Reggio’s Weblog

Expatriando, de Pedro Nueno en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 18 enero, 2009

Antes de Navidad y después de Reyes, los vuelos intercontinentales van llenos de niños. Van con sus padres o sólo con su madre. Son los expatriados que vuelven a casa por Navidad. Ejecutivos, profesores, doctorandos, investigadores, médicos, consultores. La carrera profesional exige a mucha gente hacer las maletas más de una vez en la vida. “Tengo una buena noticia para usted, Felipe: el comité de dirección le ha propuesto para llevar nuestro negocio mundial de publicidad para ONG. Es una gran promoción y demuestra la confianza que tenemos en usted. Como sabe, esto se lleva desde Nueva York, así que le esperan allí en los próximos días. Llame usted al Sr. Mark Robinson de recursos humanos, que está en nuestra central de Londres y él le dará los detalles de su paquete de compensación como expatriado”.

Pónganse en la piel de Felipe: 38 años, dos niños de 5 y 7 años, en un buen colegio, su esposa Marta con un trabajo razonable en una caja de ahorros. Acaban de cambiarse de piso, él tiene un Audi de la empresa y ella un Clio (dice que tiene tles clios).Como sus padres son de Sabadell, los fines de semana van arriba y abajo de abuelos, a veces viniendo de la playa o de esquiar. ¿Cómo le explica Felipe la promoción a su mujer? ¿Pero puede decir que no?

Si dice que no, puede que tenga que buscarse otro trabajo. Pues esta gente maravillosa que son los expatriados vuelve por Navidad y después regresan a sus destinos. Van cargados porque llevan regalos de última hora: “Ostras, no hemos comprado nada para el niño de tu hermana, a ver si en el aeropuerto encontramos algo”. Llevan el maletín con ruedas, la mochila, el cochecito del niño, la bolsa con el biberón y los pañales; la niña lleva su mochilita y su troley. Y da igual que sean alemanes, italianos, chinos, españoles o americanos. El mundo es plano y los expatriados son así. Si van el marido y la mujer, se ve lo inútil que es él en estos casos. Él lleva los pasaportes y las tarjetas de embarque pero cuando todavía está mirando si el número de asiento es el suyo, ella ya ha puesto todos los paquetes en su sitio, ha colocado a los niños, al uno lo ha tranquilizado enchufándole el biberón y a la otra la entusiasma explicándole que podrá estirar el asiento. Él sigue mirando arriba y abajo.

El mundo es plano y cruel. Una ex alumna me llamó esta semana. Su empresa reduce plantilla en Nueva York y a ella le ha tocado. La empresa de su marido tiene problemas pero de momento a él le aguantan. Están contentísimos con el cole de su hija de 4 años. Pero ella necesitaría un trabajo: a tiempo parcial, temporal, si puede aprovechar su experiencia mejor, pero si no, lo que sea. Si hubiese algo para cada uno de los dos en España sería fantástico, pero entienden que hoy será muy difícil. Le pregunto si ha hablado con algún head hunter pero me dice que están colapsados. Muchas madres chinas con niños chinos en el vuelo Shanghai-Munich la semana pasada. Los niños con el pelo recién cortado. Los anoracs nuevos. Lógico, estas madres en conjunto se habrán ahorrado cientos de euros en cortes de pelo, ropa, material escolar, juguetes…

Las madres expatriadas tienen un mérito enorme, sean chinas o alemanas. Hacer familia en este mundo plano, asegurando la mejor educación, el mejor futuro, el corte de pelo más barato, cariño a los abuelos de Shanghai o de Frankfurt y a la nani turca de Munich o a la de Heifei en Shanghai, hablando chino, inglés, alemán, para conseguir lo mejor para todos, trabajando quizás de traductora o de secretaria, recordando aquella primera visita a un supermercado alemán o a uno chino: “No entendía nada y los empleados me miraban vigilándome”. Pero su marido tenía un buen trabajo en Siemens y era una oportunidad tremenda para él venir de China a Europa o de Europa a China en un puesto así. Cené con un chino de estos que salió hace años de su país para ir a América. Hoy es el presidente en China de una multinacional y su hija está haciendo un máster en Harvard. No dijo nada de su mujer (muy chino) que debe ser la que tiene todo el mérito.

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