Reggio’s Weblog

Un alto grado de atomización, de Mónica Melle Hernández en Expansión

Posted in Economía by reggio on 14 enero, 2009

Basta con ver lo que ha ocurrido en media Europa a consecuencia de la nueva guerra del gas entre Rusia y Ucrania, para darnos cuenta de que uno de los principales retos del sector energético en España radica en garantizar el abastecimiento, la seguridad de suministro y la sostenibilidad de las agendas económica, social y política.

La situación extrema vivida en el continente debería servirnos para entender la suma gravedad de sus repercusiones, según cual sea el escenario estratégico de la energía que se defina en cada país.

En ese sentido, no debemos olvidar que Rusia no es el único país que utiliza sus fuentes de energía y sus empresas energéticas para presionar y obtener ventajas políticas en el campo internacional. Una de las compañías energéticas más destacadas en ese sentido es Sonatrach, el “campeón nacional” del gobierno Argelino.

España ya es el receptor del 50% de todas las importaciones de GNL a Europa, lo que lo convierte en el país europeo con más exposición al mercado mundial. Esta cifra será aún más relevante en 2009, cuando se ponga en marcha el gasoducto Medgaz, propiedad de Sonatrach, que aportará un volumen de suministro adicional equivalente al 40% del consumo nacional español.

Nuestra dependencia y vulnerabilidad en un sector tan estratégico como la energía seguirá en aumento mientras no prestemos la debida atención de lo que representará para nuestro mercado la puesta en marcha del Medgaz.

En las últimas semanas, la Comisión Nacional de Competencia ha estado ocupada con el análisis de los posibles cambios y vínculos estructurales que pueden derivarse de la adquisición de Unión Fenosa. Pero también debería hacerlo, con los vínculos que ya existen. Baste citar, a manera de ejemplo, los inherentes a la mencionada operación Medgaz, cuyos accionistas (Cepsa, Sonatrach, Iberdrola, Endesa y GDF Suez) tienen ya presencia en nuestro mercado.

En ese contexto, el grado de atomización es mayor, tal y como se deduce de las claves que configurarán el nuevo mapa energético, que realmente debería considerarse ya sólo desde una óptica mundial. Con una atomización que también queda patente con la liberalización y equilibrio de los mercados a nivel local; la I+D y sus beneficios para un cliente totalmente distinto al de hace seis meses; la creación de valor sostenido para accionistas minoritarios e inversores, inmersos también en la actual coyuntura y sensibles a ella; el blindaje de sectores estratégicos para las economías; y la concordancia de nuestras acciones con la sostenibilidad a nivel mundial.

Esos son los temas relevantes en los que tendríamos que fijarnos, para desarrollar nuestra posición estratégica y alentar nuestra visión a futuro del mapa de la energía; sobre todo si lo que buscamos es que nuestras empresas jueguen un papel destacado y determinante en el escenario global. A través de esa lectura estratégica lograremos contribuir a que España tenga un peso en el mundo acorde a su importancia económica y que sea una piedra angular, como ya lo ha sido en el pasado reciente, en la nueva etapa de expansión internacional.

El aprovisionamiento y la producción de energía son especial motivo de preocupación para los principales gobiernos de Europa. Y en este sentido, la alta dependencia energética de los países más desarrollados, entre los que se encuentra España, así como el desequilibrio entre la producción y la demanda de los hidrocarburos, sin olvidar el aumento de la demanda y consumo de países como India y China, seguirán tensionando el futuro.

Y de ahí la necesidad de apostar por el modelo de creación de “campeones nacionales”, ya que sólo así se asegurará la presencia de España en el mercado mundial. Con este patrón, que muchos países europeos ya vienen adoptando desde hace tiempo, resulta lógico pensar que la unión de Gas Natural y Unión Fenosa creará un campeón español y el tercer gran operador, con capacidad y tamaño para competir con los extranjeros dominantes.

Lo que repercutirá además en ventajas para los clientes, ante la creación de nuevos productos que motiven el ahorro energético; la inversión en tecnología sostenible; la diversificación del negocio; y, lo más importante, la reducción de las ratios de dependencia del extranjero.

Mónica Melle Hernández. Profesora Titular de Economía Financiera. UCM.

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