Reggio’s Weblog

Entre elecciones y banqueros, de Manel Pérez en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 1 febrero, 2009

LA VENTANA INDISCRETA

El calendario político vuelve a pugnar con el económico pese a los tiempos de crisis que nos gobiernan. En los pasillos de poder y en los círculos de los lobbies de Madrid la consigna se difunde con celeridad: a olvidarse de cualquier decisión de envergadura o cualquier propuesta de ley importante hasta después de las autonómicas del 1 de marzo en Galicia y el País Vasco. El inquilino de la Moncloa no quiere ninguna polémica imprevista que afecte a la campaña y los resultados electorales.

Tal vez por eso, algunos asuntos espinosos caminan con deliberada lentitud, desde el desarrollo de la norma de recapitalización de la banca hasta una posible iniciativa para introducir cambios en el funcionamiento de las cajas.

Entre otros asuntos también se verá afectada la modificación del pacto con las eléctricas sobre el déficit de tarifa que acordó el ministro de Industria, Miguel Sebastián, con las empresas del sector y que el vicepresidente Pedro Solbes tumbó en una comisión delegada para asuntos económicos de finales del pasado mes de diciembre.

A pesar de que el presidente Zapatero quiere solucionar el enredo, lo cierto es que hará falta mucha voluntad para que un pacto que implicará alguna subida de la tarifa eléctrica, además de un determinado coste para el presupuesto del Estado que vigila Economía, vea la luz antes de que los votantes gallegos o vascos hayan depositado su voto.

En conjunto, si se suma a esto la lentitud con la que por diferencias técnicas que en ocasiones esconden una clara oposición se llevan a la práctica los anuncios de programas de incentivo económico o de ayuda a los sectores sociales más golpeados por la crisis, como las moratorias de hipotecas para los parados (apenas recién sugeridas) o la financiación del ICO y las emisiones de deuda avaladas por el Estado, el cuadro crea un cierto desasosiego.

El próximo lunes el presidente Zapatero tendrá una nueva reunión con los grandes banqueros españoles. Probablemente, más tensa que las anteriores. El clima político que rodea a la banca se ha enrarecido mucho desde aquel mes de octubre en el que el jefe del Ejecutivo anunció la compra de activos bancarios y la elevación de la cuantía de las garantías a los depósitos bancarios. Por el camino ha habido incluso un amago de hacer comparecer a los grandes de las finanzas en el Congreso para que explicaran por qué no dan crédito a empresas y familias. Esta misma semana han exhibido unos beneficios propios de tiempos de plétora y no de crisis. En algún caso, incluso han logrado hacer aflorar un gesto de contrariedad en el rostro del gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, que viene predicando moderación y contención de dividendos. Hay que llenar la mochila, las circunstancias vana empeorar durante no se sabe cuánto tiempo.

Si se atiene al guión que se ha desarrollado durante los últimos días, Zapatero deberá reprender a los financieros por no prestar suficiente apoyo a la economía real pese a que la sociedad, a través del Estado, sí lo está haciendo con ellos. Probablemente sirva de poco ya que el problema es la crisis en sí misma, y su efecto corrosivo sobre la actividad y la solvencia, pero es la consecuencia lógica de la propia orientación de los programas de rescate en todo el mundo. Yde la creciente furia de los afectados, especialmente los pequeños empresarios, que se revuelven en sus empresas por lo que ven como una conspiración contra su futuro.

Desde Nicolas Sarkozy hasta Gordon Brown, pasando por Barack Obama y Angela Merkel, todos los gobernantes sin excepción han acabado enfrentados con sus banqueros. Éstos ya no pueden operar sin la cuantiosa ayuda pública, en sus más variadas formas, que van de la inyección de capital a la necesidad de liquidez, pero al mismo tiempo tienden a comportarse como si vivieran en condiciones de normalidad. El problema es que tal cosa no es cierta. La situación económica es excepcional, por desastrosa, y los comportamientos ya no pueden seguir fabricándose con los moldes de la tecnocracia aséptica.

No habrá gobierno en el planeta que pueda compaginar programas de ayuda económica de emergencia con la división de poderes que gobernaba la desacreditada economía de mercado de los pasados años, con las finanzas en la cumbre. Y quien no tome nota de ello tendrá una desagradable sorpresa en un tiempo relativamente corto.

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