Reggio’s Weblog

Noticias para descansar, de Ángel Gabilondo en La Vanguardia

Posted in Cultura, Educación, Medios by reggio on 5 enero, 2009

Póngase a temblar. Tengo una noticia que darle. Se han asociado de tal modo a algo temible, que las noticias son en principio inquietantes. Si no son malas, se diría que en realidad no ha pasado nada. Aunque estimo el conocimiento, en ocasiones desconocer algo estimula enormemente el pensamiento. Me sorprende, por ejemplo, cómo algo viene a ser una noticia, del mismo modo que sigue pareciéndome increíble que los buques floten, los aviones vuelen o podamos ver por la televisión. Supongo que es ignorancia. Ya sabemos, en todo caso, que no siempre la cultura o la ciencia le saca a uno de las sorpresas, más bien las sustituye por otras, ami juicio más interesantes. Y en el camino, supongo, espero, creo, se producen mejoras notables. Pero, en general, encuentro algunas dificultades en distinguir, de hecho, entre una noticia y un suceso. Y no porque no haya noticias que no sean propiamente sucesos, sino porque, por lo que se ve, todo suceso es ya, de por sí, noticia. Antes se llamaban “casos” y “el caso” era un suceso o un conjunto de ellos. Salvo lo deportivo, que ya parece de por sí reseñable, lo demás gana su derecho en cuanto venga a ser un suceso. Invasiones, inundaciones, recesiones, atentados son, en el peor de los sentidos, las mejores noticias. Así que la información pasa a ser una crónica de sucesos. Sólo escapa a lo previsto precisamente la prevención del tiempo. Sin embargo, logra su carácter de noticia con más alto rango si se presenta con algún síntoma de amenaza o si describe alguna catástrofe, siquiera incipiente. Ello me hace suponer que en esto de las noticias, y en general en la vida, el juego no es sólo el de la memoria y el olvido, sino el del miedo y la seguridad.

Podría ocurrir que la información estuviera orientada, no tanto a la satisfacción de un derecho, a la creación de un estado de cosas, de una base que propicie la igualdad de oportunidades para la participación, para la adopción de decisiones, a la constitución de un criterio, a la apertura de la mente y de la voluntad, a la generación o ratificación de valores, convicciones y principios, o a la solidaridad que nos saque del limitado horizonte de nuestra actividad, sino que más bien iría dirigida a una suerte de conformación, de resignación e incluso de agradecimiento. Se expresaría en la forma de “no estoy tan mal” y, ante las acciones de seres supuestamente como nosotros, “soy bastante decente y responsable”. Está claro que estos procesos de normalización, favorecidos por tales noticias, son algo más que doctrina, son pedagógicos, indican y proponen caminos. En ocasiones para la acción, muchas otras para la parálisis. A veces no sólo narran lo que ocurre, sino que propician su ocurrir. Para ello no hay que falsear lo sucedido. Basta contarlo de tal o cual manera. Eso ya se sabe.

Es interesante, en todo caso, imaginar los mecanismos y procedimientos, los pasos y procesos que conducen a alguien a considerar que algo es una noticia. Supongo que eso se estudia, se aprende, y no es difícil vislumbrar que esta es una de las claves que adornan y constituyen el perfil del buen profesional. Y sin duda los hay. En ello confiamos porque, desde luego, en numerosas ocasiones cuesta entenderlo. Quizá eso nos pasa siempre con el trabajo de los demás. Es significativo, en todo caso, que un hilo de violencia parece sostener aquello que merece el reconocimiento de noticiable. Siempre, en el fondo, algún peligro y, en cierta medida, tan próximo como mantenido a buen recaudo. Por eso, lo razonable es ingerir las noticias, hacerlo mientras uno se alimenta y digerirlas. Se trata de desayunarse, almorzar o cenar con ellas, de recibirlas antes del reposo. Es como si, insensibles, el hambre de los demás incluso abriera nuestro apetito. Lo malo sucedido parece suceder a otros. Es suceso porque es suyo. Nosotros nos enteramos. Ya nos previno Kant del afán de novedades y Hegel de que lo notorio, lo noticioso, lo conocido, no siempre es reconocido. Creer que la clave está en la novedad es tan ridículo como creer que la capacidad de impresionar o, como se dice, de impactar es el criterio de verdad de la información. No es difícil asociar, sin más, la necesidad de producir sensación a cualquier precio con un modo de hacer periodístico. Mucha sensación y poco sentimiento: sensacionalismo. Mucho efecto, poca acción.

Desconozco qué otras noticias pueden brotar, ni cómo se crean o se encuentran, cómo se descubren o confeccionan, pero es evidente que necesitamos historias, hechos y palabras verdaderos, próximos, estimulantes, desafiantes, que nos convoquen a vivir, a luchar, a transformar y a transformarnos. Sin esta curiosidad, la de pensar de otra manera y la de ser otros, la información no es comunicación, sino transmisión de un mensaje. Entonces, después de un diario, de un informativo, de un telediario, lo mejor sería estimar que ya estamos preparados para dormir tranquilos. Agitados, como si se tratara de un ejercicio, sería hora de recuperar la respiración y de reposar. Estaríamos ante algo muy natural, un verdadero postre somnífero. La noticia ya produciría sus efectos. Es hora de descansar, pero no para soñar, sino para que mañana podamos trabajar. Todo es suceso y nada nos sucede. Ni nos afecta.

ÁNGEL GABILONDO, rector de la Universidad Autónoma de Madrid.

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  1. Trackback said, on 5 enero, 2009 at 2:38 pm

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