Reggio’s Weblog

Por un liderazgo blando de Obama, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 enero, 2009

A lo máximo que podemos aspirar es a dejar un mundo algo mejor del que encontramos. No a transformarlo radicalmente, sino, en primer lugar, a recuperar la prosperidad dañada, la confianza extraviada, y en segundo lugar a dar algunos pasos hacia la concordia o, por lo menos, hacia un modo de paliar conflictos que mantenga alejadas las más graves amenazas que se ciernen sobre nuestra civilización y las demás.

Con estas o parecidas, y sin duda mejorables palabras, puede definirse una aspiración sensata y compartida. Ya conocemos lo peligroso de los atajos hacia la Arcadia. Sabemos cómo es de inexorable el límite de Montaigne a las aspiraciones de transformar la condición humana en otra cosa o suprimir sus defectos constitutivos: quienes pretenden elevarse como ángeles acaban arrastrándose como diablos. Reformismo, pues, y prudencia.

Combinación de ilusión y paciencia. Abandonar un mal camino no equivale a encontrarse de pronto en el bueno.

Así pretendo justificar mi aversión por los grandes liderazgos o liderazgos fuertes, y convencerles, en la medida de lo posible, para que prefieran un liderazgo blando, reflexivo, con una mesurada y limitada capacidad de arrastre, a la alternativa cegadora o visionaria del entusiasmo adocenado (ni que sea por una buena causa). El propio Obama habló en su discurso de contención, introdujo la máxima dosis de racionalidad y modestia que es posible imaginar en el interior de una ola emocional como la que levantó el martes los ánimos universales. Sin embargo, la misma inclusión de personas que no piensan como él en su gobierno podría tener una lectura en clave de exceso de autoconfianza y, más que dotes persuasivas y dialogantes, voluntad de crear una corriente de tal intensidad que se lleva las discrepancias por delante.

Incluso iría más allá, previniendo contra el peligro de los liderazgos fuertes. En situaciones que no sean de excepcionalidad, mejor buenos e imaginativos gestores que auténticos líderes. El líder, además de mermar la autonomía personal de quienes le siguen, se propone dejar las cosas en una situación muy distinta a la que ha encontrado. Por ahí puede llegarse a confundir el mundo con un calcetín ¿Y si el mundo no se deja cambiar? Espanta la inevitable sobredosis de autoconvencimiento de los grandes líderes. La verdad está esparcida en fragmentos, y del mismo modo debe estarlo el poder, por lo que en ambos casos es aconsejable limitar las concentraciones: ni demasiada verdad, ni demasiado poder, y menos aún mucha verdad y mucho poder en una sola mano. Evidentemente, convienen líderes en cualquier presente malo o indeseable. Sin líderes no saldríamos de las ciénagas. Pero con líderes fuertes pueden los colectivos humanos adentrarse más en ellas creyendo estar a punto de salir.

De momento, Obama construye su liderazgo con tiento, pero también asoma el mesiánico. En cualquier caso, es imprescindible advertir, y recordar, que el ejercicio de la autoridad convierte inexorablemente la modestia en egolatría; tiende por naturaleza a cerrar los oídos más abiertos; acaba, si no se abandona a tiempo, convirtiendo el propio poder en un fin en sí mismo. Incluso en los casos excepcionales, como el de Obama, para quien el poder es hoy por hoy un medio para conseguir propósitos beneficiosos.

Llevamos tanto tiempo sin líderes, es tanta la necesidad de liderazgo fuerte, que Estados Unidos, sus socios y el orbe sienten que no es momento de echar agua al vino, y menos cuando se comparten tanto las expectativas despertadas como la imperiosa necesidad del cambio de ciclo. Así que este artículo tiene la intención de describir el tipo de liderazgo que conviene, esperando que Obama no se proponga ir más allá, más que la de recortar el entusiasmo compartido.

Cuando alguien con las extraordinarias capacidades oratorias y la clarividencia de Obama alcanza la cima del poder, el peligro consiste en utilizarlas para subyugar e imponer en vez de proponer, escuchar, calibrar y al fin convencer (o dejarse convencer). El líder fuerte tiene tanta fe en sí mismo que no se permite dudas o titubeos. El líder blando ejerce su liderazgo de modo adaptativo. Lejos de presuponer que los demás deben cargar con todo el trabajo de adaptarse al liderazgo, procura adaptarse a las circunstancias, a la pluralidad de miradas y perspectivas propuestas por la inteligencia colectiva. Si existe la Providencia, seguro que no es de este mundo, por lo menos de la humanidad en esta dificultosa etapa de su desarrollo.

Por un entresacar un par de cuestiones entre sus primeros movimientos, una pregunta sobre la prisa en recuperar la economía para pasar a mayores, y otra sobre la decisión de enfrentarse a los lobbies. ¿Y si la economía no le hace caso y tarda más de la cuenta? ¿Y si el sistema de las influencias de los grupos de presión en la política es algo tan arraigado que resulta imposible de arrancar? La imprudencia puede ser letal.

Más que nunca en los últimos decenios, el mundo necesita que Obama sea un líder reflexivo, abierto y humilde, flexible y honrado, es decir, un líder blando.

Anuncios
Tagged with:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: