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Despidos en La Voz de Asturias: un nuevo y vergonzoso episodio de la triste historia mediática de la Asturias democrática, de Juan Vega en su Blog

Posted in Derechos, Medios by reggio on 11 enero, 2009

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A finales de enero del año 1980, se admitía a trámite la suspensión de pagos de Asturias Diario Regional, una aventura de comunicación impulsada y dirigida por Graciano García, iniciada en 1978, tres años después de la muerte de Francisco Franco. En la sociedad gestora, personajes de toda índole, en un equlibrio incomprensible sin la capacidad enredadora de otro genio de las estructuras inestables, Antonio Masip, pues allí se incorporó gente de Alianza Popular, la Unión de Centro Democrático, el PSOE, el PCE, el Movimiento Comunista de Asturias y Unidad Regionalista, dos chiringuitos extraparlamentarios con los que Masip jugaba, con ayuda del prochino Jose Uría Ríos, “Cheni” y su inseparable escudero Juan Álvarez. Aquello también le costó sus pesetas a Masip, que, me consta, puso dinero por más de uno de los insolventes personajes que incorporó al tinglado.

El Asturias nacía impulsado, como tantas otras aventuras del genial inventor de la Fundación Príncipe de Asturias, desde las oficinas de Constructora Asturiana, empresa por tantos motivos vinculada al régimen franquista y a la figura de la oventese Carmen Polo, que sin embargo no tuvo reparo alguno en poner sus ilusiones en las democráticas aventuras editoriales de García, siempre tentativa tras tentativa, hasta que con la ayuda de Sabino Fernández Campo metió un gol por la escuadra del sistema, y de las angustias económicas del Asturias Diario y del Asturias Semanal, pasó directamente a montar con gran pompa y no poca circunstancia, el escenario de la renaciente realeza española en el Teatro Campoamor y el Hotel de la Reconquista, que tantas locales vanidades contemplaron.

Un fenómeno G. G. De la quiebra del Asturias Diario a la creación de la Fundación, el 24 de septiembre de aquel mismo año de 1980, transcurrieron sólo ocho meses. ¿Cómo se las arregló nuestro hombre para enhebrar tantos hilos en tan poco tiempo? Algún día nos lo contará, pues cerca anda el momento en el que este singular tejedor de redes sociales empezará a repasar sus recuerdos, pero por el momento no puede dejar de producirnos una inevitable admiración tanto margen de maniobra. Entre él y Masip se bastaban y “se sobraban”, de aquella, para poner Asturias patas arriba. Y la pusieron más de una vez.

En la tierra de G.G. había un gran periódico que reinaba de manera indiscutida, La Voz de Asturias, vinculada a la plutocracia asturiana, olímpicamente presidida por Pedro Masaveu, desde la distancia que se establecía entre los dioses y la grasa. Por el medio aparecía un empresario bajo cuyo mandato se fraguó un conflicto que destruyó la fuerza del periódico, José Eladio Amado de Lema. La Nueva España, periódico del Movimiento Nacional, el ministerio salido de Falange Española y de las JONS hecha carne, había sido “privatizada” en 1984.

Estábamos en el reinado de Pedro de Silva. En la subasta de los Medios de Comunicación Social del Estado, que se celebró en Madrid, de Silva había enviado a su consejero de Hacienda, Faustino González Alcalde, a pujar, con dinero de la Caja de Ahorros de Asturias, en nombre de un confuso “grupo asturiano”, en el que aparecían de manera extraña y dispar, nada más y nada menos que los rutilantes y ascendentes Blas Herrero y José Cosmen Adelaida. Algunas malas lenguas dicen que todos jugaban a perder, y perdieron. Prensa Ibérica, un grupo con cuartel general en Canarias, cuyos “supercicutas” tenían el despacho en Barcelona, se quedó con La Nueva España, y Asturias empezaba a perder el control de sus medios.

Sólo dos años después, la plantilla de La Voz de Asturias entraba en una guerra de exterminio con la empresa, cuya dirección, en manos de los aún hoy activos, Lorenzo Cordero y Rodolfo Sánchez, el uno en la trinchera del rojerío opinador, y en la fontanería de Gabino de Lorenzo el otro, llevó al periódico líder al estrelladero, y en poco más de tres meses y un buen número de despidos por el medio, Amado de Lema se quitaba de en medio, la Caja de Ahorros de Asturias ponía la pasta, y el Grupo “Z” se quedaba con La Voz por la cara. El periódico más importante de Asturias dejaba de serlo, en plantilla y en lectores, pues aquel conflicto trasvasó el liderazgo de La Voz a La Nueva España, y así, la Caja, que no había podido comprar el periódico más rentable -según parece; algún día de Silva nos contará como fue la cosa en su columna de la empresa triunfadora-, sí pudo ponerle el dinero a “Z”, para que se fuese otro medio asturiano a Barcelona, mientras por aquí se decía que su línea se ponía al servicio del gobierno, cosa que según numerosos testigos presenciales no deja de ser bastante cierta, aunque tuvo etapas, pues las personalidades de Luis José Ávila, primer director que nombró “Z” y Faustino Álvarez, segundo, no tienen mucho que ver entre sí, y de hecho Ávila fue gentilmente recibido en el “Pozo Moqueta” de HUNOSA, bajo el reinado de José Ángel Fernández Villa.

En 1995, el entonces Grupo Correo, hoy Vocento, adquiría El Comercio de Gijón a un grupo de accionistas gijoneses presididos por José García Prendes-Pando, que durante una dilatada época habían mantenido en manos de Francisco Carantoña -también accionista minoritario- el control de un medio profundamente vinculado a la vida local gijonesa. Un año después, el mismo grupo compraría La Voz de Avilés a los Wes, familia avilesina históricamente vinculada al último y ya residual superiviente de lo que fue la historia de una prensa asturiana que con esas dos últimas operaciones pasaba definitivamente a mejor vida, pues a partir de ese momento, la comunicación quedaba en manos de tres de los grandes grupos de medios regionales españoles.

Pronto hará casi quince años que Asturias no tiene un periódico vinculado ni a sus empresarios ni a sus ciudadanos, ni a sus instituciones políticas o sociales, sino que tan sólo dispone de tres terminales que son un fiel trasunto del estado financiero de sus grupos matrices, “Z”, Prensa Ibérica y Vocento. El fallecimiento de Antonio Asensio en el 2001 dejó al Grupo “Z” en una situación de extremada debilidad, tal y como suele ocurrir cuando desaparecen los “capitanes de empresa” del capitalismo familiar, y no tardarían en producirse sospechosas operaciones de segregación de activos que culminaron con la venta de la nave y la rotativa que el conglomerado tenía en Puente Nora, Lugones. Fueron años de agonía y descapitalización económica y profesional, los periodistas más destacados huyeron del medio y lo que se abrió en la calle de la Lila de Oviedo era ya una estructura sin soporte patrimonial ni medios, el periódico empezó a imprimirse en instalaciones de Vocento, la opinión se redujo al mínimo y la empresa segregada, propietaria de la cabecera, quedó a merced de las tormentas.

Ahora La Voz de Asturias es el eslabón más débil del grupo encabezado por el Periódico de Cataluña, que empieza por despedir a 531 de los 2.300 trabajadores de la empresa, en una situación dramática para los despedidos en Asturias, que en absoluto tranquiliza a los que no han sido incluídos en esta drástica medida, dado que se habla de extraños proyectos que sugieren la venta de la cabecera y la reducción de la redacción al ámbito de Oviedo, donde la presencia y la influencia del medio es baja ya, lo que hace sospechar lo peor.

¿Puede sobrevivir la democracia en Asturias en un momento en el que la crisis global de los medios impresos enseña su peor cara, con el cáriz que toman los acontecimientos? Lo sucedido con Teleasturias, única televisión privada regional, acosada por el gobierno socialista de Vicente Álvarez Areces, que apuesta estratégicamente por quedarse con un único gran medio regional, de carácter público, la TPA, nos hace ponernos en lo peor. De momento, La Voz de Asturias vive su conflicto en silencio, dado que carece de apoyo mediático. La respuesta de los grupos políticos ante el antenicidio de Teleasturias fue dramática. A Teleasturias le quedan dos telediarios con la inminente llegada del apagón analógico, y el cierre de Localia, así como los despidos en Oviedo Televisión y otros medios, presagian una reconversión del sector en toda regla, que se acumula al escandaloso resultado del concurso para la adjudicación de licencias de televisión digital, que se otorgaron a empresas inexistentes, dejando fuera a otras a las que se obliga a cerrar. ¿Qué tienen que decir a todo esto las supuestas fuerzas vivas de Asturias, los agentes políticos y sociales? Se espera una respuesta urgente, y más en una sociedad que está financiando importantísimos “planes de rescate” con fondos públicos para bancos e inmobiliarias, empresas que tienen muy poco que ver con el desarrollo de la democracia y sí, por el contrario, con la financiación de la partitocracia incrustada en las instituciones.

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