Reggio’s Weblog

Olvidar la guerra contra el terror, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 27 enero, 2009

El pasado 15 de enero escribía en The Guardian el secretario del Foreign Office (ministro británico de Asuntos Exteriores), David Miliband, un artículo breve pero enjundioso, que no puede pasarse por alto dada la relevancia del autor y el asunto tratado.

Con el título “La ‘guerra contra el terror’ estuvo equivocada”, el autor venía a confirmar una opinión que he tenido ocasión de expresar repetidas veces en estas páginas digitales durante los últimos años. Se plantea así: el error esencial cometido por Bush y sus aliados, después de los atentados del 11 de septiembre del 2001, fue reaccionar con instrumentos militares y no con los medios habituales con los que las democracias desarrolladas deben afrontan los actos y las amenazas terroristas. Desde el momento en que Bush declaró públicamente que EEUU estaba en “guerra universal contra el terror”, el error estaba ya cometido, sin posibilidad de dar marcha atrás, y el camino emprendido sólo podría conducir al fracaso, como así ha sucedido.

Aparte del efecto, ya citado, de militarizar la acción antiterrorista de los gobiernos, la guerra contra el terror contribuyó a dar la impresión de que existía un enemigo “unificado y transnacional”, escribe Miliband, “personificado en la figura de Osama ben Laden y en Al Qaeda”. Pero, nos recuerda el autor, “la realidad es que las motivaciones y las identidades de los grupos terroristas son variadas. Si Lashkar-e-Taiba está enraizado en Pakistán y lucha por recuperar Cachemira, Hezbollah pretende recuperar los altos del Golán y los grupos insurgentes de Iraq, suníes y chiíes, atienden a muchos otros intereses diversos”.

Por tanto, si se les hace aparecer como formando parte de uno de los dos bandos de la guerra contra el terror, como cuando Bush declaró que quienes no estuvieran a su lado estaban a favor de los terroristas, se contribuye a reforzar su nocividad y a hacer el juego al terrorismo en general, porque se unifica en nuestras percepciones a grupos dispersos que, con frecuencia, muy poco tienen en común. Claro está que los terroristas se ayudan entre sí cuando esto les favorece. El IRA, ETA y Baader-Meinhof, recuerda Miliband, “han utilizado el terrorismo y a veces han cooperado entre sí, pero sus causas eran muy distintas y la cooperación, oportunista. Lo mismo ocurre ahora”.

El más grave error de la guerra contra el terror es que apenas presta atención a las causas que hacen surgir los grupos terroristas. No se discute que hay que enfrentarse a ellos con todos los instrumentos del Estado; donde surgen las discrepancias es en el modo de hacerlo. Tampoco es discutible la necesidad de evitar el flujo de armas que facilitan sus acciones criminales y de los recursos financieros que permiten su supervivencia y su regeneración cuando son quebrantados. Pero para conseguir esto no es necesario desencadenar guerras, invadir países, ocuparlos y destruirlos, sino afinar los instrumentos de seguridad del Estado, que son los más adecuados para conseguir tales finalidades.

Miliband recordaba que el general Petraeus, cuando era el responsable inmediato y directo de las tropas ocupantes de Iraq, le confesó: “La coalición no podrá resolver, matando, los problemas de la insurgencia y la guerra civil”. Era una forma velada y discreta de reconocer el error esencial que cometía su comandante en jefe, el presidente Bush, el fanático impulsor de la guerra contra el terror.

Concluye el autor de este modo: “Hemos de responder al terrorismo promoviendo el imperio de la Ley, porque es la piedra angular de la sociedad democrática. Debemos confirmar nuestra dedicación a los derechos humanos y las libertades civiles dentro y fuera de nuestros países. Ésta es la lección de Guantánamo, y por eso felicitamos a Obama por su intención de suprimirlo”.

La guerra contra el terror confundió a muchos pueblos y dirigentes políticos; creó una falsa solidaridad en torno a EEUU, herido por el fanatismo terrorista, y encaminó esos esfuerzos solidarios por una senda equivocada e ineficaz: la guerra. Pero, como sugiere Miliband, “las bases de la solidaridad entre los pueblos y las naciones no deben asentarse sobre la oposición a algo, sino sobre la idea de lo que somos y de los valores que defendemos. Los terroristas ganan cuando generan miedo y ansias de venganza, cuando siembran divisiones y animosidad, cuando fuerzan a los países a responder con violencia y represión. La mejor respuesta es negarse a ser amedrentados”.

Si la llegada de Obama a la Casa Blanca permite eliminar, de una vez para siempre, el concepto de “guerra contra el terror” del vocabulario de las relaciones internacionales, se habrá dado un gran paso para aliviar la crítica situación en la que se encuentra el mundo, herencia del grupo de fanáticos iluminados que desde Washington han manipulado a su gusto y sin escrúpulos a vastos sectores de la humanidad.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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