Reggio’s Weblog

La pelea del crédito, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 28 enero, 2009

¿Qué hacen los bancos con el dinero? Una pregunta tan aparentemente sencilla e inocente, que tradicionalmente tenía una fácil contestación, es estos días el núcleo de un embrollo político-financiero-mediático. Sea leen y escuchan a diario afirmaciones como que “Zapatero va a tirar de las orejas a los banqueros” porque no dan créditos a empresas y familias, o “los banqueros no arriman el hombro para salir de la crisis? (increíble, pero cierto, la frase, más o menos literal, se le atribuye a Pedro Solbes, responsable máximo de la economía) o esa otra que afirma que “los bancos frenan en seco” la concesión de créditos. Otros llegan más lejos y dicen que el Gobierno ha dado dinero a los bancos, pero estos se lo guardan y no lo hacen llegar a sus verdaderos y genuinos destinatarios, las empresas y las familias.

En fin, la banca está en un delicado escenario en el que le exigen que no ofrezca su flanco más débil para no asustar al personal porque por algo tenemos el sector bancario más saneado del mundo y, por el otro lado, que no presuma de beneficios, porque se les echará encima la gente, más aún si están recibiendo dinero del Gobierno. La gente no suele distinguir mucho entre el dinero que presta el Tesoro para que la liquidez se mantenga y la subvención pura y dura, que es la que están recibiendo un elevado número de bancos de primera fila en los principales países desarrollados. Por no hablar de Estados Unidos y de Gran Bretaña, países desarrollados donde los haya y por supuesto liberales sin tacha (ello inventaron el sistema capitalista), que lisa y llanamente han tenido que nacionalizar los bancos más singulares para que el sistema no se viniera abajo. A eso no hemos llegado aún en España y, por el aspecto que tienen las cosas, no parece que lleguemos, salvo posiblemente alguna excepción de relieve medio o pequeño, que en su debido momento se solventará mediante una fusión apañada.

Las evidencias estadísticas más recientes dicen que la actividad crediticia del país está creciendo, pero a ritmos cada vez más modestos, lo que significa que en breve tiempo, quizás en alguno de estos primeros meses del año 2009, empecemos a ver números negativos en la evolución relativa de la concesión de créditos, es decir, tasas de crecimiento negativas. O sea, concesiones de crédito inferiores a las del año anterior por las mismas fechas. Crédito se sigue dando, pero posiblemente este año el crédito nuevo sea inferior al del año pasado. Para un banquero no hay mayor desgracia que no dar crédito: es el fin de su negocio, ya que los que tienen crédito son los únicos que generan ingresos a los bancos. Los otros clientes de los bancos, los de pasivo, los que depositan su dinero y su ahorro, lo único que quieren es cobrar intereses, es decir, son una fuente de gastos, no de ingresos.

Hay una lógica económica que tiene bastante parecido con la lógica del sentido común. Si las empresas no invierten, o invierten poco, está claro que no van a pedir créditos. Si las ventas de consumo final disminuyen, como estamos viendo en las diversas variantes de la vida comercial (coches, grandes almacenes, supermercados,…), está claro que las necesidades de circulante y por lo tanto la financiación de la actividad comercial requerirá menos flujos de dinero y, por lo tanto, menos crédito comercial o de corto plazo. Si las ventas de pisos no tienen la dinámica de hace unos meses, o de hace un año, es porque no hay presión de la demanda de créditos hipotecarios. Y si la gente tiene últimamente un cierto miedo a gastar con liberalidad su dinero y prefiere contenerse, quizás incluso ahorrar, está también claro que los créditos al consumo, que tanto se prodigaban hace un año cuando aflojó la demanda de créditos hipotecarios, ya no tendrán la demanda de hace unos meses y que son cada vez menos frecuentes.

Son todas ellas, por lo tanto, razones más que suficientes para que el crédito de las entidades financieras sea menor e incluso sensiblemente menor al de hace unos meses, cuando la economía crecía al 3% ó incluso al 4% anual. Una economía que este año posiblemente registre una caída del 1% o incluso algo más, no es una economía con muchas ganas de fiestas, es decir, con poco espíritu emprendedor y consumista. Es, por lo tanto, una economía con pulso crediticio débil. Pedirle a la economía española este año y posiblemente el próximo que aumente su actividad crediticia es como pedirle peras al olmo. Sería un milagro. Para salir de esta crisis posiblemente hacen falta muchas cosas, incluso algún milagro. Y este, el del aumento del crédito, cuando llegue, será el símbolo inequívoco de que las cosas empiezan de nuevo a rodar. Pero para eso hace falta que los empresarios inviertan, que los consumidores gasten, que las empresas crezcan y que la actividad económica general se acelere. Supuestos, todos ellos, que hoy por hoy parecen algo alejados, para nuestra desgracia, del horizonte inmediato.

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