Reggio’s Weblog

Zapatero El Bueno, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 7 enero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

En el escenario, los actores mediáticos avisan: España está ardiendo. El público sigue cómodamente en la butaca, creyendo que la alerta es una pantomima. Los cómicos empezaron diciendo que España se entregaba a los terroristas; luego, que España se rompía y, por último, que España se hunde. Es muy posible que sus monólogos sean atinados, pero el público sigue sin moverse del patio de butacas. Así lo indican las encuestas: no hay una mayoría alternativa a la que forma gobierno.

Zapatero lleva ya cinco años en Moncloa y el coro mediático no cambia de catilinaria; insisten en sus máscaras caricaturescas, en los mismos clisés, como si obedeciéramos las consignas de los intelectuales orgánicos, en una especie de servidumbre voluntaria. Además del España se rompe, se hunde, se arruina, se entrega, se ha pasado al más barroco y recurrente de los vituperios: el buenismo del presidente. No hay día que no se haga alusión a esta tara posmoderna en menos de cinco artículos. Yo jamás había pronunciado esa palabrota. Al final, he caído.

¿Por qué se utiliza el buenismo como sinónimo de degeneración política? Porque en España la bondad está desprestigiada. El cuadrillero le dice a Don Quijote: «Pues, ¿cómo va, buen hombre?». Responde el caballero: «Hablara yo más bien criado si fuera que vos». Antes y ahora, tratar a alguien de buen hombre se tiene como ofensivo. Bueno, en el buen sentido de la palabra bueno, dice Machado. Luego hay otro sentido: el bueno que parece tonto. En España apasionan los sectarios. Por eso levantan ovaciones en los platós. Pónganle una gorra y unas botas altas a algunos políticos y tertulianos y díganme si dormiría tranquilo con ellos al mando de un campo de concentración. En España, desde antes de Maquiavelo, que separó la política de la moral, ser bueno es ser gilipollas. Con los buenos sentimientos no se hace buena literatura, ni buena política, pero la bondad como tara no ha cuajado en la campaña de desprestigio presidencial. A Zapatero se le relaciona con el pensamiento débil, flácido, infantiloide. Todos los días se burlan de sus ansias infinitas de paz, de su igualitarismo de diseño. El presidente arcangélico, de la Alianza de Civilizaciones y la Educación para la Ciudadanía, con su buenismo masónico cree en la providencia ahora que han dejado de creer en ella los católicos. ZP supone que hay orden moral en el universo, frente a los que están a punto, otra vez, de diseñar estampitas donde se vea a la Purísima Concepción pisoteando a un hombre que tiene en la mano el microscopio.

No cambian el disco y se afianza en su mayoría un presidente que no es tan bueno como dicen sus enemigos, a los que fulmina sin piedad dentro y fuera de su partido, mientras sigue la función calculando la intención de voto, como el marinero calcula la fuerza del viento.

Y el caso es que el teatro sigue ardiendo.

© Mundinteractivos, S.A.

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