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La realidad como resultado, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Laboral by reggio on 9 enero, 2009

La crisis agrava el desempleo. Los datos de paro registrado y afiliación en 2008 han confirmado los peores pronósticos sobre la evolución del mercado laboral español, que suma ya 3,1 millones de desempleados. Los autores analizan la evolución de dichas cifras, así como lo que cabe esperar para este año.

Volvemos al viejo profesor Enrique Tierno Galván y a su libro La realidad como resultado, en este caso la realidad del paro. Así que el desempleo, en lugar de aparecer como sorpresa, debería ser visto como una consecuencia previsible. Veamos además que se trata de una realidad creciente a tenor de los registros del conjunto de servicios de empleo correspondientes al mes de diciembre que recogen un incremento de 139.694 personas (4,6%) respecto al mes anterior y sitúan la cifra total en 3.128.963 desempleados. Se confirma así que el paro, más que una cifra, es un proceso, una tendencia acusada que todavía empeorará en los primeros meses de 2009.

Sabios profesores y expertos se aplicarán al análisis pormenorizado en estas mismas páginas con referencia a los términos interanuales, la incidencia por sectores de actividad, por sexos, por franjas de edad, sobre la población inmigrante o por comunidades autónomas. También discriminarán los nuevos contratos que hayan tenido lugar según su naturaleza de carácter fijo, fijo discontinuo, a tiempo parcial o temporal. Establecerán ratios sobre la población activa que se ha multiplicado en las últimas décadas. Compararán el paro en España y su evolución con la de otros países de nuestro entorno, en particular con los socios de la Unión Europea y Estados Unidos. Otros se adentrarán en la influencia estacional así como en las garantías establecidas para la protección por desempleo. Fijarán sus repercusiones sobre el gasto en los Presupuestos Generales del Estado y el déficit fiscal.

Las líneas que siguen se limitan a consideraciones elementales conforme a tres aproximaciones del mayor interés. Las formuladas por David Anisi en su libro Creadores de escasez y las de Richard Sennett en La cultura del nuevo capitalismo y John Kenneth Galbraith en La economía del fraude inocente. Explica Anisi las consecuencias que derivan del principio según el cual sólo existen derechos económicos derivados de la propiedad y el prestigio que se asocia a la escasez. Como escribe Rafael Sánchez Ferlosio en el apéndice de su libro God & Gun a propósito del hecho de que habiendo cada día en el mundo más ‘creación de riqueza’ no acabe de verse disminuir de modo relevante el hambre de las gentes en los países que la sufren, el caso es que hay un antagonismo irreductible entre lo que se llama creación de riqueza y el remedio de las carencias vitales, o sea entre los valores y los bienes. En su argumentación aduce algo tan conocido como la destrucción material de los excedentes, de modo que la destrucción de una parte de la producción salva el valor de la no destruida.

Para Sennett la fragmentación de las grandes instituciones ha dejado en estado fragmentario la vida de mucha gente y los lugares en los que trabajan se asemejan más a estaciones de ferrocarril que a pueblos, la vida familiar ha quedado perturbada por las exigencias del trabajo y la migración se ha convertido en el icono de la era global con más movimiento que asentamiento. El desmantelamiento de las instituciones no ha producido más comunidad. En definitiva, la generación de nueva riqueza está conectada a la desarticulación de las rígidas burocracias gubernamentales y empresariales y el crecimiento se paga en términos de mayor desigualdad económica y mayor inestabilidad social. De ahí los tres desafíos a que debe hacer frente el hombre moderno. El primero, el tiempo, porque el individuo se ve obligado a improvisar el curso de su vida; el segundo dice relación al talento porque los trabajadores necesitan reciclarse a razón de un promedio de entre cada ocho y doce años, con una idea de meritocracia que celebra más la habilidad potencial que los logros del pasado, y el tercero se refiere a la renuncia, es decir a cómo desprenderse del pasado porque el servicio prestado no garantiza al empleado la continuidad en la institución.

Luego aparece Galbraith para subrayar que las causas de los malos resultados corporativos son conocidas e invariablemente las mismas: las fuerzas impersonales del mercado, la ausencia de controles públicos, el simple robo. Y que el remedio es universal: las reducciones enérgicas de plantilla, el despido de los que tienen menor responsabilidad en los resultados. De modo que cuanto mayor sea el número de trabajadores despedidos, mejores serán las perspectivas financieras de la empresa. Por ahí llegamos al prestigio empresarial medido en términos de empleos suprimidos. Pero nos dicen que en el 2009 volverá a reír la primavera. Veremos.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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