Reggio’s Weblog

Así no se trata a una dama, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 1 febrero, 2009

CARTA DEL DIRECTOR

30 de diciembre de 1994. España lleva 10 días conmocionada por las revelaciones de Amedo a EL MUNDO, detallando la intervención personal de Barrionuevo y Vera en el secuestro de Segundo Marey. El juez Garzón ha dado la suficiente credibilidad e importancia a su testimonio como para dictar prisión preventiva contra tres altos cargos de Interior. El felipismo está contra las cuerdas cuando esa tarde en una tertulia política -cómo no- de la Cadena Ser surge un inesperado paladín del ex ministro del Interior: el portavoz del PP en el Senado Alberto Ruiz-Gallardón.

En presencia del interesado, Gallardón se declara «convencido de que Barrionuevo no tiene ninguna responsabilidad ni penal ni política en el caso GAL». Arremete en cambio contra el ex policía que ha decidido colaborar con la Justicia: «Lo único que sabemos a ciencia cierta es que Amedo miente. ¿Qué declaración es falsa, la de antes o la de ahora?». Es obvio que para el prometedor aspirante a la presidencia de la Comunidad de Madrid la falsa es «la de ahora», la que incrimina a Barrionuevo.

La tertulia concluye con un lamento compartido -la injuria y la calumnia están despenalizadas de facto en España-, con una recomendación que como hemos visto el hoy alcalde de la capital no se aplicará luego a sí mismo -no te querelles nunca contra ningún periodista o medio de comunicación- y con un vaticinio -1995 será para Barrionuevo «un año extraordinario en lo personal»-.

Por si alguien pudiera pensar que se trataba de una reacción poco meditada, fruto de una situación de camaradería entre tertulianos, Gallardón concede una semana después una entrevista a Lucía Méndez y afirma en este periódico: «José Barrionuevo dio su palabra de que él no tenía vinculación con los hechos delictivos de los GAL. Yo dije entonces y reitero ahora que yo creo en la palabra personal de José Barrionuevo. Conozco hace mucho tiempo a Barrionuevo, tengo una relación personal con él, he discutido mucho con él y he llegado a apreciarle».

Las dotes del joven político popular como pitoniso no quedaron demasiado acreditadas ese año. O tal vez sí. Tan «extraordinario» resultó 1995 para Barrionuevo que el 7 de septiembre el fiscal solicitó al Tribunal Supremo su suplicatorio, el 20 de octubre el juez Moner, nuevo instructor de la causa, hizo suya esa tesis para poderle interrogar como imputado, el 26 de octubre los 11 componentes de la Sala Segunda adoptaron tal acuerdo por unanimidad y el 23 de noviembre el Congreso accedió a ello por 204 votos a favor, 122 en contra y 2 abstenciones. Tan «extraordinario» fue, efectivamente, 1995 para Barrionuevo que antes de que llegara a su término se había convertido en el primer ministro de la historia de España inculpado por malversación, detención ilegal y relación con banda armada.

En ninguna hemeroteca consta declaración alguna por la que Gallardón rectificara antes, durante o después de tales resoluciones aquel cheque en blanco de la víspera de Nochevieja. Ni siquiera es posible encontrar una nueva valoración de los hechos después de que en el 98 el ex ministro fuera condenado a 10 años de cárcel o después de que el Constitucional dijera la última palabra ratificando tal sentencia. Por asombroso que pueda parecer, tratándose de un hombre tan prolífico en comparecencias y declaraciones, su única posición pública sobre el fondo del asunto sigue siendo por lo tanto aquélla: «Barrionuevo no tiene ninguna responsabilidad ni penal ni política en el caso GAL».

Sí que existe, en cambio, una glosa o explicación de esa postura que, almacenada en nuestra morgue electrónica, adquiere hoy el impactante esplendor de las mejores perlas cultivadas. Tiene fecha del 14 de octubre de 1999 y vino a cuento de la imputación de su entonces consejero de Sanidad, Ignacio Echániz, en el llamado caso Funeraria. Para justificar su decisión de mantenerle en el cargo -plenamente acertada, por cierto, ya que la acusación contra él decayó pronto-, Gallardón invocó, sacando pecho, el antecedente de su condescendencia con Barrionuevo «a pesar de las críticas procedentes de mi propio partido».

Como se ve la jactancia del «verso suelto», que volvería a manifestarse tras el 11-M, viene ya tan de antiguo que casi habría que considerarla patológica. Pero lo que nos deja boquiabiertos no es eso, sino la dimensión que adquiere, leído hoy, el siguiente tramo de su argumentario, pues Gallardón se permitió establecer una división casi zoológica «entre los políticos que creen en la presunción de inocencia y la aplican en todos los casos y aquellos que defienden la presunción de inocencia de sus correligionarios y se la niegan a sus oponentes».

Es obvio que él se situaba en la primera categoría, pero, casi 10 años después, su conducta de la semana pasada, primero en un programa televisivo y al día siguiente en una rueda de prensa, puso de manifiesto que habría que habilitar un tercer espacio, tan insólito como para dedicarlo a su exclusivo usufructo, el de quienes defienden la presunción de inocencia de sus oponentes y se la niegan a sus correligionarios.

Sólo así cabe interpretar sus temerarias afirmaciones de que en la Consejería de Interior de la Comunidad de Madrid funciona «una unidad parapolicial» dedicada a actividades ilegales y de que el presunto espionaje a dirigentes del PP había sido realizado «por personas que estaban adscritas a una unidad de la Comunidad Autónoma». Todo ello en un contexto de corroboración y asentimiento de los titulares periodísticos que inequívocamente afirmaban día tras día que «el Gobierno de Aguirre espió» a zutanito, menganito y perenganito.

Si descartamos la hipótesis de que Gallardón considere más grave apuntar las horas de llegada de Cobo a la oficina que ir por ahí secuestrando personas -en estos tiempos de relativismo moral todo podría ser-, sólo se me ocurre para justificar tan estruendoso doble rasero que o bien, al cabo de tantos años de empreñamiento mutuo, al alcalde ya se le nuble la vista y se le inyecten los ojos en sangre ante la estimulante perspectiva de darle a la presidenta una buena tunda; o bien sea tanto lo que cree poder ganar en este envite, que hasta el más básico manual de urbanidad política se haya convertido para él en un estorbo.

Es cierto que nunca como ahora ha tenido Gallardón tan cerca la perspectiva de ver arder en la hoguera a su bruja favorita, pues Aguirre está tan rodeada que puede tener la certeza de que, como decía el general Ridgway en la guerra de Corea, «esta vez el enemigo no escapará». Ya que habló de poner «la mano en el fuego» por su equipo, al menos cuatro frentes de teas incendiarias se aproximan a la pira a la que el alcalde cree tenerla agarrada de cuerpo entero: el riesgo creciente de perder la batalla por el control de Caja Madrid frente al sospechoso numantinismo autoperpetuatorio de Blesa, sus pésimas relaciones con Génova -o más bien con Rajoy- que tocaron fondo a mediados de semana, el escándalo del espionaje y el escándalo de los dossieres.

Sin descartar que algunas de las acusaciones contra ellos puedan ser ciertas, la manipulación simultánea de estos dos últimos elementos contra Ignacio González y Francisco Granados es la mejor prueba de que Aguirre tiene motivos para sentirse víctima de una maniobra pérfida y advertir eso de que «políticamente van a por mí» sin perder ni por un instante la sonrisa. Una de dos: o aquí lo terrible es espiar a la gente y el fin no justifica los medios empleados o aquí lo terrible es estar bajo sospecha de haber incurrido en prácticas venales y bienvenidas sean las vigilancias y seguimientos que permitan descubrirlas. Lo que no es de recibo es aplicar a los colaboradores de Aguirre el filo más cortante y devastador de ambas proposiciones al mismo tiempo y a sus enconados enemigos, el más romo o mellado.

Exactamente ésa ha sido la posición de la cúpula del PP, al haberse precipitado a abrir una investigación sobre «escuchas (sic) y seguimientos» de irrelevante perjuicio para sus hipotéticas víctimas cuando los sospechosos eran González y Granados y apresurarse a correr un tupido velo sobre la guerra de los dossieres dirigida contra ambos desde la propia sede nacional. Si la misma dirección que pretende depurar responsabilidades porque alguien haya podido apuntar desde la vía pública las horas a las que entraban y salían Cobo y Prada se llama andana ante la exhibición coactiva de documentos gravemente infamantes con conocimiento del líder del partido en sus propias dependencias, es que aquí hay gato encerrado y la lideresa debería huir de todo pacto de silencio o componenda.

Al día de la fecha las únicas víctimas reales de estas prácticas repelentes son sus dos alfiles, pero cualquier vacilación en el empeño de que se esclarezca todo lo ocurrido puede ser interpretada como un signo de debilidad política, amén de una invitación a la sospecha de que, efectivamente, alguno de sus hombres pueda tener el techo de cristal. La única estrategia viable de Aguirre es insistir en que se llegue hasta el final en la averiguación de los hechos, poniendo a Rajoy, Cospedal y compañía en la tesitura de actuar con ecuanimidad o quedar en evidencia, tal y como les viene ocurriendo en el caso de Caja Madrid donde, con su respaldo implícito al pacto de Gallardón con Izquierda Unida y los sindicatos a favor del atornillamiento de Blesa, están incumpliendo flagrantemente el principio enunciado contra los zaplanistas de la CAM, en el sentido de que el PP no toleraría jamás que «una parte del partido» pactara «con otro partido».

La constancia de que a Esperanza Aguirre se la quieren apiolar políticamente con sadismo y encarnizamiento algunos poderosos compañeros de partido me ha hecho recordar el título y el cartel anunciador de una película que vi en Estados Unidos a comienzos de los 70: No way to treat a lady. Era una curiosa mezcla de comedia y cine negro en la que una Lee Remick con la misma apariencia saludable que por aquellos años debía tener la lideresa compartía estrellato con dos actorazos como Rod Steiger y George Segal. El título brotaba del comentario de la madre de uno de los personajes, encargado de investigar una serie de asesinatos con móviles sexuales en los que el criminal se ensañaba con los cadáveres: «Me pone enferma que mi hijo tenga que ver esos cuerpos de mujeres desnudas, así no se trata a una dama».

En la copia del póster que guardo entre mis recortes de aquella época figura una advertencia: «Recommended as adult entertainment». Todos los medios deberíamos incluir un sello así a la hora de tratar las guerras intestinas de los partidos para evitar en lo posible que el público infantil tuviera acceso a las obscenidades habituales que las caracterizan.

La principal diferencia entre aquel triángulo y éste, es que mientras Lee Remick estaba flanqueada por un policía malo y otro bueno -de hecho el asunto terminaba en boda-, Esperanza Aguirre afronta un riesgo doble y su gran duda es si tiene más motivos para temer las cuchilladas de un lado o las del otro. Qué diferente sería todo, dentro y fuera del PP, si el alcalde respetara el guión de la película.

pedroj.ramirez@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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Ayuntamientos contra la crisis, de Jordi Sevilla en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 1 febrero, 2009

LUCES LARGAS

No es la única munición del Gobierno en la batalla contra el paro, pero el Fondo Estatal de Inversión Local es, sin duda, su pieza más publicitada. No es extraño: los 8.000 millones de euros pagados por el Ejecutivo para financiar inversión pública local en proyectos medianos a realizar en un corto espacio de tiempo duplican el volumen de inversión anual del conjunto de los Ayuntamientos, y son algo tan novedoso como la misma crisis económica que se pretende combatir con este tipo de medidas excepcionales. El que se haya podido resolver todo en pocas semanas y sin presentar un solo papel, ya que la tramitación entera se ha hecho por procedimientos telemáticos, adelantando la administración electrónica prevista en la Ley aprobada la pasada legislatura, es otra prueba de que, cuando queremos, podemos.

Los ayuntamientos españoles, con independencia del partido político que esté al frente, han presentado casi 31.000 proyectos al Fondo, más del 80% de los cuales son para rehabilitación de espacios públicos y equipamiento de servicios públicos básicos, en una de las pocas iniciativas transversales de lucha contra la crisis.Con ello, han demostrado que son una administración eficaz, además de cercana a los problemas y a los ciudadanos. Es precisamente esta capacidad para dar respuestas rápidas a los problemas, lo que les coloca en primera línea hasta el punto de que un tercio de sus gastos van destinados a lo que llaman competencias impropias, es decir, a ocupar los huecos dejados sin cubrir en sus municipios por otras administraciones que, además, no les recompensan financieramente por este servicio.

La inyección de dinero anticrisis a través de los ayuntamientos se aprobó cuando la reivindicación de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) en favor de un nuevo modelo de financiación local estaba en su punto álgido. Pero no debe frenar este debate porque se trata de dos asuntos distintos, aunque ambos se resuman en más dinero. De hecho, hay un compromiso gubernamental para discutir en paralelo la nueva financiación autonómica con la municipal ya que ambas tienen muchos puntos en común, por ejemplo, la necesaria creación de una participación de los ayuntamientos en los ingresos de las Comunidades Autónomas como ya está establecida su participación en los del Estado.Parece razonable que si queremos mantener en España los tres niveles administrativos que existen hoy, todos ellos con legitimidad democrática propia, la discusión sobre qué hace cada uno de ellos y cómo lo financia, se haga de manera coordinada ya que todas las administraciones tienen al mismo cliente: los ciudadanos.

Muchas veces he tenido la impresión de que la derecha, cuando no sabía cómo resolver un problema, decía que ya se encargaría de hacerlo el mercado. De igual manera, la izquierda, cuando no sabe qué hacer con algo, se lo lanza a los ayuntamientos, lo cual, no es una mala idea siempre que, como en el caso del Fondo, el encargo vaya acompañado de financiación suficiente, o de instrumentos para conseguirla. Aunque el poder local en España establece y cobra tasas e impuestos propios en mayor proporción que las Comunidades Autónomas, durante mucho tiempo los ingresos municipales en España han estado demasiado vinculados al suelo.Mejor dicho, a las actividades relacionadas con los usos del suelo, incluyendo la recalificación para construcción de viviendas.Ello explica una parte importante de la burbuja inmobiliaria que hemos vivido y la sequía de ingresos que viven hoy muchos ayuntamientos ante el desplome del sector. Asegurar una financiación municipal desligada de la especulación inmobiliaria sería eliminar un poderoso incentivo a la misma, y debería formar parte de cualquier estrategia nueva de desarrollo sostenible de la construcción en nuestro país.

Me gusta pensar que la administración local no va a terminar su contribución a la lucha contra el desempleo con la puesta en marcha de los proyectos del actual Fondo Estatal. Que los recuperaremos, en su agilidad y proximidad, para nuevos fondos locales de empleo, de acuerdo con la amplia experiencia habida en el pasado, o para el impulso a medidas intensivas en mano de obra como la creación de una amplia red de asistencia social para personas dependientes. Sobre todo, porque ya estamos en recesión. El Banco de España acaba de confirmar los peores augurios al anunciar una importante caída del PIB en el último trimestre del año pasado como consecuencia, sobre todo, de un brusco frenazo del consumo privado que ha caído mucho más que la renta disponible de las familias. Es el efecto congoja del que hemos hablado aquí y que transfiere a la inversión y al gasto público todo el protagonismo reactivador en momentos de crisis grave como el actual.

Además, y según el FMI, la recesión se extenderá en nuestro país durante este año y el siguiente. Coincide con aquellos que pensamos que la fase depresiva de este ciclo será larga. Que antes de iniciar la recuperación, viviremos varios trimestres renqueantes entre crecimientos negativos o cercanos a cero. Que el transcurrir de la crisis no ha terminado y que no conocemos todo su alcance porque la cantidad de burbuja especulativa a deglutir y asimilar es mucha, y abarca a muchos mercados que todavía no han terminado de ajustar los valores de sus activos a la realidad actual de la demanda efectiva, es decir, aquella con capacidad suficiente para obtener crédito de un sistema financiero que sigue haciendo malabarismos para evitar enseñarnos todas sus vergüenzas. Que aún podemos encontrarnos con sorpresas desagradables.

Los responsables de política económica deben estar preparados para responder con celeridad a nuevos accidentes que se presenten en el camino y a ajustar la intensidad y duración de las medidas anticrisis según ésta evolucione. Dicho de otra manera, deberíamos estar pensando en repetir el Fondo de Inversión Local el año que viene. Me temo que seguirá haciendo falta. Porque la crisis es global, pero el paro es siempre local.

jordi.sevilla@diputado.congreso.es

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Banco bueno, banco malo, de Luis de Guindos en Mercados en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 1 febrero, 2009

APUNTES ECONOMICOS

La herida de los bancos se ha vuelto a reabrir y parece que sangra abundantemente. Las cotizaciones de las entidades financieras han caído con intensidad a ambos lados del Atlántico, pero llaman la atención especialmente los ajustes de precios en el Reino Unido y en EEUU, a pesar de que en algún caso las entidades están prácticamente nacionalizadas. La diferencia en esta ocasión, en contraste con lo que ocurrió en el mes de octubre pasado, la tenemos en que no se ha generado una sensación de pánico entre los depositantes, ya que se sabe que los gobiernos no van a dejar caer a ninguna institución y que antes se daría la nacionalización completa de cualquier entidad con problemas.

Sin embargo, las caídas no dejan de subrayar que el mercado y los inversores piensan que los bancos siguen todavía teniendo en sus balances pérdidas importantes por activos tóxicos, y que su capital es inferior a dichas pérdidas lo que les llevaría a un neto patrimonial negativo. En estas circunstancias, resulta imposible que se recupere la confianza y que los bancos se presten entre ellos y a terceros. El origen del rebrote de desconfianza se encuentra en la virulencia de la recesión en todo el mundo, que extiende y amplifica las pérdidas en los balances bancarios, y ello a pesar de los planes de ayuda puestos en marcha por los gobiernos en los últimos meses.

En estos momentos se piensa que sólo una parte de estos planes de ayuda de los gobiernos ha sido exitosa, aquélla que elevó la garantía máxima ofrecida a los depósitos y que se comprometía a no dejar caer a ninguna entidad. Sin embargo, respecto de las actuaciones concretas para garantizar la solvencia de los balances bancarios existen bastantes dudas de que hayan sido las adecuadas.Hemos pasado de proponer que lo más adecuado era comprar los activos tóxicos, según el Plan Paulson inicial, a pensar que lo mejor era recapitalizar los bancos, como en el primer plan británico, a ver cómo en algún caso concreto se ofrecían coberturas a los bancos si las pérdidas de una cartera de préstamos excedían un determinado porcentaje de su valor.

Puede que los esfuerzos realizados hasta ahora hayan sido inútiles para hacer frente al problema real de los bancos, esto es, la necesidad de eliminar los activos problemáticos de sus balances, y que mientras esto no ocurra será imposible recuperar la confianza.No podemos olvidar que la causa última de la crisis se encuentra en un exceso de deuda concedida que ha financiado unos activos, principalmente inmobiliarios, sobrevalorados. La salida de la crisis pasa por tanto por el ajuste de dichos excesos tanto de sobreendeudamiento como de sobrevaloración y ello genera grandes pérdidas en los activos bancarios. Para ello, se vuelve en estos momentos la mirada hacia la experiencia sueca de los primeros años 90, que resultó bastante exitosa en la solución la crisis bancaria que sufrió el país escandinavo y que se conoce como el modelo de banco bueno-banco malo.

Las autoridades suecas consideraron que el único modo de hacer frente a su crisis bancaria consistía en eliminar de los balances bancarios todos los activos tóxicos, mediante su división en dos entidades completamente independientes. La original vendía los activos problemáticos a una nueva entidad -el banco malo- a precios de mercado, con lo que aquélla se quedaba en última instancia sólo con los de calidad, convirtiéndose en el banco bueno. Ello generaba importantes pérdidas en el banco original, que era recapitalizado por el Gobierno o, en última instancia, liquidado mediante su venta a un tercero. Los accionistas lo podían perder todo pero los depósitos estaban garantizados. La gran ventaja de la aproximación del Gobierno sueco fue que proporcionó un enfoque sistemático de cómo abordar la crisis bancaria que iba al núcleo central del problema: el reconocimiento de las pérdidas en los préstamos concedidos y su extracción radical y definitiva de los balances bancarios. De este modo, el banco bueno se podía centrar de nuevo en el negocio habitual y generar confianza frente a terceros.

El plan sueco tuvo un coste importante en términos presupuestarios -las crisis bancarias suelen ser siempre muy caras- pero facilitó una salida relativamente rápida y limpia del problema. Por ello, la fórmula del banco bueno-banco malo se muestra muy atractiva y en estos momentos está originando bastante atención. Su principal inconveniente, si se puede definir así, es que exige, para ser efectiva, transparencia absoluta respecto de los préstamos tóxicos y las pérdidas acumuladas, de modo que si la venta de estos activos se realiza a precios de mercado se puede poner de manifiesto que los bancos carecen de capital para hacer frente a las mismas y que, por tanto, son insolventes.

En estos momentos, se considera que la banca internacional cuenta todavía con un volumen muy elevado de activos tóxicos, que podría exceder los 2 billones de dólares. Estas cuantías llevarían necesariamente a que, en determinados países como el Reino Unido, los gobiernos deberían nacionalizar gran parte de sus sistemas bancarios con los problemas que ello conlleva. Por eso, el Gobierno británico prefirió, en un primer momento, explorar la fórmula de la recapitalización más que la de la adquisición de activos a precios de mercado.Sin embargo, ello supone en última instancia retrasar la solución definitiva del problema y hacerla más costosa -en términos de recursos- y dolorosa. Puede que al final en una y otra alternativa gran parte de la banca acabe nacionalizada o con una participación importante de los tesoros en su capital, y que, además, como en el caso británico, se acabe generando una crisis cambiaria y presupuestaria que se adicione a la bancaria inicial.

Una de las lecciones fundamentales de las crisis bancarias que han ocurrido a lo largo de la Historia es que su solución siempre acaba requiriendo que afloren todos los problemas y las pérdidas de los balances, ya que es el único modo de recuperar la confianza. Los parches acaban convirtiéndose siempre en una especie de tortura.Esa es la realidad. Algunos la aprenden más pronto y otros más tarde, pero estos últimos acaban pagando siempre un precio mayor.

luisdeguindos@hotmail.com

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La gran inundación, de Josep Ramoneda en Domingo de El País

Posted in Economía by reggio on 1 febrero, 2009

“El problema no es nuestro, sino de la economía”. Esta frase es de un portavoz de la Confederación de Cajas, pero podría ser perfectamente de cualquier responsable económico o político. Es la mentalidad con que unos y otros han afrontado la crisis. Los responsables económicos -especialmente del mundo financiero, principal causante del desastre-, para eludir las enormes responsabilidades contraídas. Los responsables políticos, para disimular su impotencia, su incapacidad para regular y controlar los desmanes del dinero y para liderar con autoridad la difícil travesía de la recesión.

Desplazar el problema sobre un ente abstracto llamado economía que carece de nombre, apellidos, domicilio o razón social consagra la irresponsabilidad como un vicio sistémico. Pero en el fondo responde a una concepción muy arraigada de la economía, que encuentra en metáforas utilizadas con escaso rigor, como la mano invisible, la coartada teórica para justificar cualquier comportamiento de los actores económicos. Esta concepción de la economía, acompañada de un discurso de descrédito permanente del Estado, como si se tratara de deslegitimarlo para regular y sancionar, ha contribuido poderosamente a la cultura de impunidad. Uno de los productos de esta cultura ha sido el mito de los independientes. Los directores de los bancos centrales y de los organismos reguladores tenían que ser personajes independientes del poder político, por supuesto. Pero poco importaba que provinieran del poder económico y volvieran a él cuando terminaba su gestión. Con las cartas tan marcadas no es extraño que ahora sean los propios pecadores los que pretendan imponernos la penitencia. Los sindicatos tienen toda la razón cuando dicen que el origen de esta crisis no está en el mercado laboral y que no es aceptable que se haga pagar a los trabajadores las frivolidades de otros.

Con todo, lo más irritante es que el poder político esté tan impregnado de este discurso que atribuye la crisis al poder demoledor de un ciclón llamado economía. El presidente del Gobierno, que desde las primeras turbulencias ha tenido la actitud defensiva del marido que se siente señalado por su mujer y finge no saber muy bien de qué es culpable, ha encontrado en la gran tormenta americana la coartada permanente para su imprevisión. El pasado lunes, en televisión, reiteró un mensaje de paciencia y esperanza como única fórmula para cruzar el oscuro túnel de 2009. Esta actitud resignada contrasta con el entusiasmo con que, en tiempos bien recientes, proclamaba sus éxitos económicos. Cuando las cosas van mal, es el fatalismo de la economía; cuando van bien, es gracias a las políticas del presidente. La oposición, que, a pesar de las torpezas del Gobierno, no ha encontrado el tono para tomar la iniciativa en ningún momento, monta una conferencia para relanzar su mensaje, y su presidente, Mariano Rajoy, pone como ejemplo ante los suyos a tres voluntarios de un comedor social. Compasión y solidaridad como forma de respuesta a la gran inundación.

Con esta mentalidad tan deprimida, ¿cómo pueden los políticos hacer entender a los banqueros que el flujo de dinero es necesario para que la sociedad viva y que, por tanto, tienen exigencias de servicio público, como las tienen las empresas de agua o de electricidad? Me gusta la ironía del Financial Times: señores banqueros, si han sido rescatados con dinero público no es porque les amemos, sino porque les necesitamos. O sea, obren en consecuencia.

Y, sin embargo, el fatalismo se puede combatir. Lo ha demostrado Obama levantando a la sociedad americana de su frustración. Su ofensiva económica contiene un enorme plan de medidas inmediatas contra la crisis, pero también una apuesta por una nueva economía energética y tecnológica que mira a medio y largo plazo, pero con un calendario que lleva sello de urgencia. Mientras, en España, las buenas palabras de Zapatero, que en tiempos de bonanza bastaban para contentar a la ciudadanía, resultan ahora muy marchitas. Y el coraje que el presidente exhibió para estar en la reunión del G-20 desapareció una vez conquistada la silla. El PP, en vez de aparecer como alternativa, se desacredita en una miserable lucha interna por el poder y el dinero. Así estamos cuando las cifras del paro avisan de que la crisis económica está a punto de convertirse en una crisis social de envergadura. ¿Tienen pensada alguna cosa más que enviar a la Guardia Civil cuando la conflictividad estalle?

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Metidos en un lío, de Paul Krugman en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 1 febrero, 2009

Como cualquiera que preste atención a las noticias empresariales y financieras, estoy en un estado de enorme ansiedad económica. Como cualquier persona de buena voluntad, esperaba que el discurso inaugural del presidente Obama resultase tranquilizador, que indicase que la nueva Administración tiene las cosas bajo control. Pero no fue así. Terminé el martes menos confiado respecto al rumbo que va a seguir la política económica de lo que lo estaba por la mañana.

Para dejar las cosas claras diré que en el discurso no había nada malo que llamase especialmente la atención, aunque para quienes todavía esperan que Obama allane el camino hacia una atención sanitaria universal resultó decepcionante que sólo hablase del coste excesivo de la sanidad, sin mencionar ni una sola vez la precaria situación de quienes no tienen seguro médico o están escasamente cubiertos por él.

Uno también esperaba que a los redactores del discurso se les hubiese ocurrido algo más inspirador que un llamamiento a una “era de responsabilidad”, lo cual, hablando en plata, es lo mismo que proclamó el ex presidente George W. Bush hace ocho años.

Pero la verdadera pega que le encuentro al discurso, en materia económica, es su convencionalismo. En respuesta a una crisis económica sin precedentes -o, más exactamente, una crisis cuyo único precedente real es la Gran Depresión-, Obama ha hecho lo que hace la gente de Washington cuando quiere parecer seria: ha hablado, de forma más o menos abstracta, sobre la necesidad de tomar decisiones difíciles y no doblegarse ante los intereses particulares.

Eso no es suficiente. De hecho, ni siquiera está bien. Así, en su discurso, Obama ha atribuido la crisis económica en parte a “nuestro fracaso colectivo a la hora de tomar decisiones difíciles y preparar al país para una nueva era”, pero no tengo ni idea de a qué se refiere. Ésta es, en primer lugar, una crisis provocada por un sector financiero fuera de control. Y si no hemos sido capaces de controlar ese sector no ha sido porque los estadounidenses, “colectivamente”, se hayan negado a tomar decisiones difíciles; los ciudadanos estadounidenses no tenían ni idea de lo que estaba pasando, y la mayoría de la gente que lo sabía pensaba que la liberalización era una idea estupenda.

O fíjense en esta frase de Obama: “Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó esta crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, ni nuestros bienes y servicios menos necesarios de lo que lo eran la semana pasada o el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad sigue intacta. Pero el tiempo de resistirnos a los cambios, de proteger intereses limitados y de posponer las decisiones desagradables, ese tiempo, sin duda, ha pasado”.

Es casi seguro que la primera parte de este párrafo pretendía parafrasear las palabras que escribió John Maynard Keynes cuando el mundo se hundía en la Gran Depresión, y ha sido un gran alivio, tras décadas de denuncias maquinales del Gobierno, oír a un nuevo presidente expresar respeto por Keynes. “Los recursos de la naturaleza y los inventos de los hombres”, escribía Keynes, “son exactamente igual de ricos y productivos que antes. El ritmo de nuestro avance hacia la resolución de los problemas materiales de la vida no es menos rápido. Somos tan capaces como antes de proporcionar un buen nivel de vida a todo el mundo… Pero ahora nos hemos metido en un lío enorme, después de habernos equivocado gravemente a la hora de controlar una máquina delicada cuyo funcionamiento no comprendemos”.

Pero hay algo que se ha perdido por el camino. Tanto Obama como Keynes afirman que no estamos haciendo uso de nuestra capacidad económica. Pero la revelación de Keynes -la de que estamos en un “lío” del que es necesario salir- ha sido sustituida de algún modo por las frases de rigor de que esto es culpa de todos nosotros y de que tenemos que ser severos con nosotros mismos.

Recuerden que Herbert Hoover no tenía problemas para tomar decisiones desagradables: tenía el valor y la firmeza necesarios para recortar drásticamente los gastos y subir los impuestos frente a la Gran Depresión. Desgraciadamente, eso sólo sirvió para empeorar las cosas.

Con todo, un discurso no es más que un discurso. No cabe duda de que los miembros del equipo económico de Obama comprenden la naturaleza extraordinaria del lío en el que estamos metidos. Así que puede que el tono del discurso del martes no indique nada sobre la futura política de la Administración de Obama.

Por otra parte, Obama es, como su predecesor ha dicho, el que decide. Y va a tener que tomar algunas decisiones importantes muy pronto. En concreto, va a tener que decidir lo audaces que van a ser sus pasos para mantener en pie el sistema financiero, cuyas perspectivas han empeorado tan drásticamente que un número sorprendente de economistas, no todos especialmente progresistas, sostienen ahora que la solución de la crisis tendrá que pasar por una nacionalización temporal de algunos bancos importantes.

De modo que ¿está Obama preparado para eso? ¿O eran los tópicos de su discurso inaugural una señal de que va a esperar a que la sabiduría convencional termine por ponerse a la altura de los acontecimientos? Si es así, su Administración se va a encontrar con que se está saliendo peligrosamente de la curva.

Y no es así como queremos ver al nuevo equipo. La crisis económica empeora y se vuelve más difícil de resolver a medida que pasan las semanas. Si no actuamos pronto de forma contundente, puede que nos veamos metidos en el lío durante mucho tiempo.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.

Traducción de News Clips.

© New York Times News Service, 2009

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Más previsiones y recomendaciones, de Ángel Laborda en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 1 febrero, 2009

De nuevo hemos conocido esta semana abundante información sobre la economía española. Las publicaciones estadísticas siguen siendo las mismas que hace uno o dos años, pero da la impresión de que ahora hay mucha más información. En realidad lo que hay es mucha más sensibilidad a los datos económicos, dada la gravedad de la situación. También son nuevos los frecuentes comunicados de los organismos internacionales revisando sus previsiones. El FMI lo hizo esta semana, y ya es la segunda vez que revisa sus cifras tras publicar a primeros de octubre sus Perspectivas Económicas Mundiales. Ahora nos dice que la economía mundial crecerá este año un magro 0,5%, “la tasa más baja desde la II Guerra Mundial”. Y eso gracias a los países emergentes, porque para los avanzados estima una caída del 2%. El FMI hablaba en octubre de crecimientos del 3% para el conjunto mundial y del 0,5% para las economías avanzadas.

Algunos se basan en esto para decir que lo que está ocurriendo no lo preveía nadie. En parte es verdad, pero también es verdad que estas previsiones son muy mejorables, lo que no se entiende bien. El FMI, aparentemente, es el mejor servicio de estudios económicos del mundo, al menos el más caro. Un ejemplo: para España da una caída del PIB del 1,7% en 2009 en media anual, una décima más que el Gobierno. A muchos les parecerá razonable, pero la cifra tiene truco. Junto a esta previsión para 2009, el FMI también da la tasa interanual del cuarto trimestre de 2008, concretamente -0,4%. En esta página, a la vista de la información ya disponible (no de modelos de previsión), hablábamos hace una semana de que el PIB podría haber caído en ese trimestre un 1%, cifra que el Banco de España ha dejado en un 0,8%. No creo que el INE se desvíe mucho de estas estimaciones cuando dentro de unos diez días publique su primer avance. Pues bien, si a la previsión del FMI le metemos este dato de partida y mantenemos las mismas hipótesis de comportamiento para los siguientes trimestres hasta el final de 2009, automáticamente el crecimiento medio anual saldría del orden de medio punto porcentual más bajo. No se trata, por tanto, de un problema de miopía (ver mal de lejos), sino de vista cansada (de cerca), de no ver bien lo que ya ha ocurrido o está ocurriendo. Conclusión: el FMI tendrá que revisar de nuevo a la baja dentro de poco sus previsiones, lo que crea una sensación de falta de credibilidad que genera desconfianza, lo contrario de lo que se pretende conseguir al dulcificar la gravedad de la situación o los destrozos que puede causar este tsunami.

En todo caso, en estos informes se recogen observaciones y recomendaciones de política económica que son tan interesantes o más que las cifras de previsiones, aunque sean éstas ahora las que más vendan. El FMI, tras estimar en un 7% del PIB el déficit público que pueden generar las economías avanzadas en 2009, recomienda que “los países que dispongan de margen de maniobra [se entiende que en el terreno fiscal] deben comprometerse a aplicar nuevas medidas si la situación se deteriora más”. ¿Existe margen de maniobra en España? En el informe trimestral del Banco de España publicado esta semana encontramos la respuesta: “El margen de actuación compensadora del que dispone la política fiscal, tras el rápido deterioro de las finanzas públicas a lo largo del último año, es escaso, por lo que adquiere gran trascendencia el avance en las medidas y las reformas económicas apropiadas para mejorar la situación en el mercado de trabajo, fomentar el necesario relevo entre ramas productivas, aumentar la productividad a largo plazo y recuperar la trayectoria de expansión del producto potencial”. Más claro, el agua.

¿Por qué el margen es escaso? El Banco de España no ofrece datos donde apoyar su opinión, pero podemos echarle una mano. En los gráficos adjuntos se ofrecen las previsiones de Funcas de evolución de las cuentas públicas hasta 2010. El déficit podría alcanzar el 7% del PIB este año y el 8,6% el próximo. Les aseguro que no están exageradas. Esto, si las administraciones públicas hacen una política fiscal discrecional algo restrictiva. Imagínense si hay nuevas medidas expansivas.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

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El Vaticano tantea al PSOE y pasa revista a la Iglesia española, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política, Religión by reggio on 1 febrero, 2009

LA CRÓNICA

Las relaciones de la Iglesia católica con la política española

El ‘primer ministro’ del Papa viaja tres días a Madrid con un programa de visita de Estado

“Esto se pone interesante”, exclamó José Luis Rodríguez Zapatero el pasado lunes, al ser interpelado por un sacerdote en el programa Tengo una pregunta para usted.Fue una expresión irónica, reveladora de la personalidad del presidente y embarazosa para los guionistas de la Moncloa, ya que se suponía a Zapatero muy interesado por las demás preguntas del programa de TVE.

En consecuencia, vienen días muy interesantes para el Ejecutivo: de martes a jueves, visita España el secretario de Estado del Vaticano, el primer ministro del Papa, cardenal Tarcisio Bertone.

La primera visita ‘política’ de un secretario de Estado a España

El cardenal Bertone viaja a Madrid oficialmente invitado por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Antonio María Rouco Varela, para dar una conferencia, el jueves 5 de febrero, sobre “Los derechos humanos en el magisterio de Benedicto XVI”

Aceptada la invitación, la secretaría de Estado de la Santa Sede (órgano equivalente a la presidencia del Gobierno del Vaticano) transformó la visita privada en viaje de Estado, mejor dicho, en el primer viaje que efectúa a España un primer ministro del Vaticano, en solitario y al margen del séquito pontificio.

El cardenal Bertone almorzará con el rey Juan Carlos y el príncipe Felipe, será recibido en la Moncloa por el presidente del Gobierno, se entrevistará con la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y con el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel ÁngelMoratinos. Y mantendrá encuentros con otras personalidades, entre ellas, el jefe de la oposición, Mariano Rajoy. El cardenal viene a pasar revista a la Iglesia católica española y a tomar la temperatura al Gobierno y a la oposición.

El empaque final del viaje no gusta al cardenal Rouco, coinciden en señalar distintas fuentes eclesiásticas. El presidente de la Conferencia Episcopal habría preferido una visita en do menor.

El cardenal Cañizares, distante de Rouco, será el acompañante

Prueba fehaciente de que la visita política del cardenal Bertone no provoca ningún entusiasmo en el entorno de Rouco Varela es el silencio de AlfayOmega.La revista semanal del arzobispado de Madrid, habitualmente muy atenta a todos los acontecimientos eclesiásticos en la capital de España, se abstenía el pasado jueves de destacar en sus páginas el viaje de la alta personalidad vaticana. La revista de Rouco no dejaba traslucir ningún entusiasmo.

El programa de la visita ha tardado mucho en cerrarse, pese a la anticipación prusiana con que la curia romana suele trabajar. Y la página web de la Conferencia Episcopal apenas ofrecía ayer una información genérica de la visita. El acompañante oficial del secretario de Estado será el cardenal Antonio Cañizares, recientemente nombrado prefecto de la Congregación para el Culto Divino (dicasterio vaticano). Las relaciones de Cañizares con Rouco son desde hace meses distantes.

¿’Papa de España’ o presidente de la Conferencia Episcopal?

La relación del cardenal Rouco Varela con Roma es compleja. Amigo personal del Papa Joseph Ratzinger (con quien compartió estudios en Munich y al que suele dirigirse en alemán), el tres veces presidente de la Conferencia Episcopal tiende a actuar como líder indiscutido del catolicismo en España; como Papa de España,por utilizar la expresión que, con gran entrega y entusiasmo, le dedicó hace unos años un diario madrileño. Y un Papa de España en línea directa con el Papa de Roma está abocado a tener sus más y sus menos con la poderosa curia vaticana.

En el catolicismo (universal por definición) no existen iglesias autocéfalas, y cualquier tentación excesivamente nacional es observada con recelo por Roma desde el cisma inglés de 1531 y la condena del galicanismo (tendencia separatista de la Iglesia de Francia que cristalizó en 1620 bajo el reinado de Luis XIV). Siendo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio), Ratzinger tomó sus precauciones y limitó en 1998 la capacidad de las conferencias episcopales nacionales para pronunciarse sobre temas directamente referidos a la doctrina.

En este sentido, la visita de Estado del cardenal Bertone viene a subrayar que el gobierno vaticano no renuncia a tener un papel preeminente en las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado español. No habrá a lo largo de la visita ningún gesto o palabra que pueda ser interpretada como una desautorización de Rouco Varela, pero el orden jerárquico quedará claro.

Zapatero sigue siendo una referencia inquietante para Roma

¿Es menos duro el Vaticano que el episcopado español con relación al Gobierno Zapatero? En apariencia, sí; en el fondo, no.

Para el Vaticano, la política laicista de Zapatero sigue siendo una referencia inquietante, por sí misma y por su influencia en el resto de Europa y en Latinoamérica. Existe en la Santa Sede la convicción de que España ha devenido un problema serio y complejo. El Gobierno del PSOE ha dado a la Iglesia católica uno de los mejores sistemas de financiación con que cuenta en Europa (donación voluntaria del 0,7% del IRPF) y a la vez ha roto esquemas impensables en la vieja reserva espiritual de Occidente.

Roma, sin embargo, no comparte la pasión hispánica por el choque del carnero, el combate frontal y sin cuartel. Benedicto XVI así lo demostró en su visita a Valencia en julio del 2006, en la que dominó la cordialidad y la moderación. En abril del año pasado, el Papa pidió de manera expresa a los obispos españoles que fuesen más inteligentes y dúctiles en sus relaciones con el Gobierno. En la misma longitud de onda están la mayoría de las órdenes y congregaciones religiosas (el cardenal Bertone es salesiano), partidarias del pacto en la asignatura de educación para la ciudadanía. También el Opus Dei apuesta por la moderación.

Rouco escucha, pero aún mantiene en su puesto a los almuecines de la Cope, cuya agresividad ha sido repudiada por la gran mayoría de los obispos. El Papa de España parece querer ganar tiempo, a la espera de ver qué ocurre en el Partido Popular. Las relaciones entre Rouco y Mariano Rajoy están rotas. No se hablan.

Los caminos del PSOE y el Vaticano se cruzan en Cuba

El cardenal Bertone viaja a Madrid para tantear al Gobierno socialista. Para conocer cuál es hoy su carta de navegación, toda vez que Zapatero, acuciado por la crisis económica, ha dado señales de dejar en segundo plano la batería de iniciativas de choque con la Iglesia, anunciadas en tromba el pasado mes de septiembre. La ley de ampliación del aborto se halla en fase de estudio parlamentario, sin prisas, pero sin pausas; la nueva ley de libertad religiosa está en la recámara, y la legislación sobre la eutanasia ha pasado a mejor vida, pese a los entusiasmos iniciales del ministro de Sanidad, Bernat Sòria. La vicepresidenta Fernández de la Vega, principal interlocutora con la Iglesia, ha impuesto su ritmo, que no siempre es el que desearía su jefe en la Moncloa.

Hay otro asunto que interesa mucho a Bertone: Cuba. En febrero del año pasado, el secretario de Estado realizó una escala en Madrid para entrevistarse con el ministro Moratinos. Un fuerte protagonismo de la Iglesia en la transición que vivirá Cuba tras la muerte de Fidel Castro es uno de los grandes objetivos del Vaticano. Y España tiene muchos números para jugar un papel importante en la incierta transición cubana. Los caminos del Papa y de Zapatero se bifurcan en Madrid, pero se cruzan en el Caribe.

El cardenal Bertone también tomará nota de la situación social española. El desplome de la economía refuerza el papel de la familia tradicional, y la innegable aportación de la Iglesia a los servicios sociales (escuelas, clínicas, hospitales, prisiones, comedores sociales…) gana relieve e importancia. En Roma dirían: “Questo diventa interessante”.

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¿Qué hay en el plan del Gobierno?(I), de Alfredo Pastor en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 1 febrero, 2009

Durante los tres últimos meses, los gobiernos de nuestras economías han ido diseñando planes para hacer frente a la crisis, y ahora estamos todos esperando a que surtan efecto. Echemos una primera mirada al nuestro para hacernos una idea de lo que podemos esperar de él: en particular, vale la pena tratar de saber si las medidas no sirven para nada, o si aún no han surtido efecto y hay que esperar un poco más.

Todos los planes tienen un mismo objetivo: reanimar la demanda, o, por lo menos, evitar que siga cayendo y que la recesión dé paso a la depresión. Todos tienen tres apartados: el primero quiere fomentar la demanda aumentando el gasto de particulares, de empresas o del gobierno; el segundo quiere mejorar la situación de caja de familias y empresas; el tercero, facilitar la concesión de crédito por parte de los bancos. Empezaremos por los dos primeros.

MEDIDAS DE GASTO

El plan aprobado por el Gobierno prevé aumentar el gasto por dos caminos: aumentando el gasto público, y aumentando la renta disponible de las familias para que éstas gasten más. Creo que la primera vía es más eficaz, si de aumentar la demanda se trata, ya que un euro gastado en carreteras aumenta la demanda en algo más de un euro (porque los que reciben el euro en pago de sus servicios gastan parte de él a su vez); mientras que una familia que se beneficia de un menor pago de impuestos puede decidir ahorrar el importe de la rebaja, en todo o en parte. Otros – generalmente conservadores en materia económica-defienden la superioridad de las reducciones de impuestos. En el caso de las empresas, la reducción transitoria del impuesto de sociedades – medida propuesta con tenacidad por nuestros conservadores-es de muy dudosa eficacia, sobre todo en un momento en que las empresas van mal de liquidez: lo más probable es que la rebaja sea aprovechada, no para gastar más, sino para mejorar la tesorería.

Curiosamente, nuestro plan parece inclinarse, aunque ligeramente, a favor de las reducciones de impuestos: éstas suman casi el doble (18.000 millones de euros) que los aumentos de gasto directo (11.000 millones). Cuando sumamos estas dos partidas procurando tener en cuenta los efectos inducidos del gasto, podemos esperar un efecto equivalente a algo más del 4% del PIB de 2007: es una cantidad nada despreciable, comparable a la que han propuesto otros países, y que permitiría que el crecimiento negativo que unos y otros pronostican para 2009 quedara en cero. No está mal.

A vista de pájaro, el programa de gasto parece estar bien dirigido; pero, como dicen, el diablo está en los pliegues, y nuestra economía tiene muchos. Citemos sólo uno: el plan concentra los planes de inversión pública en los ayuntamientos; es una buena idea, pero no hay que olvidar que algunos ayuntamientos, al límite de sus posibilidades y obligados a acudir a procedimientos poco ortodoxos de saldar sus deudas para sacar adelante sus obras, quizá hayan de aprovechar la financiación recibida para evitar que sus acreedores lleguen a una situación crítica. Así, puede ser que una parte del gasto esperado no se materialice. Algo parecido puede decirse de las rebajas de impuestos: los datos parecen mostrar una brusca subida de la tasa de ahorro de las familias; puede que una gran parte de las rebajas vaya a reducir deuda más que a aumentar el gasto.

MÁS APRISA

El segundo bloque de medidas quiere aliviar las tensiones de caja de familias y empresas: porque mientras las medidas de gasto van surtiendo efecto, la tesorería va reduciéndose. Por desgracia, algunos usuarios afirman que la partida más importante de este bloque (la línea del Instituto de Crédito Oficial (ICO) de 19.000 millones de euros) requiere, para su disposición, de trámites burocráticos largos y tortuosos. Podemos, pues, concluir que es pronto para afirmar que las medidas de gasto no sirven para nada: pero hay que temer que lleguen cuando ya sea demasiado tarde.

Estos obstáculos constituyen una verdadera piedra de toque para los poderes públicos: para el Gobierno, para el Congreso y para toda la Administración. En las circunstancias actuales, el tiempo corre, y muy deprisa, en contra. Unos y otros han de tomarse en serio el asunto: esto, en una Administración poco acostumbrada a trabajar en una misma dirección, y en un Congreso poco acostumbrado a elevarse por encima de las peleas entre partidos, parece casi imposible: pero hay que esperar que los electores tomen nota de la diligencia con que esas medidas se ponen en práctica.

Mientras surten efecto las medidas destinadas a estimular el gasto, la situación crediticia mejora demasiado despacio para evitar la destrucción de valor de los activos, medida por la caída de sus precios: casas, terrenos, acciones… esta caída seguirá mientras las empresas se vean forzadas a vender activos, a cualquier precio, para lograr liquidez. A remediar esta situación tiende el tercer bloque de medidas del plan, del que nos ocuparemos en el próximo artículo.

Alfredo Pastor. Profesor del Iese. Doctor en Economía por el MIT, fue secretario de Estado de Economía con Pedro Solbes.

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Entre elecciones y banqueros, de Manel Pérez en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 1 febrero, 2009

LA VENTANA INDISCRETA

El calendario político vuelve a pugnar con el económico pese a los tiempos de crisis que nos gobiernan. En los pasillos de poder y en los círculos de los lobbies de Madrid la consigna se difunde con celeridad: a olvidarse de cualquier decisión de envergadura o cualquier propuesta de ley importante hasta después de las autonómicas del 1 de marzo en Galicia y el País Vasco. El inquilino de la Moncloa no quiere ninguna polémica imprevista que afecte a la campaña y los resultados electorales.

Tal vez por eso, algunos asuntos espinosos caminan con deliberada lentitud, desde el desarrollo de la norma de recapitalización de la banca hasta una posible iniciativa para introducir cambios en el funcionamiento de las cajas.

Entre otros asuntos también se verá afectada la modificación del pacto con las eléctricas sobre el déficit de tarifa que acordó el ministro de Industria, Miguel Sebastián, con las empresas del sector y que el vicepresidente Pedro Solbes tumbó en una comisión delegada para asuntos económicos de finales del pasado mes de diciembre.

A pesar de que el presidente Zapatero quiere solucionar el enredo, lo cierto es que hará falta mucha voluntad para que un pacto que implicará alguna subida de la tarifa eléctrica, además de un determinado coste para el presupuesto del Estado que vigila Economía, vea la luz antes de que los votantes gallegos o vascos hayan depositado su voto.

En conjunto, si se suma a esto la lentitud con la que por diferencias técnicas que en ocasiones esconden una clara oposición se llevan a la práctica los anuncios de programas de incentivo económico o de ayuda a los sectores sociales más golpeados por la crisis, como las moratorias de hipotecas para los parados (apenas recién sugeridas) o la financiación del ICO y las emisiones de deuda avaladas por el Estado, el cuadro crea un cierto desasosiego.

El próximo lunes el presidente Zapatero tendrá una nueva reunión con los grandes banqueros españoles. Probablemente, más tensa que las anteriores. El clima político que rodea a la banca se ha enrarecido mucho desde aquel mes de octubre en el que el jefe del Ejecutivo anunció la compra de activos bancarios y la elevación de la cuantía de las garantías a los depósitos bancarios. Por el camino ha habido incluso un amago de hacer comparecer a los grandes de las finanzas en el Congreso para que explicaran por qué no dan crédito a empresas y familias. Esta misma semana han exhibido unos beneficios propios de tiempos de plétora y no de crisis. En algún caso, incluso han logrado hacer aflorar un gesto de contrariedad en el rostro del gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, que viene predicando moderación y contención de dividendos. Hay que llenar la mochila, las circunstancias vana empeorar durante no se sabe cuánto tiempo.

Si se atiene al guión que se ha desarrollado durante los últimos días, Zapatero deberá reprender a los financieros por no prestar suficiente apoyo a la economía real pese a que la sociedad, a través del Estado, sí lo está haciendo con ellos. Probablemente sirva de poco ya que el problema es la crisis en sí misma, y su efecto corrosivo sobre la actividad y la solvencia, pero es la consecuencia lógica de la propia orientación de los programas de rescate en todo el mundo. Yde la creciente furia de los afectados, especialmente los pequeños empresarios, que se revuelven en sus empresas por lo que ven como una conspiración contra su futuro.

Desde Nicolas Sarkozy hasta Gordon Brown, pasando por Barack Obama y Angela Merkel, todos los gobernantes sin excepción han acabado enfrentados con sus banqueros. Éstos ya no pueden operar sin la cuantiosa ayuda pública, en sus más variadas formas, que van de la inyección de capital a la necesidad de liquidez, pero al mismo tiempo tienden a comportarse como si vivieran en condiciones de normalidad. El problema es que tal cosa no es cierta. La situación económica es excepcional, por desastrosa, y los comportamientos ya no pueden seguir fabricándose con los moldes de la tecnocracia aséptica.

No habrá gobierno en el planeta que pueda compaginar programas de ayuda económica de emergencia con la división de poderes que gobernaba la desacreditada economía de mercado de los pasados años, con las finanzas en la cumbre. Y quien no tome nota de ello tendrá una desagradable sorpresa en un tiempo relativamente corto.

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Los mismos síntomas, idéntica enfermedad, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 1 febrero, 2009

CON LUPA

Las distintas tribus del Partido Popular acudieron el miércoles al campus de la Rey Juan Carlos en Getafe como las hermandades sevillanas acuden en mayo al Rocío, dispuestas a celebrar el milagro de la reconciliación o tal vez a presenciar embelesadas el descenso de Moisés Rato de la montaña, la zarza cainita ardiendo en lo alto, con las tablas de la sensatez y la concordia en la mano. Como ocurre en toda época de desastres naturales, la gente del común está dispuesta a creer cualquier cosa, por disparatada que sea, con tal de que le aporte un rayo de esperanza entre tanta tiniebla. Hasta que Rodrigo Rato abandone su cómodo estatus actual, con un jugoso estipendio de entre 4 y 5 millones de euros anuales entre Lazard, Caixa y Santander, para meterse en el avispero de Génova a recibir hostias por doquier y a que le amarguen la vida con historias viejas del Grupo de Empresas Rato que arruinó su hermano Ramón y las Aguas de Fuensanta que rescató Botín.

Ningún dato para la esperanza. Ni siquiera un IPC que es reflejo del miedo al futuro que atenaza el consumo de las familias. En un entorno económico desastroso, y con un Gobierno incapaz de generar alguna certidumbre, las gentes miran a la derecha y se encuentran a un PP en proceso de descomposición por culpa de una de esas guerras civiles que tan bien conocen los españoles, con un señor en la calle Génova, 56 años, registrador de la propiedad, para el que existen dos clases de problemas: los que no tienen solución, y los que se arreglan con el tiempo. En el caldo de cultivo de ese laissez faire, y ante la certidumbre de que la tormenta que en septiembre de 2003 engendró el dedazo de Aznar terminará por estallar en mil pedazos si los resultados de la triple cita electoral en ciernes no acompañan, los halcones del partido se han enzarzado en feroz lucha dispuestos a ocupar el vació de poder (“La generosidad que supone abandono de poder, ni es rentable ni se debe esperar que sea agradecida”, que dijo el gran Maquiavelo) que la aparente abulia del señor registrador produce en la cúpula del partido. Gallardón contra Aguirre y viceversa.

Como se ha dicho tantas veces, estamos en una crisis económica y social de dimensión desconocida para cualquier español vivo, que, por encima de otras consideraciones, no es sino una manifestación más de la gravísima crisis –que algunos llaman constitucional- del Sistema político salido de la transición, la crisis -¿terminal?- de una democracia de baja calidad sacrificada en el altar del utilitarismo de una clase política que, interesada solo en el usufructo del poder por turnos, se ha negado, con la complicidad del Monarca en la cúspide de la tarta, a introducir cualquier reforma constitucional de fondo que pudiera poner en peligro su estatus. Se ha negado a regenerar la democracia, renunciando de paso a esos valores éticos que, en opinión del Nobel James M. Buchanan, “resultan indispensables para lograr un mayor progreso económico”. Conviene enfatizar hoy más que nunca la degradación de nuestro sistema de libertades, a la luz del paralelo proceso de descomposición que, en lo que va de año, se está produciendo en los dos pilares sobre los que teóricamente se asienta la salud de una democracia: una Justicia independiente y una prensa libre. Los mismos síntomas, idéntica enfermedad.

Dejando de lado la Justicia y su inagotable capacidad para obsequiarnos todas las semanas con episodios reveladores de la extrema policitación que padece, lo más llamativo del mes de enero en curso tiene que ver con el definitivo destape protagonizado por los grandes grupos de comunicación hispanos, que han entrado en la guerra civil del Partido Popular cual elefante en cacharrería, poniendo en evidencia las malas prácticas de alineamiento y sumisión con los poderes políticos y económico-financieros que avala una trayectoria de décadas. El País con Gallardón, como tropa de élite capaz de llevar al alcalde de Madrid a la dirección del PP y a la presidencia del Gobierno, por un lado, y El Mundo por otro, dispuesto a que ese candidato no sea otro que Esperanza Aguirre. Dispuestos ambos medios a salvarse incluso de la quiebra si la respectiva jugada sale bien y logran llevar en volandas a su candidato respectivo hasta la victoria. La ficción de un cuarto poder independiente ha saltado por los aires, como una muestra más de la descomposición del Sistema. Demasiados años compartiendo cama con empresarios y políticos a la par; mucho tiempo participando en negocios conjuntos –caso evidente en un Grupo Prisa hoy en horas bajas-, como para pretender que situación tan lamentable no terminara por estallar.

Se viene un plan de salvamento para la prensa

La decisión de Prisa de desatar la guerra contra Aguirre ha provocado la inmediata irrupción de Unidad Editorial en la pelea. El País apostando por Gallardón; El Mundo y su aliada, la cadena COPE, haciendo lo propio por Aguirre; el diario Público –o el poder emergente de Mediapro-, seguro de que la carta buena es la de Zapatero, y La Razón resignada, vía Lara y Casals, a permanecer junto al árbol del ahorcado de Génova, mientras ABC intenta superar viejos traumas. Cada oveja, con su pareja. Ahí está la explicación a la deserción galopante de lectores, que no es sino muestra de la paralela falta de credibilidad, y ahí está, como corolario, la crisis financiera que tiene a los distintos grupos al borde de la quiebra. Todos han alabado esta semana la decisión de Monsieur Sarkozi de destinar nada menos que 600 millones de euros en ayudas a la prensa. “J’avais aussi cette désagréable sensation de voir des junkies sortir de chez leur dealer”, escribió Pascal Riché, director de la web Rue89, al ver a los editores salir satisfechos del despacho de Sarko. Los yonquis saliendo de casa del camello. Es obvio que aquí tendremos también un “plan de rescate” para los medios. Inevitable tratándose de un Zapatero que solo vive para la imagen y que, con el dinero de los contribuyentes, podrá tener definitivamente bien cogidos por el ronzal de la pasta a los patronos de la prensa.

Hace muchos años que los grupos de comunicación hispanos dejaron de hacer periodismo a secas, para emplearse a fondo en operaciones de Poder susceptibles de afectar a la cuenta de resultados, haciéndose cómplices así del creciente deterioro del sistema de libertades. Su sometimiento al poder político corre parejo con su admiración por los poderes financieros. Basta con presenciar el júbilo con que, hasta hace unos días, recibía las fazañas financieras de Botín (mientras guardaba silencio con las “cesiones de crédito”, un caso que arrinconó para siempre un derecho constitucional tan relevante como la Acusación Popular). “¿Periodismo y negocios todo junto? Enredo seguro”, que decía Azaña. Todos pendientes, ahora, de ese panal de rica miel que es Telefónica. A Prisa, ahogada por la cabezonería de un Alierta que se ha negado a comprar Digital+ al precio pedido por Cebrián, le va la vida en ello, lo mismo que a Mediapro, necesitada de un socio con músculo suficiente para financiar la aventura de La Sexta con el fútbol, porque, misterio, alguien tendrá alguna vez que pagar las facturas de Roures (¡de dónde saca pa tanto como destaca!). Atentos, pues, a lo que ocurra el 20 de abril, vista del juicio que debe afrontar Alierta por la supuesta “información privilegiada” de su sobrino, un episodio que explica los recientes poderes de que ha sido investido Luis Abril. En la recámara, Javier de Paz, íntimo de Zapatero y del grupo de Roures. Si ese recambio se produjera, el grupo Polanco podría darse definitivamente por muerto. Su última carta consistiría en tratar de llevar a Gallardón a la Moncloa.

Ejemplo de la loca burbuja especulativa que hemos vivido, en el sector se han hecho cosas como pagar 1.100 millones de euros por el grupo Recoletos, o 130 millones por el gratuito Que, dos operaciones que despiden un tufo que apesta. Hoy, la deuda de Unidad Editorial más que dobla el valor de RCS Media Group en la bolsa de Milán. El diario El Mundo está en venta. Misión imposible. A menos que Aguirre lo remedie, con la toma de poder en Caja Madrid. Los unos pendientes del futuro de Gallardón; los otros del de Aguirre, y el PSOE callado como muerto, en secreta explosión de regocijo. Ambos, sin embargo, han quemado muchas naves en esta guerra fratricida, mientras un rumor sordo de indignación empieza a crecer entre las bases populares por los arrabales de Génova: ¡Ya está bien de batallitas personales! Razón de más para que algún saltimbanqui de la prensa (“mi voto por Landelino”) haya decidido desempolvar otras opciones, decretando Congreso Extraordinario del PP cuanto antes para entronizar a Rodrigo Rato, 60 años, un hombre que ya no está para novelas de caballerías, ni siquiera requerido bajo palio, porque lo suyo es hacerse una fortunita, llevarse bien con todo el mundo y cumplir aseadamente con quienes le están haciendo rico.

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“Esta crisis no la hicieron Chávez ni Evo”, de Sandra Russo en Página 12

Posted in Economía, Internacional by reggio on 1 febrero, 2009

EN EL FORO SOCIALMUNDIAL, LULA REIVINDICO EL ROL DEL ESTADO Y CRITICO LAS RECETAS NEOLIBERALES DE LOS PAISES CENTRALES

El mandatario de Brasil prefirió esta vez estar en el Foro de Belém y no en el de Davos. “Estoy cansado de hablar con yuppies que dicen lo que tenemos que hacer en Brasil y ni saben dónde queda”, afirmó.

“El mundo desarrollado decía lo que teníamos que hacer en América latina, parecían infalibles y nosotros incompetentes, nos vendieron que el Estado no podía nada y que el mercado desarrollaría nuestros países, y ese mercado quebró por falta de responsabilidad y control, la palabra de orden de hoy es: otro mundo es posible, y aún más, es necesario e imprescindible que busquemos un nuevo orden.” Hubo una ovación cuando dijo “otro mundo es posible” y otra más cuando habló de la “quiebra del dios mercado”. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no había participado del encuentro entre los presidentes de Paraguay, Venezuela, Ecuador y Bolivia con los movimientos sociales, el jueves, sencillamente porque no fue invitado por los organizadores de ese acto puntual, que fueron los miembros del MST, los Trabajadores Sin Tierra. Pero el hangar de la Universidad Estadual todavía no había recuperado su aspecto habitual de gimnasio, cuando otro encuentro se llevó a cabo por la noche, y allí sí se sumó Lula a Fernando Lugo, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales.

Allí, en el hangar de la Universidad de Belém, bajo un calor denso y pastoso, Lula reivindicó el rol del Estado en el contexto de la crisis global, para garantizar el empleo y la continuidad de los procesos productivos regionales. Como político en funciones hizo también anuncios que para muchos sonaron a electorales y fuera del contexto del debate del Foro, como la suba del salario mínimo y la creación de un millón de viviendas.

Con su estilo didáctico a veces, y agitativo en otros momentos, Lula dijo que aún no se sabe cuál es el piso de la actual crisis. El debate del que participó junto a sus colegas presidentes, a última hora del jueves, se llamó “América latina y los desafíos de la crisis internacional”. “La crisis está llegando a América latina. Hay recesión en Estados Unidos y Europa. En esta crisis el Estado tiene que asumir las inversiones. Vamos a anunciar la construcción de 500.000 casas en 2009 y otras 500.000 en 2010. Petrobras va a invertir 174.000 millones de dólares hasta 2012 para mantener puestos de trabajo”, dijo Lula, que alguna vez fue abucheado en el FSM. En esta oportunidad, sin embargo, el público le fue favorable y hasta entusiasta, fue recibido con respeto y vivado varias veces durante su intervención.

El auditorio estaba desbordado por unos 10.000 participantes, entre dirigentes sociales, indígenas, estudiantes y activistas ambientales, que lo aplaudieron cuando indicó que hasta hace poco los países centrales dictaban todas las recetas, “y ahora la crisis es de ellos”.

“Esta crisis no nació por causa del socialismo bolivariano de Chávez, o por Evo, sino porque en los años ’80 y ’90 el Consenso de Wa-shington estableció que nuestros Estados no debían intervenir para nada”, dijo, en la misma línea que los otros cuatro presidentes presentes. “Me cansé de ir a Londres o a Nueva York a debates con yuppies de 30 años que decían lo que tenía que hacer Brasil y ni siquiera sabían dónde quedaba.” Con ironía invitó a “esos yuppies” a que vayan a decirle “a nuestro querido Obama” lo que tiene que hacer ahora. Con relación a medidas proteccionistas que comienzan a anunciar las economías centrales para protegerse de la crisis, Lula señaló que “en este momento, el proteccionismo va a agrandar la crisis, no a resolverla. Es importante que los países ricos no olviden nunca que han sido ellos los que inventaron esta historia de que el comercio podría fluir libremente. Tenemos muchas esperanzas de que el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, tome decisiones para resolver esta crisis y no deje que los pobres paguen los platos rotos”.

Lula habló del “dios mercado” que “quebró” por falta de controles estatales y arremetió contra los protagonistas de ese proceso: “Esos banqueros que miden el riesgo de nuestro país cerraron la boca”. Y agregó: “La crisis es una oportunidad para devolver a aquellos que decían saber más que nosotros cómo tratar el problema del desempleo. Hasta ahora sólo cuidaron el problema de los banqueros. Yo les puedo asegurar que aquí el pueblo pobre no es el que va a pagar el precio de esta crisis”. Mencionó que también habían sido invitados pero no habían podido asistir “la compañera presidenta Cristina, de Argentina, la compañera Michelle Bachelet, de Chile, y el compañero Tabaré Vázquez”.

Lugo, Chávez y Correa retomaron la línea de los discursos que habían pronunciado un rato antes ante los movimientos sociales. Evo Morales, en cambio, fue más allá. Propuso concretamente emprender cuatro campañas mundiales. Una, por la paz y la justicia, para llevar a los responsables de las guerras genocidas a los tribunales y acabar con el derecho de veto del Consejo de Seguridad de la ONU. “Tenemos que acabar con la monarquía de Naciones Unidas; no es posible que un país tenga más poder que 190, que el derecho internacional se aplique por igual para todos”, dijo, a lo que siguió una estruendosa ovación. La segunda propuesta, fue a favor de un “nuevo orden económico internacional basado en la solidaridad, justicia y complementariedad entre las naciones”, que reforme instituciones financieras y comerciales internacionales. “El Banco Mundial –reclamó– el FMI y la Organización Mundial del Comercio (OMC) tienen que ser profundamente transformados si quieren ser instituciones financieras al servicio del pueblo. No podemos permitir que se maquillen para seguir como están.”

La tercera campaña que propuso el presidente boliviano consiste en movilizarse para salvar el planeta. Ello implica “cambiar los patrones de consumo. La madre tierra es nuestro hogar, la fuente de nuestra vida. Si los pueblos del mundo no somos capaces de sepultar al capitalismo, el capitalismo sepultará al planeta Tierra”, dijo Evo, en la línea que será uno de los balances más importantes de este foro: la elevación de la agenda del medio ambiente como una bandera política y común a los países de la región.

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FSM: el año del futuro, de Boaventura de Sousa Santos en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 1 febrero, 2009

Los grandes medios de comunicación divulgaron hasta la saciedad el diagnóstico de la situación mundial hecho por el Foro Económico Mundial (FEM) en su reunión de este año. Es sombrío y coincide en muchos puntos con los diagnósticos hechos por el Foro Social Mundial (FSM) en sus sucesivas ediciones desde 2001. No interesa saber si el FSM tuvo razón antes de tiempo o si el FEM tiene razón demasiado tarde. Importa, por el contrario, reflexionar sobre el hecho de que el FSM no ha tenido la influencia o ejercido la presión que se desearía sobre los decisores políticos. Esto se debe, en parte, a una opción del FSM: la de ser un espacio abierto a todos los movimientos y organizaciones que luchan de forma pacífica por otro mundo posible, sin dejar que tal apertura pueda verse comprometida por decisiones políticas, nunca posibles de obtener por consenso.

Siempre he defendido que esta opción, que es acertada, no debía asumirse de forma dogmática. Debería ser posible identificar, en cada momento histórico, un pequeño conjunto de temas sobre los cuales fuera posible solidarizarse o generar un gran consenso. Sobre ellos, el FSM, en cuanto tal, debería tomar una posición que sería asumida por todos los movimientos y organizaciones que participan en él, para originar así agendas parciales pero consistentes de políticas nacionales-globales.

Los acontecimientos que marcan el comienzo de 2009 parecen dar la razón a esta posición. Son tan importantes que, si el mundo no puede conocer la posición del FSM al respecto, es de prever que éste corra el riesgo de volverse irrelevante. Paso a mencionar algunos de ellos.

La tragedia de Gaza. Ha quedado demostrado que, durante la invasión israelí más reciente a la franja de Gaza, se han cometido crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. ¿Qué consecuencias extrae el FSM de este hecho? ¿Qué medidas propone para que estos crímenes no queden impunes?

¿China o Sumak Kawsay? Es verdad que el neoliberalismo no ha muerto por el activismo del FSM. Más bien se suicidó. Esto se pone de manifiesto en las seudosoluciones apuntadas para el desastre. Una cosa es cierta: los ciudadanos del mundo saben de qué modo los estados protegen a los bancos, sólo que no saben cómo protegen a las personas. Sobre las múltiples dimensiones de la crisis, el FSM tiene una reflexión consistente. ¿Cuál es su posición? Por un lado las economías centrales imploran a China que “fuerce” a sus ciudadanos a consumir, aun sabiendo que, si sus niveles de consumo alcanzasen los de Europa y América del Norte, harían falta tres planetas para garantizar la sostenibilidad del único planeta que tenemos.

Por otro lado, y en las antípodas de esta propuesta, el notable protagonismo de los pueblos indígenas del continente americano hizo posible que sus concepciones de un desarrollo en armonía con la naturaleza fueran consagradas en las constituciones de Bolivia y Ecuador. Se trata del principio del “buen vivir”, el Sumak Kawsay de los quechuas o el Sumak Qamaña de los aymaras. ¿De qué lado está el FSM?

Cuba: ¿50 años de futuro? La revolución cubana celebra este año su cincuentenario. Europa y América del Norte podrían ser lo que son hoy sin la revolución cubana, pero no puede decirse lo mismo de América Latina, África y Asia, es decir, de las regiones donde vive cerca de 85 por ciento de la población mundial. Cuba desea la solidaridad crítica del mundo progresista para superar una situación que, de no cambiar, es inviable como solución socialista. ¿Dónde esta la solidaridad del FSM? ¿Dónde la crítica?

El Comando Africano (africom). Comenzó a ser visible la interferencia del Comando Africano, creado recientemente por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, en la política de varios países africanos. Es de prever y temer la creciente tensión militar en el continente. ¿Será éste un tema en el que el FSM pueda tener razón a tiempo y dar a conocer al mundo su posición?

El fin del 11 de septiembre. ¿Qué hay en común entre la decisión del presidente Obama de cerrar la prisión de Guantánamo y suspender los juicios, y la decisión del ministro Tarso Genro de conceder asilo al ex militante de izquierda Cesare Battisti? Son dos decisiones valientes de los gobiernos de dos países importantes –el primero en declive, el segundo en ascenso–, que señalan al mundo que el vértigo securitario que se apoderó del orbe después del 11 de septiembre de 2001 llegó a su fin. Sin duda la mejor seguridad ciudadana es la que resulta del primado del derecho y de la profundización de la democracia. La justicia de excepción es a la justicia lo que la música militar –sin ánimo de ofender– es a la música clásica. El mundo tiene derecho a saber qué medidas va a tomar el FSM para apoyar estas decisiones que, como es de esperar, tendrán sus detractores.

Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra (Portugal).

Publicado originalmente en Carta Mayor. Traducido por Antoni Jesús Aguiló de Rebelión.