Reggio’s Weblog

Del paro a la pirámide de Madoff, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía, Laboral by reggio on 9 enero, 2009

Un millón de parados más en un año (999.400, con mayor precisión) no es una cifra fácil de digerir. La tasa de paro española ha consolidado en diciembre su triste liderazgo en la zona euro, con 3,129 millones de parados, un 47% más que un año antes. Un mes antes, en noviembre, último mes del que existen datos homogéneos y para todos los países de la zona, la tasa de paro española era del 13,4% de la población activa cuando un año antes era del 8,6%. En la zona euro aumentó hasta el 7,2%, apenas tres décimas más que un año antes. En suma, el paro no sólo es más alto proporcionalmente en España que en los países europeos de nuestro entorno sino que crece a una velocidad endiablada, que rompe todas las previsiones, incluidas las más pesimistas.

La pregunta sobre qué estamos haciendo o qué hemos hecho mal para llegar a una situación así está obteniendo respuestas por lo general simples y bastante unánimes: nuestro modelo de crecimiento económico, muy apoyado en la construcción y en la demanda interna, ha facilitado una situación de mayor vulnerabilidad a la crisis económica global. Quizás es una respuesta válida pero no aporta todos los elementos necesarios para que sea completa. Por ejemplo, entre los jóvenes menores de 25 años de edad, la tasa de paro en la zona euro es del 14,5% de ese segmento de la población mientras en España alcanza nada menos que al 29,4% de la población juvenil. ¿Explica el “modelo” económico español esta brutal diferencia? Está claro que no todos los jóvenes menores de 25 años son parados procedentes del sector de la construcción, en el que nunca han trabajado ni han tenido el menor propósito de hacerlo. Ni tampoco han recibido la formación adecuada para este desempeño.

El problema que revela esta brutal diferencia entre las tasas de paro en la población joven tiene otro diagnóstico, posiblemente la inadecuada formación que reciben (aunque las protestas contra Bolonia puedan hacer pensar en lo contrario) y la escasa capacidad de absorción de mano de obra por parte de los sectores económicos distintos a la construcción y a la industria, además de la agricultura, en la que nadie piensa seriamente como alternativa de empleo más que algunos (bastantes) inmigrantes. Hay posiblemente un problema tan grande en la incapacidad del sistema productivo español para crear empleo en nuevos sectores económicos más dinámicos (sobre todo en el sector servicios) como para hacerlo ahora mismo en el sector de la construcción, en el que todo induce a pensar que hace ya tiempo que ha alcanzado su máximo cíclico de ocupación, ya que no resulta pensable que España vuelva a construir 800.000 pisos anuales hasta pasado bastante tiempo.

La subida del paro no está siendo hoy por hoy objeto de una política definida por parte del Gobierno orientada a ofrecer algún tipo de solución que frene esta dramática sangría. Zapatero, en su visión posiblemente simplista de la economía, ha dicho que para esta próxima primavera empezará a aumentar el empleo gracias a las masivas inyecciones de dinero público que está realizando el Gobierno en el sector de las obras públicas. ¿De verdad cree alguien sensato que el paro en España se combate haciendo carreteras y puentes en proporciones masivas? ¿Qué hacer con los cientos de miles de estudiantes que cada año salen de las aulas?

Un segundo problema que avanza por momentos es el financiero, lógicamente. El coste del desempleo es ya un asunto serio, tanto como la caída de los ingresos de la Seguridad Social, en la que han causado baja 841.500 afiliados este año último. Son cifras escalofriantes porque estamos camino del déficit en el instrumento más lustroso de nuestras cuentas públicas, la Seguridad Social, la que financia el Estado del Bienestar, que no sólo cubría costes sino que acumulaba reservas para alimentar el Fondo de Reserva de las pensiones. El año 2009 va a poner seriamente a prueba el equilibrio financiero del sistema público. No se puede sobrevivir mucho tiempo viendo cómo caen los ingresos y se desmelenan los gastos sin que salten las alarmas. Por desgracia, ese momento puede estar llegando para mediados del año recién estrenado. Lo de Madoff, a su lado, podría ser una broma, aunque algunos ya le ven similitudes. Es lo que tienen los sistemas de reparto, que pagan a los veteranos con las aportaciones de los recién llegados y todo funciona hasta que los veteranos (es decir, los perceptores de la Seguridad Social) son muchos y los cotizantes son cada vez menos.

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