Reggio’s Weblog

Defensa del pesimismo, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Política by reggio on 7 enero, 2009

El ojo del tigre

El Gobierno del Principado de Asturias ha institucionalizado su histórico discurso optimista para que la opinión pública asturiana, inspirándose en él, le haga frente a la tremenda crisis económica que azota a los países que habían adoptado los principios generales del capitalismo basado en el imperio de la ley del libre mercado. Fuera de ese discurso del optimismo cualquier otro juicio crítico constituye una apostasía; la cual, como tal doctrina errónea, merece, por lo menos, un severo rapapolvos de quienes están autorizados para evitar cualquier invento de pensar por libre… Ser optimista es -en Asturias- una necesidad orgánica, cuyo ejemplo ideal mana del poder público reinante.

En cambio, el pesimista ante el incierto futuro, por el cual ya caminamos, es más propio -dicen- de quintacolumnistas, de vocacionales del negativismo social, así como de sembradores de discordias. Al menos, ésta es la conclusión que sacan los optimistas orgánicos. Sin embargo, el pesimismo que emana de una autocrítica racional, en un momento difícil para nuestra historia común, es tan necesario -o más- que el optimismo oficial, alegre y confiado. Hay momentos en los que lo que de verdad necesitan los ciudadanos para comprender los que ocurre son luces, no estéticos fuegos artificiales. De colores.

Los asturianos, después de una larga y agitada historia de medias verdades, de mentiras enteras, de ambigüedades premeditadas y de dogmatismos patrióticos, deberían tener sobrada experiencia acerca de lo que se les dice desde el poder y de lo que es la realidad que se pretende ocultar. Sin embargo, no ocurre así generalmente; escuchando a quienes gobiernan da la impresión de que simplemente les amenaza un vientecillo del nordeste, que despejará las nubes del cielo -es lo verdaderamente importante- y permitirá que el sol ilumine esplendorosamente la Tierra, que es lo meramente circunstancial…

No es imprescindible militar en la tercera edad -tan prodigiosamente abundante en Asturias- para recordar que en la década de los años 60, y al comienzo de la de los 70, la tesis fundamental -impartida por los políticos en las barricadas, los burócratas en la industria pública y los afines a ambos- era la de que en esta región la solidaridad obrera, su movimiento de clase y las protestas sociolaborales ahuyentaban a los inversionistas del capital, mientras se aceleraba la decadencia de la región. Después se comprobaría que aquella tesis era falsa puesto que, desaparecido el fantasma del movimiento obrero y la nefasta influencia de los sindicatos de clase, el capital continuaba -y continúa- pasando de largo.

Quienes ahora, ante el fracaso del modelo capitalista del libre mercado, vuelven a tenerles miedo a los obreros, no están en lo que celebran. No sólo ha cesado el movimiento obrero como una resistencia de clase, sino que también han sido borrados del mapa social los sindicatos obreros. Hoy, esos sindicatos funcionan como asociaciones paternalistas; su poder va desde arriba hacia abajo -es puro verticalismo- y, además, están perfectamente controlados por los nuevos partidos socialdemócratas.

El actual poder político democrático (por favor, no se ría…) no tiene reparos para impedir que la supuesta clase obrera contemporánea alborote el patio, mediante el uso legal de las llamadas fuerzas del orden público. Es decir, para impedirlo por pelotas… Pero, por si ésto fuera poco, los obreros ya sólo se movilizan para irse de vacaciones o de compras. Ya no se concentran en las fábricas, sino en las grandes superficies. Ya no con comunistas peligrosos, sino consumistas impulsivos…

Todo eso lo sabe muy bien el poder político democrático (contenga de nuevo la risa…) español. Especialmente, el asturiano.

Asturias es una comunidad pobre económicamente; por consiguiente, débil políticamente. No tiene influencia económica en el concierto nacional autonómico y carece de poder político en el mismo espacio. Si reconocer esto es ser pesimista, el pesimismo es lo único que nos permite entender la realidad socioeconómica en la que nos movemos. O, mejor dicho, en la que nos menean.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Una respuesta

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  1. E.Zapata said, on 8 enero, 2009 at 11:30 pm

    Lo suscribo “palabra al cuadrado”.


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