Reggio’s Weblog

¿Cuántos diputados son compatibles?, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 23 enero, 2009

Crece la sensación de que cada día que pasa más miembros del legislativo tienen cara de gestoría de intereses particulares. Las normas de incompatibilidades son adorno, incluso algunos no se recatan con las formas y no se cortan un pelo a la hora de exhibir sus trabajos adicionales al de parlamentarios que en no pocas ocasiones tienen punto de llegada y de término en el propio Parlamento.

Y no digamos respecto al Ejecutivo entendido como terminal de recomendaciones que vienen de los despachos y los aparatos de los partidos. Gobiernos y oposiciones en todos los ámbitos de la política se reparten influencias y capacidades y se van apañando. No es mala inversión dedicar unos años a la política o que los dedique algún amigo, socio o pariente que se ocupe de mover influencias. Pasados los furores iniciales la preocupación y los escrúpulos éticos se guardan en el armario hasta mejor ocasión.

Detrás y delante del follón del torpe espionaje que tiene en ascuas a al gobierno de la Comunidad de Madrid y al partido que le sustenta se huele ese tipo de conflicto de intereses e influencias. Les ocurrió a los socialistas tras los dos primeros gobiernos de González, empezó a parecerles normal lo anormal y al final vino Perote con el ventilador.

El discurso del presidente Obama a su staff inmediato el primer día de gobierno (el miércoles), muy poco destacado en al prensa española, más allá de la congelación de las retribuciones más altas, giró en torno a dos ejes complementarios: primero la ética y segundo la transparencia.

Sobre la ética el mensaje fue corto y claro: venimos a servir intereses generales y no particulares de cualquier tipo, incluso ideológicos. Y sobre la transparencia, más aun: la ley de información (y la democracia) obliga a explicar y no a tapar.

¿Qué piensan sobre estas dos materias los políticos españoles de cualquier partido o gobierno? Pues sencillamente no piensan, tanto que les empieza a parecer normal lo anormal. El número de diputados con despacho abierto y a pleno funcionamiento es elevado; los hay que lo hacen a cara descubierta, y otros más decorosos y más desvergonzados lo hacen por interpuesto, aunque los clientes saben con quién se gastan los cuartos.

Antes o después saltará un escándalo irritante a la palestra. En cuanto algún decepcionado decida venganza. Y en ese momento vamos a sorprendernos de la cantidad de gente que va desnuda y que no se ha dado cuenta, o no quiere darse, al menos mientras dure la fiesta.

Obama, que llega fresco y prevenido, ha puesto a los “cabilderos” en el punto de mira desde el primer día, como advirtiendo que el que se pase de la raya lo pagará. ¿No es hora de que por aquí alguien levante la mano y advierta que demasiados se están pasando?

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