Reggio’s Weblog

Cambiar con el mundo, de Xavier Batalla en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 21 enero, 2009

Barack Obama rechaza el legado de Bush y “la falsa elección” entre seguridad e ideales estadounidenses

El rito de la toma de posesión del presidente se confunde con el origen mismo de Estados Unidos. Fue el primer presidente, George Washington, quien puso la primera piedra de lo que ahora es tradición. La Constitución sólo aportaba el texto del juramento que debía prestar el nuevo presidente: “Juro (o prometo) solemnemente cumplir fielmente las funciones de presidente de Estados Unidos y, en la medida de mis fuerzas, salvaguardar, proteger y defender la Constitución de Estados Unidos”. Pero Washington añadió por su cuenta un “¡que Dios me ayude!”, al tiempo que se dirigía a los miembros del Congreso. Ese discurso se ha convertido en tradición.

Barack Obama juró ayer salvaguardar, proteger y defender una Constitución que, originalmente, contempló al hombre negro como tres quintas partes de una persona. La ceremonia de ayer fue así un momento histórico, en el que el primer presidente afroamericano rechazó el legado de su predecesor y culminó, con su discurso, un ejercicio de diplomacia pública que parece recuperar el poder blando que Bush dilapidó.

Las comparaciones entre Obama y Kennedy fueron constantes en la campaña electoral. No fue un recurso periodístico, como demuestran las grandes expectativas que el presidente ha despertado globalmente. Y las comparaciones seguirán. El 20 de enero de 1961, Kennedy pronunció su célebre frase “No os preguntéis, queridos compatriotas, qué es lo que vuestro país puede hacer por vosotros, sino lo que vosotros podéis hacer por vuestro país”. Ayer, Obama lo dijo de otro modo al anunciar, con la economía en crisis, “una nueva era de responsabilidad” personal “para empezar otra vez la tarea de rehacer América”.

En política exterior, Obama repudió el legado de Bush y rechazó “la falsa elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales”. La política exterior estadounidense puede interpretarse históricamente de tres maneras opuestas. Una ve a Estados Unidos como un país con una fuerte inclinación por la diplomacia de las cañoneras o del dólar; esta visión no la aceptará nunca Bush, pero es exactamente la que ha proyectado, pese al envoltorio idealista, para buena parte del mundo. Otra visión es la que pretende que Estados Unidos no sea ni un extraño campeón ético en un mundo de egoístas, ni un país con una avaricia superior a la media, sino un país normal que quiere aumentar su poder; esta es la política que los realistas quieren que abrace Obama. Y la tercera interpretación sólo ve a Estados Unidos como un actor moral; es decir, como un Estado que se mueve no por sus intereses nacionales, sino por principios. Obama echó mano ayer del idealismo americano, pero no desechó el realismo. “El mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él”, dijo. George W. Bush pretendió cambiar el mundo unilateralmente y por las bravas.

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