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Esperando a Obama, de Xavier Batalla en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 enero, 2009

LA NUEVA AGENDA

Israel siempre ha tenido en Estados Unidos su primer aliado, pero los inquilinos de la Casa Blanca no han sido exactamente iguales. Desde Harry Truman, que apoyó el nacimiento del Estado hebreo, hasta George W. Bush, que le dio más de un cheque en blanco, los presidentes estadounidenses han seguido el guión de manera desigual. ¿Qué hará Barack Obama, quien se ha mantenido en silencio mientras Israel invadía Gaza?

Israel fue asistido en su nacimiento por la ideología de los liberales demócratas estadounidenses cuando, en la sala de espera, una parte sustancial de la Administración Truman mostraba su preocupación por el petróleo de los árabes. James Forrestal, secretario de Defensa, argumentó: “Ningún grupo debería influir en nuestra política hasta el punto de poner en peligro nuestra seguridad nacional” (Forrestal´s Memoirs,1951). Y George Marshall, secretario de Estado, no se comprometió en público.

Avi Shlaim, historiador de origen judío y profesor de la Universidad de Oxford, ha clasificado a los sucesores de Truman en dos categorías según su actitud en Oriente Medio: por una parte, quienes han puesto a Israel por encima de todo; por otra, los que han pretendido equilibrar la balanza. En la primera cesta encontraremos, entre otros, a Reagan, Clinton y Bush hijo; en la segunda, a Eisenhower, Carter y Bush padre.

Eisenhower hizo que fracasara en 1956 una operación militar de británicos, franceses e israelíes contra el presidente egipcio Gamal Abdel Naser, que había nacionalizado el canal de Suez. Israel invadió Gaza, entonces territorio egipcio, pero el presidente estadounidense forzó su retirada. La crisis humilló a Gran Bretaña, que pasó a Estados Unidos el testigo en Oriente Medio.

Carter y Cyrus Vance, su secretario de Estado, patrocinaron la firma de la paz entre Israel y Egipto, pero el presidente demócrata dejó escrita su frustración por la influencia del lobby israelí en Washington. Años más tarde, Carter ha utilizado el término apartheid para calificar la situación de los palestinos en los territorios ocupados ilegalmente por Israel en la guerra de 1967. Y después de la guerra del Golfo (1991), James Baker, secretario de Estado de Bush padre, subrayó la centralidad de la cuestión palestina en la estabilidad de Oriente Medio y arrastró a los dirigentes israelíes hasta la conferencia de paz de Madrid, que en 1991 significó el principio de un fallido proceso negociador.

La paz nunca estuvo tan al alcance de la mano como en Camp David, en el verano del 2000. Pero no hubo acuerdo. El fracaso se debió a Jerusalén y los refugiados palestinos, cuestiones que Israel se negó a tratar. Israel nunca había ofrecido tanto, pero en Taba, meses después, aumentó su oferta, con lo que demostró que Camp David era mejorable. Años más tarde, según The Economist, Clinton, frustrado, le dio un consejo a Colin Powell, secretario de Estado de Bush hijo, sobre Yasir Arafat: “Nunca confíes en ese hijo de perra”.

En abril del 2004, en una carta a Ariel Sharon, Bush hijo cambió la política estadounidense seguida durante decenios sobre los asentamientos judíos en los territorios ocupados. “A la luz de la nueva realidad, incluidos los centros de población ya existentes, no sería realista esperar que el resultado final significara el total y completo regreso (de Israel) a la línea del armisticio de 1949”, escribió Bush. La carta fue uno de los cheques en blanco que dio a Israel.

¿A qué grupo pertenecerá Obama? El presidente electo se ha rodeado de políticos y asesores que pueden encasillarse en los dos grupos citados. Para Hillary Clinton, su secretaria de Estado, Israel siempre ha sido lo primero; pero el general James Jones, que será consejero de seguridad nacional, despierta las sospechas israelíes, según The Guardian, por sus simpatías hacia los palestinos.

¿A qué asesores hará caso Obama? Nadie lo sabe. Pero no faltan quienes dicen que Obama confía en el plan de paz saudí del 2002, en el que se ofrece a Israel el reconocimiento árabe si se retira de los territorios ocupados en 1967. Obama debería hablar con Ehud Olmert. Nadie mejor que Olmert, primer ministro israelí, para que le aconseje. El pasado septiembre, Olmert, cuando se creía descabalgado del poder, concedió una entrevista al diario israelí Yediot Ahronot que después fue reproducida por The New York Times Review of Books.¿Y qué dijo? Algo fácil de entender: “Debemos alcanzar un acuerdo que signifique la retirada de casi todos, o de todos, los territorios. Una parte podría quedar en nuestras manos, pero deberíamos entregarles el mismo porcentaje de territorio (israelí). Si no es así, no habrá paz”.

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