Reggio’s Weblog

¿Es la Unión Europea una gran unión política o una laxa asociación de naciones?, de Ramón Tamames en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 22 enero, 2009

I. Sólo medidas nacionales ante una crisis global

A lo largo de la crisis económica internacional que comenzó en el verano del 2007 con las hipotecas subprime en EEUU, los distintos países de la Unión Europea fueron concibiendo planes más o menos coherentes a escala nacional para combatir la crisis. En lo que ha sido una secuencia de planteamientos estrictamente nacionales que vamos a estudiar en una miniserie de dos entregas, que comenzamos hoy.

En el contexto indicado, el premier británico Gordon Brown se decidió a acometer las turbulencias financieras con instrumentos de recapitalización de bancos; en tanto que Alemania planteó la conveniencia de mantenerse en pautas de comportamiento muy comedido, para luego verse en la tesitura de formular un gran repertorio de intervenciones. En España, ya se sabe, una serie de decisiones, algunas de ellas verdaderos palos a ciegas, luego englobados con un lazo para integrar el llamado Plan E.

Luego, en la secuencia de una serie de eurocumbres, hubo aspiraciones más o menos consistentes en la idea de llegar a la configuración de un plan comunitario anticrisis; a imagen y semejanza, en cierto modo, del TARP (Troubled Assets Relief Program), más conocido como Plan Paulson en EEUU.

El hecho es que el aludido plan comunitario, al menos a escala de la Eurozona, no fue inicialmente posible por la oposición de una Alemania neoliberal, frente al mayor intervencionismo de Francia. Lo que suscita, otra vez, en la atormentada historia de la CE/UE, la duda sobre el grado de cohesión de la Unión Europea; en cuanto a la incapacidad de tener algún día un designio común verdaderamente operativo.

Dicho de otra forma, no llegan a aunarse las fuerzas precisas para presentar un gran proyecto dentro de la comunidad económica en el escenario internacional, una presencia que habría de estar a la altura de las capacidades de la UE: el mayor PIB del mundo, la máxima cifra de comercio exterior, y una moneda ya plenamente consagrada. Amén de una gran entidad cultural, un importante desarrollo político, y un amplio despliegue de derechos humanos.

Es la eterna cuestión de si la UE está en el rumbo de convertirse en una ambiciosa formación de carácter federal, o si más bien va a seguir siendo -como a principios de la década de 1990 preconizaba John Major- una mera asociación de naciones. Pareciendo más lo segundo que lo primero, salvo en algún momento de destello comunitario para asombro de propios y extraños.

En cualquier caso, está claro que esa actitud de la UE, de “cada uno a su aire”, va contra la posibilidad de que la Unión se ponga a la altura de grandes potencias como EEUU y China. La primera, aferrada a su papel de locomotora económica internacional; y la segunda como potencia alternativa. La UE no es, pues, ni un viceóptimo de la primera, ni un elemento de balanceo amistoso de la segunda.

En definitiva, es necesaria una mayor integración en Europa, al objeto de configurar instituciones financieras coherentes, armonizadas en cuanto a su reglamentación y supervisión. Haciendo posible, entre otras cosas, que la Unión Monetaria se confirme definitivamente; no solo por sus ampliaciones sucesivas (ya 16 Estados miembros, el 1.I.09 con el ingreso de Eslovaquia), sino también por la realización de las reformas necesarias para acabar siendo un área monetaria óptima.

Un momento en que pareció que todo podría cambiar en la sucesión de trances a que venimos refiriéndonos, fue con ocasión de la visita de Sarkozy y Durão Barroso, el fin de semana del 18 y 19 de octubre del 2008, a Camp David, la sede vacacional del presidente de EEUU, donde con George W. Bush se acordó la celebración de una gran conferencia dentro del marco del G20, en Washington DC, el 15 de noviembre del 2008. Y tras esa convocatoria, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, en reunión extraordinaria en Bruselas el 7 de noviembre del 2008, acordaron los principios -basados en reforzar la regulación y la supervisión- que su presidente de turno, Nicolas Sarkozy, defendería en la citada cumbre mundial.

Dejamos aquí, por hoy, nuestra historia y exégesis de los esfuerzos, no tan esforzados, de la UE frente a la crisis, para seguir, con narrativa e interpretación el próximo jueves 29 de enero.

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