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Perplejidad civil, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Libertades, Medios, Política by reggio on 21 enero, 2009

El ojo del Tigre

La partitocracia ha reenplazado a la democracia con la misma sutileza con que la sociedad civil fue anulada por la militancia partidista. Esta inexplicable simplificación de la pluralidad ideológica –y política- representada, al menos, por la teoría de la democracia de las libertades sociales, es sustituida inmediatamente por el imperio de los intereses partidistas que emanan, es estos momentos, de las dos únicas organizaciones políticas mayoritarias que acaparan el protagonismo de la compleja vida nacional: el PS(O)E y el PP.

Así nace el bipartidismo. Un dualismo excluyente, que es más político que ideológico, cuyos protagonistas se identifican entre sí por su afán de acaparar el control del poder, aunque desde perspectivas doctrinales supuestamente diferentes. El bipartidismo es, en realidad, una nueva versión de aquel monolitismo ideológico que, hasta hace apenas treinta años, se conoció como Movimiento Nacional…

Esos dos gremios de poder han absorbido la funcionalidad del Estado. Ambos partidos se han incrustado, como lapas, en la vida institucional del país. Lo han engullido sin contemplaciones; con lo cual, han conseguido debilitar el poder tradicional que representa el Estado. En estos momentos, todo lo que se mueve lo hace con permiso de los dos únicos grupos políticos que representan los intereses partidistas, que trepan como la hiedra por las paredes. Los dos lo hacen espoleados por la misma vocación monopolista, que no les deja ni dormir tranquilos…

Han vaciado al Estado de sus poderes tradicionales. Cada vez que alguien propone que esos dos partidos dominantes deben actuar unidos –dicen que para defender la democracia-, medio país se pone a tiritar de miedo ante la posibilidad de que resucite aquel fantasmal partido único, que durante casi medio siglo nos uniformó –ideológica y políticamente- a los españoles.

A los ciudadanos de esta supuesta democracia los han desvalijado de sus derechos civiles, que eran los que fundamentaban su condición de tales, para asumirlos gratuitamente los partidos y ejercerlos en su nombre, A partir de ahí, el ciudadano sólo disfruta de una única ventaja: puede elegir libremente el partido en el que quiera militar o al que desee donarle su voto. Este es el primer síntoma de poder partitocrático, que sistematiza sus funciones públicas, y que les restringe a los ciudadanos sus derechos cívico-democráticos. Con lo cual dejan de serlo (ciudadanos) para convertirse en súbditos.

La sociedad asturiana es una de las víctimas de esa defenestración de la democracia pluralista. En esta antigua provincia no sólo se ha perdido poder económico, sino también la posibilidad de que los asturianos puedan hacer valer sus derechos civiles y las razones de su preocupación por la carencia de fuerzas para hacer valer sus derechos en defensa de sus libertades.

Los partidos políticos no representan la voluntad popular, sino exclusivamente a sus propios intereses gremiales. La Junta General del Principado no representa a los asturianos, sino a los partidos que la componen. Lo mismo sucede con el Parlamento español. Aquí ya no hay ciudadanos, sino afiliados y electores.

Pero conviene distinguir también entre la militancia de base –la tropa- y el liderazgo en las alturas –la élite- …No es lo mismo ser dirigente del partido que simple parlamentario. Con lo cual, uno se da cuenta de que es más correcto hablar de grupocracia que de partitocracia. Aquí alguien maneja este divertido guiñol político moviendo los hilos con exquisita habilidad orgánica.

Para intentar entender lo que ocurre en esta diminuta autonomía, hay que empezar por desentrañar el mecanismo político que hace que funcione tal como está funcionando ahora: incomprensiblemente. En donde el sujeto privado, que es el que ni milita en un partido ni, seguramente, vota porque ha caído en el foso del desencanto político, no tiene un papel asignado en el guiñol. O sea, no es protagonista, ni extra; es, simplemente, un espectador a la fuerza. Para el poder instituido, esa clase de individuos no existe, sólo estorba.

En esta vieja región, el déficit de opinión pública –precisamente, la que alimentan y espolean los medios de comunicación- es tremendo. Lleva el camino de quedar reducida a la voz uniforme –y que uniforma- de un solo periódico, de una sola radio y de una simple televisión. Los asturianos están retrocediendo a los tiempos de la Prensa del Movimiento y al NO-DO.

¿De que pluralismo democrático nos hablan quienes –por motivos clarísimos- se empeñan en contribuir a simplificar radicalmente las fuentes mediáticas de opinión e información, hasta dejarlas reducidas a un simple chorrito, que adorna pero no sirve…?

La perplejidad civil que provocan estos excesos de poder –político y económico- es tremenda. No sólo por lo que significa como merma de la libertad de prensa, sino también –y sobre todo- porque coarta, impide e, incluso suprime la libertad de los lectores para elegir el medio que más les convenza. Esta libertad –la del lector- es una de las principales libertades civiles que incluyen las democracias éticas en sus programas.

Ante la situación que se vive, se podría decir que, en Asturias, el franquismo sociológico goza de muy buena salud.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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