Reggio’s Weblog

El rechazo de la opinión de los demás de Joaquím Muns en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 25 enero, 2009

En las últimas semanas se han sucedido, a nivel internacional, varios informes sobre la economía española y sus perspectivas. Las valoraciones han procedido de organismos internacionales, de servicios de estudios de instituciones financieras, de agencias internacionales de calificación de riesgo, en concreto una de ellas, y de otras fuentes que podemos considerar en general solventes. Es el tipo de examen al que están sometidos todos los países que aspiran a ser reconocidos como miembros importantes del sistema económico global y que, por tanto, puede considerarse normal y habitual.

Ha habido práctica unanimidad, en el conjunto de estos informes, en el sentido de considerar que la situación de la economía española es delicada y que las perspectivas a corto y a medio plazo son fuertemente adversas. Naturalmente, estos mensajes son preocupantes, pero, a mi juicio, también lo es, y mucho, la poca receptividad con que han sido acogidos por nuestros gobernantes. En algunos casos, se ha aducido que los que daban su opinión se equivocaban a menudo y en otros, que se trataba de vaticinios demasiado pesimistas. También se ha denunciado la existencia de cierta ligereza metodológica al no tener en cuenta las últimas medidas adoptadas por el gobierno y el efecto que se espera que tengan en la economía española.

La reacción inmediata y automática ha sido, por tanto, la de deslegitimar a los autores de los informes por algún fallo importante de percepción o de método. Creo que esta es una actitud que en nada favorece al país. Un breve repaso histórico por los últimos cincuenta años de la economía española demuestra el peso y la influencia positiva que han tenido los actores internacionales en la modernización y progreso de nuestra economía.

Son diversos los ejemplos que ponen de relieve los efectos beneficiosos que han tenido, en su momento, los consejos del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la OCDE y de otros organismos y asesores internacionales.

España ha progresado cuando se ha abierto al exterior no solamente en el terreno de los intercambios de bienes y servicios, sino también cuando lo ha hecho en el campo de las ideas y de los consejos. Las épocas negras del país hay que asociarlas con la cerrazón mental, el aislamiento y el rechazo y miedo sistemáticos a todo lo extranjero. En periodos de profunda crisis como el actual, hay precisamente un mayor peligro de introspección y proteccionismo. Esta es una tendencia general, global, pero puede sin duda acentuarse en los países, como el nuestro, que tienen serios antecedentes históricos de haber transitado muchas veces por este camino.

Creo que si hay un momento histórico para escuchar a los demás es este. Y no sólo porque es complicado y difícil entender lo que pasa y cómo salir de esta situación, sino también porque entramos en una fase en la que necesitamos la comprensión y ayuda de nuestros socios y el respaldo de los mercados, a los que tendremos que acudir para colocar nuestra creciente deuda.

No podemos entrar en una fase de debilidad, desde la que tendremos que reconstruir nuestra economía, sin contar con la complicidad del mundo económico que nos rodea, especialmente de nuestros socios más próximos. Difícilmente llegaremos a esta complicidad si todo lo que nos dicen lo ponemos, de entrada, en tela de juicio.

No ayuda en nada a los países, y tampoco al nuestro, elaborar una versión oficial de la realidad económica que se vive. Este es un síndrome bastante habitual en la historia de España y responde a la irrefrenable tendencia que siempre ha persistido de visionar la realidad de forma partidista. En este contexto de defensa a capa y espada de la versión oficial de la realidad, cualquier opinión discordante es vista con recelo.

Creo que el cuadro macroeconómico que acaba de presentar el vicepresidente Solbes puede ser un punto de inflexión importante de esta tendencia a rechazar las opiniones ajenas. En él se recogen, con realismo, muchas de las previsiones que, en principio, se cuestionaron o se rebatieron. La aceptación de los hechos es un signo de buena política y entre estos hechos figuran, sin duda, las opiniones de los expertos acreditados.

En el momento en que el Sr. Obama acaba de tomar posesión de su cargo y todos los políticos europeos se deshacen en elogios hacia él, quizás sería la ocasión de imitarle además de alabarle. En el contexto de este artículo, me parece interesante destacar su interés, que ha practicado hasta ahora, por escuchar, aprender de los demás y rodearse de los que considera los mejores, independientemente de su filiación política. Ha hablado de la economía norteamericana a sus conciudadanos desde la humildad, el realismo y la valentía. No ha minimizado los problemas ni rehuido la responsabilidad que incumbe tanto al gobierno como a los ciudadanos. Ojalá la admiración por Obama no quede en proclamas retóricas y cale su ejemplo de transparencia, apertura y dignidad cívica.

Joaquim Muns. Economista y abogado. Premio de Economía Rey Juan Carlos I, es catedrático de OEI en la UB y fue director ejecutivo del FMI y del Banco Mundial.

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Una respuesta

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  1. JOSE400 said, on 26 enero, 2009 at 12:26 am

    posiblemente, lo único que tiene en cuenta Zapatero sea el apoyo nacionalista y a partir de ahí construir un discurso iluso.
    Si solo sutiliza la razón politica (o de mantenimiento del poder) está en una linea correcta.


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