «no se cayera»). Varios meses más tarde, hoy, la reclamación esencial es que se conceda mayor financiación a la economía. Y de modo a veces poco objetivo, y otras desafortunado, se cuestionan las medidas aprobadas hasta ahora, y se requiere a los bancos que «devuelvan» a la sociedad las «ayudas» recibidas, por sintetizar en estos términos el reflejo de esa parte de la opinión pública.

Lo que nos conduce al examen y valoración de tales medidas. En primer lugar, las mismas, lejos de haber resultado de escasa utilidad, como muchos afirman, han sido muy eficaces en lograr el primero de los dos grandes objetivos apuntados: contribuir a la estabilidad y solvencia del sistema crediticio.

Segundo, y de cara al propósito de estimular una mayor canalización de préstamos, ya hemos advertido que se trata de disposiciones necesarias aunque no suficientes para ello. No obstante, han contribuido a que no haya sido mayor la desaceleración en la evolución crediticia y, en especial, al amplio esfuerzo de refinanciación empresarial que está sosteniendo el conjunto de las entidades financieras españolas. Además, es muy pronto para juzgar su plena efectividad, ya que algunas se han aplicado hasta ahora sólo parcialmente, otras aún no han podido alcanzar todos sus efectos, y aún las hay que todavía no han entrado en vigor. En fin, y a diferencia de la mayoría de países occidentales, los instrumentos aplicados no han supuesto, hasta la fecha, ningún coste para el contribuyente español.

Primera conclusión, pues, las medidas desplegadas han sido eficaces, sobre todo, para la estabilidad y solvencia del sistema financiero y, también, para que éste no debilitara más el ritmo de aprobación de créditos. Pero, y ésta sería una segunda conclusión, si se quiere que la financiación recibida por empresas y familias se separe de la que bajo estas condiciones se otorgaría, los medios más eficaces y menos costosos no deben pasar necesariamente por más de lo mismo, sino que se requieren otros mecanismos complementarios más adecuados a ese otro tipo de objetivos.

Así, si la sociedad entiende que la financiación proporcionada por el mero funcionamiento del mercado es insuficiente, hay que desarrollar otro tipo de intervenciones públicas que corrijan esa situación. La apreciación social de ese fallo del mercado puede achacarse a una incorrecta aversión al riesgo por parte de la banca (para lo que habrá que estimular una predisposición más favorable a la asunción de riesgos) y/o a la existencia de una importante externalidad positiva para el conjunto de la sociedad de aumentar la financiación privada a la economía (que debe llevar aparejada la asunción de un determinado gasto público para compensar los costes de tal actuación). ¿De qué tenor habrían de ser estas medidas complementarias más idóneas al fin perseguido? Esto se presta a un amplio debate, como el que está teniendo lugar a escala internacional, dependiendo en buena parte de las peculiaridades de cada país. Pero para estas líneas sobre la realidad del sistema financiero español basten tres consideraciones generales.

En primer lugar, como ya se ha señalado, no se trataría de replicar o reproducir, en mayor extensión o intensidad, el grueso de las medidas ya aprobadas, o variantes de las mismas (como, por ejemplo, la compra de activos tóxicos), dirigidas a conferir mayor liquidez o, incluso, mayor solvencia genérica a las instituciones bancarias.De otro lado, serían más efectivas y directas aquellas líneas de intervención que impliquen una asunción pública, total o compartida, del crédito y/o el riesgo, o que condicionen otro tipo de apoyos a la evolución en la concesión de créditos por las entidades.

Muy parcialmente se han adoptado ya algunas medidas en este sentido en determinados programas financieros del ICO (moratoria hipotecaria, pymes) y en un tramo de las subastas de liquidez. En fin, y en tercer término, animaría obviamente la financiación el desarrollo de programas de inversiones públicas, o avaladas públicamente, rentables y autofinanciables (vivienda, infraestructuras de peaje, etcétera) y que en las circunstancias presentes, ofrecen mejores condiciones de garantía. Sobre estas bases se podrían explorar, pues, esas nuevas líneas de actuación.

Braulio Medel Cámara es catedrático de Hacienda Pública.

© Mundinteractivos, S.A.

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Trasfondo político de la guerra de los espías, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 2 febrero, 2009

A FONDO

Unos días antes de que estallara el escándalo de los espías, un ministro del área económica comentó en público: «Con la que nos está cayendo encima, menos mal que en la oposición tenemos a Rajoy».

Se acababan de conocer los datos de paro, Almunia ya había comunicado al Gobierno que la UE no se iba a limitar a empeorar las previsiones de Solbes para 2009, sino que iba a prolongar el escenario de recesión en España hasta 2010. Y, sin embargo, Zapatero respiraba tranquilo. Había decidido retrasar su comparecencia hasta el 10 de febrero en un gesto muy criticado por la oposición. ¿Por qué? ¿Acaso esperaba que los datos económicos mejorasen? No parece que esa fuera la causa.

Nuestro ministro, ajeno a lo que ya por esos días se estaba preparando entre bambalinas, concluyó: «Si con la crisis más grave que ha sufrido España, el PP está a tres puntos en las encuestas, cuando remontemos la situación, no sé hasta dónde vamos a aumentar nuestra ventaja».

Mientras el equipo de asesores de Rajoy repartía mandobles con los datos del paro y la mala gestión de Magdalena Alvarez en la nevada que paralizó la capital de España, una cruenta batalla se libraba por el control de Caja Madrid. Por increíble que parezca, los contendientes no eran el PP y el PSOE, sino Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre. El PSOE madrileño, de la mano de Tomás Gómez, había respaldado la aplicación de la nueva ley aprobada a finales de 2007 por la Asamblea de Madrid. El alcalde se había decantado por respaldar al presidente de la entidad, Miguel Blesa, y había logrado los apoyos de CCOO y de IU. La política hace extraños compañeros de cama. El ex presidente del Gobierno José María Aznar, que fue quien propuso a Blesa para el cargo hace 12 años, había movido los hilos para que su amigo siguiera en su puesto cuatro años más. Personalmente habló con diversos dirigentes del PP para que cesara el acoso a Blesa. Dicen que su argumento es que el presidente de la caja es uno de los pocos amigos que le quedan. Endeble razón para tanto empeño.

Y en esto estalló el escándalo. Mediáticamente, la operación es casi perfecta. Primero, El País publicó el 19 de enero que el consejero de Interior de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, había contratado al ex policía Marcos Peña para hacer trabajos de espionaje.

Al día siguiente, el mismo diario publicó que el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González, había sido espiado, insinuando que esas actividades pudieron realizarse desde la propia Comunidad, y reprodujo fotografías del mismo en un viaje a Colombia y unos billetes de avión a Johannesburgo, ambos llevados a cabo durante la pasada primavera.

Al día siguiente, 21 de enero, El País publicó en su portada que la Comunidad de Madrid espió al vicealcalde Manuel Cobo.Ese mismo día, Cobo dio credibilidad a los hechos y anunció acciones legales. También ese mismo día, el alcalde compareció en televisión en el programa 59” y reforzó la sospecha de que los seguimientos habían sido hechos por funcionarios de la Consejería de Interior de la Comunidad. El día 22, el citado diario publicó a cuatro columnas en su portada que la Comunidad también espió a su ex vicepresidente Alfredo Prada. El domingo 25, El País publicó que el ex tesorero del PP Alvaro Lapuerta le había dicho a Rajoy que se sintió espiado en el mes de mayo de 2008.

Como el mismo diario ha revelado en un editorial, la información sobre la contratación de Peña por Granados se descubrió cuando su periodista investigaba un dossier contra González.

¿Por qué se publicó entonces ese dato antes que el resto de las informaciones? Sencillamente, porque se pretendió hacer creer que toda la trama del espionaje partía del equipo a las órdenes del ex policía contratado por el responsable de Interior de la Comunidad.

En todo caso, eso no es lo importante. La pregunta es por qué una información diversa y con orígenes distintos, que se recabó hace un año, justo en los prolegómenos del Congreso del PP donde se suponía que Esperanza Aguirre iba a presentar una alternativa a Rajoy, se publica justo ahora.

Aunque al presidente del PP le pueda interesar el desgaste de la presidenta de la Comunidad, es evidente que ni él ni su equipo pueden estar detrás de la filtración. Hacerlo a unas semanas de las elecciones vascas y gallegas es un suicidio, como puede comprobarse por las últimas encuestas, que elevan la distancia del PSOE a casi ocho puntos.

Es verdad que al PSOE todo este escándalo le ha venido de perlas.De hecho, Rubalcaba ha seguido de cerca e incluso ha alentado algunas de las cosas que ha publicado El País. Pero, en todo caso, el Gobierno o el PSOE son beneficiarios indirectos de lo que está ocurriendo en el PP. Nada apunta a que personas ligadas al PSOE estén en el origen de los seguimientos, aunque sí hayan podido alimentar su filtración justo ahora.

El único beneficiario directo de todo este lío es el alcalde, que, además, ha aparecido como víctima de una sórdida operación.¿Significa esto que Ruiz-Gallardón esté detrás del espionaje a González? No. Además, no lo creo. Lo que apunta es a que puede estar detrás de la filtración. Eso es más que probable.

Y ahora, el papel de Rajoy. El presidente del PP, al abrir una información interna sobre el caso, ha puesto en cuestión implícitamente a la Comunidad de Madrid.

Pero, ¿le interesa realmente a Rajoy que Esperanza Aguirre sea la pagana de todo esto y que el triunfador sea Ruiz-Gallardón? Sencillamente, no. Porque Rajoy sabe que, en el horizonte, el alcalde es aún un enemigo más temible que la presidenta de la Comunidad. Sobre todo, después de comprobar su alianza (vía Caja Madrid) con el ex presidente Aznar. El dúo Gallardón-Aznar es más temido en Génova, en estos momentos, que cualquier otra cosa.

Decía con agudeza Pedro G. Cuartango que Cospedal tiene el mismo difícil papel que el espía Smiley, protagonista de la novela de Le Carré El topo. No le falta razón.

Cospedal conoce el percal y sabe que ir hasta el fondo puede suponer el estallido del partido. Por eso le ha ofrecido a Aguirre un pacto: que sea ella la encargada de cortar cabezas y, a cambio, el PP la respaldará con contundencia frente a los ataques del alcalde. Pero la presidenta de la Comunidad ha decidido defender a los suyos a muerte. Si se equivoca o no, lo sabremos muy pronto.

© Mundinteractivos, S.A.

La gran mentira del crédito, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 2 febrero, 2009

Todos estamos más o menos de acuerdo en que lo que determina la violencia y profundidad de la crisis actual es la existencia de una enorme masa de crédito respaldada por activos sobrevalorados. ¿Hasta qué punto? Bueno, lo explicaba fenomenal, como casi siempre, Martin Wolf en su columna en Financial Times del pasado miércoles: a cierre del tercer trimestre de 2008, la deuda norteamericana, país sobre el que centraba su análisis al ser el epicentro del terremoto que nos sacude, suponía un 358% de su PIB, por encima del 300% que condujo a Estados Unidos a la Gran Depresión. Por traducirlo al román paladino, por cada unidad de riqueza de la nación, el Estado y el sector privado deben 3,5 (no ha habido sustanciales variaciones en estos cuatro meses). No está mal. Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Wolf recordaba en esa misma pieza que, frente a lo que había ocurrido en los años 30, o incluso en el Japón en los 90, los titulares de dichos créditos no son principalmente miembros del tejido empresarial no financiero, sino los propios bancos, por una parte, y los particulares, por otra. Hagamos aquí un primer punto y aparte.

Ahora, un poquito de matemáticas para principiantes. Dado que tal porcentaje se obtiene de un cociente o división, su minoración sólo se puede producir bien mediante un aumento drástico del denominador, esto es: del PIB, bien a través de una reducción igual de radical del numerador, es decir: de la deuda del sistema. O bien mediante la acción conjunta de ambos a la vez, claro está. Debido a que lo que se espera en 2009 no es un aumento del Producto Interior Bruto de las economías desarrolladas, sino más bien todo lo contrario, podremos concluir salvo error u omisión por mi parte, que todo puede ser, que reparar el desaguisado actual pasa por llevar a cabo un recorte sustancial de la financiación ajena, tanto pública como privada. Sobre la primera, ya saben cuál es la visión comúnmente aceptada por los políticos para resolver esta crisis: keynesianismo a tope con dinero prestado. Más madera, es la guerra. Eso hace que, si se quiere actuar sobre la raíz de la situación actual, haya que emplearse aún más a fondo sobre el apalancamiento privado, deuda que se encuentra, sobre todo y tal y como hemos señalado ya, en el debe de entidades financieras y consumidores. Segundo punto y aparte.

Ahora que a las autoridades correspondientes se les llena la boca con el vocablo crédito, reclamando su uso a diestro y siniestro, es oportuno, a raíz de lo anteriormente enunciado, señalar lo siguiente: uno, que carecen de legitimidad para hacerlo, toda vez que no se trata ésta de una burbuja que apareciera de la noche a la mañana sino que ha sido el resultado de un proceso plurianual que ha contado con su complacencia; dos, su omisión cobra aún más relevancia por el hecho de que el bancario es un negocio regulado y supervisado, a través de un marco que, actuaciones delictivas aparte, ha permitido a las entidades financieras maximizar su retorno dentro de él; tres, que no es momento de perpetuar lo erróneo sino de ajustar el tamaño del crédito a las necesidades reales de la economía: menor importe global y de mejor calidad. Cualquier mensaje en sentido contrario no es sino una gran mentira que sólo se la cree quien la pronuncia; cuatro, el papel de los bancos es fundamental en su doble condición de acreedores y deudores del sistema y ser titulares de prácticamente la totalidad de la financiación de los particulares; cinco, hasta ahora se ha salvaguardado, mediante avales y tipos bonificados, medidas de carácter provisional, el pasivo bancario en la creencia de que el ajuste a la baja iba a venir por el lado del activo.

Seis, el cierre de determinados mercados y el deterioro de las garantías y de la capacidad de repago han provocado la inconsistencia de tal suposición y han afectado a la solvencia de las entidades; siete, si antes no había liquidez pero sí solvencia, ahora ocurre lo contrario: el miedo de las entidades tiene nombre de nuevos requerimientos de capital; ocho, este entorno provoca que se maximicen las cautelas, al no poderse evaluar con exactitud la verdadera calidad de la cartera crediticia en vigor; nueve, como prueba la constante sustitución de activos reales por otros que no lo son, fundamentalmente inmuebles; diez, esto hace que la nueva financiación concedida dispare su precio para compensar, retrayendo el crédito; once, tal y como están las cosas, desempleo y colapso inmobiliario, las condiciones de financiación a terceros se modifican drásticamente, lógico, en cuanto a las posibilidades económicas del solicitante y al porcentaje de financiación sobre la prenda, lo que condiciona la demanda; doce, es verdad que la oferta se ha endurecido y que las peticiones se han retraído, dos caras de una misma moneda y proceso necesario de vuelta a la racionalidad; trece, no es cierto, por el contrario, que haya caído la solicitud de dinero para circulante ni está justificada la negativa de los bancos a concederla a compañías solventes a precios razonables.

Catorce, el gobierno debe fomentar la actividad crediticia en el marco establecido en el punto tercero; quince, no puede exigir crédito indiscriminado e irracional por el hecho de prestar su ayuda a la banca, sería perpetuar el problema; dieciséis, sin embargo debe ser avalista parcial, para mantener el incentivo de la banca comercial, de aquellos proyectos solventes que ésta le presente lo que simultáneamente permitiría bajar el tipo de aplicación a los clientes; diecisiete, igualmente habría de bonificar, del modo que se determinara, aquella financiación privada destinada a la mejora del capital humano y productivo español, educación e innovación, principalmente; dieciocho, la administración, dando ejemplo y poniéndose al corriente de todos sus pagos como medida preliminar, facilitaría la gestión del circulante mediante un mecanismo de sustitución de riesgo privado por público a través del uso de instrumentos financieros de corto plazo; diecinueve, la autoridad correspondiente tiene que supervisar de modo estricto cuál es el uso alternativo frente al crédito que están dando los bancos a su liquidez, a qujé precio y con qué riesgos, con objeto de identificar cambalaches peligrosos a futuro; veinte y último: modelos que han funcionado en el pasado, tienen más posibilidades de éxito en las circunstancias presentes, vuelta la burra al trigo. Buena semana a todos.

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Financiación Sindical, de Cristina Falkenberg en El Confidencial

Posted in Laboral, Política by reggio on 2 febrero, 2009

Esta semana ha sido noticia en algún medio que el Gobierno subvenciona a CCOO y UGT con unos quince millones de euros, a repartir prácticamente por partes iguales entre los dos. Los sindicatos USO y el vasco ELA-STV han recibido aproximadamente medio millón cada uno, etc… La lista es larga. Sin embargo la explicación a por qué no estén saliendo a la calle ante la pérdida de unos seis mil empleos diarios, una tasa (oficial) del paro que dobla la de la UE y unas oscurísimas perspectivas del empleo en nuestro país no es tan simple como la que pudiere inferirse tan sólo de este dato.

En efecto, la legislación española confiere eficacia general a los convenios colectivos negociados por los sindicatos más representativos. Es lo que se llama la “irradiación”. El resultado es que los trabajadores no tienen ninguna buena razón para afiliarse y pagar cuotas si de todas maneras los efectos positivos del núcleo de la acción sindical, que es negociar sus condiciones laborales, ya van a revertir sobre ellos. Tan bajísimo grado de afiliación obliga a que los sindicatos reciban subvenciones y no sólo en función de su representatividad (según reflejan las elecciones sindicales) sino también en función de otros conceptos como sus funciones consultivas o el sufragio de actividades como la formación profesional. Todo ello se engloba en un genérico “garantizar la libertad sindical” proclamado en el artículo 28.1 de nuestra Constitución. El problema es que la financiación mediante subvención viene a ser lo mismo que un impuesto a pagar entre todos, incluidos pensionistas, empresarios y trabajadores que no se benefician ni es previsible que vayan a beneficiar de la labor de los sindicatos, al menos en un futuro inmediato.

En el extremo opuesto se halla el sistema (fascista) del sindicato vertical de afiliación obligatoria, indeseable pues ignora la libertad de no sindicarse aunque circunscribe el ámbito de los sujetos obligados a pagar cuotas a sólo trabajadores y empresarios.

Parece razonable proponer que los sindicatos se financien en buena parte con las cuotas de sus afiliados, pues vivir del maná público no parece lo mejor a efectos de garantizar la independencia de estas organizaciones. Esto exige sin embargo modificar el diseño del marco normativo, muy astuto como tantos otros productos del felipismo si se mira desde el punto de vista del poder, pero quizá no tan estupendo si a lo que debe servir es al bien general.

Los sindicatos son necesarios y están para defender los derechos de los trabajadores. No hay mejor política social que el empleo abundante y con unos salarios decentes. Pero nada de esto es posible ni lo será en el futuro, y más habida cuenta de otros problemas gravísimos como el de la educación.

Los trabajadores deben tener incentivos tanto para sindicarse como para exigir a sus organizaciones la eficaz negociación de sus condiciones de trabajo, lo que abarca una absoluta modernización de un mercado de trabajo anclado aún en el franquismo. Política astuta también cuando se contempla desde el punto de vista del poder pero muy poco amable para con los (míseramente) asalariados. Sin embargo el tema se complica…

Patrimonio sindical acumulado y patrimonio sindical histórico

Hay dos patrimonios sindicales: el acumulado y el histórico. El régimen de Franco instauró la Organización Nacional-sindicalista, de afiliación obligatoria y que a lo largo de los años fue acumulando un importante patrimonio. El uso y disfrute de los bienes que integran ese patrimonio se halla hoy cedido de manera gratuita a los sindicatos en virtud de la Ley 4/1986 de 8 de enero de cesión de bienes del patrimonio sindical acumulado. El reparto sin embargo se hizo de manera muy desigual pese a que la intención de dicha norma era que se realizase en función de la representatividad de cada sindicato. El caso lo estudia con detenimiento el Profesor De la Villa Gil en un interesante artículo aparecido en El Cronista.

La distribución de los bienes del patrimonio sindical acumulado, entre ellos numerosos inmuebles, se llevó a cabo por una Comisión Consultiva tripartita con doce miembros representando a la Administración, otros tantos a las organizaciones empresariales, seis a los sindicatos mayoritarios y seis a los minoritarios. El resultado ha sido que los grades sindicatos se han apoyado en los otros grupos de interés dejando a los minoritarios huérfanos de ningún poder de influencia en la Comisión. Así en ámbitos territoriales de fuerte implantación de ciertos sindicatos, caso de ELA-STV en el País Vasco, sin embargo CCOO y UGT se han quedado con 2,5 veces más metros cuadrados de inmuebles que lo que les correspondería atendida su representatividad. El caso, recurrido, sigue abierto.

La citada Ley de cesión de bienes del patrimonio sindical acumulado vino a abordar en su DA 4ª el tema del patrimonio sindical histórico, siendo modificada por el Real Decreto Ley 13/2005 el cual introduce importantes elementos de flexibilidad. En efecto, la ley exigía que los bienes a restituir hubiesen sido incautados en su día y hubiesen pertenecido a las organizaciones reclamantes o sus entes de carácter sindical afiliados o asociados, debiendo restituir o abonar el valor de mercado a fecha 14 de enero de 1986 de esos bienes y sin que hubiese un plazo para reclamarlos. Bien pues el Real Decreto Ley elimina la exigencia de que los bienes hubieren sido “incautados”, entiende aceptable que hubiesen pertenecido a cualesquiera personas jurídicas (aunque no fuesen de naturaleza sindical) afiliadas, asociadas o simplemente vinculadas a la organización sindical reclamante, además de añadir intereses desde el 14 de enero de 1986 al reintegro en dinero que se practique pero poniendo como fecha límite para la reclamación del patrimonio sindical histórico el 31 de enero de 2006.

El resultado ha venido a ser que por Acuerdo del Consejo de Ministros de de 24 de noviembre de 2006, UGT ha recibido un total, ahora sí intereses incluidos, de 155.5343274,525 €, esto es, exactamente 212.540 € menos de lo que UGT le debía al ICO como resultado de haber sido declarada responsable civil subsidiaria por los fraudes de la PSV (Sociedad Cooperativa de Promoción Social de Viviendas) y de la IGS (Iniciativas de Gestión y Servicios Urbanos). Lo más interesante es que ese dinero se ha abonado no a UGT para que pague al ICO sino que se ha integrado directamente en la cuenta de éste. El 88.18% de estos fondos eran “debidos” a la Fundación Cesáreo del Cerro, la cual ni siquiera figuraba en los estatutos de la UGT -pero que sí parecería entrar en las nuevas categorías de posibles acreedores según la amplia formulación del RDL 13/2005 a la que ya, por cierto, no cabe acogerse-. Lo cierto es que entre todos pagamos “lo de la PSV” y la pregunta que queda es, ¿dónde está ese dinero? Porque alguien en su día se lo llevó.

Por supuesto CCOO ha impugnado este Acuerdo de modo que la historia continúa, pero parece, desde luego, haber motivos abundantes y profundos para que nuestros sindicatos mantengan un perfil tan bajo.

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Estados Unidos y nosotros. La promesa de Obama, de Rossana Rossanda en SinPermiso

Posted in Internacional, Política by reggio on 2 febrero, 2009

La “Carta provocadora” (en Transición Obama, Ediesse) de Mario Tronti a los amigos del Centro para la Reforma del Estado (CRS), contra las expectativas mesiánicas puestas en Barack Obama, me parece dirigida más bien al Partido Democrático italiano que al nuevo presidente de los Estados Unidos. Obama, en efecto, no se hace pasar por lo que no es, ha jurado la Constitución de su país, se propone restituirle el prestigio perdido, sin guerra y volviendo a poner en vigor los derechos políticos, no se declara ni comunista ni socialista ni socialdemócrata –palabras que en los Estados Unidos no tienen mucho sentido-. Es un demócrata americano que promete una sola cosa: cambiar la línea política interior y exterior de George W. Bush.

La podrá cambiar tanto como y tanto cuanto un presidente electo del Partido Demócrata la pueda cambiar, esto es dentro de un sistema capitalista donde el mercado, según sus propias palabras, es imbatible, y es lo único que los Estados Unidos conocen y aquello a lo que aspiran. ¿Es mucho? ¿Es poco? No es poco. El capitalismo tiene muchas caras, ninguna amable, pero desde hace bastantes años, según escribe Paul Krugman, nos muestra una de las peores. Que no nació con Bush, se impuso con Reagan. El eje de la misma fue un liberalismo salvaje, ya fracasado cuando lo predicaba von Hayek, pero vuelto a predicar por Milton Friedman y por sus Chicago boys, seguidos con entusiasmo por el Fondo Monetario Internacional, por los bancos Centrales así como por los tratados de la nueva Europa. Lo había inaugurado Thatcher en 1974 con la derrota de los laboristas, y el hundimiento de los “socialismos reales” en 1989 indujo a adherirse, confusos y arrepentidos, a los partidos que todavía se llamaban comunistas. Y con esto quedó hecho añicos lo que aún quedaba de “capitalismo benévolo” de cuño rooseveltiano y más tarde keynesiano. El retroceso de las condiciones de vida y de la consciencia de sí de parte de las clases subalternas ha sido grande, el salto tecnológico que podía haberlas liberado las oprimió y precarizó, sus representaciones se debilitaron y lo que en Europa se entendía por democracia –no tan solo votar cada cuatro o cinco  años, sino negociar salarios y ser titulares de derechos basados en una idea distinta de sociedad– ha ido siendo triturada. Si en la segunda posguerra los estados del occidente de Europa habían tratado de gestionar el conflicto de clase, desde la mitad de los años 70 en adelante, y desde el 89, de forma atropellada, han desconocido incluso su existencia. Producir, como llegó a decir, incluso Berlinguer pasaba a ser un valor en sí mismo. A partir de aquí, Bush implantó la “guerra infinita” basando la gestión interna en la Patriot Act (del cual, dicho entre paréntesis, tan solo Il Manifesto se ha acordado a menudo). También la Unión Europea se ha erigido sobre esta filosofía, y cuando Bush pisoteó los bellos principios de los que aquella alardeaba, se declaró por completo americana (con la excepción de Francia).

Lo que ha sucedido, y ha facilitado el triunfo de Obama, es que la teoría y la práctica liberal han descarrilado haciéndose añicos. No han sido las izquierdas, la clase obrera o las multitudes, las que se han abalanzado sobre las vías, sino la hipertrofia de las finanzas –precisamente virtuales, aquellas de las que se ha podido esperar beneficios impensables en las inversiones productivas de bienes materiales o inmateriales–. Creció la especulación, el dinero se convertía en mercancía hasta el extremo de multiplicarse a partir de la nada, a partir de créditos incobrables, a partir de valores “tóxicos” mediante los que bancos y aseguradoras, después de haber chupado más allá de todo límite a los consumidores, se quitaron la responsabilidad de encima durante años, antes de verse obligadas a declarar de golpe, en el 2008 una bancarrota de dimensiones inimaginables. Ahora los estados echan mano de los fondos públicos, que serán pagados por los contribuyentes, para salvar a los bancos. Las grandes empresas, comenzando por la del automóvil, que ven disminuir a sus consumidores, reclaman del estado, también ellas, ayuda. Aquello que parecía ser una blasfemia, de la noche a la mañana ha pasado a ser considerado benéfico, y a ser exigido de forma apremiante por la muchedumbre de los economistas, antes liberales. Sobre todo, se ha dado gratis, sin contrapartida, salvo en el Reino Unido, y quizá en los Estados Unidos. Si a todo este derrumbe de las finanzas, al que siguen decenas de miles, y dentro de poco millones de despidos y una desocupación creciente, Obama consigue ponerle freno y restablecer controles, será beneficioso. No está dicho que tenga éxito, pero lo cierto es que la clase obrera o las masas, desprovistas de memoria y de una organización que no vacile, no están en condiciones de hacerlo. Si Obama consigue ponerle fin a la guerra, esto sería bueno también, y no está dicho que tenga éxito como consecuencia del odio sembrado en Oriente Medio y la injusticia absoluta cometida durante cuarenta años en relación con el conflicto entre Israel y los palestinos. Por duro que sea reconocerlo, todo esto depende de la potencia militar y todavía económica de los Estados Unidos y aunque tan solo se dé un cambio parcial de su rumbo, esto abriría ciertos márgenes. ¿Querrá intentarlo Barack Hussein Obama? ¿Tendrá éxito? Tronti lo duda y en cualquier caso, no lo considera suficiente. En su duda exagera. A lo que Obama ha dado voz es una revolución simbólica, la única que parece posible en nuestros tiempos, también a muchos de sus interlocutores de CRS, y las revoluciones simbólicas son, de todas formas, menos difíciles que las que alcanzan de raíz a las formas de propiedad y de poder, las cuales, por otra parte, son necesarias.

Los EEUU que en la actualidad han entronizado a Obama habían votado con las dos manos el segundo mandato de Bush, a los horrores y mentiras de su guerra, que todos conocemos. Ha sido necesario además que algo despertase a cerca del 16 por ciento de los ciudadanos del sueño abstencionista, quizás el exceso de muertos de una guerra demasiado “infinita”, también un candidato más fuerte de lo que lo había sido Ferry y lo hubiera sido sola Hillary. Las primeras decisiones de Obama han confirmado, con la clausura inmediata de Guantánamo y, en la práctica, la Patriot Act, y al darle prioridad a la negociación poniéndola por encima y antes que la guerra, que no es un negro blanqueado. Lo dice también la por así llamarle, prudencia de Europa y la inflexión no sólo de Berlusconi –Dominijanni tiene razón- sino también de Sarkozy, por no decir la inquietud de Israel que se ha apresurado a lanzar y concluir la razzia sobre Gaza mientras estaban aún en sus cargos Bush y los suyos. Otra cosa es decir que el paso a un capitalismo menos belicista, más parecido al “compromiso socialdemócrata” no basta: no le basta a Tronti ni tampoco a mí. Pero no es al presidente de los Estados Unidos, precisamente, a quien yo le confiaría una revolución. A mí Obama me interesa porque su efecto en la apagada Europa quizá sea el de recomponer las fuerzas del viejo y nuevo proletariado que está hoy cogido por el cuello y aparece aplastado.

Contrariamente a Tronti, yo no creo que el máximo de incertidumbre, explotación y opresión alimenten mejor, actualmente, si es que alguna vez la han alimentado, una consciencia revolucionaria. Todo lo más, las revueltas, que para los estados son un mero problema de orden público. Ni los movimientos están en condiciones de substituir a una fuerza organizada y capaz de hegemonía. Esta me parece que está enteramente por reconstruir. Al igual que Tronti, y añadiré, que Rita Di Leo, soy una persona del siglo veinte, espero que no del todo pura cola de paja: es ésta una definición que no se pretende que sea totalmente descortés, de uno de los interlocutores, Mattia Diletti, de la “Carta Provocadora”. Y que entre nosotros, es un léxico común aparecido entre los más jóvenes. Un paisaje dice cosas diferentes según lo mire un geólogo, un agrónomo, un terrateniente, un campesino, un pintor. En estos treinta años las miradas han cambiado más que el paisaje. Eso no sería grave si no se apresurasen a excluirse entre sí, también. Entre Mario Tronti y yo, divididos respecto de la naturaleza del agente de un cambio de fondo de las relaciones sociales, nos es común la atención a las relaciones de propiedad de los medios de producción, en tanto que ordenadores no únicos pero sí primordiales de una sociedad. Para los más jóvenes no es así. Pero sobre esto valdría la pena discutir.

Rossana Rossanda es una escritora y analista política italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Acaba de aparecer en España la versión castellana de sus muy recomendables memorias políticas: La  ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado, Editorial Foca, Madrid, 2008].  Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Traducción para www.sinpermiso.info: Joaquín Miras

Il Manifesto, 28 enero 2009

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Salve, Cayo Lara, de María Toledano en Rebelión

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 2 febrero, 2009

En política hay que curar los males, jamás vengarlos
Napoleón Bonaparte

Hace poco escribí en www.rebelion.org que Izquierda Unida estaba agonizando, como aquellas niñas de la guerra, quizá primera posguerra, delgadas, pálidas y tuberculosas, a las que los esputos de sangre decoraban sus vestidos con fogonazos de muerte. Creo que la situación no ha mejorado mucho, Cayo, Cayo Lara, y sin embargo, me levanto hoy dispuesta -con la ayuda de mi nieta Lola y su joven energía revolucionaria- a escribir sobre nuestro común futuro político, coordinador federal de difícil consenso, y sobre la posibilidad de articular un discurso coherente, vanguardista, moderno, atrevido y sólido -menos rock o rap o pasodoble torero y más Marx- para afrontar lo que se nos viene encima y vendrá, que -como sabemos por experiencia- será peor. Wallerstein hablaba algunos años atrás de “fascismo democrático” como posibilidad del porvenir. No lo descartemos. Frente a eso, frente a un futuro inmediato que se presenta como lobo hambriento al acecho de los derechos y las conquistas sociales, deberíamos, Cayo, Cayo Lara, agricultor de nombre romano y visigodo, organizar la resistencia y el combate: armarnos para desafiar, una vez más, a nuestros históricos enemigos. La empresa parece titánica, una tarea imposible, casi heroica. La empresa parece imposible, repito, una misión suicida hacia la que caminas -arrancas tu mandato- con una maleta de principios éticos, una importante deuda económica, un equipo humano reducido y una desafortunada y perversa entrevista -La caza (1965) es una excelente película de Carlos Saura, y no debería se mucho más que eso- en la contraportada de El País. Sabemos todos, Cayo Lara, que la izquierda necesita un espacio para la política, para hacer política, para explicar propuestas diferentes, convencer con hechos y avanzar. Vivimos tiempos de incertidumbre y psicofármacos, tiempos de neón e hiperconsumo. El mundo ya no es el que era -el que conocíamos y combatíamos con munición ideológica clásica- y el nuevo, el que impera, el del control del pensamiento, la guerra permanente, la sofisticada subjetividad y la influencia de los medios de comunicación y los think tanks, parece insuperable con nuestras obsoletas herramientas. Sin embargo, existe otra forma de vivir y de sentir, otra forma de ser. Eso ha sido siempre la izquierda, la izquierda real, la izquierda desesperada y alegre, hambrienta y consciente que hizo las grandes revoluciones -desde Espartaco hasta nuestros días- y aportó el desarrollo colectivo e individual. Se repite hasta el hastío que otro mundo es posible, sin que hayamos oído todavía cómo, cuándo y dónde. La respuesta a estas tres cuestiones debe estar contenida en el discurso crítico que Izquierda Unida debe recuperar, antes que tarde, un discurso anticapitalista que contenga ideas socialistas, ideas sobre lo común, lo colectivo, lo comunista, y una praxis política nueva, espontánea y transgresora, que devuelva la ilusión al cuerpo electoral, a la gente: una política de acción radical que no se limite a su testimonial presencia en las instituciones. Con un único diputado de Izquierda Unida en el Congreso, el ex-coordinador G. Llamazares, por capaz y abnegado que sea -aunque fuera Dimitrov, ¿te acuerdas?-, poca política real se puede hacer. La ley electoral, asunto conocido, perjudica a IU. Mientras esto siga siendo así y la presión popular no consiga una modificación de esta ley, será mejor plantear la actividad política fuera de las instituciones, en los centros de trabajo, en colegios y universidades, en el resbaladizo terreno de la cultura, en los medios de comunicación, en los sindicatos de servicio y en los de clase (quedan), acercándose a las miles de voces que, pese al desastre europeo de la izquierda, creen, creemos (más Lola que yo misma, será la edad) en la transformación radical de las estructuras económicas y las relaciones de producción. Álzate Cayo, Cayo Lara, y recoge el testigo de la historia en marcha, de la vida en marcha, y plantea un discurso que sacuda las conciencias y los músculos de la multitud, de todos, ideas y energía necesarias para construir -en la izquierda estamos todo el día construyendo como fuéramos masones o estuviéramos todavía electrificando Siberia- una verdadera alternativa al PSOE, a la derecha montaraz, al modelo de democracia de libremercado. Esta parece, Cayo, Cayo Lara, nuevo Coordinador Federal, una magnífica oportunidad. Una de las últimas ocasiones para recuperar la identidad desarbolada, desmadejada, deshilvanada de la izquierda real, transformadora. La tarea es ingente para un solo hombre o mujer. La fuerza de choque está en la colectividad, en el pensamiento y la acción común. Recuerda que, tras la derrota generalizada de la izquierda, nada tienes, tenemos, que perder. Nada.

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Autonomía y reforma agraria, de Sandra Russo en Página 12

Posted in Economía, Laboral by reggio on 2 febrero, 2009

JOÃO PEDRO STEDILE, LIDER DEL MOVIMIENTO DE TRABAJADORES SIN TIERRAS

“Los movimientos sociales deben mantener su autonomía de los gobiernos”, dice el líder del MST en esta entrevista concedida durante la realización del Foro Social Mundial. Para el dirigente, la reforma agraria clásica ya no alcanza.

Desde Belém do Pará

Su nombre va de boca en boca entre los pobres de Brasil. João Pedro Stedile lidera sin ningún rótulo el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, y la Vía Campesina, el correlato que extiende esa lucha más allá de estas fronteras. Poco antes del inicio del Foro Social Mundial, el MST cumplió 25 años de una lucha que en sus inicios consistió básicamente en la toma de tierras por la fuerza, y en la reivindicación de la reforma agraria que, creyeron en algún momento, iba a facilitarse con Lula da Silva en la presidencia. Eso no sucedió, y los cambios que según explica Stedile adoptó el capitalismo en las zonas agrarias, hizo necesaria una reformulación de objetivos. El MST no ha roto los puentes con el gobierno petista, pero no se considera ni parte ni socio. “No nos importa quién gobierna. Si las medidas de un gobierno son a favor de nuestra lucha, apoyamos. Si son en contra, criticamos. Los movimientos sociales deben mantener su autonomía de los gobiernos. Es la única manera de mantener la lucha intacta”, dice este hombre joven, economista recibido en la UNAM mexicana, autoproclamado católico y de ideas marxistas “pero no de manual”.

En una entrevista realizada en una enorme escuela de Belém en la que el MST estableció su propio campamento, ante este diario, La Jornada de México, Il Manifesto de Italia y la agencia Reuters, Stedile explicó el presente del movimiento que lidera, el más grande y organizado de América latina. En sus orígenes, la construcción del MST no hubiera sido posible sin el apoyo físico y moral del movimiento de la Teología de la Liberación. La Pastoral de la Tierra brasileña cobijó sus primeros pasos y les dio consistencia. Desde algunos sectores del PT, los critican argumentando que dependen del Vaticano, lo cual no deja de ser una chicana. Nunca dependieron de ningún Papa, pero Stedile sí reconoce que la lucha de los Sin Tierra hubiera sido impensable sin “el trabajo de hormiga que durante años y años hicieron curas y monjas que estaban cerca de los pobres”.

Cuando terminó el acto en el que hablaron los cuatro presidentes invitados por el MST (Fernando Lugo, Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez), Stedile, que estaba en el panel, tomó la palabra y los acusó de “flojos”. Dijo que esperaba “cambios estructurales, que todavía no llegaron”. La suya fue una voz crítica en un acto en el que todo parecía colmado de optimismo. Lula da Silva no estuvo presente en la reunión con los movimientos sociales sencillamente porque no fue invitado. “Lo de ayer no fue un acto, fue un encuentro que tiene un largo camino. Empezó con la lucha contra el ALCA y dio nacimiento al Alba. Queremos intercambiar opiniones, porque contra el neoliberalismo, hasta aquí llegamos. Pero ahora hay que dar pasos hacia el cambio estructural”, dice Stedile, que no quiso “regañar a nadie, pero hay que señalar las responsabilidades de cada quien”.

“El capitalismo está en crisis, pero tratará de recomponerse a costa de los trabajadores. Estos son momentos en los que los actores políticos de la sociedad se mueven y generan oportunidades y alternativas. Las burguesías nacionales no tienen proyectos alternativos. Y la mayoría de los gobiernos de la región están proponiendo medidas que son medicina para el capital. Los movimientos sociales son los que deben elaborar el proyecto alternativo, partiendo de reclamar la soberanía sobre nuestras propias riquezas.”

Stedile no es exactamente escéptico, más bien es cauto ante el mapa político regional. “Sólo en Bolivia las masas se han transformado en poder. En los demás países, hay luchas, las reconocemos, pero están lejos de haber cambiado estructuras de poder.” El MST comenzó hace más de dos décadas impulsando una reforma agraria que aún siendo una meta hoy ya no tiene la misma forma. A lo largo de su historia, el MST lideró 7500 tomas de tierras, y en lo que va del gobierno petista, 2500. Pero el escenario no es el mismo que hace dos décadas, y la toma no alcanza. “La reforma agraria tradicional consistía en destruir los latifundios y repartir la tierra. Ese tipo de reforma ya no sirve por sí sola. Fue aplastada por el neoliberalismo. Las burguesías nacionales ya no dependen de los mercados internos. Han negociado con las transnacionales y ahora trabajan para el mercado externo. Imponen los monocultivos, destruyen el medio ambiente, monopolizan la venta de semillas, tienen las patentes de los transgénicos, entonces: ¿para qué queremos destruir latifundios y repartir las tierras si no hay semillas para plantar en ellas? El problema se profundizó, y nuestra lucha debe cambiar el eje. Creemos en una nueva matriz tecnológica, en la producción de alimentos sanos, y principalmente en la construcción de ciudadanía. Sin educación no tendremos ciudadanos.”

El MST es reconocido por ser uno de los movimientos sociales de la región que más importancia le dio desde su inicio a la pedagogía. Tienen su escuela de cuadros políticos, la Florestal Fernández, y está colaborando para crear en Venezuela la primera universidad campesina. A eso apuesta el movimiento, y el mismo Stedile dice que “si quieren saber quiénes liderarán el proyecto alternativo popular, no miren a los viejos. Todavía no son conocidos esos nuevos líderes. Se están formando ahora”.

Sobre el actual gobierno brasileño, Stedile dice que “el gobierno de Lula no es un gobierno de izquierda ni un gobierno popular. No lo digo yo, lo dice Lula. Lo apoyan sectores de izquierda, pero también la burguesía. Y entonces hay una medida que deja contentas a las bases, y otra medida que deja contenta a la burguesía. Nosotros creemos que la solución para nuestros problemas no es electoral. No buscamos popularidad. Si la buscáramos, no haríamos un movimiento social sino una banda de rock. Lo que el MST quiere es colaborar para que las clases populares acumulen fuerza, que aceleren su lucha, para hacer posible un reascenso de masas. ¿Cuánto falta todavía? No lo sabemos”.

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El Foro Social Mundial y una alternativa real, de Guillermo Almeyra en La Jornada

Posted in Economía, Laboral by reggio on 2 febrero, 2009

El sistema capitalista en crisis ni se derrumba ni abandona por iniciativa propia su carácter explotador de los trabajadores y depredador de los recursos humanos y naturales. Por eso, si se quiere hablar de una alternativa al sistema, ésta no puede consistir simplemente en una política de reformas parciales que mantenga intacta su esencia. Hablar de alternativa, por tanto, requiere estimar la relación de fuerzas en el campo político y de clases que pueda hacerla posible.

Ahora bien: dicha relación de fuerzas ha sufrido dos modificaciones fundamentales que están entrelazadas. La primera es el terrible golpe sufrido con la actual crisis por la economía y el poderío capitalistas, así como por la hegemonía cultural e ideológica capitalista y la seguridad individual y colectiva de los empresarios y patrones de todo tipo. La segunda es la extensión o la profundización de las resistencias sociales en algunos de los países decisivos o, por el contrario, en algunos de los que, como Bolivia o Ecuador, son los eslabones más débiles del sistema.

La reciente gran huelga general en Francia, la explosión de rabia de la juventud griega, la voluntad de cambio que llevó al triunfo de Obama en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, así como las victorias populares en Bolivia y Ecuador, o las huelgas en China, son las manifestaciones más importantes de esta segunda modificación.

Es indispensable, sin embargo, huir del triunfalismo que siempre es paralizante y tener en cuenta que un aumento brusco de la desocupación y de los sufrimientos de centenares de millones de personas no conduce automáticamente a la rebelión de los mismos ni a la supresión del sistema que provoca esas desgracias. Si las víctimas no comprenden quiénes son los causantes de su tragedia y creen que la misma es resultante de Dios o del destino u obedece a una causa natural, se resignarán; si creen que el causante es el otro (judío, árabe o lo que sea), optará por el racismo, el fascismo. La teoría de cuanto peor, mejor, es por tanto estúpida y desarmante: quien no es capaz de luchar contra un retroceso social, mal puede cambiar el sistema. Es fundamental también recordar que las protestas sociales masivas pueden frenar medidas antipopulares o imponer alguna reforma, pero por sí mismas, si no tienen un objetivo y un canal político claros que cuenten con el consenso de parte importante de los trabajadores, no bastan para derribar al sistema aunque lo debiliten mucho, como lo demuestra la experiencia mundial de los movimientos sociales.

Por último, es necesario entender claramente qué pasa en Estados Unidos, que sigue siendo la mayor potencia imperialista mundial. Obama es la expresión de una ola de fondo favorable a un cambio, pero no a un cambio de sistema sino dentro del mismo. Como Obama, sus electores siguen creyendo en las bondades del mercado capitalista y de la libre empresa, aunque creen en la necesidad de regular ambos. No son anticapitalistas ni mucho menos socialistas. Son nacionalistas liberales. Eso es mucho si pensamos en el fin de la ofensiva ultraconservadora y fascista que dirigía Bush, pero es muy poco para esperar un viraje importante de Estados Unidos con respecto a América Latina. Obama, por ejemplo, está en contra de los tratados de libre comercio, pero con el argumento de que quitan puestos de trabajo en Estados Unidos, y ha invitado a Lula a Washington para debilitar el Mercosur e impedir el Banco del Sur y el funcionamiento de Unisur, tratando de crear así una barrera contra lo que considera un proceso izquierdista radical (Venezuela, Bolivia, Ecuador) mediante la negociación con Brasil que, para él, es la izquierda socialdemocrática, sensata, dentro del sistema. Por esa razón, aunque hay que alegrarse por la desaparición de Bush, hay que partir de que permanecen los intereses del imperialismo estadunidense y apoyar a Obama en las medidas correctas que adopte, pero sin darle un cheque en blanco.

Si la alternativa no puede venir del agravamiento de la crisis ni la espontaneidad de los movimientos sociales ni de la iluminación divina a Obama, tampoco puede llegar de un “socialismo de Estado” (o sea, de una economía burocráticamente centralizada que practica el capitalismo de Estado) ni de la acción verticalista de los gobiernos nacionalistas distribucionistas. La acción de éstos, en efecto, es vital para combatir la sobrexplotación imperialista pero sigue manteniendo en pie la explotación capitalista. Que es lo que debe eliminar una alternativa.

Ésta, por el contrario, debe basarse en el establecimiento de las necesidades de todo tipo por las organizaciones autónomas del pueblo mismo y no sólo por especialistas o “vanguardias” autodesignadas. Debe apoyarse también en el conocimiento antiguo de las comunidades y en su democracia directa, que permite eliminar la corrupción y el burocratismo, desarrollar la creatividad, reducir los despilfarros, aprender de los errores, combatir los privilegios (como hacen en pequeño las juntas de buen gobierno zapatistas). Debe caracterizarse por privilegiar las necesidades humanas y la defensa de la naturaleza, no el lucro capitalista, el hedonismo, el consumismo sin freno. Por eso, nuevamente, alternativa quiere decir autonomía, autogestión social generalizada, democracia, que son las condiciones esenciales para cambiar la conciencia de los oprimidos y preparar así el socialismo.

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