Reggio’s Weblog

Unir EEUU y dividir al mundo, de Timothy Garton Ash en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 enero, 2009

NUEVA ERA EN LA CASA BLANCA: La opinión

Al 44º presidente le han tomado juramento en un día de enero excepcionalmente caluroso para esta época del año. La presidenta, Gloria Evangelista, el primer hispano y la segunda mujer en llegar a la Presidencia de Estados Unidos, ha prestado juramento sobre una Biblia en versión española que sostenía su marido, Victor Chu. Ha quedado aparcada temporalmente la polémica acerca de los sustanciosos contratos que la labor de cabildeo de Chu ha reportado a empresas chinas. El ex presidente Barack Obama, al que no le han desaparecido las canas desde los traumáticos últimos meses de su segundo mandato, ha sido uno de los que han seguido atentamente la ceremonia, flanqueado por su predecesor, el republicano George W. Bush, y su sucesora, Kitty McFarlane. El tiempo tan impropio de este 20 de enero de 2025 se atribuye al recalentamiento global que el Gobierno de Obama se esforzó en vano por aminorar. En su discurso de toma de posesión, pronunciado parte en inglés y parte en español, la presidenta Evangelista ha rendido un homenaje quizás exagerado a la asociación estratégica entre chinos y norteamericanos, coloquialmente conocida como el G2.

Se ha hablado hasta la saciedad de que se considera «histórico» (¡Qué pesadez de calificativo!) el día de la toma de posesión de Obama dentro de la larga trayectoria de la historia de EEUU, pero deberíamos analizarlo en la perspectiva de un futuro probable.Según la más reciente proyección del propio National Intelligence Council de EEUU, «en 2025, el sistema internacional será multipolar y global; seguirán estrechándose las diferencias de poder de las naciones entre los países desarrollados y los países en desarrollo».Eso no implica que EEUU deba entrar en decadencia, sino sólo que los demás seguirán haciéndose más fuertes. Había un punto casi de resistencia terca y melancólica en la proclama del discurso de toma de posesión de Obama: «Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la tierra. Seguimos siendo…». En un discurso francamente bueno, aunque no el magnífico discurso a lo Lincoln que tanto se había cacareado, el presidente Obama no sólo se dirigió a su país, sino también al mundo. Tengo la impresión de que salió bien parado en el plano de la oratoria, y es posible que también salga bien parado en la práctica con la primera de esas audiencias, a pesar de las dificultades actuales, pero no estoy tan seguro de que sea así con la segunda. De hecho, hay una tensión casi inapreciable entre la forma en que habla para, de cara a y sobre EEUU y la forma en que habla para y sobre el mundo.

El gran tema de toda su vida hasta este momento (incluyendo la literatura que sabemos que lee con mayor dedicación; el mejor libro que ha escrito, Dreams from My Father, y su mejor discurso hasta la fecha, el de Filadelfia sobre «la raza») es la mezcla de múltiples identidades en unos Estados Unidos que terminarán por reconciliarse consigo mismos. El no sólo es fruto de esa mezcla, sino que se presenta a sí mismo como la apoteosis del sueño americano. Promete ya no sólo superar, por fin, la contradicción fundacional de EEUU entre libertad y esclavitud, sino incluso preparar al país para un nuevo orden de diversidad racial.

Su núcleo familiar, Michelle y las niñas, personifica lo primero: un día sí y otro también nos facilitarán alguna fotografía de una familia negra en la Casa Blanca. Su familia en sentido amplio, de una diversidad casi enciclopédica, en la que los idiomas que se hablan son, según se ha dicho, francés, chino cantonés, alemán, hebreo, suahili, luo e igbo, representa lo segundo. Como todo artífice de la palabra, Obama es un maestro en el empleo de un lenguaje que evoca esta mezcolanza norteamericana. Con el tiempo, este sentimiento de un «nosotros» en que todo el mundo se vea mejor representado será capaz de insuflar nuevas energías entre los miembros menos privilegiados de la sociedad norteamericana.«La diversidad de nuestra tradición es uno de nuestros puntos fuertes, no una debilidad», dijo. Y es capaz de conseguir que así sea. Aunque han sido las locuras financieras de EEUU, tanto privadas como públicas, lo que originariamente nos ha metido en esta desastrosa situación, este país está probablemente mejor colocado para sacarnos de ella que la mayor parte de los europeos.Quizás no resulte justo, pero, ¿quién dijo que la vida fuera justa? Es más, está en condiciones de aprovechar la oportunidad de la crisis para realizar inversiones transformadoras en energía, educación e infraestructuras.

¿Hablamos de la reconstrucción de EEUU? Sí, él puede. No hay nada seguro en el futuro, excepto la muerte y los impuestos, pero Obama tiene algo más que la mera posibilidad de llevarla a cabo, especialmente si se le otorga un segundo mandato. Ahora bien, ¿reconfigurar el mundo bajo el liderazgo renovado de EEUU? Ahí soy más escéptico.

Las cosas irán mejor que durante los últimos ocho años, eso con toda seguridad. Lo contrario sería verdaderamente difícil (aparte de ver a Bush de espaldas, una de las gozadas -de tipo carencia freudiana- de la transferencia de poder del 20 de enero fue, francamente, ver al ex vicepresidente, Dick Cheney, en silla de ruedas y con un aspecto cada vez más parecido al doctor Strangelove).

Obama tocó muchas notas que el mundo quería oír de Washington, y las tocó con la elegancia que le caracteriza. Habló de «las cualidades atemperadas de la humildad y la moderación». Indicó algunas prioridades: combatir la proliferación de armamento nuclear y el cambio climático, contribuir en mayor medida al desarrollo de las «naciones pobres». Envió una oferta especial al «mundo musulmán», un nuevo camino hacia el futuro, «basado en el interés y en el respeto mutuo».

El pasaje clave fue éste: «Por eso mismo, que todos los demás pueblos y gobiernos que nos están viendo hoy, desde las más grandes capitales a la pequeña aldea en que nació mi padre, sepan que EEUU es amigo de toda nación y hombre, mujer y niño que persiga un futuro de paz y dignidad, y que una vez más estamos dispuestos a asumir el liderazgo».

Unas ideas magníficas, pero la pega está al final. Es posible que EEUU esté dispuestos a asumir el liderazgo «una vez más», pero, ¿qué ocurriría si el mundo ya no estuviera dispuesto a seguirlo? ¿Qué ocurriría si el mundo creyera que en los últimos ocho años, Estados Unidos ha perdido parte de su derecho moral a dirigirlo, que ya no tiene el poder que tenía y que, de todos modos, nos estamos moviendo hacia un sistema global multipolar, como pronostica el propio National Intelligence Council de Washington?

Estoy impresionado por las pocas pegas y peros apuntados por los dirigentes mundiales en sus acostumbradas palabras de bienvenida.La canciller de Alemania, Angela Merkel, ha enviado sus felicitaciones afables y cristianas, pero ha añadido que «ningún país en solitario está en condiciones de resolver los problemas del mundo». Nicolas Sarkozy ha dicho: «Esperamos con ilusión que se ponga a trabajar para que junto con él podamos cambiar el mundo». Ya lo ven, Francia está dispuesta a asumir el liderazgo una vez más. Cuando tengamos las reacciones de China, Rusia o un mundo árabe encolerizado por el silencio de Obama sobre Gaza, los reproches no adoptarán la forma de delicados alfileres sino de obuses de artillería.

Cualquiera podrá consolarse con que, a buen seguro, Obama es, de entre todos, quien mejor entiende la enorme complejidad del mundo. Yo personalmente creo que es así, y que ésa es nuestra gran esperanza. Al mismo tiempo, el relato que quiere contar a los norteamericanos exige una versión mejorada de las ideas tradicionales de excepcionalidad, misión y liderazgo de EEUU.El patriotismo norteamericano, ligado también a esa idea de una misión que hay que asumir como líderes, es el pegamento con el que va a unir una nación, la suya, cada vez más dispar. Cuanto más diferente sea, más pegamento se necesitará. Y no se trata de un recurso. Este relato y esta misión son también, si me guío por los elementos de juicio de los que dispongo, un relato y una misión en los que él cree de verdad, porque, ¿acaso no es su trayectoria personal una prueba más que palpable de la autenticidad del relato y la justicia de su misión?

Se produce, por tanto, una tensión entre la idea de un renacido liderazgo de EEUU en el mundo, de aires kennedianos, que Obama ha expuesto a su país, y lo que el resto del mundo quiere oír o está dispuesto a aceptar ahora. Una tensión, repito, no una contradicción flagrante. La manera en que gestione esa tensión será otro de los muchos problemas complejos a los que deberá hacer frente este todavía joven maestro de la complejidad.

Timothy Garton Ash, prestigioso historiador y analista británico, es columnista de The Guardian. Su último libro publicado es Mundo Libre.

© Mundinteractivos, S.A.

Anuncios
Tagged with:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: