Reggio’s Weblog

Ampliar el sueño o restringirlo, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 30 enero, 2009

Obama atrae porque es un héroe imprevisto. Para conquistar la presidencia tuvo que pasar más pruebas que Hércules. Su victoria no es solamente la de su persona, como habría sido la de Mac-Cain. Es la victoria de los americanos sin pedigrí. De repente, manda en América alguien cuya piel tiene el color de la exclusión. Hércules Obama no podrá superar los obstáculos de nuestro desarbolado mundo. Pronto muchos de los besos que le llueven serán púas. Pero ya ha demostrado algo esencial: el valor de la palabra en la sociedad de la imagen.

Nosotros acostumbramos a despreciar lo que, despectivamente, llamamos “retórica”. Ponemos el acento en los hechos y las obras (el eslogan de José Montilla, sin ir más, enfatizaba tal idea). Pues bien, la ascensión de Obama demuestra que la palabra tiene una función capital en política: recrear el espacio comunitario. Obama siempre implica al auditorio en su discurso. Con sus palabras favorece la comunión y reedifica el ágora de la comunidad americana. Obama sabe quien es Cicerón, pero es continuador de la oratoria de las iglesias de la negritud, una tradición emotiva que, en un contexto de humillación y adversidad, perseguía establecer nexos de familiaridad, protección, exigencia y esperanza entre la comunidad negra. Obama no encanta a su auditorio: con su palabra da sentido a las angustias, necesidades, esperanzas e ideales de su auditorio. En lugar de atacar el sueño americano para destruirlo y edificar sobre sus ruinas un modelo alternativo, lo ha revivificado.

Evo Morales defiende la preeminencia de los indígenas, excluidos durante siglos. Pero lo hace encauzando el resentimiento. Propone invertir los papeles, doblegar el criollismo y entronizar el indigenismo. La idea de desbancar para cambiar la tortilla está también en Chavez. Tiene su origen en el castrismo, versión marxista del irrendentismo español. El patriotismo del PP da mucho valor a la palabra patriótica, una palabra que, sin embargo, constriñe a muchos españoles a pasar por un aro insoportable. El PSOE, por su lado, no da valor a la palabra como creación de espíritu comunitario, porque las élites culturales de la izquierda desprecian la idea de comunidad, que consideran premoderna. Desde que se jubiló el flautista Felipe de Hamelín, encantador de masas (que no revificador del espacio comunitario español), el PSOE solo usa la palabra como ariete. Señala enemigos. Contra la derecha, contra el pujolismo, contra la iglesia. Contra los malos. El único momento en el que ZP se fregó las manos con los telespectadores fue cuando presentaron a un participante como sacerdote. “Esto se anima”, dijo, antes de escuchar la pregunta. El nacionalismo catalán, en su debilidad, no quiere ser menos. Obama ofrece otra perspectiva: cada victoria de los excluidos es una nueva raíz para el árbol comunidad. Nuevos protagonistas para el viejo sueño de los fundadores.

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