Reggio’s Weblog

Los rompecostillas, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Derechos, Libertades, Sociedad by reggio on 14 enero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

Ya lo dijo el caballero renco: todo esta vida es hurtar. Empezaron los revientacajas de Wall Street y han terminado los rompecostillas de Madrid. Como está el mundo en venta, el efecto dominó ha pasado de los Madoff a los atracas. Todos los días nos levantamos con un fiambre en el centro del Foro, aunque gracias a la nieve no hay que llevarlo a los frigoríficos del depósito. La broncata entre los rompecostillas y los miamis en la discoteca Heaven, Sala Palace acabó con la muerte de un portero y un relaciones públicas; eso, unido al asesinato de Leónidas Vargas en la planta de cardiología del Doce de Octubre, indica que vivimos un tiempo sin ley pero sin intocables, con cogoteros y sicarios que sacan la lengua y la ponen de corbata.

Rubalcaba ha ordenado relegar la búsqueda de la ceguera de los conductores para encontrar a los que se desayunan con muerte en el aire fatal del alba. Su prioridad es la lucha contra el crimen organizado.

Qué delicadeza. Los matones van a las bodas de los maderos y un día enviarán coronas a sus funerales, cuando la ley del hampa en la ciudad de la carne alegre llegue al éxtasis. Esto no ha hecho más que empezar. Los ajustes de cuentas, butrones, alunizajes, blanqueo, trata de blancas es lo que en el Inem se ofrece a los sin papeles. Los fusiles Kalashnikov, los bolígrafos-pistola, los silenciadores acabarán vendiéndose en Cascorro. Los gorilas de gimnasio y anabolizante dejan los fines de semana un par de callados con la mortaja de las sábanas de plástico amarillas.La inseguridad era la crisis. El tiroteo será la moraleja.

Ya se mangan más salchichones que joyas. En las comisarías del distrito Centro cada vez hay más denuncias contra rateros que se llevan bandejas de jamón y de chorizo para venderlas a los jubilatas de los parques. Pero ésos son aún del sindicato de los pícaros; lo nuevo son los asesinos que aprendieron a matar perros antes de matar personas, milicos del Pacto de Varsovia, niños del reggaeton, raperos vagabundos, hijos del desarraigo y del éxodo que hacen cola en la deshabitada oficina del rescate.

A los emigrantes parados no les hemos dejado otra que parir, pedir, matar y morir. Eso es lo que los sicarios rezaban a la Virgen Auxiliadora, según nos contó Fernando Vallejo; también aquí hay niños que matan por unos jeans, una camisa Ocean Pacific, una moto Honda y una nevera para mamá, «una nevera que eche chorros de cubitos de hielo».

Salgamos en la ciudad alegre y confiada con la incertidumbre de que los rompecostillas, quebrantahuesos con ojos de hielo que viven de comer esqueletos, nos besen como cocodrilos.

© Mundinteractivos, S.A.

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