Reggio’s Weblog

Previsiones bajo sospecha, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 19 enero, 2009

Ha costado, pero el Gobierno ha dado el paso de aterrizar en la realidad: sus estimaciones de que la economía se contraerá del orden del 1,6 por ciento en el 2009, el desempleo se acercará a los 4 millones y el déficit presupuestario rondará el 6 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB). Todo se acerca bastante a lo previsto desde hace dos o tres meses por organismos internacionales y la mayoría de estudiosos y analistas del ámbito privado, que han debido arrostrar por ello profusas descalificaciones y críticas del Ejecutivo, los socialistas y su entorno. Lo malo es que los precedentes inducen efectos poco adecuados para afrontar la situación.

El empecinamiento mantenido durante prácticamente todo el 2008, negando la gravedad de la situación, primero, y atemperándola, después, es inevitable que haya de jugar claramente en contra de la credibilidad de las previsiones difundidas tras el Consejo de Ministros del pasado viernes. En ello se incluyen, lógicamente, los Presupuestos para el presente ejercicio, aprobados por el Parlamento hace menos de treinta días, cuyas líneas esenciales se han reconocido inválidas antes de concluir el mes de enero.

La resultante política -léase electoral- es opinable y se medirá sucesivamente en las próximas convocatorias a las urnas, hasta culminar en la renovación de Congreso y Senado, que tiene como límite la primavera del 2012, pero existen otras repercusiones más inmediatas y de mayor alcance que vale la pena considerar.

Es presumible el escepticismo con que más de uno ha recibido las nuevas previsiones económicas del equipo gubernamental. Lo malo es que vaya más o menos acompañado de la convicción, o al menos la sospecha de que la difusión de esas poco halagüeñas cifras se ha producido porque las cosas están todavía mucho peor.

Ni siquiera hace falta que sea verdad: que muchos lo crean puede ser suficiente para que los datos finales resulten ser más desfavorables, teniendo en cuenta que el ingrediente psicológico, si se prefiere anímico, ante las coyunturas críticas actúa de forma determinante, tanto para profundizar en las caídas como a la hora de propiciar un anticipo de la recuperación.

En definitiva, el Gobierno sigue sin cumplir sus tareas con probidad. Es cierto que comparte con muchos otros -¿la mayoría?- la aplicación de medidas que no trascienden lo paliativo y apenas propician ni preparan un escenario de recuperación. Lo malo es que tampoco está acertando en algo tan necesario como generar un poco de confianza; antes al contrario, ni siquiera es capaz de unificar mensajes de evaluación y pronóstico sobre lo que está pasando y lo qué prevé que va a durar. Y no debería servirle de consuelo, mucho menos como excusa, el lamentable discurso que esgrime el Partido Popular, en tanto que principal grupo de oposición.

Alguien, en el Ejecutivo, debería tomar conciencia de que no basta con expresar optimismo congénito, asegurando que el país saldrá de ésta… sin añadir nada creíble de cómo y cuándo conseguirá salir.

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