Reggio’s Weblog

El baile de Obama, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 6 enero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

Desde que bailaba en la Marimba de la calle del Agua A escondidas he de verte no había escuchado una canción más bella que esa dulce melodía que acaricia los tejados del mundo como los poemas de Whitman. Oigo, otra vez, Norteamérica, tu canto. Para danzar su propio villancico, Obama, el presidente electo, rey portero de Harlem, sin ir vestido de almirante asistirá a 10 bailes antes de la toma de posesión el día 20 de enero, siempre acompañado de su esposa Michelle. La mayoría de las sesiones se celebrarán en el Centro de Convenciones de Washington. Yo ya lo he visto bailar. Ese cumbé que, según el tópico, llevan los negros en la sangre, sólo le sale a Obama cuando hace el swing del golf. Ahí sí es negro. En la pista no mueve bien el body, no parece experto en quemar la clorofila de las rubias. Es demasiado cachas. Los negros, antes de él, se liberaban esqueleteando; el ritmo era su libertad de expresión, por eso los amos de las plantaciones disolvían los bailes de esclavos a latigazos.

Vamos a ver cómo danza el tripulante del Air Force One, el que cabalga sobre una sandía entre las nubes con el maletín donde se guarda el pentagrama nuclear. Los hombres duros no bailan, pero Obama no va de duro. Como Truman, habla bajito y lleva el gran garrote escondido, sin dejarse llevar. Decía Brummell que el dandi, al atravesar un salón donde suene música, debe hacer de modo que sus pasos nunca vayan al compás de lo que se toque. Ese será, tal vez, el estilo de Obama; pronto comprobaremos si devuelve a su alma la chupa de cuero que llevaba cuando jugaba al billar en Hawai con las chicas de alterne. Cuenta en Dreams from my father que fue una especie de hippie mochilero en España cuando bebíamos vino en vasos pequeños. Dice que encontró a un senegalés que le acompañó hasta Barcelona. «No recuerdo cómo se llamaba. Era un hambriento bastante lejos del hogar, uno de los hijos de las colonias colándose en los barrios de los antiguos amos». Esa es la música de Fanon y la de Toni Morrison, a la que entonces aún no dejaban bañarse con los blancos en el lago. En los campos de algodón, los esclavos podían adorar al dios de los hombres blancos, pero no en las mismas iglesias; en Cotton Club, a los trompetistas se les salían los ojos soplando jazz sólo para blancos. Entonces decían los oligarcas borgianos que los negros carecen de memoria histórica; no se acuerdan de que sus abuelos han sido vendidos en las plazas públicas.

Y quien dice negrata, dice parata o jodido. Mira quién baila; no es un negro vacilón, sino uno que ha dicho que va a cerrar Guantánamo y retirar las tropas de Irak. Oigo tu canto, Norteamérica. A ver cómo lo bailas con lobos del Pentágono y tiburones de Wall Street.

© Mundinteractivos, S.A.

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