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El teorema de Areces, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 28 enero, 2009

El ojo del tigre

Es probable que don Vicente Alvarez Areces, como presidente del Gobierno del Principado de Asturias, haya enfilado la recta final de su alto cargo jerárquico en esta comunidad autonómica. Lo que empezó siendo una mera intuición especulativa, al iniciarse su tercera legislatura -después de conocerse ciertos aspectos de la dificultosa elaboración de la candidatura de la FSA-PS(O)E para las elecciones autonómicas del 2007- empieza a ser ya una evidencia avalada, al parecer, por la estrategia electoralista que diseña, para las próximas elecciones del 2011, el presidente del Gobierno, J.L. Rodríguez Zapatero. El cual, como siempre, está muy atento no sólo a su propia seguridad personal en el cargo, que le eleve sobre sus propios correligionarios, también muy por encima de los (supuestos) ciudadanos de a pie, sino para conservar la estabilidad institucional del partido dotándolo de las máximas garantías de funcionalidad para mantenerse en el poder durante mucho tiempo y sin demasiados sobresaltos.

Afortunadamente para el PS(O)E, su antagonista -el PP- se ha liado ahora con un conflicto interno que parece haberse inspirado en una enrevesada trama novelesca de espías, escrita por John Le Carré.

En política hay un teorema que es, sin duda, para quien sepa resolverlo con decisión e intrepidez, el mejor método para disfrutar largamente del éxito personal. Es el siguiente: pI+Ap=2P. Es decir: pragmatismo ideológico más ambición personal, es igual a poder político. Quizás este haya sido el teorema que, hace bastantes años (¿desde aquel agitado, y mítico, conflicto ideológico en la tercera conferencia regional del PCE, celebrado en marzo de 1978 en Perlora…?) resolvió acertadamente el señor Alvarez Areces, cuya solución siguen teniendo para él un especial interés personal.

Areces es, en términos políticos, un pragmático no sé si ejemplar notabilísimo de esa especie clásica. Desde sus orígenes, primero como activista antifranquista; después, como servidor de la democracia, por donde pasó siempre dejó la huella de su rotundo pragmatismo ideológico y la marca de su personal ambición política. (Un político sin ambición acaba siendo un vulgar funcionario. Lo digo con sumo respeto para los funcionarios).

Cando el señor Areces cese como presidente del Principado, no sólo dejará un montón de huellas de su paso como político, sino que también quedará Asturias marcada por la ambiciosa tarea de gobierno que llevó a cabo, con mejor o peor resultado. El presidente del Principado deja para quien vaya a ser sucesor -el cual se supone que será el actual secretario general de la FSA-, un escenario prácticamente repleto de obras. Don Vicente -quizás ahíto de ideas desde su activísima juventud- se preocupó por ponerles muchas cosas a los asturianos; probablemente, de acuerdo con sus tesis gubernamentales: porque las cosas hacen felices a los hombres y, sobre todo, para que no pierdan el tiempo pensando, sino que lo disfruten ociando….

¿Quién se atrevería a decirle que es más importante para esta región pensar en cómo recuperar su antiguo poder industrial que dedicarse a montar artilugios para el ocio, interpretado como fuente de riqueza común…? En su entorno político, nadie. Desde la calle, tampoco. Los unos, porque en política el jefe siempre tiene la razón; los otros, porque no tienen voz; sólo tienen voto.

De don Vicente decían sus adversarios, cuando fue alcalde de Gijón, que era un encantador de serpientes. Es posible que tuvieran razón, porque -desde que ocupó el despacho rectangular en Suárez de la Riva 11, Oviedo-, sus discursos son una constante invitación al optimismo integral. En una época como la actual -y no me refiero a este preciso momento en el que la depresión económica mundial consume nuestra voluntad optimista, sino al tiempo que llevamos viviendo como demócratas por decreto-, predicar el optimismo es una tarea fascinante.

Sus recientes conversaciones tú a tú, en La Moncloa, con Zapatero, para hablar de dinero para los ancianos asturianos, posiblemente acabaran fascinando al presidente del gobierno de este país.

¿No sería ese el momento en el que se inició una hipótesis política, que podría acabar convirtiendo al señor Areces -en un futuro más bien próximo que lejano- en uno de sus más activos ministros del Gobierno de España?

Conviene no olvidarse de que para el teorema de Areces no hay nada imposible.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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