Reggio’s Weblog

En cierto modo, volver a empezar, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 21 enero, 2009

Cualquiera animado por un deseo de originalidad se habrá topado con una falta de adjetivos para calificar el primer día de Barack Obama como 44º presidente de Estados Unidos. No se recuerdan referentes próximos para buena parte de las circunstancias que han rodeado este relevo al frente de la Casa Blanca: crisis económica profunda, de alcance mundial, y el país sumido en dos guerras de acusado deterioro e incierto desenlace, en Iraq y Afganistán. Tampoco hay precedentes en grado de expectativas y, en consecuencia, expectación.

Bastante se ha enfatizado ya sobre los riesgos asociados a ese cúmulo de expectativas suscitado desde noviembre hasta ayer. El tiempo dirá si el alcance del cambio presumido se acerca o no a lo esperado, pero los peligros propios de la impaciencia estuvieron de alguna manera jalonando los escasos veinte minutos de su primer discurso en las afueras del Capitolio, entremezclando la magnitud de los problemas y los propósitos de ir abordando uno tras otro los retos que su cuatrienio tiene por delante, pidiendo tiempo, esfuerzo compartido y participación.

Seguramente era inevitable situar la crisis económica como eje central. Está sin duda en el ánimo esencial de los estadounidenses y el presidente Obama eligió la apelación a una recuperación de los viejos valores, los fundamentos esenciales de la sociedad y la filosofía de los padres fundadores como receta de fondo para encarar los problemas y perseguir su superación.

Quizá más de uno haya recibido con cierta sorpresa esa suerte de apuesta por volver a empezar. Desde que la profundidad de la crisis se hizo patente, ha sido abundante la búsqueda de referencias que, a modo de antecedente, sirvieran para interpretar lo que está pasando, determinar cómo salir del lío y sobre todo cuánto puede durar.

El antecedente más socorrido ha sido sin duda 1929, aunque sin ir mucho más allá en lo que históricamente parece admitido que acabó desembocando la Gran Depresión. Pero hay que admitir que el paralelismo presenta no pocas lagunas: cuesta asimilar dos crisis tan separadas en escenario y contexto. Simplificadamente, no hay más remedio que tomar en consideración, entre otras muchas cosas, algo tan diferenciador como la intercomunicación en tiempo real que posibilitan las nuevas tecnologías y en particular internet.

Probablemente, la conexión popular de las palabras del nuevo mandatario haya que buscarla en su expresada convicción de que ha sido el abandono de los grandes valores y principios la causa esencial de lo actual. No en vano, el grueso de la sociedad asiste escandalizado al espectáculo de quiebras latentes, salvadas o eludidas a base de verter fondos presupuestarios, desde el recuerdo de la ostentación prepotente de quienes hoy reclaman auxilio estatal, prácticamente en paralelo a la percepción de un multimillonario bonus como recompensa a su gestión.

Decirlo es, sin duda, más fácil que corregirlo, pero todo es empezar. Si algo parece claro a estas alturas es que lo actuado hasta hoy frente a la crisis ha servido apenas para salir del paso y evitar derrumbes, pero van a hacer falta propuestas y acciones audaces para sentar las bases de una verdadera superación. ¿Será volver a las esencias la fórmula para salir de ésta? Lo sea o no, una mayoría espera que Obama la encuentre, más pronto que tarde. El tiempo dirá.

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