Reggio’s Weblog

Un pulso fascinante, de Fernando Ónega en La Vanguardia

Posted in Justicia, Política by reggio on 15 enero, 2009

La batalla de poderes entre el ejecutivo y el judicial es fascinante. Como en todos los conflictos de poder, parece una novela de intriga. Pone a prueba la astucia, la capacidad de planificar estrategias y la habilidad para manejar a la opinión pública. Y gana, claro, quien tiene más experiencia en echar pulsos, ha estado en más frentes y comete menos errores. Es decir, un gobierno avezado, que sabe cómo manejar la información y cómo presentar al adversario como un malvado. Los jueces tendrían que hacer un cursillo de agitación antes de meterse en la guerra. Digamos que son fuertes y poderosos y tienen razones para protestar; pero también las tiene Israel para invadir Gaza, y pierde la batalla de la imagen en cuanto los palestinos dejan ver el cadáver de un niño.

Sus señorías han cometido hasta ahora tres errores que nunca cometería un sindicalista: 1) planificar la protesta en un ambiente clandestino, como quien se dispone a una acción ilícita, y en una web restringida con aroma subversivo; 2) dejar que aparezca un juez tan discutido como Rafael Tirado al frente de la movida, en plan heroico, como si fuera el líder de la huelga: “Mis hijos me han dicho papá, p´alante, y su padre no va a dar un paso atrás”, y 3) plantear reivindicaciones salariales en un momento en que ni los sindicatos se atreven a hacerlo y 3.000 ciudadanos pierden cada día empleo y salario.

Todo tan burdo, que los curtidos profesionales de la agitación no tienen más que rematar a puerta. Zapatero y Bermejo son Messi y Eto´o dentro del área. Zapatero pone la cara buena y abre las puertas de la Moncloa para dialogar. Bermejo convoca, pero antes dispara. Recoge el balón de Tirado y resulta creíble, porque todos recordamos que todo empezó por la sanción a ese magistrado. Y lo mejor de la historia: el regalo conservador. Bermejo acusa a los rebeldes de hacer una huelga política (“les gusta una mayoría del PP”), y María Dolores de Cospedal, con emocionante ingenuidad, le da la razón: “Si cae el ministro, dijo, quizá se arregle el conflicto”. ¡Ay, la suerte del campeón! ¿Alguien quiere más pruebas de que estamos ante una huelga política?

Por si faltase algo, el perejil de la propaganda: el habilísimo y astuto gobierno se las apaña para quedar como el equipo que más hizo por la justicia en toda la historia de España y quizá del universo.

Eso es arte. Nunca un huelguista dilapidó tanto sus razones. Nunca a un gobierno asediado le dieron tantas facilidades. Las asociaciones de jueces podrán poner contra las cuerdas a Fernández Bermejo. Podrán meter en crisis al Estado de derecho. Pero hasta para hacer una huelga se requiere una técnica. Sobre todo, cuando quienes imparten justicia no pueden quedar como unos egoístas en lo económico, vengativos en lo corporativo y contaminados en lo político. Me temo que así quedarán. Y si así quedan, será un golpe serio al prestigio y la credibilidad judicial.

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