Reggio’s Weblog

Momento de olvidarse del Dow Jones, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 28 enero, 2009

Una de las principales paradojas del mercado de acciones a nivel mundial reside en la incapacidad de uno de sus indicadores más significativos, el estadounidense Dow Jones, para cumplir con la finalidad que teóricamente tiene asignada: ser una muestra lo suficientemente amplia de la economía a la que representa y reflejar así del modo más eficiente posible las expectativas que los distintos agentes tienen sobre la misma. Una realidad conocida por gran parte de los que consumen sus días siguiendo los vaivenes de las bolsas. Pero poco extendida entre muchos pequeños inversores que aún lo utilizan, junto a otros elementos, como asidero al que amarrar sus decisiones de inversión. Hace años que el Dow está muerto para tal finalidad. Pero su incapacidad ha quedado, si cabe, acentuada aún más con el reciente colapso en la cotización de gran parte de sus componentes. No es de extrañar, por tanto, que para muchos se trate de un índice amortizado. De hecho su espacio en Estados Unidos lo han ocupado el S&P 500, sin duda la referencia a todos los efectos y, en menor medida, los más extensos Wilshire o Russell en sus distintas amplitudes.

Pues bien, ha sido John Mauldin, en su newsletter semanal de amplio predicamento entre la comunidad financiera internacional, quien ha vuelto a recordad la inhabilidad del Dow Jones para cumplir con la función que le corresponde. Y lo hace con base en dos motivos principales. En primer lugar se trata de un indicador basado en precios y no en capitalizaciones bursátiles, del tal forma que la agregación no tiene en cuenta el número de acciones en circulación a la hora de determinar la mayor o menor importancia de una compañía dentro del índice. Simplemente emplea un múltiplo de 7,964782 lo que implica que, por cada dólar que baja la cotización de una firma, el Dow Jones pierde 7,96 enteros y viceversa. Tal y como señala Mauldin, se podría dar la paradoja de que Microsoft, que capitaliza 157.000 millones pero cuyos títulos se negocian alrededor de los 18 dólares, pasara a valer cero y el Dow perdiera tan sólo 144 puntos de su valor o menos del 2%. Por el contrario, IBM, con un market cap 34.000 millones inferior, provocaría en el mismo supuesto una merma en el Dow Jones superior a los 700 puntos, o un 8,5%, simplemente por el hecho de que sus acciones cotizan a día de hoy por encima de los 90 dólares. Absurdo, ¿verdad?

Pero es que, además, el propio Dow Jones está incumpliendo con las normas que consuetudinariamente se habían establecido para conservar representatividad al selectivo y que obligarían, con objeto de eliminar distorsiones importantes en acciones excesivamente penalizadas, a excluir aquellos valores que pasan a cotizar por debajo de los 10 dólares. Si tomamos a Citigroup ($3,5), BoA ($6,5), Alcoa ($8,5) ó General Motors ($3,4), las cuatro que ahora cumplen tal condición, y consideramos un evento de colapso total de todas ellas, la merma en el indicador sería de 176 puntos o cerca del 2% del mismo. Muy lejos del peso específico que realmente tienen en la economía norteamericana. Pero es que el hundimiento del sector financiero, que incluiría junto a Citi y BoA a American Express y JP Morgan, provocaría un retroceso del Dow de poco más de 400 enteros o un 5% de su valor total que ronda en la actualidad los 8.200. Por debajo de lo que supondría la desaparición de IBM. Es verdad que el impacto inicial de sus caídas afectó el índice pero llegados a este punto, su incidencia en su comportamiento es sustancialmente inferior.

Tenemos, por tanto, una referencia guiada, fundamentalmente, por los valores de mayor precio absoluto, entre los que se encuentran la propia IBM, Exxon, Chevron, Procter, McDonalds, Johnson & Johnson, 3M y Wal Mart, es decir: fundamentalmente petroleras, consumos duraderos y consumos discrecionales baratos. El resto, rien de rien. Su representatividad por tanto es limitada, por no decir nula. No sólo eso, los movimientos en las acciones de mayor precio, que no valor, son las que determinan su comportamiento de modo tal que una subida del 10% en IBM tiene un impacto 20 veces superior a la de un movimiento del mismo calado en Citigroup. Por tanto, podría decirse que la posibilidad de manipulación del selectivo, aunque la profundidad de los valores que contiene es muy elevada, es muy superior. Por último, en momentos de crisis como el actual, la resistencia del Dow Jones ante bajadas adicionales de precios es más elevada que la de otros indicadores comparables, lo que distorsiona la realidad. Todo esto lo invalida como elemento de juicio adecuado a la hora de tomar decisiones de inversión. Es momento de enterrar el Dow. Descanse en paz.

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