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Por qué el presidente Obama tiene que curar a una economía mundial enferma, de Martin Wolf en Expansión

Posted in Economía by reggio on 22 enero, 2009

Financial Times

Pobre presidente Barack Obama. Accedió al poder debido en parte a la crisis económica global. Él mismo, la mayoría de sus conciudadanos y gran parte del resto del mundo están de acuerdo en que EEUU fue el que destrozó la economía mundial y ahora tiene el deber de repararla. Por desgracia, este consenso es falso. La crisis es un producto de la economía global. EEUU no puede curarla por sí solo.

Afortunadamente, Obama cuenta con la autoridad necesaria para liderar al mundo hacia una solución: sus manos están limpias, y su falta de deseo de exculpar a su país es evidente. A su nación y al resto del mundo también les interesa que la economía mundial alcance un equilibrio más firme. Si este esfuerzo fracasa, me temo que resurgirá el proteccionismo.

¿Cuál es entonces el fallo global? Es la maligna interacción entre la propensión de algunos países hacia el exceso crónico de oferta y la propensión opuesta de otros al exceso de demanda. Este es el tema de mi libro Fixing Global Finance. Pero la principal cuestión sobre la economía actual es que los créditos hipotecarios que apoyaron el exceso de demanda en países deficitarios se han cortado de forma repentina. A menos que esto cambie, el exceso de oferta de países con superávit también debería colapsarse. Es sencillo: a escala mundial, la oferta debe igualar a la demanda. La cuestión es simplemente cómo tendrá lugar ese ajuste.

Michael Pettis de la Universidad de Pekín expuso este argumento en Financial Times el 14 de diciembre de 2008. El profesor Pettis considera que el mundo está dividido en dos campos económicos: por un lado están los países con sistemas elásticos de financiación al consumo y un alto nivel de gasto; por otro se encuentran los países con un alto grado de ahorro e inversiones. EEUU es el ejemplo más importante del primer grupo. China lo es del segundo. España, Reino Unido y Australia eran versiones de menor envergadura de EEUU; Alemania y Japón son versiones adultas de la China actual.

He expuesto que la razón detrás de estos “desequilibrios” han sido las políticas de los países excedentarios, especialmente China, cuyos superávits han crecido con especial rapidez. Un tipo de cambio controlado, enormes reservas de divisas extranjeras y la desinfección de sus consecuencias monetarias, una severa disciplina fiscal y las retenciones de los altos beneficios de las empresas han generado tasas de ahorro muy por encima del 50% del producto interior bruto y superávits por cuenta corriente de más del 10%. La economía de los hogares parece generar menos de un tercio del ahorro total. A su vez, la inversión ha contribuido a la expansión de la oferta, incluidas las exportaciones: la proporción de las exportaciones chinas con respecto al PIB aumentó desde el 38% del PIB a comienzos de 2002 hasta el 67% en 2007.

Varios políticos, incluido Hank Paulson, el secretario del Tesoro saliente, comparten la idea de que los excesos de los países deficitarios fueron en parte una respuesta al comportamiento de los países excedentarios. Según varias fuentes, Zhang Jianhua, del Banco Popular de China, ha declarado que “esta idea es extremadamente absurda e irresponsable y una ‘lógica de gángsters’”. Bajo esta perspectiva, el modelo de déficits y superávits fue consecuencia únicamente de los políticos occidentales, especialmente de las poco estrictas políticas monetarias de la Reserva Federal estadounidense y de la expansión libre del crédito.

Sin embargo, sin importar quién fuera más responsable, hay algo claro: las enormes burbujas de los precios de los activos posibilitaron el excesivo superávit de algunos países, especialmente China. Desde la crisis financiera de los mercados asiáticos de 1997 y 1998, el mundo desarrollado –y en particular EEUU– ha experimentado, de forma sucesiva, la mayor burbuja de la bolsa y la mayor burbuja hipotecaria de su historia. Esta era ha acabado. Tendremos que hacer frente a sus repercusiones durante años.

Así que, ¿qué pasa ahora? La implosión de la demanda procedente del sector privado de países deficitarios debilitados en términos financieros puede acabar de dos formas, mediante la compensación de los aumentos de la demanda o mediante una brutal contracción de la oferta.

Si es mediante la contracción de la oferta, los países excedentarios se encuentran especialmente en riesgo, ya que dependen de la voluntad de los países deficitarios para mantener abiertos los mercados. Esa fue la lección que aprendió EEUU en los años 30. Los países con superávit disfrutan condenando a sus clientes por su derroche. Pero cuando el gasto se detiene, los primeros se ven seriamente dañados. Si intentan subvencionar su excedente de oferta, como respuesta a la caída en la demanda, el contraataque parece garantizado.

Obviamente, la expansión de la demanda es una solución mucho mejor. La cuestión, sin embargo, es ¿dónde y cómo? Actualmente, se espera que gran parte de la expansión proceda del presupuesto federal estadounidense. Dejemos a un lado la cuestión de si dará o no resultado. Ni siquiera EEUU puede soportar déficits fiscales del 10% del PIB de forma indefinida. Gran parte de la necesaria expansión de la demanda global tiene que proceder de países excedentarios.

La gestión de este ajuste es, con diferencia, el mayor reto para el grupo de las 20 economías avanzadas y emergentes, que se reunirán en Londres a principios de abril. Obama debe asumir el liderazgo. Puede –y debería– declarar que espera que estos ajustes se ejecuten, pero que comprende que llevarán tiempo. También puede apoyar medidas fiscales y monetarias excepcionales a corto plazo, si los principales socios comerciales de su país realizan los ajustes necesarios en su gasto a medio plazo. China, en especial, necesita crear una economía de consumo. Es algo que le interesa, al igual que al resto del mundo.

Sin embargo, esto no es todo lo que EEUU debería proponer. Si se quiere que la economía mundial dependa menos de burbujas destructivas, una mayor proporción del excedente mundial de capital tiene que fluir hacia inversiones en economías emergentes. El problema, sin embargo, es que estos flujos siempre han llevado a crisis. Este es el motivo por el que las economías emergentes acumularon una ingente cantidad de reservas de divisas extranjeras esta década. Es esencial, por lo tanto, conseguir que la economía mundial se muestre más abierta a la solicitud de créditos por parte de las economías emergentes.

Para ello, será necesario un mayor y más eficaz seguro frente a los riesgos sistémicos del que proporciona actualmente el Fondo Monetario Internacional. Un paso fundamental es la reestructuración del gobierno del FMI de cara a aumentar su interés hacia las necesidades de los prestatarios. Una de las ideas que debería plantear Obama debería ser la creación de un comité al más alto nivel que recomiende una completa reestructuración de las instituciones globales, de cara a disminuir los riesgos de la crisis de los mercados emergentes que precedió a la era de las burbujas de las economías avanzadas.

Seamos claros sobre lo que está en juego. Es fundamental intentar poner fin a este desastre. También es evidente que una economía mundial abierta sería insostenible si sigue dependiendo de las burbujas. El riesgo del fracaso de la globalización no puede subestimarse en este momento. Obama asistirá a la reconstrucción del sistema económico global. Es un reto que tiene que asumir.

Martin Wolf. The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved.

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